El recurso de la necedad y del poder: Violencia para todo.

La violencia​ es el tipo de interacción entre sujetos que se manifiesta en aquellas conductas o situaciones que, de forma deliberada, aprendida o imitada,​ provocan o amenazan con hacer daño, mal o sometimiento grave (físico, sexual, verbal o psicológico) a un individuo o a una colectividad,​ afectando a las personas violentadas de tal manera que sus potencialidades presentes o futuras se vean afectadas.​ Puede producirse a través de acciones y lenguajes, pero también de silencios e inacciones, y es valorada negativamente por la ética, la moral y el derecho, que atribuyen generalmente al Estado el monopolio de la violencia. La violencia puede ser de carácter ofensivo o defensivo (también se utilizan los conceptos de violencia proactiva y violencia reactiva), habilitando en este último caso figuras de justificación ética de la violencia, como la legítima defensa y el derecho de resistencia contra la opresión.

Se trata de un concepto complejo que admite diversas matizaciones y graduaciones según el punto de vista desde el que se trate; en ese sentido, su aplicación a la realidad depende en ocasiones de apreciaciones subjetivas.

 

Tipos de violencia

Según Johan Galtung, existen diferentes tipos de violencia: directa, estructural  y cultural. Puede ser ejercida contra otros, pero también autoinfligida (autolesiones, suicidio). Además, se considera como tal cualquier forma de ella que lesione o sea susceptible de dañar la dignidad, honor, integridad o libertad de las personas. Puede presentarse prácticamente en cualquier ámbito: en la pareja, familia, escuela, trabajo, comunidad o instituciones y puede llegar en último extremo a la muerte.

La violencia puede ser física cuando se ejerce contra el cuerpo de otros seres humanos, animales o cosas; emocional cuando se ofenden sus sentimientos, e intelectual cuando se miente deliberadamente a un individuo o a una colectividad (posverdad), por lo que esta última se solapa y es especialmente difícil de detectar, además de que suele conducir a las otras (sus formas históricas más frecuentes son la ideología-política o religiosa- excluyente, la censura, el adoctrinamiento, el racismo, la publicidad maleducada, la obsolescencia programada, la manipulación informativa interesada (por ejemplo, cuando grupos de presión orquestan campañas de posverdad y demonización contra medidas beneficiosas para la mayoría de los otros, como el Obamacare…). La violencia intelectual es tal vez, por ello, la más peligrosa a largo plazo, pudiendo acarrear incluso genocidios. Otras formas de violencia intelectual consisten en enmascararla superficialmente con estrategias de rebranding, por ejemplo los llamados “lavados de cara” (PinkwashingPurplewashingRedwashingGreenwashing…)

Los muchos tipos de violencia distinguibles varían (y sus definiciones) según las épocas, los lugares, los medios, las culturas, los ordenamientos legales, las distintas evoluciones sociales y tecnológicas, etcétera.

Violencia interpersonal

Es la conducta de dominio o asertividad que emplea la fuerza física (golpes, violación, tortura…), verbal o psicológica (injurias, doble vínculo, hostigamiento, acoso, estrés, gaslighting, privación de derechos humanos y jurídicos o libertad, abuso de posición dominante…). Estos comportamientos pueden ser conscientes o no. Esta categoría incluye la violencia de pareja, violencia en el noviazgo, violencia contra la mujer, violencia contra el varón, violencia doméstica contra el varón, violencia psicológica en la pareja, la violencia doméstica, de género, de padres a hijos (y viceversa), así como diferentes formas de adoctrinamiento; las violencias externas son las cometidas en el contexto laboral por parte de elementos externos a su organización (clientes, usuarios, alumnos…). En efecto, parece ser que los trabajos en que se trata con gente en forma directa suelen ser especialmente duros psicológicamente y más expuestos a este tipo de violencia (sanidad, periodismo, enseñanza, policía…).

Violencia de Estado

Desde antiguo se constata la preferencia del mal menor sobre el bien y la utopía para gobernar, doctrina conocida como razón de Estado y sostenida desde El Príncipe de Maquiavelo. Los Estados practican discretamente o reivindican, según la célebre definición de Max Weber, un «monopolio de la violencia legítima», para ejecutar las decisiones judiciales, asegurar el orden público o, en caso de guerra o riesgo de guerra (se intenta entonces legitimarla con las doctrinas de la «guerra justa»). Esta última puede degenerar en terrorismo de Estado u otras formas de violencia más extremas como el genocidio. El periodista Dan Rather dijo al respecto: “Si matas a un hombre, te envían a la silla eléctrica; si matas a diez, te llaman asesino en serie y ruedan una película; y si matas a cien mil, te invitan a Ginebra, a negociar”. Y Stalin: “La muerte de un hombre es una tragedia; la de cien mil, una estadística”. Véase banalidad del mal.

Violencia criminal

El crimen espontáneo u organizado, puede tener unas causas sociales y económicas (anomia, pobreza, exclusión social) o psicológicas (paranoia, esquizofrenia, etc.). Se manifiesta en formas penalizadas por la ley como la violación y el asesinato, entre muchas otras. Esta forma de violencia constituye según algunos autores el anverso de una violencia estática y/o simbólica. Sus causas identificadas son el urbanismo, los conflictos (violencia institucional, estructural, sistémica, patronal, interpersonal…); la pobreza y las desigualdades.

Violencia política

Agrupa todos los actos violentos por parte del Estado (véase antes violencia de Estado) o de sus súbditos contra él que sus autores legitiman en nombre de un objetivo político (revolución, resistencia a la opresión, derecho a la insurrección, tiranicidio, «causa justa», terrorismo…). En su forma intelectual consiste en distintos tipos de mentira, propaganda y manipulación. Ciertas formas de respuesta violenta pero proporcionadas (y de resistencia o servicio al restablecimiento del Estado de derecho), cuando otras soluciones no son ya posibles son corrientemente admitidas por la moral, por el derecho y por la doctrina de los derechos del hombre; en caso de legítima defensa, por ejemplo, o de estado de necesidad, o en caso de resistencia a la opresión de un tirano.

Violencia simbólica

Es la tesis de Pierre Bourdieu, quien designa numerosas variedades de violencias: verbal (eventual primera etapa antes de pasar al hecho); o invisible, institucional: es también la violencia estructural (Johan Galtung) cara a la cual los individuos parecen impotentes. Esta última designa numerosos fenómenos diferentes que favorecen el dominio de un grupo sobre otro y la estigmatización de pueblos, y puede conducir hasta la creación de un chivo expiatorio o “cabeza de turco”.

Violencia económica

En derecho civil, la violencia económica es un caso reciente de falta de consentimiento que justifica anular los contratos cuya conclusión se fundó sobre esta falta. Es admitida con ciertos límites por los tribunales. Y es en la actualidad considerada por ciertos juristas como una nueva forma de violencia tradicional“. En Francia, la primera cámara civil del Tribunal de Casación, en una sentencia del 3 de abril de 2002, y sobre el fundamento del artículo 1112 del Código civil francés, ha juzgado así que «la explotación abusiva de una situación de dependencia económica, hecha para aprovechar el temor del mal que amenaza directamente a los intereses legítimos de la persona, puede viciar el consentimiento de la violencia».

Violencia psicológica y patológica

Es cualquier acto u omisión que dañe la estabilidad psicológica y puede consistir en: negligencia, abandono, descuido reiterado, celotipia, insultos, humillaciones, devaluación, marginación, indiferencia, infidelidad, comparaciones destructivas, rechazo, restricción a la autodeterminación… Ciertos desórdenes mentales se acompañan de raptos de violencia; en el ámbito sexual, por ejemplo, el sadismo. En el psicoanálisis también puede manifestarse como un tipo de represión aprendida patógena, esto es, que origina enfermedades nerviosas o mentales. Sigmund Freud afirma de hecho que una pulsión de muerte o tánatos se opone destructivamente a un segundo principio vital que llama libido o eros. Pero Erich Fromm, por otra parte, hablando sobre la pulsión de muerte en El miedo a la libertad (1941), afirma que ese principio tiene un origen exterior o social:

El impulso de vida y el de destrucción no son factores mutuamente independientes, sino que son inversamente proporcionales. Cuanto más el impulso vital se ve frustrado, tanto más fuerte resulta el que se dirige hacia la destrucción; cuando más plenamente se realiza la vida, tanto menor es la fuerza de la destructividad. Esta es “producto de la vida no vivida”

Se encontrado recientemente en la orina y en la sangre de pacientes afectados por ciertas enfermedades mentales una toxina que parece anormalmente producida por su organismo. Esta toxina (una bufotenina) no ha sido encontrada en esas dosis más que en pacientes que presentan trastornos psicológicos y también en pacientes no drogados y sin contacto con anfibios, pero violentos. Se la encuentra en la orina o sangre de pacientes para todas las grandes enfermedades psiquiátricas, hasta el punto de que se la ha propuesto como indicador de diagnóstico.
La toxina es idéntica a la que se encuentra entre las bufotoxinas  (alucinógenos  que provocan síntomas como una psicosis de tipo esquizofrenia) del veneno de numerosas especies de sapos. Pero se ignora aún si el mismo proceso está implicado en los dos casos​ y en determinar si esta molécula está en el origen de los trastornos mentales en el hombre,​ o si ella misma es un subproducto de otro proceso patológico. Unos indicios argumentan en todo caso en favor de ciertas similitudes entre la acción de la bufotoxina sobre el cerebro, y en particular sobre la degradación de la serotonina y unos procesos que intervienen en los desórdenes mentales.

Violencia natural

Es la violencia de las fuerzas de la naturaleza; de las tempestades, inundaciones,  seísmos, incendios forestales, tsunamis y otras catástrofes naturales. Es a veces la violencia que el ser humano percibe del mundo animal (el instinto de caza, rituales de dominación, etc). Para el filósofo Jean-François Malherbe, no se podría propiamente hablar de violencia en este último caso:

Se dice que Grecia en la Antigüedad consideraba que la cuestión de la violencia (“bia”) no se planteaba para los animales (“zôoi”), sino solamente en el dominio de la vida humana (“bios”). Esto significa precisamente que la cuestión de la violencia tiene que ver con la palabra propia de lo humano y sugiere que los animales no son, propiamente hablando, violentos: sus comportamientos obedecen simplemente a las leyes inexorables de la naturaleza. La «violencia animal» no es pues más que una proyección antropomórfica sobre el comportamiento animal

Estos son también por otra parte otros tipos de violencia que tienen por característica la ausencia aparente de conciencia o de voluntad. También puede hablarse de un tipo de violencia que se ejerce contra el entorno natural: la vida vegetal de los bosques, las especies animales, etc.

Ciberviolencia y ciberbullyng

Violencia que consiste en que una persona use la violencia (física o verbal) para ridiculizar a alguno y haga un vídeo, una publicación o cualquier otra forma de comunicación y la divulgue por Internet o en sus redes sociales. El 7 % de los vídeos publicados por Youtube en 2010, esto es, 50.000, pertenecen a ciberviolencia. Y hay una escalada notable en importancia de la popularidad de este agresivo y agresor fenómeno estimada en un aumento de más del 57 %.

Violencia de género

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) define la violencia contra la mujer como todo acto que cause “un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”. Esto es, violencia doméstica, asaltos o violaciones sexuales,  prostitución forzada,  discriminación laboral, el aborto selectivo por sexo, violencia física y sexual contra personas que ejercen la prostitución, infanticidio en base al género,  feminicidio,  castración parcial o total, ablación de clítoris, tráfico de personas, violaciones sexuales en guerras o situaciones de represión estatal, acoso y hostigamiento sexual —entre ellos el sadismo y el acoso callejero—, patrones de acoso u hostigamiento en organizaciones masculinas, represión de la sexualidad heterodoxa y ataques homofóbicos y transfóbicos hacia personas o grupos o su tolerancia, entre otras. La erradicación de la violencia de género puede ser llevada a cabo bajo la transmisión de información y modelos de vida. Las dependencias gubernamentales, el sector empresarial y los medios de comunicación tienen un papel de suma importancia en esta acción así como la constante participación de la sociedad.

Cultura de violencia

Es la que se ejerce sobre el individuo y la colectividad heterodoxa por medio de una cultura ortodoxa acrítica, autorizándola como una respuesta legítima a cualquier forma de conflicto moral, social o político e imponiéndola por medio de una ideología, una religión, una cultura, una moral, una conducta, una educación o simplemente un rol. Según Johan Galtung crea un marco legitimador de la violencia y se concreta en actitudes. Se divulga por medio de prejuicios y se plasma en juguetes, narraciones, películas, dibujos animados, series de televisión y deportes violentos (caza, toreo, boxeo…) o mediante el fomento y protección del coleccionismo de armas o la permisividad ante las mismas por parte de los estados (venta libre de armas sin control en los Estados Unidos, uso de minas antipersonales y de armas de destrucción masiva, etc.) o de las redes sociales de Internet (ciberviolencia). La educación además interviene en autorizar o asumir unos roles o conductas violentas u hostiles determinadas hacia animales, personas, razas o sexos. Impregna la literatura generando incluso estructuras narrativas que se repiten incesantemente en culturas como la occidental y dan lugar a lo que Walter Wink ha llamado el “mito de la violencia redentora”.​ La facilita el soslayamiento o evitación de conductas empáticas como los modales o urbanidad. Otro aspecto de esta violencia es la creación de posverdad o propaganda invisible por medio de la manipulación, por parte de los medios de comunicación de masas, del pensamiento colectivo, común o gregario, generando la llamada por Antonio Gramsci hegemonía cultural. Este tipo de violencia puede ser tácita o implícita, cuando se ejerce como persecución subliminal, la censura implícita o en forma de autocensura y autocontrol que se espera generar en diferentes individuos sin que se pida abiertamente.

Violencia racista, xenófoba, violencia hacia el pobre.

La violencia racista está basada en la ideología que defiende la superioridad de una raza frente a las demás y la necesidad de mantenerla aislada o separada del resto dentro de una comunidad o un país.

Nace oficialmente con el concepto de estado y con la colonización, y se puede clasificar según su historia:

  • El racismo de sangre español
  • El racismo científico europeo
  • El racismo en Estados Unidos de América
  • El racismo nazi y el Holocausto judío y gitano
  • El racismo sudafricano durante el apartheid
  • Racismo en América Latina

La violencia xenófoba y la violencia aporafóbica hacia el pobre vienen de la misma mano. Está propagada por las posiciones más elevadas de la sociedad para que las clases más básicas tengan miedo a la perdida de los pocos recursos que estas primeras les permitan poseer, culpando al pobre o migrante que huye de la miseria o lo ha perdido todo debido a las mismas élites de su propio país o del receptor. Con este método, la base mayoría de la población se concentran en odiar un enemigo cercano y el que creen pueden dominar en vez de dirigirse a la verdadera fuente de sus problemas. Básicamente, es un método de control de las personas poco instruidas y fácilmente manipulables.

Violencia religiosa

Entre las creadas por el fenómeno denominado ideología, es la que inspiran las distintas religiones o creencias exclusivistas contra aquellos (casi siempre en proporción minoritaria) que no son de su fe o credo o no comparten similares ritos, a causa de no haberse desarrollado en su sociedad un grado suficiente de tolerancia humana y social. Véase ortodoxia heterodoxia.

La violencia como fenómeno filogenético

Un grupo de investigadores españoles ha investigado la violencia como fenómeno filogenético, manejando coeficientes de violencia de especies animales y humanas a lo largo de la prehistoria y de la historia. Sus resultados estiman que el progreso humano ha bajado la violencia del homo sapiens del 2% al 0,001 moderno actual.​ Por otra parte, la Declaración de Sevilla de 1986, elaborada por un grupo de científicos de la UNESCO, enfrentó las teorías ambientalistas y biologicistas sobre el origen de la violencia concluyendo lo siguiente:

Es científicamente incorrecto afirmar que tenemos una tendencia a la guerra heredada de nuestros ancestros animales. Aunque la lucha sea un fenómeno frecuente en el reino animal, se conocen pocos casos de lucha organizada entre grupos de la misma especie, y en ninguno de éstos se emplean herramientas como armas […] Es científicamente incorrecto afirmar que la guerra o cualquier otra forma de conducta violenta está genéticamente programada en la naturaleza humana […] Es científicamente incorrecto afirmar que en el curso de la evolución humana ha habido una selección hacia la conducta agresiva en mayor medida que hacia otro tipo de conducta […] Es científicamente incorrecto afirmar que los humanos tenemos un “cerebro violento” […] Concluimos que la biología no condena a la humanidad a la guerra, y que la humanidad puede librarse de las ataduras del pesimismo biológico y, afrontar con confianza los cambios necesarios para ello.

El concepto de violencia de género

Se entiende por violencia de género (o violencia machista, según otras fuentes) a todo aquel tipo de violencia que se lleva a cabo vulnerando el bienestar físico, psíquico o relacional de una persona debido a su sexo o identidad de género. Se usa de manera intencional la agresión, sea mediante la fuerza física o, con el propósito de causar daños, coaccionar, limitar o manipular a la persona objeto de violencia.

Este tipo de violencia puede provocar efectos demoledores en las víctimas. A nivel físico pueden producirse lesiones serias que pueden llevar a la incapacitación, al coma o incluso a la muerte. A nivel psicológico es frecuente que las personas que sufren violencia de género no sean capaces de denunciar, generalmente debido al miedo de posibles repercusiones para ellas o sus seres queridos, la presencia de incredulidad o la creencia de que no van a ser apoyadas.

Tampoco es infrecuente que las víctimas se sientan culpables o responsables de la situación o que teman producir dolor en otras personas (por ejemplo, ante la presencia de hijos). Incluso, según el tipo de educación recibida o el tiempo que la víctima haya podido ser manipulada, se puede llegar a pensar que se trata de una conducta normal y/o que se sientan merecedoras de ella.

Causas

Generalmente la parte agresora actúa movida por el deseo de poder y dominación, y es frecuentemente influenciada por los estereotipos de género. Generalmente detrás de ello hay sentimientos de inseguridad y poca autoestima que se intenta suplir a través de la dominación de quien el individuo considera inferior o incapaz de hacerle frente.

También es posible que haya una autoestima exagerada con tintes narcisistas que produzca que se consideren los propios derechos por encima de los del resto. Puede encontrarse en algún caso un maltrato instrumental dirigido a un objetivo concreto. Por último, la ausencia de empatía es un fenómeno y/o una impulsividad no controlada pueden facilitar la agresión.

Distinguiendo tipos de agresiones

Cuando hablamos de violencia de género solemos pensar en situaciones en que se dan agresiones dentro de una pareja. La situación de violencia de género más común es la de un hombre que comete una serie de abusos continuados y sistemáticos una mujer por el hecho de ser mujer, a la cual considera inferior o pretende dominar.

Es por ello que frecuentemente la violencia de género es confundida con la violencia machista o contra la mujer. Sin embargo, no se ha de olvidar que también existen varones que sufren este tipo de violencia por parte de sus parejas. Además, si bien no se suele considerar violencia de género al no basarse en el sexo o la identidad sexual, no se ha de olvidar la existencia de violencia en la pareja en parejas de personas del mismo sexo. Es por ello que hoy en día, más que violencia de género debería hablarse de violencia de pareja.

Más de 1.000 personas denunciaron en 2017  torturas o malos tratos policiales en España.

La Coordinadora para la Prevención y la Denuncia de la Tortura documenta el año con mayor número de personas afectadas por violencia policial desde 2004, cuando comenzaron a realizar estos informes.

El año 2017 ha sido en el que mayor número de personas ha denunciado haber sufrido algún tipo de agresión policial durante su participación en movilizaciones sociales, una categoría que supone un 58% del total de personas afectadas, según el Informe sobre la tortura y los malos tratos policiales en el Estado español.

Se trata del dato más alto desde 2004, cuando la Coordinadora comenzó a recopilar estos datos.

La cifra supera ampliamente los datos registrados en 2015 y 2016 cuando se registraron 232 y 259 casos de personas que denunciaron haber sufrido violencia policial respectivamente. Es decir, se ha multiplicado por cuatro. Los datos de agresiones policiales durante movilizaciones sociales en 2017, de hecho, solo son comparables con los de 2011, año en el que se extendió por todo el país el movimiento 15-M. Así, en 2011 fueron 591 las personas que denunciaron este tipo de agresiones durante protestas y movilizaciones y en 2017 han sido 618. En años anteriores, por ejemplo en 2016 o en 2015, está cifra quedó limitada a 20 y 89 personas respectivamente.

Como dato positivo cabe destacar que es el tercer año consecutivo que el informe no recoge ninguna denuncia por tortura en situación de detención Incomunicada. Sin embargo, pervive la legislación que permite la detención incomunicada y, por tanto, la posibilidad de que se produzcan en un futuro, más o menos próximo, casos de tortura y malos tratos en estas circunstancias.

Más personas migrantes agredidas

Los datos de la CPDT también recogen un aumento de las agresiones a personas migrantes por parte de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Así, en 2015 se recogieron los casos de 50 personas; en 2016, la cifra aumenta a 147; y en 2017, a 287 personas. El dato de 2017 es el segundo más alto desde 2004, solo superado por la cifra de 2014, cuando se registraron 355.

La razón del extraordinario aumento es el número de personas que denunciaron agresiones durante el 1-O en Catalunya.

La CPDT muestra su “honda preocupación”por el elevado número de denuncias de agresiones dentro de los Centros de Internamiento para Extranjeros, popularmente conocidos como CIE. El informe señala que hubo 112 personas afectadas por presuntos malos tratos o tortura dentro de estos espacios de privación de libertad. “Reiteramos nuestra exigencia de su cierre inmediato, por ser espacios de vulneración de derechos y de frecuentes malos tratos”, señala el la Coordinadora en el informe.

La tortura como premio

La CPDT  también denuncia “la sensación” de que en España la tortura por parte del Estado no solo “no se persigue” sino que “se premia”. “En este contexto queremos recordar que el coordinador del dispositivo policial del 1-O, el coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos, fue acusado de torturar a una persona detenida en régimen de incomunicación en 1992 y fue juzgado por esos hechos en 1997. Entendemos que encargar estas responsabilidades a personas con este pasado da un mensaje de ‘premio’ a determinadas actitudes y conductas, que valoramos como muy peligroso”, señala el Informe.

En este sentido, la Coordinadora también señala como preocupante el nombramiento de Héctor Moreno como jefe de la Policía Nacional de Cantabria ya que Moreno había sido condenado en 1994 por la Audiencia Provincial de Madrid por un delito de torturas y había sido parcialmente indultado por el Gobierno de José María Aznar en 1998.

La metodología

La CPDT, una plataforma integrada por más de 40 organizaciones de lucha contra la tortura y la defensa de los derechos humanos, reconoce, no obstante, que “estas cifras no coincidirán con el número de causas penales abiertas por tortura y/o malos tratos. Por una parte, una misma situación con diversos afectados podrá dar lugar a una o a varias causas diferentes, dependiendo de las circunstancias concretas de la situación. Por otra, puede que algunas de las personas afectadas tras hacer una denuncia pública y obtener un parte médico de lesiones, no haya acudido a ratificar la denuncia al Juzgado“.

“Hay que insistir en que este informe no recoge la totalidad de las
situaciones de tortura y/o malos
 tratos ocurridos en el Estado español durante el año 2017, ni siquiera contiene la totalidad de las denuncias formulada en los tribunales;  sino sólo aquellas que,  dadas las condiciones antes indicadas, han llegado a nuestro conocimiento  y hemos podido contrastar“, insiste la Coordinadora para la prevención y denuncia de la tortura, que también apunta a la ausencia de datos oficiales y a su desigual implantación a lo largo de todo el territorio estatal.

Casi 7.000 agentes investigados por malos tratos en seis años; solo 47 han sido condenados

Los únicos informes oficiales disponibles sobre maltrato policial están alojados en la web de la Convención contra la Tortura de la ONU y se corresponden a los años 2010, 2011 y 2012. A pesar de que  solo fiscalizan la labor del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil, de su lectura se extrae la conclusión de que la mayoría de las “vulneraciones de los derechos humanos” a personas detenidas se producen durante su identificación o en controles policiales realizados en la vía pública. Le siguen, en volumen de casos, las agresiones a detenidos en dependencias policiales. De la mayoría de los hechos se tiene conocimiento por denuncias de los afectados, por encima de las actuaciones perseguidas de oficio por el ministerio fiscal. Asimismo, se deduce que las “agresiones con lesiones” y “las amenazas, coacciones, injurias y vejaciones” son las ofensas más referidas. También abundan la “grave desconsideración con los ciudadanos y en especial las ofensas verbales o físicas”, así como las “torturas”. En esos tres años se hacen constar siete homicidios.

La Coordinadora contra la Tortura están actualmente analizando todas las sentencias recientes por maltrato policial y torturas que obran en su poder. En una fase preliminar del estudio ya han detectado que en España no se utilizan las “torturas clásicas de los años ochenta” (los métodos de la bolsa, las bañeras o los electrodos), sino que estas han sido sustituidas por la “tortura blanca o psicológica”. “Este tipo de abusos no deja marcas o sangre y son más difíciles de investigar”. Ejemplos: obligar a hacer ejercicios físicos hasta la extenuación, mantener en posiciones de pie sin descanso y otras humillaciones que “destruyen la personalidad” con el objetivo de “buscar información o autoinculpaciones”. “Estas prácticas generan personas que salen a la calle pensando que no valen para nada. Y que no se identifican como torturados, porque no les desnudaron, ni les pegaron”.

¿En qué condiciones se tortura en España? ¿Por qué cuesta tanto denunciarlo? ¿Qué consecuencias tiene para las víctimas y para quienes vulneran la ley? Víctimas, abogados, jueces, policías, académicos, defensores de los derechos humanos y otras personas implicadas analizan sus causas y apuntan posibles vías de superación de una lacra que pone en entredicho nuestro Estado de derecho en el documental “La cifra negra”, al que pude asistir en el festival de derechos humanos de Amnistia Internacional que se celebra anualmente en San Sebastian de los Reyes y donde tambien pude debatir con Jorge del Cura, portavoz de la Coordinadora para la Prevención y Denuncia de la Tortura (CPDT).

En esa ocasión estuve preguntando si la policia superaba algún tipo de prueba psicológica o tenia algun tipo de codigo ético despues de observar el comportamiento psicótico y pretencioso que se podia apreciar en algunos de los agentes del orden. Yo por mi parte investigué y descubrí que la respuesta era afirmativa -al menos recientemente y en España- pero a la vista de los hechos debe de ser un formalismo ceremonial.

Código ético del cuerpo nacional de policia.

Nota del autor 1: Debido a la extensión de este articulo me propongo continuarlo en una segunda parte para hablar sobre mas cuestiones. ¿Por qué el culto a la violencia? ¿porque no nos educan para combatirla en vez de promoverla? ¿cómo sería un mundo sin violencia? ¿Podemos controlar la agresividad? ¿Está motivada por la opresión y nuestros hábitos de vida? Analizaremos el origen, causas y consecuencias y el punto de vista psicológico.

Nota del autor 2: Mas informacion sobre la policia y sus origenes en la sección de historia. La opinión del autor sobre los cuerpos policiales no es generalizada e intenta ser objetiva, forma parte del estudio del tema asi como bebe de otras fuentes, afectados y testigos los cuales han relatado sus experiencias. Trata a dar a conocer una realidad que se mantiene oculta y que parece tabú.

Bibliografía
  • J. Galtung (1998). Tras la violencia 3R: reconstrucción reconciliación, resolución, afrontando los efectos visibles e invisibles de la guerra y la violencia. Bilbao: bakeaz, gernika gogoratuz. Pág. 15.
  • Palermo G.(2005), La violenza intrafamiliare tra diritto e mediazione, La città del sole, Napoli, ISBN 88-8292-285-5.
  • William Golding (1954), El señor de las moscas. Vergara, Carmen, (tr.) Edhasa ISBN 84-350-0951-3.
  • Desmond Morris (1967), El mono desnudo (The Naked Ape, en el original en inglés) Ferrer Aleu, J., (tr.) Nuevas Ediciones de Bolsillo ISBN 978-970-780-241-4.
  • Ashley Montagu (1990), La naturaleza de la agresividad humana. Escohotado, Antonio, (tr.) Valencia: Alianza Editorial, S.A. ISBN 84-206-2222-2.
  • José Sanmartín Esplugues (2000), La violencia y sus claves. Barcelona: Ariel. ISBN 84-344-4454-2. Sexta Edición actualizada Ariel-QUINTAESENCIA, 2013.
  • José Sanmartín Esplugues (2004), El laberinto de la violencia, Barcelona: Ariel.
  • Mundos violentos
  • Desmond Morris, sinopsis de su libro El mono desnudo
  • Robert Ardrey, Extractos del Génesis de África

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