¿Qué papel puede cumplir la mujer en la sociedad del futuro?

Conclusiones sobre “El primer sexo” (1999)  de Helen Fisher.

  En 1949, la filósofa Simone de Beauvoir escribió su célebre ensayo “El segundo sexo”. La psicóloga Helen Fisher escribió el suyo medio siglo más tarde, no tanto para refutarlo, sino para intentar entroncar sus propias teorías sobre el papel de la mujer en el siglo XXI que estaba a punto de empezar con las tendencias feministas de mediados del siglo XX.

Para empezar, ¿cómo ve Helen Fisher la obra de la señora Beauvoir?

En su opinión, la mujer es exclusivamente producto de fuerzas económicas y sociales. Como ella dijera, «no naces, sino que más bien te haces, mujer».   Los tiempos han cambiado desde que Beauvoir escribió estas palabras.

Simone de Beauvoir era una mujer intelectual de su época: marxista y freudiana. Helen Fisher ha vivido en una época posterior y por eso no puede repetir errores demasiado evidentes. En contra de cierto feminismo residual que aún subsiste, tiene que admitir que los hombres y las mujeres no nacen iguales a nivel psicológico.

Un gran número de personas, especialmente los intelectuales y la academia, están convencidos de que ambos sexos son prácticamente iguales. Prefieren ignorar la creciente bibliografía que demuestra científicamente la existencia de diferencias genéricas heredadas y mantienen en su lugar que hombres y mujeres nacen como hojas en blanco

Los sexos no son iguales. Cada uno tiene ciertas dotes naturales. 

¿El título de “El primer sexo” se refiere a que la autora considera que la mujer ya ocupa o ha de ocupar muy pronto el puesto predominante en una sociedad de desigualdad? No es eso.

Los científicos se refieren con frecuencia a la mujer como el «plan por defecto». Yo entiendo estos datos de otra manera. La «mujer» es el sexo primario: el primer sexo. Hay que añadir sustancias químicas para que se forme un hombre.

Biológicamente es así. El feto que en el principio todos somos aparece primero como el embrión de una mujer. Por lo tanto, en ese sentido se puede decir que es “el primer sexo”, y esto no tiene que molestar a nadie.

Pero, además, la señora Fisher estima que las mujeres van a contar, en el siglo XXI, con un papel social mucho más relevante que el ya de por sí destacado que estaban cumpliendo en las sociedades avanzadas de finales del siglo XX, cuando escribe su libro.

Las actuales tendencias en los negocios, comunicaciones, educación, derecho, medicina, gobierno y el sector sin ánimo de lucro, lo que se llama la sociedad civil, indican que el mundo del mañana va a necesitar del espíritu femenino.

El estilo femenino de gestión se basa en compartir el poder, en incluir, consultar, consensuar y colaborar. Las mujeres trabajan de forma interactiva e intercambian información más espontáneamente que los hombres. Las directoras de empresa alientan a sus empleados escuchándoles, apoyándoles y animándoles. Las mujeres ofrecen más elogios y éstos tienen más valor para ellas.

Muy pronto nos damos cuenta de que las cualidades que valora la muy norteamericana señora Fisher tienen que ver con la gestión de empresas de economía no productiva.

Llevaron a cabo una investigación sobre los valores y las prácticas profesionales de los ejecutivos masculinos y femeninos de Estados Unidos. Los hombres (…) tienden a analizar las cuestiones por partes diferenciadas, como pueden ser hechos, puntos, tareas, unidades y otros segmentos concretos. A menudo ven la empresa como un conjunto de tareas, máquinas, pagos y puestos de trabajo; una serie de elementos dispares. Las ejecutivas ven la empresa como un todo más integrado con aspectos múltiples.   

¿Es la actividad ejecutiva en las grandes corporaciones la actividad social inteligente por antonomasia? Esto parece que nos limitaría un poco la visión del futuro, tanto de la mujer como de la sociedad humana en su conjunto.

Y resulta bastante contradictorio, porque Fisher determina que el rol de la mujer se habría visto relegado a la subordinación debido al cambio de modelo productivo. En esto sí sigue a Simone de Beauvoir.

Beauvoir creía que hubo un tiempo ancestral en el que hombres y mujeres poseían un estatus semejante, que esta paridad económica y social se disolvió con la aparición de la agricultura, hace unos diez mil años, y que llegaría el día en que las fuerzas económicas permitirían a las mujeres librarse de su condición de «segundo sexo». Esto está sucediendo: la mujer en las sociedades industrializadas de hoy en día está reivindicando el poder económico y el prestigio social de los que gozaba hace un millón de años.

Así pues, volveríamos a una situación parecida -supuestamente- a la anterior, a un formidable cambio económico (aparición de la agricultura). ¿Eso quiere decir que el cambio que se está experimentando actualmente en la economía de las sociedades industrializadas es comparable al de pasar de cazador-recolector a agricultor sedentario? Parece algo muy exagerado…

De hecho, aquello de lo que Helen Fisher nos informa acerca de la diferencia en la gestión económica masculina y femenina tiene que ver con ciertos detalles de organización.

Existen a mi juicio sutiles diferencias en la manera en que hombres y mujeres, por término medio, organizan su pensamiento, variaciones éstas que parecen surgir de diferencias en la estructura cerebral. (…) Las mujeres piensan de forma contextual, holística. Muestran también mayor flexibilidad mental, aplican juicios más intuitivos y más imaginativos y tienen una tendencia más marcada a hacer planes a largo plazo, aspectos todos ellos de esta perspectiva contextual.

Integran más detalles del mundo que les rodea, detalles que van desde los matices de la postura corporal hasta la posición de los objetos de una habitación (…) Cuando toman decisiones, calibran más variables, consideran más opciones y resultados, recuerdan más puntos de vista y ven mayor número de formas de proceder. Así, integran, generalizan y sintetizan. Y las mujeres, en general, toleran la ambigüedad mejor que los hombres, —probablemente porque pueden visualizar más factores en relación a cualquier asunto. (…) Las mujeres tienden a pensar en redes de factores interrelacionados, no en línea recta. He denominado este modo de pensar femenino «pensamiento en red».

Pero, de una manera u otra, lo que hacen estas mujeres de hoy es igualmente gestionar un determinado tipo de economía, no crean un sistema diferente. Aquí hay una contradicción, porque la agricultura también la podían haber gestionado las mujeres de forma supuestamente alternativa.

Las contradicciones de Helen Fisher son mucho peores que eso. Por un lado:

El sociólogo Martin King Whyte investigó 93 culturas de todo tipo —de cazadores-recolectores, de pastores y agrarias— y descubrió que en todas ellas los hombres detentaban la inmensa mayoría de las posiciones de autoridad. (…)No existen pruebas consistentes de que haya existido un matriarcado y, sin embargo, sí las hay en sentido contrario. (…)No existe evidencia alguna de que en ninguna cultura sobre la tierra haya habido en algún momento de la historia un predominio de las mujeres en los puestos de gobierno y de poder. El matriarcado —que la antropología define como aquella situación en la que la mujer como clase prevalece sobre el hombre como clase— es un mito.

Lo que desmiente la intuición de Simone de Beauvoir (aunque ella tiene la disculpa de no haber tenido a mano tantos datos en su época como la señora Fisher en la suya). Sin embargo, en este libro también se dice:

Antes de que la humanidad adoptara una forma de vida sedentaria y agrícola, las mujeres eran económica y socialmente poderosas. (…) Los antropólogos creen que las mujeres eran consideradas en términos generales como iguales del hombre.

Esto resulta difícil de creer porque la señora Fisher admite que la guerra no es la actividad más característica de la mujer, así que si los cazadores-recolectores estaban habituados a la guerra, es casi imposible que en su forma de vida las mujeres gozaran de igualdad.

Los hombres cometen el 87 por ciento de los delitos violentos que se cometen en Estados Unidos

En ninguna parte del mundo son las mujeres tan agresivas físicamente como los hombres. 

Luego llegamos a esto…

Se podría decir incluso que las mujeres son parcialmente responsables de la naturaleza beligerante de los hombres. Durante millones y millones de años de nuestra historia más remota, las hembras elegían a los machos más agresivos como padres de sus crías, favoreciendo así la selección del hombre guerrero. (…) Los hombres yanomamo que salen victoriosos del combate atraen a más mujeres y amantes clandestinas.(…) Durante millones de años, las mujeres han elegido a los hombres que podían protegerlas y atender a sus necesidades.

Más contradicción: por un lado, se admite un pasado guerrero de la humanidad ancestral (poco dado, por tanto, a que predomine el estilo de vida femenino) y luego se argumenta, de forma poco convincente, que si el hombre era guerrero era porque la preferencia de la mujer lo seleccionaba así. Pero ¿tiene sentido que la mujer, físicamente frágil y psicológicamente poco dotada para la lucha, tuviera el poder de seleccionar al guerrero? ¿No tiene mucho más sentido que el guerrero vencedor elegía y tomaba a la mujer que le apetecía sin que la preferencia de ésta contase gran cosa (a lo más, la mujer se vería psicológicamente coaccionada a acomodarse a la preferencia social por el más fuerte)?

Es más: el hombre elegiría, de entre las mujeres atractivas (las mejores madres, por selección natural), a la mujer más sumisa, la más fácil de controlar (ése es el interés y la prerrogativa del que elige), de modo que eso explicaría en parte por qué las mujeres son menos violentas que los hombres: el varón elegía la opción más cómoda, y la mujer no tenía muchas opciones de rechazar esta elección. De forma que cada vez más las mujeres sumisas eran seleccionadas y transmitían sus características hereditarias de tipo psicológico a sus hijas. Algún psicólogo evolutivo ha señalado que si los hombres violentos hubieran elegido también a mujeres violentas la civilización no hubiera avanzado mucho….

Los hombres son mucho más fuertes en «competitividad exterior», su disposición a quitar de en medio a los demás para lograr ventaja.

Helen Fisher, al tener la lucidez de reconocer las diferencias innatas de comportamiento entre hombres y mujeres, también habría debido reconocer que estas diferencias tuvieron su origen en la selección natural durante la prehistoria, y este asunto tiene implicaciones que van más allá de los roles sexuales.

El pensamiento a largo plazo habría sido un efecto de adaptación de las mujeres durante millones de años de historia profunda. La caza exigía al hombre que pensara en las costumbres de animales y aves, en los ciclos de la luna, en la posición de las estrellas, en las pautas de los vientos y las lluvias, en los lugares recorridos por las criaturas el año anterior y en dónde podrían dirigirse pasado un mes o un año. Incuestionablemente, los hombres tenían que pensar en hechos que iban a ocurrir dentro de meses o incluso años. Pero criar y educar niños exigía a la mujer prepararse para las necesidades que pudieran surgir pasados decenios enteros. 

Una vez más, admitir esta diferencia de roles entre hombres y mujeres en la prehistoria no apoya mucho la teoría de que entonces existía igualdad entre los géneros.

Más todavía:

La mayor capacidad de la mujer para percibir la tristeza y otras emociones faciales podría venir en parte de muchos siglos ser tratadas como seres inferiores por el hombre.

Si las mujeres han sido tratadas como seres inferiores por el hombre el tiempo suficiente como para que ello haya quedado inserto en su herencia genética (capacidad para percibir la tristeza y otras emociones faciales) eso también parece una demostración más de que la mujer prehistórica no elegía a los varones guerreros, sino que era elegida por ellos… como parece mucho más lógico.

Volviendo al mundo actual -en 1999-, en las sociedades más avanzadas, cuando Helen Fisher escribe su libro, la igualdad sí había llegado a consolidarse (fuese el que fuese el azaroso camino que llevara hasta allí). Sabemos que la selección natural hizo a hombres y mujeres diferentes, y sabemos que el desarrollo social asignó a la mujer un rol subordinado hasta épocas muy próximas a nuestro tiempo. ¿Qué papel puede cumplir la mujer en la sociedad del futuro?

El impulso biológico del hombre hacia la jerarquía le ha ayudado a llegar a la cima de las empresas jerárquicas tradicionales, mientras que el deseo femenino de relacionarse —particularmente con sus pequeños— ha inhibido su ascenso a los niveles más altos.

La mujer, por término medio, está más interesada en la cooperación, la armonía y la conexión: en una red de apoyo; se entiende a sí misma dentro de una red de amistades; hace contactos laterales con los demás, y forma camarillas. Después se esfuerza para mantener intactos estos lazos. La mujer puede ser resuelta y astuta a la hora de trepar la escala social o corporativa, pero cuando alcanza posiciones altas es más frecuente que reste importancia a su autoridad. Pocas mujeres están interesadas en el poder por el poder en sí.

Dentro de una visión social centrada en la gestión competitiva de corporaciones, la visión de Helen Fisher resulta contradictoria una vez más. Primero tenemos que la mujer no está interesada ni en la autoridad ni en la jerarquía, por lo que resulta poco creíble que se interese por la competitividad (sobre todo si se subraya su preferencia por la cooperación, la armonía y la conexión), pero es que luego tenemos, en este libro, un comentario muy ingenioso acerca de las mujeres menopáusicas…

Con la menopausia, descienden los niveles de estrógeno, dejando al descubierto los niveles naturales de andrógenos y otras hormonas sexuales masculinas del organismo femenino. Los andrógenos son potentes sustancias químicas generalmente asociadas con la autoridad y el rango en muchas especies de mamíferos, entre ellas la humana. A medida que la marea de mujeres de la generación del baby boom llegue a la madurez, se encontrarán equipadas —no sólo económica y mentalmente sino también hormonalmente— para efectuar cambios sustanciales en el mundo.   «Semejante masa crítica de mujeres maduras con una tradición de rebeldía e independencia y medios propios para ganarse la vida no ha existido nunca antes en la historia»

Lo que nos está diciendo con esto la señora Fisher es que las mujeres están más capacitadas para integrarse “en el mundo” a medida que haya más mujeres que, por alcanzar mayor edad (vejez), pierdan ciertos condicionamientos biológicos de la conducta… que son los que las hacen precisamente más femeninas… (También los varones pierden con los años, debido a cambios biológicos, algunas de sus cualidades más propiamente masculinas… pero eso no los beneficia en nada el escalar a puestos de poder…)

Es decir,… el mundo será para la mujer… cuando por envejecimiento pierda biológicamente una parte sustancial de su propia condición de mujer. O sea: mientras menos mujer sea la mujer, mejor para la mujer….

Está emergiendo una edad de «superintendencia», porque las corporaciones están dejando de ser estructuras jerárquicas donde mandan los jefes desde la altura para convertirse en redes conectadas lateralmente donde los directivos fomentan la acción en equipo, las relaciones igualitarias, el consenso y la flexibilidad. Aunque tanto hombres como mujeres poseen sin duda todas estas características, esta manera de pensar y comportarse es más propia de la mujer.

Esto estaría bien… siempre y cuando las mujeres conserven sus características de comportamiento propio (lo que siempre se daría en menor grado en las menopáusicas). Y esto estaría bien porque supondría una forma radicalmente diferente de gestionar los asuntos económicos (y los demás asuntos propios de la vida en sociedad). La competitividad y la codicia no parecen muy vinculadas a la acción en equipo, las relaciones igualitarias, el consenso y la flexibilidad. Si las mujeres deben “trepar”, y las mujeres deben aprovechar para ello la pérdida sensible de su propia feminidad que implica la menopausia, esto no casa mucho tampoco con fomentar la igualdad, el consenso y la flexibilidad.

Las contradicciones de Helen Fisher se hacen inevitables porque se trata de una autora muy vinculada a las costumbres de su medio social y por ello su punto de vista es un tanto convencional. Está bien que la mujer presuma de ser diferente pero no tiene mucho sentido que su especificidad se limite a matizar apenas el modelo social masculino. Tendría más sentido que Helen Fisher reconociera que el ascenso de las menopáusicas es un síntoma de que la sociedad jerárquica masculina solo acepta excepcionalmente las pautas de comportamiento propiamente femeninas.

También sería más coherente considerar que las características propias de la feminidad (que son básicamente las de la maternidad) tendrían que dar lugar a nuevas formas sociales alternativas donde la competitividad, la jerarquía y el autoritarismo irían desapareciendo gradualmente. Éste es un viejo sueño que hasta ahora se ha pretendido basar en cambios de estructuras sociales (políticos) cuando debería haberse basado en cambios culturales (no políticos, es decir, no relacionados con el poder coercitivo) a partir de cambios de comportamiento. Las distinciones entre comportamiento masculino y femenino podrían darnos una pista a ese respecto.

Muchas mujeres actuales parecen resueltas a negar que la mujer sea emocionalmente expresiva y afectiva, que la ternura de la mujer surja de la naturaleza o que la mujer esté predispuesta a aplicar su empatía a sus congéneres en general. Estas escépticas parecen creer que si reconocen estos atributos femeninos estarán caracterizando a las mujeres como seres emocionalmente frágiles, no lo bastante duras para trabajos difíciles. (…) Expresar interés y compasión (…) estas dotes son naturales en la mayoría de las mujeres

Y ojalá que esas características sean también las más naturales en una sociedad futura. Aunque difícilmente iba entonces a parecerse mucho a la de hoy, ni mucho menos a la de 1999. Y el mundo de los ejecutivos -cualesquiera que sea su estilo de gestión- no tendría mucho que ver con ese futuro mejor.

Amor y sexualidad también tienen su lugar en este libro, y un análisis inteligente y bien informado lleva asimismo a plantear alternativas rupturistas.

En un principio, el planteamiento de este libro parece, de nuevo, bastante convencional:

Creo que la tendencia a establecer un fuerte vínculo con un compañero o compañera —una inclinación que está generalmente institucionalizada en el matrimonio— es una apetencia biológica profundamente alojada en el cerebro de ambos sexos.

La atracción erótica es un simple antojo, el amor romántico es una locura eufórica. La relación amorosa basada en la fuerza del cariño es una elaborada unión con otro ser humano.

Pero, independientemente de si el registro histórico y la antropología justifican el juicio de que algo por el estilo del matrimonio sea una apetencia biológica profundamente alojada en el cerebro de ambos sexos, cuando Helen Fisher tiene que recurrir a los descubrimientos de la psicología social y experimental en materia de sexualidad, no le queda más remedio que admitir unas cuantas cosas no muy compatibles con la unión amorosa convencional.

Unos dos tercios de mujeres heterosexuales se sienten sexualmente atraídas por otras mujeres

Las lesbianas buscan con más frecuencia relaciones estables basadas en la fidelidad

Todo esto parece muy relacionado con la “plasticidad erótica femenina” (o “flexibilidad”, como lo llama Fisher en otra parte de su libro) y no tanto con el amor convencional de la sociedad convencional. La mención a relaciones estables basadas en la fidelidad queda relacionada de forma contradictoria con la elaborada unión con otro ser humano en referencia al matrimonio convencional, puesto que se dice que las lesbianas serían más propensas a la fidelidad y la estabilidad que las personas heterosexuales. Tiene mucho sentido que se aspire a uniones estables, pero no parece muy probable que el escenario de tensiones propias de la relación entre individuos tan diferentes como hombres y mujeres sea el modelo más idóneo para ese tipo de uniones. Sobre todo si se considera que
la sexualidad femenina es más flexible que la masculina y, por consiguiente, las mujeres son más proclives a la bisexualidad.

Aunque, puesto que nadie puede negar que muchas mujeres sienten un interés sexual genuino por el varón (¿no lo sienten también los varones homosexuales?), es preciso averiguar todo lo posible acerca de esta tendencia.

Las mujeres fantasean más regularmente con la idea de someterse a su pareja.(…) Los psicólogos nos dicen que las mujeres adoptan estas fantasías de sumisión y desamparo para no sentirse culpables de su deseo sexual o para quitarse de la responsabilidad de iniciar el coito. Pero estas ensoñaciones de rendición y entrega podrían originarse en ciertas partes primitivas del cerebro femenino, porque la rendición sexual femenina es extremadamente común en el reino animal.

El amor romántico de pareja, el matrimonio convencional podría no ser más que una forma pasajera de que la mujer, el sexo más cooperativo y menos conflictivo, exprese su deseo amoroso, siempre dependiendo de la variación del deseo masculino a lo largo del desarrollo cultural (la aparición del amor, más allá del mero deseo, del hombre por la mujer no parece tener mucho más de dos mil años). Solo hace muy poco que las mujeres han sido libres y en consecuencia nos encontramos en una situación sin precedentes (recuérdese, de paso, que las mujeres no han conquistado su libertad, sino que ésta les ha sido concedida por la gradual propagación de una cultura masculina más benévola).

Es sintomático que Helen Fisher, para intentar justificar el matrimonio convencional incluso en una sociedad de mujeres libres, minimice los desastrosos porcentajes de divorcios en las sociedades actuales -del 70 % ya- al mostrarlos no tanto como un fracaso sino como una innovación: “la monogamia consecutiva”

Al desaparecer las limitaciones que imponía la sociedad agraria, ambos sexos están recuperando un antiguo modo de vida: la monogamia consecutiva, con todas sus penas y sus promesas.

Llegué a la conclusión de que la propensión humana a abandonar al cónyuge en torno al cuarto año de matrimonio tiene su origen en nuestros primeros ancestros.(…) Empezaron a formar vínculos que duraban lo que el periodo de lactancia de una única criatura, unos cuatro años. Una vez que el joven vástago había sido destetado y era capaz de unirse a otros niños, sus hermanos mayores, tías, abuelas y otros miembros de la banda se hacían cargo de parte de su cuidado. De modo que si una pareja no engendraba un segundo hijo, sus miembros eran libres de separarse, encontrar nuevas parejas y volver a reproducirse, creando así una saludable variedad genética en sus linajes.(…) La llamada «crisis de los cuatro años» podría no ser sino un vestigio de una ancestral estación de la cría humana.

Sin embargo, el “amor” parece algo bastante más importante que una limitada vinculación conyugal. El amor es un sentimiento constructivo de confianza y afecto, y es lógico que los seres humanos -y particularmente las mujeres- aspiren a vinculaciones afectivas duraderas y fiables. El matrimonio que acaba en divorcio siempre será un desastre puesto que parte de presupuestos tan elevados. ¿Quién va a ilusionarse con contraer el primero de su serie de “matrimonios consecutivos”?

Por eso, es mucho más interesante lo que se escribe a propósito de la familia:

En Estados Unidos, las madres, hijas, hermanas y abuelas establecen y mantienen los lazos sociales y afectivos entre los parientes. Pero no olvidemos un dato clave: estas mujeres favorecen a los parientes maternos. (…) A medida que envejecen, las mujeres intensifican su relación con su familia materna. (…) Incluso la independiente mujer contemporánea fomenta estos lazos con su familia materna.

Las mujeres están creando nuevos tipos de familia (…)  «parientes psicológicos» y «familias intencionales». Estas son familias de elección. Ya sean vecinos, colegas o amigos, los parientes psicológicos celebran juntos las fiestas más destacadas, se llevan comida unos a otros cuando están enfermos, se encargan los unos de los animales de los otros cuando se van de viaje o de vacaciones y recogen a los niños del colegio. También se reúnen regularmente para comer o en los cumpleaños y bodas.

Está apareciendo actualmente otra antigua forma familiar: los hogares con una mujer al frente. Durante siglos, la familia patriarcal con un hombre a la cabeza dominó en todas las sociedades agrarias. Pero con la creciente presencia de la mujer en la población activa, las altas tasas de divorcio y una miríada de otras fuerzas sociales están surgiendo más y más hogares con una mujer a la cabeza de la familia.

Familias de madres sin marido, apoyadas por sus hermanas, madres, abuelas o primas, integradas además en familias intencionales… y cierta plasticidad erótica dentro de una sociedad menos competitiva, violenta y jerárquica… Esto sí parece imaginativo, incluso prometedor… pero no muy convencional.

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¿Entiendes bien lo que es el Samsara?

Una sencilla y bien ilustrada explicación del Samsara realizada por el British Museum

El samsara es un concepto que proviene de las religiones nacidas en la India y refiere a una forma de existencia cíclica ligada a la muerte, el renacimiento y el sufrimiento. El término puede traducirse como “vagar” o “dar vueltas” y es considerado como lo que define a la existencia compuesta en el budismo, a diferencia del nirvana, por ejemplo, que está libre de condiciones. El Buda explicó en su primera noble verdad que el mundo es sufrimiento; más precisamente, el samsara es sufrimiento, ya que existe un modo de existencia basado en la sabiduría que trasciende el sufrimiento. El origen del samsara y su perpetuación, tanto en el hinduismo y en el jainismo como en el budismo, es la ignorancia o el no reconocer la realidad. Así que el samsara es un laberinto que es a la vez también una casa de espejos o un castillo de ilusiones. Y es aquello de lo cual debemos despertar.

El British Museum, como parte de su exposición Living with the Gods, ha realizado una hermosa animación de uno de los mandalas más conocidos, llamado “rueda de la vida” o también “bhavachakra”, una imagen didáctica que es utilizada por el budismo tibetano. El mandala muestra el mundo cíclico o samsara y sus seis tipos de existencias: los seres infernales, los fantasmas hambrientos, los animales, los hombres, los dioses celosos (asuras) y los dioses. Todos porfiando en su existencia, la cual está siendo devorada como si fuera un pastel por un demonio, que a veces se interpreta que es Mara o a veces Yama (la Muerte); de cualquier manera, este demonio o monstruo significa la impermanencia, que es la ley que domina el samsara y que al no ser comprendida produce fatuos esfuerzos y sufrimiento debido al apego.

En el centro del mandala, lo que mantiene corriendo el samsara, aparecen tres animales que representan los tres venenos de la mente. El cerdo simboliza la ignorancia, el gallo o ave la ambición y la serpiente el enojo. Son estas emociones y sus derivados -creando también una cadena de interdependencia o “nidana” que se muestra en las capas exteriores- lo que nos mantiene corriendo en círculos, de encarnación en encarnación, en un desolador laberinto que puede durar infinitamente si no madura la sabiduría en nosotros.

El budismo enseña que la posición intermedia del hombre es en realidad privilegiada. Los dioses viven absortos en dimensiones de placer puro sin motivación para practicar el dharma y realmente salir de la ilusión; en los reinos inferiores, el dolor consume sin descanso la mente. El ser humano existe entre la justa mezcla de dolor y placer, con las capacidades para notar que a menos de que haga algo -de que practique dharma- seguirá atrapado en el bucle del samsara. El Buda yace fuera de este juego, habiendo él mismo encontrado la salida del laberinto en el despertar de la conciencia -en una región inefable, apuntando a la luna de la iluminación-.

Fuente: pijamasurf.com/2018/01/entiendes_bien_lo_que_es_el_samsara

8 grandes preguntas filosóficas que ¿Nunca resolveremos?. (8 great philosophical questions that we’ll never solve)

La mente humana, imperfecta como es, ha sido capaz sin embargo de generar callejones sin salida del pensamiento, proposiciones de índole metafísica que parecen encontrarse en las fronteras de nuestras capacidades intelectuales (a pesar de que, paradójicamente, por estas mismas llegamos a ellas).A continuación 8 de estos supuestos muros que, quizá, en el fondo no sean más que trampas de nuestra abstracción, de la forma en que histórica pero acaso inevitablemente construimos nuestras maneras de pensar.

1. ¿Por qué hay algo en vez de nada?

Parece justo que la existencia sea el primero de estos grandes enigmas. ¿Por qué algo existe cuando parece perfectamente posible que la nada fuera la norma? ¿Qué impulso secreto del universo físico fue el decisivo para que la nada se convirtiera en algo?

2. ¿Nuestro universo es real?

Una de las preguntas más recurrentes del pensamiento humano: la constante duda sobre la realidad de este mundo. De los textos sagrados del hinduismo a Jean Baudrillard, parece que no hay recurso mental que nos permita discernir la realidad real de nuestra realidad (así de redundante y tautológico puede ser nuestro pensamiento). Y aunque, en cierto momento de su desarrollo intelectual, Wittgenstein aseguró que en el dolor podría encontrarse el fundamento de la realidad, la cuestión permanece abierta. Por más compleja que sea la noción de dolor, por más subjetiva y personalísima, ¿no podría una inteligencia superior que nos mantenga en este mundo simulado simular también, con todo detalle, esas sensaciones?

3. ¿Tenemos libre albedrío?

“L’homme est né libre, et partout il est dans les fers”, escribió famosamente Rousseau: “El hombre nace libre, pero encadenado por todos lados”. La paradoja de la libertad es que, aunque una condición supuestamente posible, se da en un contexto contingente en el que una multitud de factores la condicionan. A veces pensamos que cuando tomamos una decisión plenamente conscientes, considerando sus causas y sus consecuencias, los motivos por los cuales la tomamos, esa decisión es ya por eso una decisión libre. ¿Pero esto es cierto? ¿O solo es un autoengaño de quienes ansían desesperadamente creer en libertad? ¿Son los otros, los que piensan que la libertad es absolutamente imposible, quienes tienen la razón en este dilema?

4. ¿Dios existe?

Una entidad omnisciente y todopoderosa gobierna este mundo, desde su creación hasta su destrucción, compensando y retribuyendo, castigando, o manteniéndose al margen pero igualmente con un plan secreto que de cualquier forma terminará por cumplirse. Una entidad metahumana que da orden y sentido a lo que vemos y vivimos, a lo que existe, incluso cuando este orden toma la forma del caos y lo incomprensible. Una vez imaginado, ¿es posible demostrar su existencia o su inexistencia? Y una paradoja lógica para incrementar el impasse: ¿puede Dios crear una piedra tan pesada que ni siquiera él mismo pueda cargarla? Si no puede entonces no es omnipotente, pero si puede entonces tampoco es omnipotente, porque no tiene la fuerza de cargarla. Esta reducción al absurdo nos muestra en todo caso que no es con el lenguaje humano o con la razón que se puede aprehender a Dios.

5. ¿Hay vida después de la muerte?

Es muy posible que el miedo a la muerte, o el hecho de que no entendamos su significado, haya dado origen a la creencia de que la vida no termina con esta.

Quizá, en este caso, antes que responder si hay vida o no después de la muerte (una vida que, además, imaginamos esencialmente idéntica a la que ahora tenemos), tendríamos que responder en primer lugar por qué debemos morir.

La ciencia moderna considera  a la muerte como un agujero negro, un horizonte de sucesos del cual nada se puede decir, ninguna información extraer, ya que nadie ha regresado de este estado. El budismo tibetano por otra parte considera que todos hemos regersado de la muerte, en ese ciclo kármico de la existencia, e incluso ha diseñado un manual para escapar de la reencarnación.

6. ¿Hay algo que en realidad se pueda experimentar objetivamente?

La dualidad entre objeto y sujeto es uno de los pilares del pensamiento humano, al parecer heredado de las filosofías orientales a los primeros grandes pensadores de Occidente. En esencia se trata de un conflicto con nuestra percepción, de la que obtenemos una versión de la realidad que, al mismo tiempo, intuimos que no se corresponde exactamente con algo que podríamos llamar la realidad real, la realidad objetiva. Si tuviéramos la capacidad visual de los halcones o la olfativa de los perros, ¿cómo cambiaría la realidad que percibimos? O, sin incurrir en estas fantasías, pensemos cuán limitado es el mundo para alguien que nace ciego o sordo. Sabemos que existe una realidad absoluta más allá de nuestros sentidos, pero al mismo tiempo parece que estamos condenados a nunca ser capaces de aprehender esa realidad.

7. ¿Cuál es el mejor sistema moral?

La moralidad, esa serie de costumbres y normas que, de algún modo, nos han permitido sobrevivir colectivamente como especie, ha cambiado sustancialmente con el tiempo, si bien hay algunos elementos más o menos comunes a todas las culturas y épocas (por ejemplo, el incesto, ampliamente estudiado por el antropólogo Claude Lévi-Strauss). Sin embargo, también cabe la posibilidad de que la moralidad sea una pantalla que las narrativas históricas se han encargado de superponer a determinadas épocas, por comodidad discursiva, pero que esta no necesariamente haya sido la norma y, en la práctica, en la cotidianidad, el ser humano sea tan liberal o tan reprimido, tan relajado o tan estricto, lo mismo en la época victoriana que en el medioevo o la que ahora vivimos.

8. ¿Qué son los números?

Una de las invenciones más geniales de la mente humana, los números son sin embargo de una naturaleza en esencia incomprensible. Imprescindibles, de uso diario y, sin embargo, enigmáticos y casi inexplicables. ¿Qué es 2? ¿Qué es 5? De nuevo la tautología como único recurso. Parece que solo podemos decir que 2 es 2 y aceptar que estamos en un callejón sin salida (¿o es un asunto de semántica? ¿un problema nada más lingüístico?

No parece casual que Wittgenstein —siempre Wittgenstein— haya puesto a los números en el mismo nivel que los colores («¿Qué es, pues, algo rojo?», se preguntó alguna vez): «No creas que posees en ti el concepto de color porque miras un objeto coloreado —sea cual fuere la forma en que mires (Como tampoco posees el concepto de número negativo por el hecho de tener deudas.) Zettel, 332».

¿Se te ocurre alguna mas?

 

Fuente original: io9.gizmodo.com/8-philosophical-questions-that-well-never-solve? Traducido y adaptado by Vykthor del artículo en inglés a continuación:

 

8 Great Philosophical Questions That We’ll Never Solve

Philosophy goes where hard science can’t, or won’t. Philosophers have a license to speculate about everything from metaphysics to morality, and this means they can shed light on some of the basic questions of existence. The bad news? These are questions that may always lay just beyond the limits of our comprehension.

1. Why is there something rather than nothing?

Our presence in the universe is something too bizarre for words. The mundaneness of our daily lives cause us take our existence for granted — but every once in awhile we’re cajoled out of that complacency and enter into a profound state of existential awareness, and we ask: Why is there all this stuffin the universe, and why is it governed by such exquisitely precise laws? And why should anything exist at all? We inhabit a universe with such things as spiral galaxies, the aurora borealis, and SpongeBob Squarepants. And as Sean Carroll notes, “Nothing about modern physics explains why we have these laws rather than some totally different laws, although physicists sometimes talk that way — a mistake they might be able to avoid if they took philosophers more seriously.” And as for the philosophers, the best that they can come up with is the anthropic principle — the notion that our particular universe appears the way it does by virtue of our presence as observers within it — a suggestion that has an uncomfortably tautological ring to it.

2. Is our universe real?

This the classic Cartesian question. It essentially asks, how do we know that what we see around us is the real deal, and not some grand illusion perpetuated by an unseen force (who René Descartes referred to as the hypothesized ‘evil demon’)? More recently, the question has been reframed as the “brain in a vat” problem, or the Simulation Argument. And it could very well be that we’re the products of an elaborate simulation. A deeper question to ask, therefore, is whether the civilization running the simulation is also in a simulation — a kind of supercomputer regression (or simulationception). Moreover, we may not be who we think we are. Assuming that the people running the simulation are also taking part in it, our true identities may be temporarily suppressed, to heighten the realness of the experience. This philosophical conundrum also forces us to re-evaluate what we mean by “real.” Modal realists argue that if the universe around us seems rational (as opposed to it being dreamy, incoherent, or lawless), then we have no choice but to declare it as being real and genuine. Or maybe, as Cipher said after eating a piece of “simulated” steak in The Matrix, “Ignorance is bliss.”

3. Do we have free will?

4. Does God exist?

Simply put, we cannot know if God exists or not. Both the atheists and believers are wrong in their proclamations, and the agnostics are right. True agnostics are simply being Cartesian about it, recognizing the epistemological issues involved and the limitations of human inquiry. We do not know enough about the inner workings of the universe to make any sort of grand claim about the nature of reality and whether or not a Prime Mover exists somewhere in the background. Many people defer to naturalism — the suggestion that the universe runs according to autonomous processes — but that doesn’t preclude the existence of a grand designer who set the whole thing in motion (what’s called deism). And as mentioned earlier, we may live in a simulation where the hacker gods control all the variables. Or perhaps the gnostics are right and powerful beings exist in some deeper reality that we’re unaware of. These aren’t necessarily the omniscient, omnipotent gods of the Abrahamic traditions — but they’re (hypothetically) powerful beings nonetheless. Again, these aren’t scientific questions per se — they’re more Platonic thought experiments that force us to confront the limits of human experience and inquiry.

5. Is there life after death?

Before everyone gets excited, this is not a suggestion that we’ll all end up strumming harps on some fluffy white cloud, or find ourselves shoveling coal in the depths of Hell for eternity. Because we cannot ask the dead if there’s anything on the other side, we’re left guessing as to what happens next. Materialists assume that there’s no life after death, but it’s just that — an assumption that cannot necessarily be proven. Looking closer at the machinations of the universe (or multiverse), whether it be through a classical Newtonian/Einsteinian lens, or through the spooky filter of quantum mechanics, there’s no reason to believe that we only have one shot at this thing called life. It’s a question of metaphysics and the possibility that the cosmos (what Carl Sagan described as “all that is or ever was or ever will be”) cycles and percolates in such a way that lives are infinitely recycled. Hans Moravec put it best when, speaking in relation to the quantum Many Worlds Interpretation, said that non-observance of the universe is impossible; we must always find ourselves alive and observing the universe in some form or another. This is highly speculative stuff, but like the God problem, is one that science cannot yet tackle, leaving it to the philosophers.

6. Can you really experience anything objectively?

There’s a difference between understanding the world objectively (or at least trying to, anyway) and experiencing it through an exclusively objective framework. This is essentially the problem of qualia — the notion that our surroundings can only be observed through the filter of our senses and the cogitations of our minds. Everything you know, everything you’ve touched, seen, and smelled, has been filtered through any number of physiological and cognitive processes. Subsequently, your subjective experience of the world is unique. In the classic example, the subjective appreciation of the color red may vary from person to person. The only way you could possibly know is if you were to somehow observe the universe from the “conscious lens” of another person in a sort of Being John Malkovich kind of way — not anything we’re likely going to be able to accomplish at any stage of our scientific or technological development. Another way of saying all this is that the universe can only be observed through a brain (or potentially a machine mind), and by virtue of that, can only be interpreted subjectively. But given that the universe appears to be coherent and (somewhat) knowable, should we continue to assume that its true objective quality can never be observed or known? It’s worth noting that much of Buddhist philosophy is predicated on this fundamental limitation (what they call emptiness), and a complete antithesis to Plato’s idealism.

7. What is the best moral system?

Essentially, we’ll never truly be able to distinguish between “right” and “wrong” actions. At any given time in history, however, philosophers, theologians, and politicians will claim to have discovered the best way to evaluate human actions and establish the most righteous code of conduct. But it’s never that easy. Life is far too messy and complicated for there to be anything like a universal morality or an absolutist ethics. The Golden Rule is great (the idea that you should treat others as you would like them to treat you), but it disregards moral autonomy and leaves no room for the imposition of justice (such as jailing criminals), and can even be used to justify oppression (Immanuel Kant was among its most staunchest critics). Moreover, it’s a highly simplified rule of thumb that doesn’t provision for more complex scenarios. For example, should the few be spared to save the many? Who has more moral worth: a human baby or a full-grown great ape? And as neuroscientists have shown, morality is not only a culturally-ingrained thing, it’s also a part of our psychologies (the Trolly Problem is the best demonstration of this). At best, we can only say that morality is normative, while acknowledging that our sense of right and wrong will change over time.

8. What are numbers?

We use numbers every day, but taking a step back, what are they, really — and why do they do such a damn good job of helping us explain the universe (such as Newtonian laws)? Mathematical structures can consist of numbers, sets, groups, and points — but are they real objects, or do they simply describe relationships that necessarily exist in all structures? Plato argued that numbers were real (it doesn’t matter that you can’t “see” them), but formalists insisted that they were merely formal systems (well-defined constructions of abstract thought based on math). This is essentially an ontological problem, where we’re left baffled about the true nature of the universe and which aspects of it are human constructs and which are truly tangible.

Maquiavelo, príncipe de la libertad

Si el fin justifica los medios ¿Qué justifica el fin?

La hipocresía es una de las pasiones más tristes, y quizá la más arraigada en el alma de la demagogia populista. Decía Maquiavelo que la mayoría de los moralistas a ultranza, tanto los que sustentan el poder como los que aspiran a obtenerlo, habitúan maquinar toda suerte de perversiones para luego condenarlas en pomposos discursos y declaraciones públicas. Una práctica, por cierto, que ha sido empleada hasta la saciedad por gansters, fascistas, nacional-socialistas y estalinistas sin miramiento alguno. Siempre hay un “chivo expiatorio”, un enemigo externo o interno. Da lo mismo, siempre y cuando los resultados sean los de mayor beneficio para “la causa”, es decir, para sí mismos. Siempre conviene asumir el papel de víctimas, por más victimarios que se pueda llegar a ser. La infamia –esa suerte de escabiosis del espíritu– corroe la vida de una sociedad que yace secuestrada por el populismo, hasta que, finalmente, la degrada y envilece. El éxito totalitario se consolida cuando logra fracturar la adecuación de forma y contenido.

Hay pensadores que, por oponerse abiertamente a las mascaradas características del poder omnímodo, han recibido el peor de los maltratos: la distorsión de sus propias ideas. Y, una vez que se las tuerce, se las transforma –Orwell, 1984– en anuncio publicitario, en alimento canino, porcino y, finalmente, ovino. Se hace de sus conceptos fórmula lapidaria, convenientemente disecada, homogeneizada y pasteurizada: apta, en fin, para el consumo masivo de la multitud. La lista es amplia. Y, antes de entrar en materia, solo bastará con mencionar a dos de sus víctimas: Dante Alighieri y Baruch Spinoza. El primero, nada menos que el creador del exquisito linguaggio italiano, ha sido sometido, cual Giordano Bruno, a las brasas ardientes de un infierno inventado por la más grotesca imaginación –en realidad, el Inferno descrito por Dante en la Comedia es gélido, álgido–, condenado a vivir en “la tumba”, que es como decir en uno de los “cuadros dantescos”, de los que tanto gustan hablar políticos de oficio, profesores mal informados y periodistas ligeros, quienes, da la impresión, hasta el sol de hoy no han tenido la oportunidad de leer una de las contribuciones más geniales producidas por la inteligencia humana, motivo e inspiración, entre otras grandes obras, de la Fenomenología del espíritu de Hegel.

Los farsantes de la filosofía macarrónica, lectores empedernidos de manuales y breviarios, fanáticos de las frases hechas, de la supuesta “ética” de la “autoayuda” o de las simplicidades de un materialismo crudo, al estilo de “el hombre no es más que lo que come” –Feuerbach: “der Mensch ist nur das, was er esse”–, han vendido la figura del divino Spinoza como la de un ateo, un materialista, un promotor del culto al cuerpo, de la sensualidad y de las pasiones. Todo un precursor de la vie bohème, los cabarets, el carnaval, la cumbia, el tango de arrabal, la lambada o el reguetón. Hugh Hefner, en la distancia, aparece como un auténtico “niño de pechos” –valga la metáfora– ante este “retorcido” fundador del porn-party filosófico con las que ciertas lecturas afrancesadas –al estilo Negri– han mancillado el nombre de Spinoza. Juzgado, excomulgado, incomunicado y sometido al escarnio público, su magnífica Ethica, demostrada geométricamente, sigue siendo, muy a pesar de todo y de todos, uno de los más elevados templos –Deus sive Natura– de la vindicación de la razón y de la libertad concretas.

Maquiavelo no es por cierto la excepción, sino, más bien, todo lo contrario. Por “maquiavélico” se entiende la premeditada y alevosa acción del maquinador pervertido, del malvado, del sociópata. En este sentido, se habla de cierto psiquiatra, quien se complace en mover los hilos del cinismo tras bambalinas, como de un asiduo discípulo del pensador de Florencia. “Maquiavélico”, se dice de él. Que se sepa, Maquiavelo nunca fue “tocado por los dioses”, como sublimemente Hölderlin definiera el morbo del desquicio. Tampoco su sonrisa –la sonrisa de Maquiavelo– da cuenta del manifiesto resentimiento de quien usa y abusa barbáricamente del poder con el único objetivo de vengarse. La suya es, más bien, y como observa Maurizio Viroli, una sonrisa amarga, porque se propone denunciar “la crueldad, la mezquindad, la mentira y la ferocidad de los simuladores de oficio”. Maquiavelo, en efecto, exhorta con todas sus fuerzas a derrotar la tragedia representada por la vida natural, esa ciega Fortuna inscrita en el Estado de naturaleza, imponiendo sobre ella la fuerza civilizatoria de la Virtù, cabe decir: de la libre voluntad como conquista suprema de la razón histórica. Y, sin embargo, desde que Federico II de Prusia publicara aquel tristísimo opúsculo, El anti-Maquiavelo, el autor de El Príncipe ha sido objeto de un auténtico caudal de maldiciones. El fundador de la filosofía de la praxis ha sido marcado, estigmatizado, como un demonio por los demonios, quienes han visto, no sin preocupación, el hecho de que hubiese puesto al descubierto los “misterios” que hipócritamente oculta el poder de los tiranos.

Entre los embriagados por la ira prepotente y los embargados por la tristeza, Maquiavelo se abre paso, porque sabe bien que en medio de las peores dificultades se haya oculta la oportunidad. Si la voluntad quiere ser voluntad libre debe resistir y superar las determinaciones –los obstáculos– que ella misma se ha fijado. Introducirse en la objetividad de las cosas, en “el mundo externo”, no significa deshonra alguna. Para que la voluntad libre sea mucho más que un simple desiderato, para que sea realmente voluntad de verdad, tiene que abandonar sus pretensiones de supremacía sobre la menudencia y la cotidianidad. La patria “pura”, la democracia “pura” o la libertad “pura” son pura arrogancia, pura indeterminación: son la nada. Lo que pretende ser satisfacción de toda tendencia e inclinación termina por no satisfacer ninguna. Si se quiere conquistar el bien es indispensable convivir con el mal, demostrar su inadecuación y superarlo. Platón afirma que “las cosas bellas son difíciles”. Y así como la unidad es el cabal reconocimiento de la unidad y de la diferencia, del mismo modo, la libertad es, esencialmente, la consciencia de la necesidad. Como dice Hegel: “Aquí está Rodas, salta aquí”. Maquiavelo es uno de los más grandes condottieri del pensamiento en clave realista. Es, sin duda, el príncipe de la libertad.

 

Más de 15.000 científicos lanzan una alerta para salvar el planeta

Veinticinco años después de la primera advertencia, un nuevo llamamiento advierte de que casi todos los problemas son ahora “mucho peores”

Un grupo de 15.000 científicos de 184 países han alertado, por segunda vez en 25 años, de las negativas tendencias ambientales que amenazan “seriamente” el bienestar humano y causan daños “sustanciales” e “irreversibles” a la Tierra. Advertencia de los científicos del mundo a la Humanidad: Un segundo aviso es el título del artículo que firman en el numero de noviembre 2017 de la revista BioScience, en el que hablan de las “señales obvias de que vamos por un camino insostenible”, aunque también ofrecen acciones para intentar revertir las tendencias actuales. A su juicio, casi todos los problemas que acucian al planeta son ahora “mucho peores” que en su primer llamamiento, de 1992.

En los últimos 25 años, las tendencias en nueve temas medioambientales “sugieren que la Humanidad sigue arriesgando su futuro”, aunque hay algunas excepciones como la estabilización de la capa de ozono. Esta “rápida disminución global de las sustancias que perjudican la capa de ozono muestra que podemos hacer cambios positivos cuando actuamos de forma decisiva”, subrayan. Pero el bienestar humano sigue “seriamente amenazado” por tendencias negativas como el cambio climático, la deforestación, la falta de acceso agua dulce, la extinción de las especies y el crecimiento de la población humana, escriben los expertos.

Sin embargo, “la Humanidad no está tomando las medidas urgentes necesarias para proteger nuestra biosfera en peligro”, según los firmantes del artículo, ya que “la abrumadora mayoría” de las amenazas que ya se habían descrito persisten y, “de manera alarmante, la mayoría están empeorando”. Por ello, los científicos sugieren 13 áreas en las que actuar y piden una corriente de presión pública para convencer a los líderes políticos de que adopten las medidas correctivas.

Crear más reservas terrestres y marinas, fortalecer la aplicación de las leyes contra la caza furtiva y las restricciones al comercio de especies silvestres, ampliar los programas de planificación familiar y de educación para las mujeres, promover un cambio de dieta basada en las plantas y la adopción “generalizada” de energías renovables y tecnologías “verdes” son algunas de sus propuestas.

Esta es la segunda advertencia sobre los peligros del futuro, que ha sido necesaria al constatar que casi todas las amenazas se han recrudecido desde 1992, cuando más de 1.700 científicos, entre ellos todos los premios nobel vivos, firmaron Advertencia de los científicos del mundo a la Humanidad, publicada por la Union of Concerned Scientists (Unión de Científicos Preocupados). La segunda advertencia ha sido redactada por una nueva organización independiente internacional, la Alianza de Científicos Mundiales, liderada por el profesor William Ripple, de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad estatal de Oregón (EE UU), con datos de agencias gubernamentales, organizaciones sin ánimo de lucro e investigadores individuales.

Algunas personas, “podrían tener la tentación de ignorar estas evidencias y pensar que estamos siendo alarmistas”, indica Ripple, pero “los científicos saben interpretar datos y mirar a las consecuencias a largo plazo. Los que han firmado esta segunda advertencia no están solo lanzando una falsa alarma”. Al contrario, “están reconociendo las señales obvias de que vamos por un camino insostenible”. “Esperamos que nuestro documento encienda un amplio debate público sobre el medioambiente y el clima global”, agrega.

Aunque el panorama parece sombrío, los científicos señalan que se han hecho progresos en algunas áreas como la reducción de los productos químicos que dañan la capa de ozono y el aumento de la energía generada con fuentes renovables. Además, en algunas regiones se ha producido un “rápido descenso en las tasas de natalidad, lo que puede atribuirse a inversiones para la educación de las mujeres” y también se ha registrado una ralentización de las tasa de deforestación en algunos lugares.

Entre los principales peligros, la Alianza destaca el aumento del 35% de la población humana, que ha sumado 2.000 millones de personas desde 1992, mientras se produce una reducción colectiva del 29% en el número de mamíferos, reptiles, anfibios, aves y peces. “Hemos desencadenado un evento de extinción masiva, el sexto en aproximadamente 540 millones de años, en el que muchas formas de vida actuales podrían estar aniquiladas o al menos comprometidas de extinción para finales de este siglo”, recuerdan. Otras tendencias negativas son la reducción del 26% en la cantidad de agua dulce disponible per capita, el descenso en las capturas de pescado salvaje, a pesar del aumento de los esfuerzos pesqueros, o un incremento del 75% en las zonas muertas de los océanos.

También causa preocupación la pérdida de unos 300 millones de acres de bosque, muchos de ellos convertidos en agrícolas, el continuo incremento de las emisiones globales de carbono y el aumento de las temperaturas. “Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de nuestra fallida trayectoria, y el tiempo se agota”, advierten los científicos, que llaman al resto de la comunidad a respaldar la el manifiesto.

 

La Biblioteca de Alejandría. ¿Cómo se perdió el mayor centro de saber que ha conocido la humanidad?

La Biblioteca de Alejandría fue el centro cultural en torno al cual giraba toda la vida intelectual del helenismo. Esta institución reunía la mayor recopilación de escritos hasta la fecha, así como gran cantidad de instrumentos de investigación y documentos del mundo antiguo. De esta forma, los investigadores más importantes de cualquier materia debían acudir a este lugar para ahondar en sus estudios y afinar sus conocimientos. Es, a todas luces, uno de los mayores monumentos al conocimiento, cuyo esplendor ha impresionado a todas las civilizaciones a lo largo de los tiempos. La Biblioteca se erige como una de las instituciones más importantes creadas por el ser humano, debido a su extraordinaria congregación de sabiduría. Además, la crónica de la Biblioteca es un recorrido por los episodios más decisivos de la historia de este período que involucra a las fuerzas políticas, imperios y culturas más prominentes del momento.

Recreación exterior de la Antigua Biblioteca de Alejandría.

Tanto la Biblioteca como el Museo de Alejandría tuvieron su época de esplendor en el período regentado por la dinastía Ptolemaica.  La creación y la proyección de estas instituciones se deben al reinado de los Ptolomeos, los cuales impulsaron tales instituciones dedicadas al conocimiento debido al interés por reconocer su tradición y legitimidad en la cultura helénica. Lo que se pretendía era legitimar su potencia política con una autoridad cultural y prestigio de fuerza correspondiente. Esto propició la extensión de la cultura, a lo cual se sumó la gran cantidad de recursos que guardaban y la concurrencia de personalidades destacadas en historia, poesía, filosofía, filología, medicina y ciencia de la época.

Recreación del interior de la Antigua Biblioteca de Alejandría.

Con la muerte de Cleopatra, última de la dinastía Ptolemaica, empieza la decadencia de la Biblioteca y el Museo. Este proceso se prolongó hasta el siglo IV d.c. Por un lado, el deterioro se acentuó debido a las circunstancias políticas acontecidas en una ciudad que ya no gozaba de la posición de capital del Estado central en la geopolítica del momento ni de independencia. Por otro lado, tras la anexión de Egipto al Imperio Romano por el emperador Augusto, la biblioteca permaneció tantos años porque aún mantenía el prestigio de tiempos pretéritos y era admirada por los romanos como un monumento notable.

Hipólito Escolar en su obra La Biblioteca de Alejandría califica de leyenda al episodio en el cual la Biblioteca se incendió durante la Guerra de Alejandría en la que César quemó los barcos del puerto para que los egipcios concentrados en el palacio no los usasen y no se comunicasen con el exterior. Este suceso puede ser verdadero, pues es verosímil ya que el incendio se pudo extender a tierra, pero no hay datos concluyentes. Hay que mencionar que en la obra Guerra Civil César no alude al incendio de la Biblioteca, pero sí a la quema de los barcos. Asimismo, Hiricio en La Guerra de Alejandría tampoco menciona el incendio de los libros, es más, Hiricio habla de la incombustibilidad de los edificios de piedra de la ciudad.

Es Séneca en De Tranquillitate Animi el que dice que “cuarenta mil libros ardieron en Alejandría” a raíz de la acción bélica. Hay que resaltar que Cicerón, Estrabón ni Lucano mencionan nada del incendio de libros. Posteriormente, Plutarco en Vida de César declara que el fuego se propago desde los barcos a la Biblioteca. Otros autores que hablan del incendio son Aulo GelioDion Casio Amiano Marcelino, pero con diferentes versiones.

Grabado que recrea el incendio de la Biblioteca.

La leyenda de los libros quemados en la Guerra de Alejandría parece que se debe al término de la dinastía Ptolemaica, ya que la destrucción de una institución tan relacionada con ella representa la situación de su final. Escolar asegura que el incendio no afectó a los edificios de la Biblioteca y ni siquiera a los libros. En todo caso, se quemaron algunos rollos depositados en el puerto.

De lo que no cabe duda es que el final del período helenístico supuso una crisis para la Biblioteca y el Museo en consonancia con las vicisitudes sociopolíticas. No obstante, estas instituciones se sobrepusieron a las circunstancias recuperando una actividad tan destacada como la anterior. En ese momento, los emperadores ocuparon el lugar de protectores y promotores de estos recintos emblemáticos, resaltando la ayuda del emperador Adriano. Sin embargo, el sostenimiento económico fue disminuyendo con el tiempo.

La Biblioteca de Alejandría fue perdiendo su centralidad cultural, y se fue deteriorando poco a poco por causa de diversos incidentes que responden a las coyunturas políticas que se sucedieron. Entre los innumerables acontecimientos que la pudieron afectar destacan:

  • En el siglo II Trajano reprimió con violencia una rebelión de los judíos contra él.
  • En la segunda mitad del siglo III se dieron luchas agravadas por problemas políticos y militares de los emperadores y una mala circunstancia económica.
  • En el año 265 d. c. Mussio Emiliano, prefecto de Egipto, se proclamó emperador y dejó de transportar provisiones a Roma. Consecuentemente, el emperador Galieno tomó la ciudad por la fuerza. La violencia empleada causó daños en ésta.
  • En el año 272 d.c. Alejandría quedó devastada, especialmente el barrio principal -aquel en el que se encontraba la Biblioteca-, por la operación de Valeriano al recuperar Alejandría del reino de Palmira. Esto se debe a que, previamente, Galieno (antecesor de Valeriano) permitió la entrada de las tropas de la reina de Palmira para honrar al rey Odonato por detener el ascenso del imperio Sasánida.
  • En el año 296 d.c. Diocleciano, tras un asedio de ocho meses, volvió a conquistar la ciudad que se encontraba en rebelión. Este incidente supuso, según Escolar, la gran destrucción del barrio Bruquion (el principal) que damnificó severamente a la Biblioteca.
  • En el siglo IV Constantino trasladó la capital a Bizancio y por el Edico de Milán (313) legalizó el cristianismo, el cual se extendió. Constantinopla adquirió la hegemonía cultural y ensombreció a la vieja Alejandría cuyos monumentos se alejaban de las creencias de sus habitantes.
  • Escolar firma que, en este mismo siglo, tras la expansión del cristianismo por el pueblo egipcio, creció un sentimiento nacional (con una lengua propia: el copto) que se enfrentaba a lo pagano y a lo griego, para ellos símbolos del poder represor.
  • Entre los años 375-395 Teodosio gobernó el imperio y, por el Edicto de Tesalónica (380), el cristianismo niceno (opuesto al arrianismo) se erigió como religión oficial del imperio.
  • En el año 391, tras una tensión prolongada y constantes disturbios entre cristianos y paganos, el patriarca Teófilo adquirió del emperador una autorización para la destrucción del Serapeo, el gran templo de la cultura de la dinastía Ptolemaica, el cual era un santuario de culto a Serapis. Éste era considerado como un símbolo de la persecución a los cristianos.
  • Muy posiblemente, indica Escolar, en estas fechas se pudo producir el cierre de la Biblioteca para detener la financiación por parte del imperio de espacios de propagación cultural pagana. A partir de ahí, la falta de dinero imposibilitó la reposición y adquisición de rollos de papiro. Ahora bien, también es posible que la Biblioteca se usase para la recopilación y el estudio de documentos teológicos cristianos, incorporados a los fondos que quedaban de tradición griega. Pero, aún así, la relevancia de la Biblioteca disminuyó considerablemente, decayendo progresivamente.
  • Hay quien mantiene, no sin controversia, que la Biblioteca perduró hasta la conquista por parte de los musulmanes, que en el año 641 invadieron Alejandría. Según cuenta Alí ibn al-Kiftí (1172-1248) el general conquistador Amrú preguntó al califa Omar por una autorización para el uso de los libros incautados. Ante esto el califa respondió la célebre sentencia: “si el contenido está de acuerdo con la doctrina del Corán, son inútiles, y si tienen algo en contra, deben destruirse”. Así, se quemaron los libros y se destruyó la Biblioteca.
  • Por otro lado, también hay quien afirma que en ese momento ya no existía la Biblioteca, pues fue destruida con anterioridad por las contiendas militares y el fanatismo religioso. Aún no se ha podido dar una respuesta concluyente a lo verdaderamente acontecido con la Biblioteca de Alejandría.

Escolar considera que se pudo dar el caso de que buena parte de los fondos de la Biblioteca sobrevivieran a las acciones militares del siglo III, y que los libros de la segunda Biblioteca, esto es la del Serapeo, hayan sido transportados y resguardados en otro sitio a pesar de la destrucción del templo. Esto se debería al carácter de Teófilo de “hombre muy culto y degustador de los escritos clásicos”. También hay que añadir que la persecución de los cultos y la destrucción de los templos, en general, no implicó la persecución de las personas.

Sin embargo, este no fue el caso de Hipatia, pues fue asesinada en el año 415 arrastrada por la calle hasta una iglesia donde la golpearon hasta la muerte. Este homicidio contra la “idolatría pagana” por parte de los nacionalistas cristianos se debió a la amistad de Hipatia con el entonces prefecto de Alejandría, Orestes, el cual se había enemistado con Cirilo (sucesor de Teófilo).

La Alejandría de Cleopatra

Para acabar, hay que resaltar el carácter polémico acerca de la realidad histórica de la definitiva destrucción de la Biblioteca de Alejandría. Aquí nos hemos limitado a recoger las consideraciones más relevantes y extendidas sin pretender concluir la cuestión ni rebatir la veracidad de los hechos, más allá de lo que algunos autores (en los que nos apoyamos) discuten. Asimismo, hay que aclarar que el ambiente cultural posterior al de aquel que tuvo a la Biblioteca de Alejandría como centro, y el paso a la Edad Media, no supusieron una época de esterilidad intelectual ni de homogeneidad de pensamiento. Además, las teologías cristiana y musulmana no rompieron con el pensamiento griego, sino que, más allá de las polémicas relativas a las coyunturas histórico-políticas, lo integraron añadiéndole temáticas propias.

Distrito Real. La Alejandría de Cleopatra.

 

Bibliografía

Canfora, L. La biblioteca desaparecida. Ed. Trea, 1998: Asturias.

Escolar, H. La Biblioteca de Alejandría. Ed. Gredos, 2001: Madrid.

Mitos y leyendas: Cuando el ser humano era un Dios.

En las sociedades primitivas, el mito constituía la única realidad, tan lejos de ser comprendida por la lógica del raciocinio científico del siglo XXI. Mas ¿cómo lidiar con los hechos todavía inexplicados del pasado del hombre? Sin duda, uno de los primeros pasos es descubrir el lado real de lo fantástico.

—”¿Eres Dios?” —”¿Dios? Sí… vine de las estrellas”. Diseño basado en estatuilla de antiguo astronauta hallada en Ecuador. Autor: Christopher Reach (chrisreach.deviantart.com/)

La contaminación que acostumbra a cubrir el cielo hace que perdamos la noción de lo que sea universo. Los cálculos continúan difíciles, inciertos y contradictorios. Los números varían. El astrónomo Harlow Shapley, por ejemplo, habló en «100 quintillones de estrellas al alcance de los telescopios». Mientras el astrónomo Willy Ley calcula que, sólo en la Vía Láctea, existen 30 billones de estrellas. Entre ellas, 18 billones de sistemas planetarios y 180 millones de planetas capaces de mantener la vida. A partir de ahí, el Dr. Ley calcula —siempre en términos pesimistas— que existen 1.800.000 planetas con seres vivos y, por lo menos, 18 mil planetas con vida inteligente. Entre tantos planetas, sistemas y galaxias, parece muy poco lógico que la Tierra sea el único mundo habitado. En verdad, el hombre tiende a no aceptar todo aquello que no puede dominar.

Visualización del universo observable. La escala es tan enorme que los finos granos representan colecciones de grandes supercúmulos de galaxias. El supercúmulo de Virgo —hogar de la Vía Láctea— está marcado en el centro, pero es demasiado pequeño para ser visto.

Hay dos fuentes básicas de investigación sobre la presencia de extraterrestres en la historia de la Tierra. Una son los registros humanos: las pinturas en las cavernas, los pergaminos, las tablas de arcilla, los templos, los sepulcros, los libros, los manuscritos. La otra fuente son los mitos y leyendas transmitidos oralmente de generación en generación durante milenios.

Esas dos fuentes convergen en cuestiones restrictivas dichas «científicas»:

1:¿Por qué los registros humanos no hablan claramente de la presencia extraterrestre en épocas pasadas?

2:¿Son los mitos y leyendas sinónimos de «mentira», «superstición» e «imaginación popular»?

Vamos a responder a una pregunta por vez. En primer lugar, la presencia extraterrestre está registrada en innumerables obras, sólo que estos registros no son interpretados de esa forma por la ciencia oficial. En segundo, los hombres «primitivos» son generalmente menospreciados en su capacidad de retratar la realidad, pues son tratados siempre como seres ingenuos y supersticiosos. Algunos de ellos, en verdad, deben haber sido tan adelantados que todavía no conseguimos descifrar sus mensajes, o lo que resta de ellos.

Ser dibujado en el techo de una cueva por los aborígenes australianos. ‘Journals of Two Expeditions of discovery’, por George Gray, 1938.

No se puede olvidar que la capacidad humana de construir una cultura es tan fuerte como su capacidad de destruirla. Vale mencionar una pequeña lista de devastaciones de documentos históricos:

330 a.C. – La biblioteca de Persépolis es incendiada por las tropas de Alejandro, el Grande.

Siglo III a.C. – El emperador chino Chi-Che Hoang manda destruir todos los libros de ciencia e historia del país.

48 a.C. – Julio César provoca el primer incendio de la biblioteca de Alejandría.

54 – San Pablo manda a destruir, en Efeso, todos los libros que tratan de «cosas curiosas».

Siglo III – Emperadores cristianos destruyen el Templo de Diana y los «archivos paganos».

390 – Cristianos incendian la Biblioteca de Alejandría.

Siglo VII – Monjes irlandeses mandan quemar 10 mil manuscritos rúnicos que contaban la historia de la civilización celta.

641 – Tercer incendio de la Biblioteca de Alejandría, por orden del califa Ornar.

728 – 300 mil manuscritos son quemados en Bizancio, por orden del emperador León Isauriano.

Siglos XIV y XV – La inquisición quema un número inmenso de «manuscritos heréticos».

Siglo XVI – Conquistadores españoles destruyen casi todos los libros sagrados de los mayas, incas y aztecas.

1566 – Francisco Toledo, virrey del Perú, destruyó una cantidad inmensa de paños incas y tablas con la historia de la antigua América.

¿Qué decían todos esos documentos? La cantidad de los que consiguieron llegar ilesos hasta nuestros días es mínima.

La destrucción de la Biblioteca de Alejandría supuso la pérdida de una gran cantidad de documentos y libros, y se ha convertido en un símbolo cultural de la destrucción. Se estima que esta biblioteca, la más importante del mundo antiguo, llegó a tener cerca de medio millón de libros.

Sobre la cuestión del mito y de la leyenda, observemos la opinión del historiador Norberto de Paula Lima: «En nuestros días, el mito es visto como todo pensamiento opuesto al pensamiento científico y lógico. En la Antigüedad, y en las sociedades que entre nosotros son llamadas “primitivas”, el mito es la única realidad concreta e importante, en una verdadera inversión de nuestros valores (…). Para las sociedades primitivas, el mito es la verdadera historia, la raíz y la explicación de toda historia cronológica».

Asimismo, esa forma de interpretar la historia tiene un nombre: es la tradición esotérica. «La interpretación esotérica de la historia no se limita a definiciones estrechas de aquello que hoy es conocido como “materialismo histórico”. De hecho, no niega lo que la ciencia de nuestros días descubrió, mas superpone a la vista corta del materialista toda la memoria del espíritu. Para el esoterista, el mito es la historia del alma del mundo», agrega de Paula Lima.

Historia cerrada vs Historia abierta

Jacques Bergier, por su parte, prefiere contraponer la idea de una historia «cerrada» con la idea de una historia «abierta»: «La concepción de una historia “cerrada” es relativamente reciente. Por historia “cerrada” yo entiendo una historia cuyos acontecimientos son provocados por causas naturales o humanas. A través de casi todo el pasado, la humanidad acreditó en la intervención, en la historia de causas exteriores: demonios, criaturas sobrenaturales, dioses y, finalmente, Dios. Fue en siglo XIX que el concepto de una historia sin cualquier intervención exterior, y cuyas causas se limitan únicamente a nuestro planeta, consiguió imponerse. Mas, como muchas ideas del siglo XIX, es discutible».

Veamos un ejemplo de como se puede observar la historia de forma abierta o cerrada. Es sabido que los grandes reptiles dominaron la Tierra por muchos millones de años; fue un largo reinado de dominio absoluto sobre todos los otros animales del planeta. De repente, 65 millones de años atrás, los saurios desaparecen. Dinosaurios, triceratops, tiranousaurios y otros monstruosos seres fueron barridos de la Tierra en un período relativamente muy corto de tiempo. Y fue sólo con esa extinción de los saurios que se tornó posible la evolución y el dominio humano sobre el planeta.

Jacques Bergier (1912-1978) fue un ingeniero químico, alquimista, espía, periodista, y escritor francés de origen askenazi. Fue autor de obras como ‘El retorno de los brujos’, ‘Guerra Secreta bajo los Océanos’, ‘Extraterrestres en la Historia’, ‘El planeta de las posibilidades imposibles’, ‘La Guerra Secreta del Petróleo’, entre otras muchas. Debido a su fama de «sabio despistado» fue incluido por el dibujante belga Hergé en una de las aventuras de Tintín, concretamente la titulada ‘Vuelo 714 a Sidney’.

¿Qué mató a los grandes reptiles? No existe una respuesta definitiva, todavía. La ciencia sugiere varias hipótesis: un bombardeo de meteoritos, el envenenamiento de la atmósfera, el fin de las especies vegetales consumidas por los reptiles, la acción predadora de los mamíferos comedores de huevos, etc. Mas ninguna de esas respuestas es definitiva. Todas pertenecen al terreno de la historia cerrada, o sea, sólo causas naturales pueden explicar el fenómeno.

La historia abierta, en tanto, sugiere la siguiente posibilidad: queriendo implantar en la Tierra un experimento de evolución humanoide, una civilización extraterrena, muy avanzada, habría provocado la extinción de los saurios a través de medios artificiales. Una explosión que liberase radiactividad que solo perjudicase a grandes animales, por ejemplo. Y el descubrimiento, en territorio ruso, de cráneos de dinosaurios con orificio en la frente —muy semejante a la perforación de una bala— ayudó a fortalecer esa hipótesis.

¿Fueron los grandes saurios exterminados por una raza alienígena para implantar su «experimento humano»?

Los adeptos de la historia abierta llaman la atención también para el hecho del género humano de haber vivido millones de años en un estado de primitivismo absoluto, para prácticamente «explotar» su cultura solamente en los últimos 10 mil años —cuando por coincidencia o no, el hombre primitivo pasó a tener capacidad de registrar su vida en las paredes de las cavernas—.

¿Cuál es la razón para esa eclosión de la cultura humana? La historia cerrada no sabe responder. Juzga la responsabilidad en la evolución. La historia abierta arriesga que seres extraterrestres aquí posaron e interfirieron directamente en la evolución cerebral y cultural de los hombres. Y más: que estos extraterrestres se emparejaban con mujeres terrestres, y que todos nosotros somos descendientes de estos mestizos interplanetarios.

Diferentes culturas antiguas alrededor del mundo hablan de «dioses instructores» que los visitaron.

Por más absurda que pueda aparecer esa posibilidad, hay un detalle que merece nuestra atención: si el ser humano fuese realmente 100 % terrestre, ¿será él que destruirá de modo insano el planeta en que nació? Los hábitos predadores, la violencia y el desprecio a cualquier forma de convivencia pacífica con la naturaleza están ahí para dar el lamentable testimonio de la actual condición humana.

La explicación esotérica

Muchas de las situaciones que vivimos hoy pueden ser una repetición —en farsa— de lo que ya sucedió hace millares, millones de años. Es difícil para nuestras cabezas condicionadas por el catolicismo y por las doctrinas científicas contemporáneas aceptar eso; estamos acostumbrados a pensar que somos el ápice de un proceso de evolución. Las doctrinas ocultas también consideran que somos el auge, mas el auge de la decadencia.

Según esas doctrinas, el ser humano ya vivió en la Edad de Oro de paz, armonía y conocimiento infinitamente superiores a los actuales. Tales fuentes de conocimientos indicaron, hace muchos millares de años, que los hombres pasarían por otras tres grandes edades: la de Plata, la de Bronce y la de Hierro (la más inferior de todas, en cuya recta final nos encontramos ahora). Esta Edad de Hierro culminaría con un período de gran destrucción purificadora, y revertiría en una nueva Edad de Oro.

Las indicaciones e informaciones de esas eras anteriores son provenientes básicamente de leyendas y narrativas. Según esas informaciones, la primera raza de humanos de la Tierra vivió hace muchos millones de años en una mística región Norte, hoy identificada como el propio polo antes del congelamiento. Este Norte es citado en leyendas chinas, egipcias, indias, esquimales, sioux o griegas. Entre los nórdicos, equivaldría a la propia Asgard, la morada de los dioses.

Los habitantes de este Norte habrían venido del espacio exterior, viviendo —durante mucho tiempo— en una situación de armonía y desenvolvimiento espiritual. Este primer ciclo se habría terminado cuando cambios geológicos en la Tierra congelaron el Polo Norte.

«Entre los nórdicos, equivaldría a la propia Asgard, la morada de los dioses».

La segunda raza habría vivido en la llamada Hiperbórea, una tierra también situada «al norte», viviendo permanentemente a la luz del sol. Los hiperboreanos, continuadores de la civilización del Norte, serían altos, rubios y espiritualmente superiores a todo lo que podamos imaginar. Los hiperboreanos serían los responsables de la raza de gigantes que en seguida habitó los continentes perdidos de la Lemuria y Mu.

A pesar de las poquísimas pruebas materiales existentes, se acredita que existieron dos grandes continentes hace cerca de 50 mil años: la Lemuria, cuyo centro sería la actual isla de Madagascar, en el océano Índico; y Mu, que estaría localizada alrededor del actual territorio de Mongolia, entre China y la Rusia. Estas dos civilizaciones se habrían expandido para todo el resto del planeta.

Según los relatos y leyendas, los habitantes de Mu y de la Lemuria serían, en principio, gigantes bisexuales contemporáneos de los dinosaurios y de las sequoias. Serían los hijos directos del cruzamiento entre seres del espacio y mujeres terrestres y, con el tiempo, habrían disminuido de tamaño (de 3,60 para 2,10 m) y se dividió en masculino y femenino.

El inicio de la degeneración

Los lemurianos poseían la apariencia de indios con la piel azulada y la protuberancia de un tercer ojo en el centro de la frente. Y dominarían un vasto conocimiento del uso de la energía cósmica, siendo los constructores de inmensos monumentos de piedra. Dominarían también la energía nuclear, la luz fría y un equivalente del rayo láser. Se acredita que el fin de los lemurianos fue una consecuencia del uso descontrolado de esas fuerzas.

En cuanto a Mu, este continente tendría como base siete ciudades en el actual océano Pacífico. Según James Churchward, la mayor autoridad en la investigación de Mu, esta civilización habría surgido hace 150 mil años alcanzando su esplendor hace 75 mil años, para después dispersarse.

Churchward cita un antiguo relato descubierto por él en tierras de la actual Mongolia: «Cuando la estrella Baal cayó donde hoy existe sólo el mar, las siete ciudades temblaron y las rutas se llenaron de una densa humareda. Los hombres temblaron de miedo, y una gran multitud se reunió en los templos y en el palacio del rey. El rey dice: “Yo no tenía previsto todo esto”. Y los hombres y las mujeres, vestidos con sus ropas preciosas, adornados con sus maravillosos collares le rogaban e imploraban: “Salvanos Ra-Mu!” Mas el rey profetizó que todos deberían morir con sus esclavos y sus hijos, y que de sus cenizas nacería una nueva raza».

Todo indica que la nueva raza se estableció en el medio del Mediterráneo, en la Atlántida.

La Atlántida ya pertenece a un tiempo más accesible, aunque los historiadores oficiales se nieguen a reconocer su existencia. Entre tanto, el relato más detallado de este continente perdido pertenece a uno de los más respetados filósofos griegos de todos los tiempos, Platón.

En verdad, Platón describió (en Timeus y Critias, 360 a.C.) la historia que le fue contada por su maestro, el legislador Solon. Solon, por su lado, oyó la descripción de la boca del sacerdote de Sais, una ciudad egipcia muy ligada a los griegos. Solon narró a Platón sobre una guerra entre los atlantes y los griegos, que saldrían vencedores, y sobre la destrucción total de la Atlántida, en el 12.000 a.C.

La descripción de Platón llega a los detalles de la planta de la ciudad central de la Atlántida, sus jardines, gimnasios e hipódromos. Dice que ella hacía parte en la división de la Tierra entre los «dioses», y que «Poseidón habiendo recibido como quiñon la isla Atlántida, instaló, en cierto lugar de esta isla, los hijos que engendrara de una mortal».

La última parte de la narrativa del filósofo sigue la misma línea de tantas otras, tratando de la mezcla entre «dioses» y «mortales», con la consecuente degeneración de la especie: «Durante numerosas generaciones, y en cuanto dominó en ellas la naturaleza del dios, los reyes escucharán las leyes y permanecerán unidos al principio divino, al cual eran emparentados. Sus pensamientos eran verdaderos y grandes en todo (…). Mas cuando el elemento divino disminuyó en él por causa del cruzamiento repetido con numerosos elementos mortales, y cuando dominó el carácter humano (…), cayeron en la decadencia».

Interpretación artística de la destrucción de Atlantis, por Rocío Espín Piñar (www.artstation.com/rocioespin).

Según W. Raymond Drake, «Rudolf Steiner, un discípulo de Goethe, redactó una detallada historia de la Atlántida describiendo el conflicto entre los seres espirituales y los luciferanos, los magos blancos y negros, cuya perversión de las fuerzas ocultas trajo los cataclismos para la Atlántida».

Hay muchas narraciones y leyendas sobre el fin de este continente. Y ellas coinciden en la afirmación de que los atlantes eran muy avanzados y conocían aparatos que nosotros consideramos modernos, tales como la televisión y los objetos voladores. Otros acreditan que la inmersión de la isla fue causada por una especie de «guerra nuclear» entre los seguidores de los «dioses» y los rebeldes que se juzgaban capaces de dominar fuerzas gigantescas de la naturaleza. Y hay los que achacan todo a una catástrofe natural, como la caída de un meteoro o de un gran terremoto.

De cualquier manera, todo apunta a que los atlantes sabían de la proximidad de su fin y cuidaron de extender su conocimiento para otras partes del mundo. Eso explica por que existen tantos puntos en común entre las culturas de Mesopotamia, Egipto, Asia y las Américas.

Fuente: MysteryPlanet.com.ar

 

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