Cara y Cruz de la economía colaborativa y por qué deberías empezar a usarla.

En el año 2010 y en plena crisis, se empezó a hablar de un nuevo sistema de consumo que tenía más en cuenta las necesidades de las personas que el hecho de lucrarse, hablamos del consumo colaborativo.

Tras ser probado y explotado por diferentes sectores, este consumo dio lugar a un nuevo sistema de economía, basada en los principios del consumo colaborativo. Pero, ¿qué es la economía colaborativa y por qué deberíamos envolverla en nuestra vida cotidiana?

Definamos primero el concepto de economía colaborativa. Hoy en día los ciudadanos permanecemos conectados a través de las nuevas tecnologías. De esta forma, podemos compartir y consumir anteponiendo las necesidades de la gente al aspecto económico. En definitiva, la economía colaborativa se basa en compartir (por ejemplo, nuestro coche), alquilar (esa habitación libre que tenemos en casa),  prestar o donar cosas, y vender o comprar productos de segunda mano. Viendo las ventajas de la economía colaborativa, puede que algunos penséis que este sistema ya era utilizado por nuestros abuelos. Lleváis razón, pero hay algunos puntos que se han empezado a desarrollar en esta última época.

Ventajas de la economía colaborativa

Algunas de las ventajas que ofrece la economía colaborativa son:

1.- Ventajas ambientales producidas por un desarrollo más sostenible: Sin duda es la ventaja más importante. La economía colaborativa fomenta el aprovechamiento y el reciclado de los recursos que tenemos: si algo ya no nos sirve, alguien le puede dar una segunda vida. Esto conlleva un consumo más moderado y la eliminación de toneladas de residuos sean del sector que sean. Además, la reutilización de cosas materiales contribuyen a la sostenibilidad y cuidado de los entornos que nos rodean. Actualmente se pueden hacer muchas cosas para que el lugar en el que vivimos sea lo más sostenible posible (cambiar el funcionamiento de los puntos limpios…). ¿Quieres saber si tu ciudad es sostenible?

2.- Ahorro: Todos los productos y servicios que ofrece este sistema tienen precios muy económicos, simbólicos, o incluso son gratis.

3.- Mayores ofertas: La oferta de productos es mayor que la de la economía tradicional. Por ejemplo, si no existiera la venta de segunda mano, miles de cosas vintage y de colección se perderían.

4.- Mayor aprovechamiento de los recursos que tenemos: No somos conscientes del partido que podemos sacar de las cosas cotidianas que tenemos en casa. Con este modelo de negocio aprovechamos al máximo y le sacamos partido a todo lo que tenemos. Según un estudio cada familia tiene hasta 7000€ en cosas que ya no usa.

¿Cómo aplicar la economía colaborativa en casa?

Vamos a ver unos consejos con ejemplos prácticos para que empecéis a utilizar la economía colaborativa. Podemos aprovechar todo el potencial que tenéis en vuestro hogar y ganar un dinero extra o librarnos de objetos que no usamos y que podrían tener una vida útil en otro lugar.

  1. Vende y compra cosas de segunda mano: Siempre tenemos cosas en casa que no usamos y nos da pena tirar (en trasteros, armarios…). Si las vendemos podemos sacar un dinero extra. Según el estudio citado antes, tenemos casi 3000€ en ropa que no usamos y que podemos vender. A la ropa le siguen, por ejemplo, enseres de bebé que ya no vamos a usar, aparatos electrónicos, material deportivo de ese deporte que abandonamos… Juntando todo podemos conseguir la suculenta cantidad de 7000€.
  2. Comparte coche: Si eres de los que tiene que coger el coche para ir a trabajar no desaproveches la oportunidad y compártelo, irás acompañado y si cobras aunque sea un precio simbólico por acompañante, eso que te ahorras.
  3. Alquila habitaciones libres: Es una buena forma de sacar dinero extra. Si te sobra una habitación en casa la puedes alquilar a personas que visiten tu ciudad. Puedes ganar más si además ofreces servicios de comida y lavandería. Esta práctica se lleva haciendo muchos años en países como USA
  4. Compra a comercios de barrio: Si compramos en comercios de barrio evitamos intermediarios, y con ello el impacto ambiental de emisiones de CO2 que conlleva. Además, le seguiremos dando vida a esos comercios de toda la vida y colaborando con un desarrollo mas sostenible.
  5. Evita intermediarios: Además de comprar en comercios de barrio, podemos ir directamente a comprar las hortalizas a la huerta o el aceite a la almazara. Cuantos más intermediarios evitemos, más nos ahorramos, más emisiones evitamos y más sano comemos.
  6. Alquila cosas: ¿Por qué no alquilar algo que tengamos en casa y que nos da pena vender? Hay muchas personas que disponen de caravana y la alquilan en períodos vacacionales, de esta forma se ganan un dinero extra, sin necesidad de vender. También está muy en auge las páginas de alquiler de ropa entre particulares, no dejes pasar la oportunidad y úsalas.
  7. Ofrece tu tiempo y tu trabajo: Si tienes tiempo y puedes ofrecer un servicio, no lo desaproveches e intercámbialo. Puedes ofrecer clases particulares de inglés a los hijos de tu vecino fontanero y así te saldrá esa obra del baño gratis. Es una forma de contribuir a la economía doméstica y de ofrecer el talento que tienes. En muchos lugares eso se gestiona a través de monedas locales o bancos de tiempo
  8. Presta o dona cosas: Muchas cosas no queremos tenerlas, sino usarlas (por ejemplo, un taladro). Tenemos que dar más importancia al servicio que a la posesión y, así, prestando lo que tenemos y pidiendo prestado lo que necesitamos conseguimos reducir nuestras compras. Podemos hacer una lista de cosas que prestamos y darla a conocer a nuestros vecinos. Donar cosas nos libera de la necesidad de cuidar de ellas y de asignarles un espacio en nuestra casa, y ganamos tiempo.

Consciente de que, una vez abierta la caja de Pandora, las repercusiones son profundas, la Unión Europea redactó en enero pasado un dictamen de iniciativa para entender estos vientos. “El consumo colaborativo representa la complementación ventajosa desde el punto de vista innovador, económico y ecológico de la economía de la producción por la economía del consumo. Además supone una solución a la crisis económica y financiera en la medida que posibilita el intercambio en casos de necesidad”. ¿Demasiadas expectativas?

Cómo el capitalismo salvaje vuelve a meter la zarpa.

Sin embargo, este consumo también tiene un lado oscuro que rápidamente el capitalismo se ha lanzado a explotar a gran escala a través de -como siempre- los intermediarios. Aplicaciones como Uber o Airbnb lo han revelado. La primera conecta pasajeros con conductores; la segunda busca y comparte alojamiento. Ambas están bajo vigilancia. Uber es un gigante. En solo cuatro años de existencia ya vale 18.000 millones de dólares y opera en 132 países. Y su éxito ha chocado de frente en Europa contra el mundo del taxi, que le acusa de competencia desleal. El coloso se defiende. “No somos enemigos de los taxistas ni del sector. Las protestas [vividas la semana pasada en varias capitales europeas] son excesivas y lo único que pretenden es mantener la industria en un estado inmovilista”, argumenta un portavoz de la firma.

De cualquier forma, compartir, prestar, alquilar son verbos que se expanden con una fuerza nunca vista por la economía mundial. Surgen miles de plataformas electrónicas que los emplean. Y aunque queda tarea pendiente —regular ciertas aplicaciones, para evitar que engorden la economía sumergida, y mejorar los derechos de los consumidores—, el éxito de esta forma de consumir revela una sociedad que quiere cambiar la manera en que vive. Buenos augurios en unos días en los que es difícil extraer poemas de las noticias.

  • Intercambio de ropa: ThredUP.
  • Coches compartidos: Zipcar, SideCar, Lyft, Bluemove, Getaround, Uber.
  • Préstamos económicos: LendingClub.
  • Alojamiento de viajeros: Hipmunk, Airbnb.
  • Trueque de comida: Compartoplato, Shareyourmeal.
  • ‘Crowdfunding’: KickStarter, Verkami.

Mas información sobre sostenibilidad: BlogSOStenible: Noticias medioambientales y datos… aportando soluciones

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