Los partidos outsiders y la corrupción institucional en España.

Las sociedades en época de crisis prolongadas buscan siempre fórmulas de equilibrio por muy disparatadas o excéntricas que puedan parecer. Y de igual manera, siempre tienen una base racional dentro de la dinámica social que permiten la emergencia de grupos políticos no profesionales. Esta es la explicación de bruscas o inesperadas emergencias de partidos outsiders fuera de la política clásica ortodoxa como Podemos, en 2014, y Vox, en 2018 en España.

A la vista del gráfico es fácil comprender la súbita irrupción de los outsiders que han forzado a los partidos gobernantes clásicos (PSOE y PP) a reformularse y reorganizarse. Podemos provocó al PSOE, desde 2015 hasta que Pedro Sánchez ganó la moción de censura a Mariano Rajoy, la mayor crisis de identidad de su historia, con el famoso intento de sorpasso. Y desde las elecciones en Andalucía a finales de 2018, Vox está creando una crisis de identidad similar al PP -que pierde atractivo entre los grupos con edades más jóvenes y medias con niveles educativos medios y altos-. Obligando al PP a fichajes de perfiles ajenos a la política, radicalizar su discurso y, en definitiva, verse obligado a ajustes ideológicos no previstos, intentando agradar a los votantes de los outsiders– incrementando su incoherencia y dando así más activos políticos a los outsiders.

La misma desafección hacia la clase política profesional provocó éxitos no anticipados como el del UKIP, que obtuvo más votos que ningún otro partido en UK en las elecciones europeas de 2014 y, poco después, en 2016, se convirtió en uno de los vencedores del Brexit. O de Donald Trump en 2016 donde buena parte del voto que recibió era, en realidad, un castigo al establishment político profesional de Washington representado por Hillary Clinton que ya había tenido un aviso por su izquierda con Bernie Sanders. Otras irrupciones imprevistas se han producido en Brasil con la victoria de Jair Bolsonaro, la Liga Norte y Matteo Salvini en junio de 2018 o de Syriza -aunque en el espectro ideológico contrario- en 2015.

Hillary Clinton, François Hollande, David Cameron, Antonis Samaras, Matteo Renzi, etc. son algunos de los cadáveres políticos profesionales que estos outsiders han dejado atrás gracias a las revueltas de los ex-votantes de partidos tradicionales que los consideraron una élite arrogante y distante. Y, de igual forma, ha habido significativos avisos también en Austria, Polonia, Alemania o Hungría, entre otros. Los resultados de las elecciones generales de 28 de abril en España y, en especial, al Parlamento Europeo el 26 de mayo, pueden transformar de nuevo el panorama político, lo que tendría enormes consecuencias para decenas de millones de personas.

LAS CLOACAS DEL ESTADO ESPAÑOL

El ruborizante silencio que los partidos políticos han mantenido hasta la fecha con respecto del espionaje policial a un líder político que se investiga en la Audiencia Nacional, ha llegado su fin. Y se ha roto por una suma de circunstancias.

-Por el bochornoso espectáculo que estaban dando.
-Por el incesante goteo de noticias publicadas al respecto que hacía imposible seguir ignorándolo.
-Y porque algunos estaban ganando tiempo para intentar ponerse de perfil y no salir escaldados una vez puesto en marcha el ventilador de las cloacas.

Cómo será la cosa que hasta Ciudadanos se ha puesto del lado de Podemos.

Recapitulemos:

Año 2016, Podemos surfea en la cresta de la ola de las encuestas con serias posibilidades de vencer en unas elecciones generales o de, al menos, pactar con Ciudadanos, un cambio de gobierno que desahuciara al PP de Moncloa. Es en ese momento cuando, en palabras del informe de la Audiencia Nacional, “la Policía Política de la organización criminal del Ministerio del Interior de Jorge Fernández Díaz, robó los datos personales del líder de Podemos, Pablo Iglesias, para extorsionarle y truncar un posible cambio de gobierno.”

De haber ocurrido algo así con PSOE o PP como objetos de la extorsión, ya tendríamos un canal 24 horas en la TDT al respecto. Como se trataba de uno de los partidos que osaba amenazar el bipartidismo reinante, se optó por el clásico ‘Circulen, no hay nada que ver’.

@LuciaMendezEM

Es inquietante el silencio de PP, PSOE y Ciudadanos sobre el espionaje policial a un líder político que se investiga en la Audiencia Nacional. Más allá de que se llame Pablo Iglesias y de las discrepancias ideológicas, los hechos afectan a la esencia de la democracia.

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Sin embargo, la investigación de la Audiencia Nacional a raíz de los archivos incautados al comisario Villarejo ha ido a más. Las falsas tramas delictivas esparcidas con la inestimable colaboración de tertulianos profesionales como Eduardo Inda, Esteban Urreiztieta o Alfonso Rojo, fueron a más. La idea era armar alboroto para desinflar a Podemos independientemente de que todas las acusaciones murieran en los juzgados por falta de pruebas.

De hecho, el propio Iglesias lo avanzó en su acto de regreso por su baja por maternidad. Clamó por las trabas e impedimentos que le habían impuesto los poderes fácticos en su camino. Pero sus quejas cayeron en saco roto.

Pero todo ha cambiado. Viendo que el titular del Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional, Manuel García Castellón, ha abierto piezas separadas para investigar todos estos hechos, la presión ha empezado a ser mayor.

En primer lugar, en contra de los periodistas ‘usados’ para el plan. Y en segundo lugar, por la ya innegable implicación del Gobierno del PP. Desde su expresidente Mariano Rajoy hasta su exfiscal Jefe Anticorrupción, Manuel Moix, pasando por el Inspector Jefe de la Policía José Ángel Fuentes Gago. Todos ellos emplearon los informes falsos para erosionar a Podemos tanto en sede judicial como en sede política y diplomática. La guinda la conocimos ayer, gracias a Moncloa.com, con la publicación de un audio que evidencia que los policías enviados presuntamente a Nueva York en abril de 2016 -por el entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz-, para tomar declaración a un exministro chavista sobre la supuesta financiación ilegal de Podemos admitieron durante ese encuentro que su investigación tenía entre otros objetivos evitar que Pablo Iglesias llegara a la Moncloa.

El hedor de las cloacas ya es irrespirable. De ahí que Podemos haya sumado a un aliado inesperado: Ciudadanos. El portavoz parlamentario naranja, Juan Carlos Girauta, aseguró ayer que “si eso es cierto es abominable” y aseguró que su condena “no puede ser más rotunda”. El dirigente de Ciudadanos pidió que el asunto “se investigue hasta el fondo” porque a juicio de su formación, “la posibilidad de que se esté investigando a representantes del pueblo soberano por parte de un grupo de policías sería horroroso”.

Ramón Trecet@trecet

En el tema CLOACAS el tsunami va subiendo y los expertos en retiradas ordenadas tipo Von Manstein, ha llegado a la frontera: cloacas, SÍ. Policías, Sí. Pero periodistas, todavía no. Todavía no.Todavía no. Y así.

Periodistas a sueldo, de manera directa o indirecta, ya han salido algunos, Inda, Urreiztieta, Rojo y Montero. Ahora, sí te refieres a más arriba… De cualquier modo ya está Rajoy como presidente del Gobierno y aquí no pasa nada.
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Viendo que el ventilador de la mierda salpica directamente a Interior y que, junto al PP, el PSOE es el único partido que ha dirigido ese ministerio en los últimos años, los socialistas han salido al quite para desviar la trayectoria de la corriente hacia el PP de forma que a ellos no les salpique. La encargada ha sido La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, quien se ha limitado a asegurar que la trama policial “no existe”… “en este Gobierno”.

Ha habido más. Como el PdeCAT, cuyo portavoz, Carles Campuzano, instó ayer al Partido Popular a pedir “perdón en algún momento” por el empleo de la llamada ‘policía patriótica’. O el PP que ha instado a depurar responsabilidades políticas con todas las consecuencias.

Los focos, por tanto, apuntan ahora en exclusiva al PP quien ve peligrar las ya de por sí nefastas encuestas electorales. El miedo a que toda su trama delictiva salga a la luz antes de las elecciones ha obligado a Pablo Casado a emplearse a fondo. ¿Y qué hace el PP cada vez que se siente acorralado? Sacar a ETA de la chistera. ¿Y cómo puedo introducir a la ya disuelta banda terrorista en un debate en pleno 2019? Pues asegurando que, como el voto de Bildu ayudará al Gobierno de Pedro Sánchez a desatascar sus decretos sociales, “España no se merece un Gobierno que dependa de un partido que no ha condenado a ETA”.

Se trata de una maniobra desesperada que tal vez le valga como cortafuegos durante 24 o 72 horas. Pero todo apunta a que la cosa va ir a más. De momento ya hay más de una víctima. El exministro no figura en ninguna lista electoral del PP, el ex Fiscal Jefe ya renunció al cargo. Pero quedan muchas más por cobrarse. De hecho, ya se señala en los mentideros periodísticos que como se intenta desviar la atención hacia los periodistas empleados en la trama, estos tirarán aún más de la manta. Con esa amenaza pretender salir indemnes, pero puede ocurrir lo contrario, que de la trama no quede vivo nadie. Algo que mejoraría la salud democrática del país.

 

fuente: Asier Martiarena y M. del Fresno

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