Astrofísico: «El Big Bang no es el comienzo del universo y los científicos lo saben desde hace casi 40 años»

Pensar que el universo y todo lo que hay en él nació en el momento del Big Bang es «uno de los mayores conceptos erróneos», según el astrofísico y escritor científico Ethan Siegel.

El universo y todo lo que hay en él nació en el momento del Big Bang. Esta es una imagen «atractiva y hermosa» que explica mucho de lo que vemos, pero, «por desgracia», también «es incorrecta», y los científicos «lo saben desde hace casi 40 años», sostiene en un artículo para Forbes el astrofísico y escritor científico Ethan Siegel, quien lo califica de «uno de los mayores conceptos erróneos del universo».

Según recuerda Siegel, la idea original sugiere que el universo surgió de un estado caliente y denso, y ahora se está expandiendo y enfriando. Si «seguimos extrapolando» hacia el pasado, el universo se haría cada vez «más caliente, más denso y más compacto», hasta llegar a un momento en que «la densidad y la temperatura se elevan a valores infinitos, donde toda la materia y energía en el universo están concentradas en un solo punto: una singularidad».

Se entiende que esta singularidad —donde las leyes de la física «se rompen»— también es «el punto final», que representa el origen del espacio y el tiempo, sostiene el autor del artículo.

Inflación cósmica

Sin embargo, prosigue, hay algunos enigmas y paradojas que la teoría del Big Bang no puede explicar, por ejemplo, el hecho de que el universo tenga la misma temperatura en todos sus extremos, a pesar de que no han tenido tiempo para comunicarse entre ellos desde el inicio.

En 1979, el científico estadounidense Alan Guth propuso una alternativa a la singularidad del Big Bang: la teoría de la inflación cósmica, que consistía en la existencia de una fase temprana de expansión exponencial anterior al Big Bang, y que podría resolver todos estos problemas.

En este estado cósmico, las fluctuaciones cuánticas seguirían existiendo, y al expandirse el espacio, se extenderían a través del universo, creando regiones con densidades de energía ligeramente superiores o ligeramente inferiores a la media, explica Siegel, agregando que cuando esta fase del universo llegara a su fin, esa energía «se convertiría en materia y radiación, creando el estado caliente y denso sinónimo del Big Bang».

«El Big Bang no es el comienzo del universo»

Para probar esta idea, había que medir las fluctuaciones en el resplandor sobrante del Big Bang, y encontrar un patrón particular consistente con las predicciones de la inflación. En los años 1990, 2000, y luego de nuevo en los años 2010, los científicos midieron esas fluctuaciones en detalle, y encontraron exactamente eso.

«El gran Big Bang definitivamente ocurrió pero después de la fase de la inflación cósmica. Lo que ocurrió antes de la inflación —o si la inflación era eterna en el pasado— sigue siendo una cuestión abierta, pero una cosa es cierta: el Big Bang no es el comienzo del universo», concluye el científico.

Artículo publicado en MysteryPlanet.com.ar

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10 misterios de la ciencia sin resolver

La investigación científica avanza cada día. Después de que el hombre haya pisado la luna, o eso nos hicieron creer, parece prácticamente increíble que aún desconocemos infinitas cosas cotidianas que nos rodean en nuestro día a día; sin embargo es así. A continuación, nombraré algunos de los grandes misterios que la ciencia aún tiene pendiente resolver.

1. ¿CÓMO SURGIÓ LA VIDA?

Sin lugar a dudas es uno de los mayores enigmas para la ciencia. A día de hoy no se sabe si la vida surgió dentro del propio planeta, o bien fuera de éste. Existen opiniones contrarias.

Por una parte, se cree que las condiciones necesarias para que se produzca la vida que conocemos son tantas y tan extrañas que ya resulta milagroso que haya ocurrido al menos una vez.

Por otro lado, partes esenciales en la construcción de vida (como son los aminoácidos), han sido hallados en cometas procedentes del Sistema Solar. Eso cambiaría la perspectiva, y habría que ver a la Tierra no como generadora de vida en sí, sino como gestante de la misma.

2. LA BASE BIOLÓGICA DE LA CONCIENCIA

El análisis de la conciencia sigue siendo uno de los grandes misterios por resolver.

El avance de la neurociencia ha traído consigue respuestas, y de nuevo más cuestiones por resolver.
René Descartes afirmó en el siglo XVII que cuerpo y mente son elementos individuales, separados y simples cooperantes. Actualmente la tendencia conduce a entender ambas entidades como una sola en una unión hegemónica, entendiendo que todo tipo de actividad cerebral está exclusivamente ligada a los procesos químicos que se producen en la mente.

A día de hoy aún no se puede afirmar que todo lo que pase en la mente esté exclusivamente relacionado con procesos químicos, o si bien existe un elemento etéreo independiente de la parte física del cuerpo.

3. EL EFECTO PLACEBO EN EL HOMBRE

El efecto placebo es el que permite que el cuerpo humano sea engañado en caso de habérsele estado administrando una medicina determinada durante un tiempo, y ésta sea sustituida en el último momento por una solución sin efectos.

Durante el siglo XX se implantaron los fármacos como herramienta principal de la medicina. Pero hasta ese momento, el efecto placebo había sido un instrumento imprescindible.

En 1955 se publicó una obra denominada The Powerful Placebo, en la que se puso de manifiesto que en torno al 30% de las enfermedades podrían ser tratadas con placebo. Posterior a este primer estudio se ha demostrado que la cifra aumenta al 70% e incluso al 100%.

Aún hoy no se conocen los mecanismos que intervienen en el efecto placebo, aunque se cree que al calmar la ansiedad, el cuerpo puede liberar endorfinas, que tienen un efecto parecido al de los narcóticos.

4. MALTHUS Y LA SOBREPOBLACIÓN

Thomas Robert Malthus escribió durante el siglo XVIII la obra Ensayo sobre el principio de población. En ella exponía la teoría de que la superpoblación acabaría con los recursos naturales, empobreciendo así a la población.

La Ley de Malthus afirma que la población se duplica cada 25 años aumentando en una progresión geométrica, enfrentándose así al crecimiento de los medios de subsistencia, que seguían una progresión aritmética.

Malthus plantea que para no perder el equilibrio, el hambre, las guerras y la enfermedad deberán regular la superpoblación.

Sin embargo, más de dos siglos después la población se ha multiplicado por seis y ninguna de las catástrofes ha frenado el crecimiento.

¿Acabará cumpliéndose la teoría?

5. EL EFECTO MPEMBA

Se conoce como efecto Mpemba a aquel que demuestra que, en ciertas ocasiones y condiciones, el agua hirviendo se congela a una velocidad mayor que el agua fría.

Este hecho es conocido desde la época clásica, pero fue Erasto B. Mpemba quien puso en él su atención durante la década de los 70.

Cualquiera puede comprobar este fenómeno en su casa, aunque a día de hoy no se ha alcanzado un consenso en la explicación del mismo puesto que, a priori, atenta contra todas las leyes de la termodinámica.

6. ¿EXISTE VIDA EXTRATERRESTRE?

Aunque afirmar taxativamente que solo existe vida en el planeta Tierra sería pretencioso y poco inteligente, lo cierto es que a día de hoy no existe evidencia de ninguna otra posibilidad.

Los científicos exploran todas las áreas a las que podemos acceder en el Sistema Solar desde hace décadas, y aún hoy no se ha encontrado ninguna muestra que indique que existe vida en algún otro lugar.

El agua es el elemento que más se busca como indicio irrefutable de la posibilidad de que exista vida más allá del planeta Tierra.

En el año 1995 se descubrió el primer planeta extrasolar. Fue el punto de partida para una exploración mucho más minuciosa fuera del sistema. A día de hoy se conocen más de 800 exoplanetas, y varios de ellos comparten características con la Tierra, lo que podría dar lugar a condiciones proclives para la vida.

7. ¿POR QUÉ TIENE TAN POCOS GENES EL SER HUMANO?

En 1990 se descubre definitivamente la secuencia del genoma humano, y con ello se pone de manifiesto que el hombre solo posee 25.000 genes. Para entender este dato en su contexto diremos que la planta Arabidopsis posee el mismo número de genes.

Los primeros planteamientos de la biología al respecto de la complejidad de los organismos afirmaban que éstos debían ser más complejos cuanto mayor fuese el número de sus genes.

Sin embargo tras el hallazgo de la cantidad que posee el cuerpo humano hubo que replantear la teoría. Se llegó así a la idea de que no es tan importante la cantidad, sino las relaciones que los distintos grupos de genes individuales pueden establecer entre ellos.

8. EL ACANTILADO DE KUIPER

El propio Sistema Solar sigue suponiendo un reto intelectual para científicos e investigadores. En la zona externa del Sistema, más allá de Plutón, se encuentra el acantilado de Kuiper, justo a continuación del cinturón homónimo en el que se encuentran múltiples cuerpos helados y del que proceden varios cometas.

El acantilado se llama sí porque no hay absolutamente nada en esta zona, una vez pasado el cinturón.

La ciencia aún no ha sabido explicar qué es y porqué se encuentra allí.

Sin embargo existen teorías que afirman que es un efecto producido por la fuerza gravitatoria de un posible décimo planeta.

Sin embargo, para que fuera ésta la explicación, el planeta debería tener enormes dimensiones.

9. LA ENERGÍA OSCURA

La Física es la rama científica encargada de analizar el misterio de la energía oscura.

La primera vez que se tuvo cierta conciencia de los efectos de la energía oscura fue en el año 1998. Los científicos, a través de la observación de galaxias y cuerpos celestes descubrieron que el universo se expandía de forma acelerada.

Fue entonces cuando cobró cierto sentido la idea de que la energía oscura era un tipo de gravedad negativa, aunque a día de hoy no se ha podido demostrar.

Una de los hechos que evidencia la presencia de la energía oscura es que el universo es aún más antiguo de lo que se estimaba anteriormente.

La energía oscura es aún tan confusa que se cree que podría dar lugar a dos fenómenos catastróficos, y opuestos entre sí; el Big Rip o Teoría de la Expansión Eterna y el Big Crunch o Gran Colapso.

10. ¿CÓMO FUNCIONA EL INTERIOR DE LA TIERRA?

Aunque se ha investigado durante años, y a día de hoy existe cierto consenso respecto a la teoría oficial, no se sabe con certeza cuál es el funcionamiento del interior de la Tierra, ni su composición.

Durante años, la teoría de la Tierra Hueca ha sido apoyada por científicos de la talla de Halley o Newton, entre otros.

Recientemente se han hallado dos manchas de grandísimo tamaño de formación rocosa situadas en el manto, sobre el núcleo del planeta.

Científicos e investigadores también han encontrado evidencias de un enorme depósito de agua debajo de la superficie, cuyo tamaño triplicaría el de todos los océanos juntos.

Queda aún mucho camino por recorrer hasta que el ser humano entienda en su totalidad el entorno que habita.

Texto original de Academia Play revisado y adaptado por vykthor.

Eadem sed aliter: la eterna repetición de lo mismo

Apenas cumplidos los veinte años, Arthur Schopenhauer confesaba amargamente al poeta Wieland que la vida es un asunto deplorable: desde aquel momento concentraría su principal propósito en reflexionar sobre ella, desarrollando una explicación metafísica del mundo, ese gran jeroglífico. ¿Significa algo la realidad? ¿Por qué el ser humano –dotado de la pretendidamente omnipotente razón– ha de vivir “con las armas en la mano”, enfrentándose a terribles sufrimientos y tribulaciones constantes?

El carácter de las cosas de este mundo, particularmente del mundo de los hombres, no es tanto la imperfección, como se ha dicho a menudo, sino más bien la distorsión en lo moral, en lo intelectual, en lo físico, en todo (Schopenhauer, Senilia).

En respuesta a autores como Lessing (La educación del género humano) o Kant, defensores de un progreso paulatino hacia la moralidad de los hombres –si bien no exento de penosos intermedios–, Schopenhauer plantea la eterna repetición de los acontecimientos, año tras año y para toda la eternidad (“el círculo es el símbolo de la naturaleza”). Es imposible reconocer un objetivo final, una meta de las acciones del ser humano, que a pesar de albergar notables fuerzas corporales y sobresalientes disposiciones espirituales, no puede dejar de atormentar a sus congéneres como si sus fines tuvieran alguna importancia real.

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Nuestra existencia, como la del resto de los seres vivos, sólo representa la eterna repetición de lo mismo. Comemos para vivir y vivimos bajo la condición de encontrar alimento: cualquier existencia encuentra su base en una pulsión carente de sentido, un impulso irracional (grundlos, es decir, sin fundamento, sin suelo firme).

Llegará, llegará, por cierto, la época de la plenitud, puesto que el hombre […] hará el bien porque es el bien y no porque recompensas arbitrarias, que en otro tiempo auxiliaban y fortalecían a su voluble mirada, lo lleven a conocer las íntimas y mejores recompensas del mismo. Llegará, ciertamente, la época de un “Nuevo y Eterno Evangelio” que, incluso, nos ha sido prometida en los libros elementales del Nuevo Testamento (Lessing, La educación del género humano, §§ 85 y 86).

Por ello supone una ilusión y una notable cortedad de miras pensar en el perfeccionamiento del género humano: nuestros constantes esfuerzos por desterrar el sufrimiento no logran sino cambiar su apariencia, por todas partes vemos la imagen del retorno, desde el movimiento de los astros hasta la vida de todo ser orgánico o inorgánico. Es la esencia de la naturaleza.

Al contrario que Hegel, con el que Schopenhauer mantuvo duras discusiones a través de sus obras, éste considera que en la historia universal nunca ocurre nada razonable (lo que nos acerca al particular y en ocasiones indebidamente llamado irracionalismo de Unamuno –el sentir es anterior al pensar–).

En la esfera espiritual […] se descubre que la forma superior ha nacido de la transelaboración de la anterior e inferior. Esta, por tanto, ha dejado de existir; y si las variaciones espirituales acontecen en el tiempo, es porque cada una de ellas es la transfiguración de la anterior. La historia universal es el desenvolvimiento, la explicitación del espíritu en el tiempo; del mismo modo que la idea se despliega en el espacio como naturaleza (Hegel, Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal, Cap. III, 1).

OuroborosSchopenhauer declara la absoluta bancarrota de los ideales europeos que habían sido propugnados a lo largo de todo el período de la Ilustración: la razón queda supeditada a un impulso anterior, primigenio, a la voluntad que quiere, sin más, mantenerse en la existencia a cualquier precio.

El “tiempo de la consumación” del que Lessing nos habla, el estadio final de la verdad racional es sustituido por la imagen de un teatro en el que siempre se representan las mismas escenas, aun cuando los personajes sean distintos. Eadem, sed aliter: lo mismo, pero de otra manera.

La aspiración al progreso queda desmantelada en el sistema tejido por Schopenhauer, y con él, la oportunidad de ofrecer un sentido definitivo del mundo: nunca ocurre –ni ocurrirá– nada nuevo, nada mejor, recordando las incisivas palabras del Eclesiastésnihil novum sub sole.

En “El lobo” (1903), uno de los más breves y concentrados relatos de Hermann Hesse, se nos cuenta la historia de una manada a la que los apuros propios del invierno empujaron a estrechar los vínculos de sus miembros, dándose calor unos a otros. Por su parte, Larra escribía en “La vida en Madrid” (1834) que “sólo un Dios y un Dios todopoderoso podía hacer amar una cosa como la vida”. ¿Bajo qué supuestos queda legitimada la creencia en el progreso? ¿Es éste posible sin la comparecencia de la necesidad?

Y luego proseguí: “¡Mira este instante! A partir del portón llamado Instante corre hacia atrás una calle sin fin: detrás de nosotros yace una eternidad. ¿Acaso no tendrá que haber recorrido alguna vez esta calle todo cuanto puede correr? ¿Acaso no tendrá que haber ocurrido ya alguna vez cada una de las cosas que pueden ocurrir? (Nietzsche, Así habló Zarathustra, III, “De la visión y del enigma”, II).

Articulo original: Carlos Javier González Serrano.

El Homo Imbecilis: La Culminación de la Evolución Humana

Nuestro bien instalado paradigma científico nos dice que el ser humano moderno es el resultado de una larga cadena evolutiva de mamíferos y primates que –por obra y gracia de las consabidas mutaciones aleatorias– produjo un homínido supuestamente inteligente, consciente de sí mismo y capaz de dominar y modelar la naturaleza a su antojo.

Pero mira por dónde, la evolución debe ser caprichosa –por decir algo– porque la especie humana es la única que no posee un único lenguaje común (más allá del lenguaje no verbal) para comunicarse con sus semejantes. ¿Extraño, no? Eso nos hace ser más diferentes entre nosotros y tener unas marcadas identidades de las que muchos se sienten orgullosísimos.

Sea como fuere, la ortodoxia científica nos ha catalogado como Homo sapiens, la especie que ha venido poblando la Tierra desde hace decenas de miles de años y que ha ido avanzando en su desarrollo, ya no estrictamente biológico, sino básicamente en sus capacidades cognitivas y creativas, dando pie a la cultura y la civilización.

En fin, ahora podríamos discutir si el hombre es realmente sapiens (sabio) –y quizá lo fue en un pasado muy remoto– pero mucho me temo que las cosas han ido a peor y que el Homo sapiens es una denominación bastante incorrecta para definir al ser humano actual. Así pues, podríamos decir que hemos sufrido una especie de “involución”, que se ha traducido en la aparición de un nuevo espécimen al que podríamos bautizar científicamente con el nombre de Homo imbecilis.

¿Cuáles serían las características de este novísimo homínido?

En cuanto a su localización, se extiende por casi la totalidad del planeta, pues habita en todas las zonas civilizadas y muy especialmente el llamado mundo occidental o primer mundo. No se aprecia distinción racial importante, aunque el hombre blanco es probablemente el mayor exponente de esta nueva especie, seguido por las razas asiáticas, simplemente por su enorme peso demográfico.

El Homo imbecilis es fundamentalmente urbanita y es un homínido de su tiempo, instalado en la modernidad, el progreso y la alta tecnología.

De hecho, es más próximo a una máquina que a un ser consciente. No sabe nada de nada, pues la educación básica –o incluso avanzada– que ha recibido ha llenado su mente de mentiras y estupideces. Desde luego, cree saber muchas cosas (sobre todo aquel que tiene  estudios superiores, másters, y demás), pero no es más que un almacén de datos superfluos que él no ha razonado, ni contrastado ni criticado.

Se orienta fundamentalmente por su sistema de creencias, que inocentemente considera que es suyo. Lo cierto es que ha ido incorporando a su cerebro lo que le han programado (perdón, quise decir “enseñado”) y no ve el mundo más que con los ojos de su amo.

En su comportamiento social, es el perfecto animal gregario que forma parte de un rebaño desorientado y pusilánime.

El Homo imbecilis está en su salsa cuando se mueve en un entorno borreguil masivo, promovido por la educación, las costumbres y sobre todo por los medios de comunicación y más últimamente por las tecnologías de la información (Internet, redes sociales, etc.).

Se rige por emociones básicas e impulsos y tiende a hacer lo que hace todo el mundo para no convertirse en un “excluido social”. Es muy fácil de manipular y convencer; no es nada complicado hacerle creer que él es soberano y protagonista de los acontecimientos, cuando en realidad lo están llevando dócilmente al matadero. Él cree en los Estados y en las instituciones, y no se imagina un mundo sin leyes ni normas.

Todo tiene que estar perfectamente reglamentado y organizado.

En este contexto, el buen Estado se preocupa de uniformizar a la gente para que no haya diferencias indeseables y todos puedan ser como todos; además vela en todo momento por nuestra seguridad y por nuestro bien con medidas de control de todo tipo, y así da la tranquilidad adecuada al Homo imbecilis.

Su actitud diaria es la de estar enganchado permanentemente a un artefacto-droga llamado teléfono móvil (o dispositivos similares) con el cual juega, se comunica, se “informa” o simplemente pasa el rato, enviando mensajes y fotos y riéndose de buena gana.

Además, ahora se hace selfies porque está de moda y es guay.

Trabaja, come, viaja, duerme, se levanta, se acuesta, acompañado de su inseparable artilugio y sufre hasta la exasperación cuando se da cuenta que ha salido de su casa sin su aparato querido. El Homo imbecilis también ve la televisión, y se cree todo lo que allí se dice, como en el pasado su ancestro el Homo sapiens se creyó lo que decía el párroco desde su púlpito eclesial.

Aparte, con la televisión trata de divertirse y desconectar de la realidad a veces dura y fatigosa mirando series, deportes, concursos y otros divertimentos pensados para hacer su vida más llevadera…

El mundo del Homo imbecilis está construido en torno a los bienes materiales, a los que tiene en la más alta estima, empezando por su casa y su coche.  Valora el dinero  su dios principal en este mundo y hace planes para conservarlo y acrecentarlo en la medida de lo posible. Entretanto, vive instalado en un estado de permanente miedo e inseguridad, y está preocupado por fenómenos que apenas puede comprender como el paro, la crisis económica, el terrorismo, el cambio climático, la pérdida de las pensiones, etc.

Por lo demás, se identifica con su bello (o no tan bello) cuerpo y se preocupa obsesivamente de su aspecto físico, su indumentaria, sus complementos, su apariencia de cara a los demás… Come de forma compulsiva, engorda, y luego va al gimnasio, hace deporte, hace dietas, toma pastillas, se hace liposucciones y cirugía estética… o está obsesionado con su dieta vegetariana, sus productos naturales y ecológicos, etc; son dos caras aparentemente muy distintas… de una misma moneda.

Y mientras tanto, enferma, va al médico, lo machacan a medicamentos y terapias agresivas, lo llevan de un sitio a otro, le hacen mil y una pruebas, se obsesiona con sus índices y marcadores y se olvida de vivir. Está literalmente aterrado por la muerte, hasta que lo acaban fulminando. Pero no sabe por qué está aquí ni le preocupa.

¿Quiere ver al Homo imbecilis en su ambiente?

Está en la oficina pegado a una pantalla de ordenador, en una cadena de montaje industrial colocando piezas, en el metro jugando con su móvil, en el fútbol gritando como un poseso, en el restaurante devorando una paella, en la playa tostándose junto a otros miles de tostados, en las manifestaciones promovidas por “movimientos populares”, en los megaconciertos de música electrónica, en un gran complejo comercial buscando las mejores ofertas, en un gigantesco atasco de coches a la entrada de una ciudad, en una larga cola frente al mostrador de una entidad bancaria…

El Homo imbecilis es, en suma, un pobre desgraciado, un robot, un pelele, un mamarracho, un pedazo de carne, una cosa sin espíritu ni voluntad.

O dicho de otro modo, nace dormido, vive dormido y muere dormido (y donde dice “dormido” también pueden poner “anestesiado” o “hipnotizado”). A esto hemos llegado… para satisfacción del amo.

Pero no seamos derrotistas; la evolución (y no precisamente biológica) tal vez pronto nos depare alguna sorpresa, cuando el Homo imbecilis empiece a mirar para dentro cada vez más y encuentre al ser que realmente es.

Parece que algunos ejemplares de esta especie ya han entrado en esta fase… y en este caso, el amo ya no está tan satisfecho.

Articulo basado en el libro “La historia imperfecta” de Xavier Bartlett.

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All under control, por qué no estalla una revolución.

¿Te has preguntado alguna vez porqué nadie reacciona ante la infame oleada de opresión y abusos de todo tipo que estamos sufriendo?¿No te produce perplejidad el hecho de que tras tantas y tantas revelaciones sobre casos de corrupción, injusticias, robos y burlas a la ley y a la población en general, a la cual se le ha robado literalmente el presente y el futuro, no suceda absolutamente nada?¿Te has preguntado porqué no estalla una Revolución masiva y por qué todo el mundo parece estar dormido o hipnotizado?

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Estos últimos años se han hecho públicas informaciones de todo tipo que deberían haber dañado la estructura del Sistema hasta sus mismísimos cimientos y sin embargo la maquinaria sigue intacta, sin ni tan solo un arañazo superficial.

Y esto pone de manifiesto un hecho extremadamente preocupante que está sucediendo justo ante nuestras narices y al que nadie parece prestarle atención. El hecho de que SABER LA VERDAD YA NO IMPORTA. Parece increíble, pero los acontecimientos lo demuestran a diario.

La información ya no tiene relevancia. Desvelar los más oscuros secretos y sacarlos a la luz ya no produce ningún efecto, ninguna respuesta por parte de la población. Por más terribles e impactantes que sean los secretos revelados.

Durante décadas hemos creído que los luchadores por la verdad, los informadores capaces de desvelar asuntos encubiertos o airear los trapos sucios, podían cambiar las cosas, que podían alterar el devenir de la historia. De hecho, hemos crecido con el convencimiento de que conocer la verdad era crucial para crear un mundo mejor y más justo y que aquellos que luchaban por desvelarla eran el mayor enemigo de los poderosos y de los tiranos. Y quizás durante un tiempo ha sido así. Pero actualmente, la “evolución” de la sociedad y sobretodo de la psicología de las masas nos ha llevado a un nuevo estado de cosas. Un estado mental de la población que no se habría atrevido a imaginar ni el más enajenado de los dictadores.
El sueño húmedo de todo tirano sobre la faz de la tierra: no tener que ocultar ni justificar nada ante su pueblo. Poder mostrar públicamente toda su corrupción, maldad y prepotencia sin tener que preocuparse de que ello produzca ningún tipo de respuesta entre aquellos a los que oprime.

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Ésta es la realidad del mundo en el que vivimos y si crees que esto es una exageración, observa a tu alrededor.

El caso de España es palmario.
Un país inmerso en un estado de putrefacción generalizado, devorado hasta los huesos por los gusanos de la corrupción en todos los ámbitos: el judicial, el empresarial, el sindical y sobretodo el político. Un estado de descomposición que ha rebosado todos los límites imaginables, hasta salpicar con su pestilencia a todos los partidos políticos de forma irreparable.

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Y sin embargo, a pesar de hacerse públicos de forma continuada todos estos escándalos de corrupción política, los españoles siguen votando mayoritariamente a los mismos partidos, derivando, como mucho, algunos de sus votos a partidos subsidiarios que de ninguna manera representan una alternativa real.

Ahí está el alucinante caso de la Comunidad Valenciana, la región más representativa del saqueo desvergonzado perpetrado por el Partido Popular y donde, a pesar de todo, este partido de auténticos forajidos y bandoleros hasta hace poco ganaba las elecciones con mayoría absoluta.

Una vergüenza inimaginable en cualquier nación mínimamente democrática. Desgraciadamente, el caso de Valencia es solo un ejemplo más del estado general del país: ahí tenemos el indignante caso de Andalucía dominada desde hace décadas por la otra gran mafia del estado, el PSOE, que junto con sus socios de los Sindicatos y el apoyo puntual de Izquierda Unida han robado a manos llenas durante años y años. O el caso de Cataluña con Convergencia y Unió, un partido de elitistas ladrones de guante blanco, por poner otro ejemplo más.

Y es que podríamos seguir así por todas las comunidades autónomas o por el propio gobierno central, donde las dos grandes familias político-criminales del país, PP y PSOE, se han dedicado a saquear sin ningún tipo de recato.

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Y a pesar de hacerse públicos todos estos casos de corrupción generalizada; a pesar de revelarse la implicación de las altas esferas financieras y empresariales, con la aquiescencia del poder judicial; a pesar de demostrarse por activa y por pasiva que la infección afecta al sistema en su generalidad, en todos los ámbitos, imposibilitando la creación de un futuro sano para el país; a pesar de todo ello, la respuesta de la población ha sido…no hacer nada. La máxima respuesta de la ciudadanía ha sido “ejercer el legítimo derecho de manifestación”, una actividad muy parecida a la que hace la hinchada cuando su equipo de fútbol gana una competición y sale en masa a la calle para celebrarlo.

Es decir, nadie ha hecho nada efectivo por cambiar las cosas, excepto picar cacerolas. Y el caso de la corrupción política desvelada en España y la nula reacción de la población es solo un ejemplo de entre muchos tantos a lo largo y ancho del mundo.

Ahí está el caso del deporte de masas, azotado como está por la sospecha de la corrupción, de la manipulación y del dopaje y por la más que probable adulteración de todas las competiciones bajo el control comercial de las grandes marcas… y a pesar de ello, sus audiencias televisivas y su seguimiento no solo no se ve afectado, sino que sigue creciendo cada vez más y más y más…

Pero todos estos casos empequeñecen ante la gravedad de las revelaciones hechas por Edward Snowden y confirmadas por los propios gobiernos, que nos han dicho, a la cara, con luz y taquígrafos, que todas nuestras actividades son monitoreadas y vigiladas, que todas nuestras llamadas, nuestra actividad en redes sociales y nuestra navegación en Internet es controlada y que nos dirigimos inexorablemente hacia la pesadilla del Gran Hermano vaticinada por George Orwell en “1984”.

Y lo que es más alucinante del caso: una vez “filtradas” estas informaciones, nadie se ha preocupado de rebatirlas. ¡Ni mucho menos!

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Todos los medios de comunicación, los poderes políticos y las grandes empresas de Internet implicadas en el escándalo han confirmado públicamente este estado de vigilancia como algo real e indiscutible. Como mucho han prometido, de forma poco convincente y con la boca pequeña que no van a seguir haciéndolo…¡Incluso se han permitido el lujo de dar algunos detalles técnicos! ¿Y cuál ha sido la respuesta de la población mundial cuando se ha revelado esa verdad? ¿Cuál ha sido la reacción general al recibir estas informaciones? Ninguna.

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Todo el mundo sigue absorto con su smartphone, sigue revolcándose en el dulce fango de las redes sociales y sigue navegando las infestadas aguas de Internet sin mover ni una sola pestaña…Así pues, ¿De qué sirve saber la verdad? En el caso hipotético de que Edward Snowden o Julian Assange sean personajes reales y no creaciones mediáticas con una misión oculta, ¿De qué habrá servido su sacrificio?¿Qué utilidad tiene acceder a la información y desvelar la verdad si no provoca ningún cambio, ninguna alteración, ni ninguna transformación? ¿De qué sirve saber de forma explícita y documentada que la energía nuclear solo nos puede traer desgracias, como nos demuestran los terribles accidentes de Chernobyl y Fukushima, si tales revelaciones no surten ni el más mínimo efecto? ¿De qué nos sirve saber que los bancos son entidades criminales dedicadas al saqueo masivo si seguimos utilizándolos? ¿De qué nos sirve saber que la comida está adulterada y contaminada por todo tipo de productos tóxicos, cancerígenos o transgénicos si seguimos comiéndola?¿De qué nos sirve saber la verdad sobre cualquier asunto relevante si no reaccionamos, por más graves que sean sus implicaciones?

No nos engañemos más, por duro que sea aceptarlo. Afrontemos la realidad tal y como es. En la sociedad actual, saber la verdad ya no significa nada
Informar de los hechos que verdaderamente acontecen, no tiene ninguna utilidad real. Es más, la mayoría de la población ha llegado a tal nivel de degradación psicológica que, como demostraremos, la propia revelación de la verdad y el propio acceso a la información refuerzan aún más su incapacidad de respuesta y su atonía mental.

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La gran pregunta es: ¿POR QUÉ?

¿Qué nos ha conducido a todos nosotros, como individuos, a este estado de apatía generalizado?
Y la respuesta, como siempre sucede cuando nos hacemos preguntas de este calado, resulta de lo más inquietante. Está relacionada, directamente, con el condicionamiento psicológico al que está sometido el Individuo en la sociedad actual, pues los mecanismos que desactivan nuestra respuesta al acceder a la verdad, por más escandalosa que ésta resulte, son tan sencillos como efectivos y resultan de lo más cotidiano.

Simplemente todo se basa en un exceso de información.
En un bombardeo de estímulos tan exagerado que provoca una cadena de acontecimientos lógicos que acaban desembocando en una flagrante falta de respuesta en pura apatía. Y para luchar contra este fenómeno, resulta clave saber cómo se desarrolla el proceso…

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Times Square, showing 9 current Broadway Shows

¿CÓMO SE DESARROLLA EL PROCESO?

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Es imprescindible dejar de pensar en el crecimiento económico.

La estadounidense Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), el más prestigioso organismo internacional dedicado a la monitorización de la temperatura del planeta, nos ha impactado con una muy preocupante noticia: marzo de 2017 ha marcado como hito el ser el primer mes en 1.647 meses en el registro (137 años) en que las temperaturas globales sobrepasan 1ºC la media del siglo XX (ya elevada por el calentamiento global) en ausencia del fenómeno de El Niño, que como recordarán fue muy potente durante el año pasado. Ha sido el segundo marzo más caluroso en los 137 años (el primero fue en 2016) y el quinto mes más caluroso (el resto han sido todos en los últimos dos años). Es evidente que el calentamiento global se está acelerando y que numerosos bucles que lo realimentan positivamente están conjuntándose para ello (disminución del albedo, aumento del metano por el ‘fracking‘ y la fusión del permafrost, aumento acelerado del CO2 por diversas causas…). Prácticamente nadie con unos conocimientos sólidos duda ya de que la causa de este calentamiento es la actividad humana.

El metabolismo de la actividad de 7.500 millones de seres humanos, cada uno de los cuales equivale a cinco humanos preindustriales, es decir, un total de casi 40.000 millones de personas equivalentes, está desequilibrando totalmente la biosfera y, lejos de corregir la trayectoria, cada vez apretamos más el acelerador.

Podemos ver en el siguiente gráfico la evolución del consumo per cápita de energía en los últimos 200 años. Se ve claramente cómo este se ha multiplicado aproximadamente por cuatro desde entonces (ya había subido algo para 1820 desde los niveles preindustriales) y cómo este crecimiento ha sido especialmente fuerte en los periodos 1945-1979 (los ‘treinta gloriosos’) y a partir de 2000 (sobre todo por el brutal aumento del consumo en China).

Aunque no cabe duda de que hay aumentos en la productividad y en la eficiencia, es un mito muy peligroso el pensar que estas mejoras son ilimitadas, y estas creencias demuestran un desconocimiento total de los fenómenos físicos subyacentes. Las mejoras iniciales son relativamente sencillas, pero las subsiguientes son cada vez más difíciles hasta que se vuelven inapreciables. Es la implacable ley de los rendimientos decrecientes, que cualquiera que se haya dedicado a optimizar procesos productivos ha conocido por propia experiencia. Como expuse en este artículo, la Humanidad está aumentando desde hace décadas la inversión en mejoras de la productividad aproximadamente un 7% cada año, mientras que las mejoras conseguidas son del 1%. El resto del crecimiento mundial proviene de aumento en los insumos de la economía.

La economía mundial representa simplemente la producción de bienes y servicios, cuyo significado físico corresponde al concepto de trabajo. Por eso se habla muchas veces, dado que la sociedad humana está compuesta por seres vivos y sus extensiones en forma de maquinaria, de metabolismo de la sociedad industrial, ya que cuando se generan esos procesos físicos que llamamos economía, producimos calor y desechos (que en el caso de la sociedad industrial son materiales inútiles, contaminantes o no, incluidos gases como el CO2), exactamente lo mismo que los seres vivos.

Este metabolismo de la actividad humana está cambiando las condiciones de la biosfera, y cuanto más se incremente esta actividad, más cambiarán

El problema que estamos teniendo, básicamente, es que este metabolismo de la actividad humana está cambiando las condiciones de la biosfera, y cuanto más se incremente esta actividad, más se cambiarán. Muchas personas no se preocupan demasiado por esta cuestión debido a que no consideran relevante un aumento de las temperaturas globales de uno, dos o tres grados centígrados o bien porque piensan que ya encontraremos una solución. Pero ambas creencias son erróneas, al menos en el estado actual del conocimiento. En primer lugar, no hay prueba alguna de que el aumento de las temperaturas vaya a detenerse en 2º C ni en 3º C (1º C ya se ha sobrepasado). Las emisiones de CO2 están aumentando más rápido que nunca, como se ve en el gráfico.

Se sabe que la mayor extinción en la historia de la Tierra se produjo hace unos 250 millones de años. Tan importante fue el evento que marca el límite entre el Pérmico y el Triásico. El 95% de las especies marinas se extinguieron, siendo también enorme, aunque algo menor, la mortandad en tierra firme. A día de hoy, existen evidencias bastante claras de que este proceso se produjo por el desencadenamiento del llamado ‘fusil de clatratos‘, que es la desestabilización de los hidratos de metano del lecho marino, que de esta forma liberan grandes cantidades de metano a la atmósfera. Siendo el metano un potentísimo gas de efecto invernadero, provocó un aumento enorme de las temperaturas de océanos y atmósfera, que fue lo que en última instancia causó la extinción masiva. Esta desestabilización de los hidratos de metano se produjo por un aumento de las temperaturas hasta cierto umbral debido en aquel acaso a masivas erupciones volcánicas.

el desierto y las temperaturas aumentan peligrosamente

En nuestro caso, existe también este peligro de desestabilización, que ya se está viendo en el permafrost de la tundra, pero sería por la liberación masiva de CO2 atrapado en el subsuelo en forma de combustibles fósiles y liberado por nuestra actividad económica.

No hay indicio alguno de que las renovables puedan tomar el relevo, al menos garantizando niveles de consumo ni remotamente parecidos a los actuales. A día de hoy, son engorrosas de usar por los problemas de intermitencias y además caras. En Europa, por ejemplo, las brutales inversiones de más de un billón de euros en renovables no han servido más que para cubrir una minúscula parte del suministro de energía primaria.

Y sobre el tema de otras soluciones como las basadas en geoingeniería, se hallan totalmente en sus inicios. Se sabe poquísimo sobre su coste y resultados.

La única solución racional a todas luces sería reducir la actividad económica mundial

Visto el estado actual del conocimiento y la gravedad y aceleración del cambio climático, la única solución racional a todas luces sería reducir la actividad económica mundial. Sabemos que la felicidad de las personas aumenta rápidamente cuando sus necesidades materiales básicas son cubiertas (comida, seguridad y cobijo), pero a partir de entonces los aumentos de bienes materiales apenas contribuyen al incremento de la felicidad, algo que vemos en el siguiente gráfico. También vemos cómo hay gente muy feliz en países con rentas bastante bajas. Por ejemplo, los colombianos, mexicanos y venezolanos se reportan tan felices como suizos o daneses. Ello casi con seguridad responde a la estructura de esas sociedades, en que la familia y el grupo social es muy importante.

Ello nos lleva a plantearnos la irracionalidad de la insistencia actual en incrementar la producción material a costa de lo que sea, visto que realmente no nos lleva a ser más felices. Muchos de nosotros, si decidiéramos individualmente, no hay duda de que elegiríamos la vía de la moderación. Y si fueran grupos pequeños y cohesionados, probablemente mucho más. Pero la tragedia es que en este mundo enorme y fragmentado en el que vivimos no existe nada parecido a una sabiduría colectiva, y en lugar de comportarnos como un superorganismo inteligente nos comportamos como las bacterias en una placa Petri o las levaduras en un tanque de fermentación. ¿Existe solución a esta situación? Quisiera pensar que sí. De hecho somos muchos y muchas quienes pensamos que sí, a pesar de las enormes dificultades, y nos negamos a arrojar la toalla. Y espero que seamos cada vez más.

fuente: blogs.elconfidencial.com/economia/grafico-de-la-semana/2017-04-21/dejar-pensar-crecimiento-economico-calentamiento-global_1370039

 

Estrategias de manipulación

El francés Sylvain Timsit, con el título original “Stratégies de manipulation”, publicó este decálogo en la web syti.net allá por el 2002.  Estas reglas se ven reflejadas en la mayoría de empresas, corporaciones, partidos políticos y sobre todo medios de comunicación de hoy en día.

1. La estrategia de la distracción. El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado,  sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir. Otra manera de hacer aceptar una decisiónimpopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosaspara guerras tranquilas”)”.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar, e inculto…

9. Reforzar la autoculpabilidad. Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se auto desvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen. En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las élites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.