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Filósofo explica por qué siempre escogemos a la pareja incorrecta.

Todo parece miel sobre hojuelas durante las primeras épocas de noviazgo: dos personas que se complementan, se respetan y se aceptan tal como son deciden un buen día irse a vivir juntos sin saber que están a punto de embarcarse en una de las aventuras más dramáticas de otredad a las que un ser humano se puede enfrentar: el matrimonio.

La historia de la institución matrimonial se ha regido por fines económicos y sociales como un acuerdo para ampliar el poder o la influencia de una familia mediante un contrato (de ahí también la palabra “alianza”). No fue sino hasta hace relativamente muy poco en la historia humana que los hombres y las mujeres hemos podido decidir libremente vivir en pareja, más allá de los presupuestos ideológicos de nuestras familias o las obligaciones económicas y sociales (aunque no en todos los países del mundo y en todas las comunidades ocurre lo mismo).

¿Pero qué pasa después de la luna de miel, cuando nacen los hijos o son adoptados y poco a poco los pequeños problemas y desacuerdos se van convirtiendo en grandes dificultades y causales de divorcio? El filósofo Alain de Botton considera que los matrimonios fallan porque los participantes no se conocen bien a sí mismos para empezar. Cuando estamos solteros, creemos que es fácil vivir con nosotros mismos, que somos grandes personas y nuestras pequeñas fallas y neurosis forman parte del panorama cotidiano. Esto es así hasta que debemos enfrentar las pequeñas fallas de nuestra pareja, las cuales se magnifican a través de la cotidianidad.

¿Pero qué buscamos en realidad cuando nos vamos a vivir en pareja? Existen muchas respuestas para esta pregunta, por ejemplo, paliar la soledad, perpetuar el sentimiento de comunicación y aceptación que impera durante la primera época del noviazgo y, desde un punto de vista más psicológico, volver a vivir la familiaridad de los sentimientos que experimentamos cuando éramos niños, los cuales no siempre ni necesariamente son de amor y aceptación.

¿Esto quiere decir que no estamos hechos para vivir en pareja? No necesariamente. Mejor sería pensar que ni nosotros ni nuestra pareja somos personas perfectas y terminadas. El mito del romance ideal y de la media naranja sólo se sostiene durante unos pocos capítulos en novelas o películas, pero nunca nos enteramos que pasó después del “…y vivieron felices para siempre”. Probablemente lo mejor que podemos hacer si decidimos vivir en pareja sea aceptar vivir en un constante estado de autocrítica, lo cual no implica necesariamente ceder del todo a las demandas de nuestra pareja.

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La mejor pareja en realidad es aquella con la que podemos negociar el desacuerdo y donde las discrepancias pueden exponerse de manera racional y empática sin llegar necesariamente a la confrontación.

Más que pensar el matrimonio como el fin de la historia, podríamos empezar a planteárnoslo como el comienzo de un viaje de autoconocimiento al lado de una persona que también está viviendo un proceso paralelo al nuestro, y que nos acompaña en nuestros temores sin dejar de sufrir por los suyos propios. No estar de acuerdo en pareja no es una tragedia sino una oportunidad para mejorar al lado del otro, ofreciendo una escucha generosa sobre todo a aquello que no estamos dispuestos a aceptar de nosotros mismos.

fuente: http://pijamasurf.com/2016/06/filosofo-explica-por-que-siempre-escogemos-a-la-pareja-incorrecta/

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¿Qué es la dictadura del proletariado y por qué es necesaria?

Sólo con leer el título de este artículo el lector probablemente se haya horrorizado. Es posible que ahora se encuentre tan confuso como indignado. ¿Cómo va a ser necesaria una dictadura? ¿No tuvimos suficiente con 40 años de franquismo que los comunistas quieren quitarnos la poca democracia de la que gozamos? Y sobretodo, ¿porqué habla del proletariado, si este ya no existe? “Que no estamos en el siglo XIX, hombre”. Y encima voy y pongo una imagen en la que aparecen mujeres armadas, haciendo clara apología a la violencia.

Estos comunistas todo lo hacemos mal, hablar de dictaduras está feo, no es comercial. Alguno no querrá ni seguir leyendo. Paciencia: vayamos por partes y expliquemos qué es la dictadura del proletariado y porqué es necesaria. Luego ya que el lector saque sus propias conclusiones.

1- ¿Qué es una dictadura?

A menudo cuando evocamos el término ‘dictadura’ nos referimos a regímenes en los cuales no hay libertades ni se respetan los derechos humanos. Se trata de países sin elecciones en los cuales el disidente está perseguido a diario. La España de Franco (1939-1975) sería un buen ejemplo de dictadura para la mayoría de la gente.

Los marxistas tenemos otro enfoque en cuando a la definición de dictadura, muy distinto del que acabo de exponer. Dicho esto, por supuesto que somos conscientes de que no es lo mismo un país con elecciones y ciertas libertades que un régimen autoritario. Distinguimos perfectamente entre la España de Franco y la de Rajoy, que no son sistemas políticos iguales aunque se les intenten sacar parecidos (que los hay). Los marxistas, como iba diciendo, vemos la política partiendo de la base de que existen diferentes clases sociales y que estas tienen intereses a menudo opuestos, y es de ahí de donde sacamos nuestra visión de lo que es una dictadura y lo que es una democracia. Pero si vamos a tomar como base para nuestro análisis la lucha entre clases sociales antes habrá que definir qué son exactamente las clases.

Cuando hablamos de clases sociales no nos referimos a pobres y ricos, ni a la clase baja y la clase media, sino a los grupos de personas que se distinguen por su posición en el sistema de producción y que tienen intereses distintos. Hablamos, en la sociedad capitalista, de la lucha existente entre el proletariado (los trabajadores, que no tenemos medios de producción y nos vemos obligados a vender nuestras capacidades laborales al mejor postor) y la burguesía (que posee bancos, grandes empresas, fuentes de materias primas…). El proletariado trabaja para la burguesía, que le entrega un salario para que pueda sobrevivir. También existen otras dos clases “secundarias” que no vamos a tratar: la pequeña burguesía (pequeños empresarios) y el lumpenproletariado (personas marginadas, como un mendigo o una prostituta). El revolucionario ruso Vladimir ‘Lenin’ explica así lo que son las clases:

«Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social, históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran respecto a los medios de producción (relaciones que en gran parte quedan establecidas y formalizadas en las leyes), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo y, consiguienternente, por el modo y la proporción en que perciben la parte de la riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse del trabajo del otro, por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de economía social»

Sé que al lector les parecerán términos anticuados y poco familiares, y también sé que no se suele hablar de burguesía o de proletariado en los medios de comunicación, pero son los que tenemos para analizar la sociedad y son los que voy a utilizar.

Toda sociedad en la que persistan las clases sociales es una dictadura de una clase sobre otra. ¿Entonces la España de hoy en día es una dictadura? ¿La España de hoy en día es tan dictatorial como la de Franco? Los marxistas respondemos afirmativamente a ambas preguntas. Ambos regímenes son dictaduras de la burguesía (recordemos: bancos, oligarcas, grandes empresarios…) sobre los trabajadores. Es decir: la burguesía tiene el poder y lo utiliza para satisfacer sus necesidades de clase para desgracia de los trabajadores.

La España de hoy en día puede permitirse formas democráticas: elecciones cada cuatro años, cierta pluralidad informativa, cierta libertad de expresión… a diferencia de lo que pasó en 1936, cuando llegó al poder un partido de izquierdas (el Frente Popular) y la burguesía se vio obligada a dar un golpe de Estado para controlar la situación. Lo mismo vimos en Chile en 1973 o en Venezuela en 2002: cuando llega al poder un partido que no se somete a la burguesía esta pone en marcha un golpe e intenta implantar una dictadura represora. Así que si bien todo sistema de clases es siempre una dictadura, en algunas circunstancias se pueden tolerar formas pseudodemocráticas y libres. Distinguimos entre las dictaduras disfrazadas (la España de hoy) y las dictaduras abiertas (la España de Franco). Pero tranquilos: mientras nos sometamos gustosos y sigamos votando a partidos del sistema (PSOE, PP, UPyD…) no será necesaria ninguna dictadura abierta.

En 1919 Lenin escribió la tesis sobre lo que era la dictadura burguesa y lo que era la dictadura del proletariado. Allí dejó una frase, medio copiada al filósofo alemán F.Engels, que merece la pena analizar:

«incluso en las repúblicas más libres hay una dictadura de la burguesía»

Pero, ¿cómo puede ser esto? ¿cómo una república libre puede ser a la vez una dictadura? Lenin se refería aquí a los dos sistemas más “democráticos” de la época: EEUU y Suiza. Explicó que incluso en esos países se producían matanzas contra los obreros que osaban rebelarse, que los huelguistas eran satanizados por la prensa y que allí el parlamento no respondía a la voluntad general sino a la voluntad de banqueros, terratenientes y monopolistas. ¡Anda, igual que ahora! Solo que como hoy en día apenas osamos rebelarnos el Estado se limita a mandar a los antidisturbios para “mantener el orden público”. El orden burgués, diría yo. En cuanto al parlamento, ¿acaso alguien duda de que no representa la voluntad popular sino la de los banqueros y la patronal? Tanto PP como PSOE salvan bancos, se someten a ellos y redactan reformas laborales que benefician al patrón y no al trabajador. ¿No es eso una dictadura, al fin y al cabo? Una dictadura disfrazada, claro, una dictadura de una clase (la burguesía) sobre otra (los trabajadores y sus hijos). Lenin dice, con respecto al parlamento burgués:

«Marx ya demostró (…) el carácter explotador de la democracia burguesa y del parlamentarismo burgués bajo los cuales las clases oprimidas tienen el derecho de decidir una vez cada determinado número de años qué miembros de las clases poseedoras han de “representar y aplastar” al pueblo en el Parlamento.»

Decidir cada cuatro años quién nos aplasta. De eso se trata. ¿Es eso democracia para todos? Quizás sea democracia para el banquero que financia partidos y medios de comunicación, convenciendo así al trabajador de que vote a los partidos del régimen, dado que decide con comodidad sobre los asuntos políticos. Pero para mí, trabajador, esto no es una democracia. ¿Qué poder tengo yo? Ninguno. La PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) ha hecho llegar al parlamento español una propuesta de ley -firmada por un millón y medio de personas- contraria a los intereses de los bancos y que, por supuesto, no va a aprobarse jamás. Vale más el poder del dictador banquero que el de millones de trabajadores. Y con esto queremos decir que existe democracia para la burguesía, que acumula un poder que apenas intuimos, pero dictadura para los trabajadores.

Por supuesto que no todo lo que se hace en el Parlamento está controlado por la burguesía. Hablamos de temas y leyes socioeconómicas que se desarrollan en interés de una clase o de otra. ¿Qué le importa al dirigente patronal que se apruebe la ley del matrimonio homosexual o que los catalanes estudien en castellano? Más bien poco. Además, la burguesía puede permitir algunas leyes que vayan contra sus intereses en caso de que los trabajadores que las reclaman tengan suficiente poder. A veces es mejor embaucar al proletariado con reformas y  mantener el consenso social que provocar un levantamiento. No siempre es productivo sacar los tanques a la calle, de hecho es algo que ocurre en contadas ocasiones y en circunstancias muy especiales.

No podemos entender la noción de dictadura al margen de las clases sociales. Hay una dictadura, sí ¿pero para quién? También hay democracia pero, ¿para quién?. En nuestras sociedades hay democracia para los de arriba y dictadura para los de abajo. El Estado tiene pues una doble función: reprimir a los trabajadores y complacer a los capitalistas. Tal es la imagen que proyectan las leyes que emanan del parlamento. Por tanto el sistema es dictatorial, pero sólo para algunos, y democrático, pero sólo para algunos.

Es obvio que un Gobierno, en un país capitalista, por muy libre que este sea, debe elegir entre gobernar para unos o para otros: no puedes obrar a gusto de todos en una sociedad en la que hay distintos intereses económicos. O gobiernas para una clase o gobiernas para otra. O inviertes en sanidad o privatizas, o rescatas gente o rescatas bancos, o reprimes al trabajador o reprimes al patrón… Por eso los marxistas decimos que las sociedades de clases son dictaduras siempre, una vez más explicitas y otras menos.

¿Y cómo se llevan a cabo estas dictaduras? Pues con represión policial (hoy poca, dado que la protesta es aún débil), con medios de comunicación que nos someten ideológicamente, controlando el Parlamento etc. Las formas dependen de la situación concreta. Durante una huelga pueden bastar unos cuantos porrazos para evitar piquetes, pero si los trabajadores se organizan y realmente amenazan con tomar el poder entonces es hora de sacar los tanques a la calle. Si los trabajadores votan a partidos burgueses (partidos que legislan a favor de la burguesía) se pueden tolerar las elecciones, pero si estos toman conciencia y votan a partidos proletarios (o al menos a partidos de izquierdas que busquen ciertas mejoras importantes para el proletariado) entonces la burguesía mueve sus hilos y rápidamente se decanta por suprimir las elecciones y establecer una dictadura de corte militar. Ejemplos históricos tenemos de sobra, en todos los continentes y para todos los gustos.

Resumiendo:

Las clases sociales se definen no por su riqueza o por su estilo de vida sino por su posición en el sistema de producción. Hoy, en las sociedades capitalistas, distinguimos principalmente al proletariado (trabajadores) y a la burguesía (banqueros, terratenientes, monopolistas…)

Toda sociedad en la que coexisten clases sociales es una dictadura de una clase sobre otra. A veces esta dictadura es abierta y se percibe fácilmente (España de Franco) y otras es una dictadura disfrazada y que cuesta percibir (España de hoy).

Para ejercer su dominio, la clase dominante utiliza instituciones represoras (policía, dado el caso ejército…), medios de comunicación y órganos donde se toman decisiones vinculantes (parlamento, Gobierno…).

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Hier zahlen Reiche, und Arme essen umsonst (Aquí pagan los ricos, y los pobres comen gratis)

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Kristallgläser und nette Gespräche: Obdachlose sollen im Robin Hood mit Würde essen können Quelle: Getty Images/Getty Images Europe

Ein einzigartiges Konzept, das aufgeht: Tagsüber zahlen Gäste im „Robin Hood“, abends speisen Obdachlose für lau. Star-Köche reißen sich inzwischen um einen Platz in der Küche. Mittags ist bis April alles ausgebucht.

In der spanischen Hauptstadt Madrid macht ein Restaurant mit einem einzigartigen Konzept von sich reden. Tagsüber öffnet der Laden als typisches Café für zahlende Kunden, das Frühstück und einen Mittagstisch anbietet. Abends stehen warme Mahlzeiten auf der Karte – für Obdachlose, die umsonst speisen. Finanziert wird ihr Abendessen aus den Einnahmen des Tages. Der Name des Restaurants lag auf der Hand: „Robin Hood“.

Hinter dem Projekt, das im Dezember 2016 ins Leben gerufen wurde, steht die lokale Hilfsorganisation Mensajeros de la Paz, berichtet eine Reporterin der amerikanischen Senderfamilie NPR, die das Restaurant besuchte. Ángel García Rodriguez, ein 80-jähriger Priester und Gründer der Hilfsorganisation, führt den Laden.

Viele Obdachlose kämen regelmäßig, das Verhältnis zwischen den Mitarbeitern des Restaurants und den Hilfesuchenden sei warm und herzlich. Bedient werden die Obdachlosen von freiwilligen Helfern.

Rodrigez sagte NPR: „Mir ist es wichtig, dass Obdachlose mit der gleichen Würde essen wie andere Kunden. Mit Kristallgläsern und in einer Atmosphäre, die von Freundschaft und Gesprächen geprägt ist.“

Zahlende Kunden und Star-Köche reißen sich um den Laden

Dem Bericht zufolge ist der Laden auch bei der zahlenden Kundschaft heiß begehrt. In der Mittagszeit könne man sich vor Reservierungen kaum retten. Bis Ende März 2017 sei der Laden komplett ausgebucht.

Der 80-jähriger Pater Angel Garcia Rodriguez führt das Restaurant "Robin Hood"
Der 80-jährige Pater Ángel García Rodriguez führt das Restaurant “Robin Hood” . Quelle: Getty Images/Getty Images Europe

Einmal pro Woche stehen in der Küche des Restaurants Star-Köche am Herd. Auch diese stünden dem Bericht zufolge Schlange, um in dem Restaurant kochen zu dürfen.

„Früher waren wir eine ganz normale Familie“

Luis Gallardo, 48, obdachlos und regelmäßiger Gast im „Robin Hood“, erzählte NPR: „Das Essen hier erinnert mich an Weihnachtsessen in der Vergangenheit.“ Vor einiger Zeit sei er mit seiner Firma pleitegegangen. Seine Frau habe ihn verlassen, nun schlafe er nachts in einer Nische neben einem Geldautomaten. „Früher waren wir eine ganz normale Familie“, erinnert er sich.

Die Arbeitslosenquote in Spanien ist in den letzten Jahren zwar rückläufig. Einer Studie der Bertelsmann-Stiftung aus dem vergangenen Jahr zufolge waren 2016 aber noch immer 20 Prozent langfristig ohne Job. In Deutschland waren es im gleichen Jahr demnach zwölf Prozent. Die Studie berücksichtigte auch die – etwa durch Frühverrentungsprogramme kaschierte – verdeckte Arbeitslosigkeit und addierte diese zur offiziell ausgewiesenen Zahl hinzu.

Dementsprechend groß ist der Andrang im „Robin Hood“. Mehr als 100 Menschen essen hier Nacht für Nacht. Wenn der Geschirrspüler nicht mehr hinterherkommt, müssen die freiwilligen Helfer ran. Für die Mitarbeiter kein Problem, sagt Mitarbeiterin Nieve Cuenca, die einmal pro Woche aushilft: „Ich liebe diese Arbeit.“

Es sei die beste Sache, die sie je in ihrem Leben gemacht habe.

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Quelle: www.welt.de/vermischtes/article161510967/Hier-zahlen-Reiche-und-Arme-essen-umsonst.html

‘Robin Hood’ cafe in Madrid is charging rich customers to give to the poor

‘People with nothing can come and eat here in the restaurant and get the same treatment as everyone else,’ says the head of the charity behind the initiative.

A cafe in Spain is charging customers by day, and using the proceeds to serve meals to homeless people free of charge at night.

The Robin Hood restaurant opened on a side street in central Madrid on Tuesday, operating a simple but unique business model.

At breakfast and lunchtime the initiative runs as an ordinary Spanish bar, selling coffee, croquetas, and cigarettes, before reopening in the evening as a restaurant, serving a sophisticated sit-down supper to people who cannot afford to pay.

Run by local charity Mensajeros de la Paz, which means “messengers of peace”, the cafe aims to feed 100 homeless men and women each day, in two sittings.

“The inspiration came from Pope Francis, who’s spoken again and again about the importance of giving people dignity, whether it’s through bread or through work,” said Father Ángel García Rodríguez, who set the charity up 54 years ago, in an interview with the Guardian.

“So we thought, why not open a restaurant with tablecloths and proper cutlery and waiters? People with nothing can come and eat here in the restaurant and get the same treatment as everyone else,” he added. “It’s just common sense.”

Mensajeros de la Paz also run a social centre in a nearby church, providing about 200 homeless people with breakfast and lunch each day.

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Te recordamos que nuestro restaurante solidario está abierto hasta las 6 de la tarde. A esa hora atendemos a nuestros amigos.

Inequality has soared in Spain, which has been in a state of financial crisis since 2008. The country’s overall unemployment rate is now close to 20 per cent and youth unemployment is among Europe’s highest, at 42 per cent.

In this context, Mensajeros de la Paz has become known for its progressive initiatives, including free wifi, virtual confession via smart phone app, and free tea and coffee at Father Rodríguez’s church, all day, every day.

Last year the charity organised a gala dinner for 200 homeless people on Christmas Eve in Madrid’s City Hall. The food was prepared and served entirely by a team of volunteers.

“‘Man does not live on bread alone,’ but the Bible forgot that some people don’t even have bread,” Father Rodríguez told the Guardian. “So we’re trying to give them bread”.

Despite it’s name, taken from the English folk hero who stole from the rich in order to redistribute their wealth to the poor, the 79-year-old priest said the restaurant’s business plan did not include ambushing anybody with medieval weapons. “The idea is not to rob from the rich to feed the poor but to share,” Father Rodríguez told Europa Press.

He added, speaking to the Guardian: “The name is just to spice it up a bit and to get people to notice. We could have called it ‘The Brothel’ and I’m sure that would have got people’s attention, too.”

The restaurant’s opening night on Tuesday was reportedly packed.

“The food here is great and very elegant,” one homeless diner, Ramón Luis, told the British newspaper. “I’d give it loads of stars and I’ll be back tomorrow.”

A homeless woman, Carmen Junquito, said the tablecloths and crockery made a welcome change to the soup kitchen sandwiches she normally had for dinner.

“This restaurant is life and happiness to me,” she told the Guardian. “It’s the best thing there is; the best thing in the world.”

Father Rodríguez said if the initiative proved successful, he hoped the Robin Hood restaurant would become the first in a chain of similar establishments.

He added that he also hopes to attract famous chefs, who will volunteer to cook in the kitchen from time to time.

Source: http://www.independent.co.uk/news/world/europe/spain-madrid-robin-hood-cafe-charity-charging-rich-to-feed-the-poor-a7452381.html

 

 

Apple, Google, Facebook y Amazon: Los nuevos amos del mundo

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‘laSexta Columna’ dedicó su programa de este viernes a los nuevos amos del mundo: Larry Page, Tim Cook, Mark Zuckerberg y Jeff Bezos. Sus nombres, traducidos al mundo empresarial, son: Google, Apple, Facebook o Amazon. Cruzando sus iniciales sale GAFA, las siglas de los protagonistas absolutos de la última gran revolución.

El panorama actual es más sorprendente si comparamos cómo estaba el ranking hace apenas diez años: Una petrolera, una eléctrica, una gasística y un banco. Una década después, la clasificación ha dado un vuelco y el panorama es bien distinto: Las compañías tecnológicas han tomado el poder.

El programa de laSexta ha analizado junto a algunos expertos en la materia cuál es el secreto de su éxito:

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¿Video eliminado?  copia esta dirección: http://dai.ly/x549qt0

Google, Apple, Amazon y Facebook: las cuatro que dominarán el mundo

En el mundo de la tecnología muchas son las empresas con dinero y ambición, si bien en los últimos años las adquisiciones multimillonarias de cuatro gigantes, Google, Apple, Amazon y Facebook, dejan entrever sus planes de tomar el control mundial.

Oculus VR, fabricante de lentes de realidad virtual, fue adquirido por Facebook por 2 mil millones de dólares. (dailytech.com)
Oculus VR, fabricante de lentes de realidad virtual, fue adquirido por Facebook por 2 mil millones de dólares. (dailytech.com)

En un principio, estas compañías se centraban en una sola labor. Google era un motor de búsqueda, Apple fabricaba ordenadores y teléfonos, Amazon vendía por internet y Facebook contaba con una red social. Si bien estos proyectos iniciales se mantienen en el seno de cada empresa, la así llamada ‘Banda de los Cuatro’ se dedica ahora a canalizar su dinero en efectivo y su experiencia en nuevas iniciativas y empresas.

Si Google compró Motorola y Nest Labs, Apple parece cada vez más involucrada en el sector de la salud, mientras que Jeff Bezos, de Amazon, adquirió ‘The Washington Post’ y su empresa compró los robots de Kiva Systems para sus bodegas. Paralelamente, Google ha invertido una pequeña fortuna en tecnología de autos sin conductor y Apple ha desarrollado CarPlay para equipar los coches del futuro.

El caso más reciente lo protagonizó Facebook, que ha comprado la empresa Oculus VR, creadora de las gafas de realidad virtual Oculus Rift por 2,000 millones de dólares, indica RT.

En todas las áreas, desde la exploración espacial y la robótica hasta la medicina y los medios de comunicación, parece que la audacia de estas empresas y sus enormes reservas de dinero en efectivo están impulsando la innovación. Por eso la pregunta que surge es si estamos realmente en la década en la que la tecnología impondrá su dominio total.

Al estilo japonés

Joel Kotkin, profesor de desarrollo económico y social y autor de ‘Los próximos cien millones: América en 2050’, ha comparado estas empresas con el ‘keiretsu’ japonés: conglomerados en expansión, tales como Mitsubishi y Sumitomo que dominaron la economía de su país en la segunda mitad del siglo XX y cuyas prácticas de negocios fueron definidas por el periodista Karel van Wolferen como una serie de “jerarquías entrelazadas”, recuerda ‘The Independent’.

Kotkin dice que la ‘Banda de los Cuatro’ se ha convertido, al igual que estos ‘keiretsu’, en una red de inversores y directivos que utilizan sus enormes arcas de dinero (Apple ha dispuesto de más dinero en efectivo que el Gobierno de EU en varias ocasiones) para comprar a la competencia.

“Ellos están constantemente en busca de nuevas posiciones”, dice Kotkin. “Creo que es muy inteligente que empresas como Google y Apple digan: ‘OK, ¿qué otra cosa podemos hacer con la que realmente nadie pueda competir?’. Si nos fijamos en sectores tales como la robótica o tal vez el espacio, ¿quién más tiene el dinero?”, resalta el catedrático.

Los cambios en estos mercados sin duda disparan la imaginación. Cuando Google anunció el año pasado que había comprado ocho empresas de robótica, los foros de tecnología reaccionaron con paranoia y teorías de la conspiración.

Luego se supo que una de estas adquisiciones fue Boston Dynamics, empresa conocida por sus creaciones robóticas con fondos militares que pueden ser más rápidos que Usain Bolt y saltar incluso por encima de las paredes.

Plan de juego

Para empresas como estas cuya tarea principal es la de “organizar el conocimiento del mundo”, cada una de estas adquisiciones encaja en el plan de juego a largo plazo, expandiendo su capacidad básica de crear máquinas de aprendizaje mediante la organización de datos en diversas formas y convertirlos en conocimiento.

Estas empresas de tecnología tienen mucho dinero y quieren utilizarlo para asegurarse de que, a diferencia de los ‘keiretsu’, todavía estarán aquí dentro de 50 años. Esta no es la década, sino el siglo en el que la tecnología se apoderará de todo.

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FEDOR, el nuevo robot que acompañará a los astronautas

Un nuevo robot espacial diseñado en Rusia se convertirá en compañero de los cosmonautas. A finales de octubre el robot fue presentado por el vice primer ministro de Rusia, Dmitri Rogozin, responsable de los proyectos militares y espaciales.

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Según los planes de los diseñadores, el androide multifuncional FEDOR (Final Experimental Demonstration Object Research, las siglas coinciden con un nombre muy popular en Rusia) comenzará a prestar servicio en la EEI en 2021. El robot es capaz de tomar decisiones individualmente y de funcionar en situaciones de emergencia no solo en el espacio, sino también en la Tierra.

¿Mejor que un humano?

“En su actividad dentro de la nave, en el espacio abierto o en otros planetas, los cosmonautas utilizarán robots. Los principales serán los que sean capaces de actuar en las mismas condiciones que las personas. Sus posibilidades son equivalentes a las de los humanos y, en algunas características, son incluso superiores”, comenta a RBTH el director del proyecto, Serguéi Jurs, director del Centro Nacional de Desarrollo de Tecnologías y Elementos Básicos de Robótica.

Para los androides, señala Jurs, no se requiere ninguna herramienta ni ningún mecanismo o transporte especial. Su tarea es remplazar a las personas en situaciones peligrosas, hacer el trabajo más pesado y rutinario y ahorrar de este modo las fuerzas y la inteligencia humanas para tareas más importantes.

Según Jurs, la idea de crear el robot se ha llevado a cabo en dos años y medio. El proyecto cuenta con el apoyo de la Fundación de Estudios Avanzados y es obra de la empresa Androidnaya Tejnika. En el proceso de creación de FEDOR se han desarrollado 14 nuevas tecnologías que sirven de base para el sistema de guiado, a través de un conjunto de conexiones y sensores.

Según el científico, FEDOR podrá remplazar a los humanos en las zonas que suponen un peligro para la salud. Además, el androide es capaz de operar en cualquier tipo de infraestructura diseñada para el ser humano.

Los robots deben ser más cuidadosos

En la órbita de la Tierra ya se utilizan robots análogos de FEDOR, como SAR-400 y SAR-401 de producción rusa o los estadounidenses Robonaut y Robonaut 2, el alemán AILA o el chino Xiaotian. En Estados Unidos se ha diseñado un nuevo robot llamado Valkyrie, que la NASA planea enviar a una larga expedición a Marte, donde se utilizará a androides de este tipo para construir colonias.

FEDOR puede desempeñar funciones de salvamento, detonación, buceo y soldadura. Esta es ya la quinta generación de robots androides creados por la empresa Androidnaya Tejnika: los primeros cuatro fueron desarrollados a petición del Ministerio de Emergencias. La Corporación Espacial y de Cohetes Energia está construyendo un laboratorio en el que se conformarán los objetivos y tareas del primer vuelo espacial de FEDOR, comenta Jurs.

La colaboración entre cosmonautas y robots durante largos viajes espaciales se ha convertido durante los últimos años en una parte fundamental de las investigaciones en la EEI. La tarea principal de los desarrolladores de todo el mundo es conseguir que los robots sean más sensibles a los problemas relacionados con la seguridad. Los robots deben ser “más cuidadosos que el hombre”, comentan los diseñadores. Cuando se haya logrado este objetivo, los androides aprenderán a no dañar los objetos que los rodean, a moverse de forma más autónoma en el espacio y a operar en espacios reducidos, como en el interior de las naves espaciales.

A la mierda el trabajo

El mercado laboral ha fracasado, como casi todos los demás. Ya no hay bastantes trabajos disponibles y los que quedan no sirven para pagar las facturas. ¿Y si el trabajo no es la solución, sino el problema?

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Para nosotros, los estadounidenses, el trabajo lo es todo. Desde hace siglos, más o menos desde 1650, creemos que imprime carácter (puntualidad, iniciativa, honestidad, autodisciplina y todo lo demás). También creemos que el mercado laboral, donde encontramos el trabajo, ha sido relativamente eficiente en lo que a asignar oportunidades y salarios se refiere. Y también nos hemos creído, hasta cuando es una mierda, que trabajar da sentido, propósito y estructura a nuestras vidas. Sea como sea, de lo que estamos seguros es de que nos saca de la cama por las mañanas, de que paga las facturas, de que nos hace sentir responsables y de que nos mantiene alejados de la televisión por las mañanas.

Estas creencias ya no están justificadas. De hecho, ahora son ridículas, porque ya no hay bastantes trabajos disponibles y porque los que quedan ya no sirven para pagar las facturas, a no ser, claro está,  que hayas conseguido un trabajo como traficante de drogas o banquero en Wall Street, en cuyo caso, en los dos, te habrás convertido en un gánster.

Hoy en día, todos a izquierda y a derecha, desde el economista Dean Baker al científico social Arthur C. Brooks, desde Bernie Sanders hasta Donald Trump, pretenden solucionar el desmoronamiento del mercado laboral fomentando el “pleno empleo”, como si tener un trabajo fuera en sí mismo una cosa buena, sin tener en cuenta lo peligroso, exigente o degradante que pueda ser. No obstante, el “pleno empleo” no es lo que nos devolverá la fe en el trabajo duro o en el respeto de las normas o en todas esas cosas que suenan tan bien. Actualmente, la tasa de desempleo oficial en EE.UU. está por debajo del 6 %, muy cerca de lo que los economistas siempre han considerado “pleno empleo”, y sin embargo la desigualdad salarial sigue exactamente igual. Trabajos de mierda para todos no es la solución a los problemas sociales que tenemos.

EN EE.UU. MÁS DE UN CUARTO DE LOS ADULTOS ACTUALMENTE CON TRABAJO COBRA SALARIOS MÁS BAJOS DE LO QUE LES PERMITIRÍA SUPERAR EL UMBRAL OFICIAL DE LA POBREZA

Pero no es que lo diga yo, para eso están los números. En EE.UU. más de un cuarto de los adultos actualmente con trabajo cobra salarios más bajos de lo que les permitiría superar el umbral oficial de la pobreza, y por este motivo un quinto de los niños estadounidenses viven sumidos en la pobreza. Casi la mitad de los adultos con trabajo en EE.UU. tiene derecho a recibir cupones de comida (el Programa Asistencial de Nutrición Suplementaria, SNAP por sus siglas en inglés, que proporciona ayuda a personas y familias de bajos ingresos, aunque la mayoría de las personas que tiene derecho no lo solicita). El mercado de trabajo ha fracasado, como casi todos los demás.

Los trabajos que se evaporaron durante la crisis económica no van a volver, diga lo que diga la tasa de desempleo (el aumento neto en el número de trabajos creados desde 2000 se mantiene todavía en cero) y si vuelven de entre los muertos, serán zombis, del tipo contingente, de media jornada o cobrando el salario mínimo, y con los jefes cambiando tus horarios todas las semanas: bienvenido a Wal-Mart, donde los cupones de comida son una prestación.

Y no me digas que subir el salario mínimo a 15$ por hora es la solución. Nadie duda del enorme significado ético de la medida, pero con este salario, el umbral oficial de la pobreza se supera solo después de haber trabajado 29 horas por semana. El salario mínimo federal está en 7,25 $, pero para superar el umbral de la pobreza en una semana de 40 horas, habría que cobrar al menos 10$ por hora. Entonces, ¿qué sentido tiene cobrar un sueldo que no sirve para poder ganarse la vida, sino para demostrar que se tiene una ética de trabajo?

Pero, calla, ¿no es este dilema una fase pasajera más del ciclo económico? ¿Qué pasa con el mercado de trabajo del futuro? ¿No se ha demostrado ya que esas voces agoreras de los malditos maltusianos estaban equivocadas porque siempre aumenta la productividad, se crean nuevos campos empresariales y nuevas oportunidades económicas? Bueno, sí, hasta ahora. La tendencia de los indicadores durante la mitad del siglo pasado y las proyecciones razonables sobre el próximo medio siglo se basan en una realidad empírica tan bien fundamentada que es imposible desestimarlos como ciencia pesimista o sinsentidos ideológicos. Son exactamente iguales que los datos sobre el cambio climático: si quieres puedes negarlo todo, pero te tomarán por tonto cuando lo hagas.

LOS ECONOMISTAS DE OXFORD QUE ESTUDIAN LAS TENDENCIAS LABORALES NOS DICEN QUE CASI LA MITAD DE LOS TRABAJOS EXISTENTES ESTÁN EN PELIGRO DE MUERTE COMO CONSECUENCIA DE LA INFORMATIZACIÓN QUE TENDRÁ LUGAR EN LOS PRÓXIMOS 20 AÑOS

Por ejemplo, los economistas de Oxford que estudian las tendencias laborales nos dicen que casi la mitad de los trabajos existentes, incluidos los que conllevan “tareas cognitivas no rutinarias” (pensar, básicamente) están en peligro de muerte como consecuencia de la informatización que tendrá lugar en los próximos 20 años. Estos argumentos no hacen más que profundizar en las conclusiones a las que llegaron dos economistas del MIT en su libro Race Against the Machine (La carrera contra las máquinas), 2011.  Mientras tanto, los tipos de Silicon Valley que dan charlas TED han comenzado a hablar de “excedentes humanos” como resultado del mismo proceso: la producción cibernética. Rise of the Robots (El alzamiento de los robots), 2016, un nuevo libro que cita estas mismas fuentes, es un libro de ciencias sociales, no de ciencia ficción.

Así que nuestra gran crisis económica (no te engañes, no ha acabado todavía) es una crisis de valores tanto como una catástrofe económica. También se la puede llamar impasse espiritual, ya que hace que nos preguntemos qué otra estructura social que no sea el trabajo nos permitirá imprimir carácter, si es que el carácter en sí es algo a lo que debemos aspirar. Aunque ese es el motivo de que sea también una oportunidad intelectual: porque nos obliga a imaginar un mundo en el que trabajar no sea lo que forja nuestro carácter, determina nuestros sueldos o domina nuestras vidas.

En pocas palabras, esto hace que podamos exclamar: ¡basta ya, a la mierda el trabajo!

Sin duda, esta crisis hace que nos preguntemos: ¿qué hay después del trabajo? ¿Qué harías si el trabajo no fuera esa disciplina externa que organiza tu vida cuando estás despierto, en forma de imperativo social que hace que te levantes por las mañanas y te encamines a la fábrica, la oficina, la tienda, el almacén, el restaurante, o adonde sea que trabajes y, sin importar cuanto lo odies, hace que sigas regresando? ¿Qué harías si no tuvieras que trabajar para obtener un salario?

¿Cómo sería nuestra sociedad y civilización si no tuviéramos que “ganarnos” la vida, si el ocio no fuera una opción, sino un modo de vida? ¿Pasaríamos el tiempo en el Starbucks con los portátiles abiertos? ¿O enseñaríamos a niños en lugares menos desarrollados, como Mississippi, de manera voluntaria? ¿O fumaríamos hierba y veríamos la tele todo el día?

¿CÓMO SERÍA NUESTRA SOCIEDAD Y CIVILIZACIÓN SI NO TUVIÉRAMOS QUE “GANARNOS” LA VIDA, SI EL OCIO NO FUERA UNA OPCIÓN, SINO UN MODO DE VIDA?

Mi intención con esto no es proponer una reflexión extravagante. Hoy en día, estas preguntas son de carácter práctico porque no hay suficientes trabajos para todos. Así que ya es hora de que hagamos más preguntas prácticas: ¿Cómo se puede vivir sin un trabajo, es posible recibir un sueldo sin trabajar para obtenerlo? Para empezar, ¿es posible?, y lo que es más complicado, ¿es ético? Si te educaron en la creencia de que el trabajo es lo que determina tu valor en esta sociedad, como fuimos educados casi todos nosotros, ¿sentiríamos que hacemos trampas al recibir algo a cambio de nada?

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Ya disponemos de algunas respuestas provisionales porque, de una u otra manera, todos estamos cobrando un subsidio. El componente de la renta familiar que más ha crecido desde 1959 han sido los pagos de transferencia del gobierno. A principios del siglo XXI, un 20% de todos los ingresos familiares provenía de lo que también se conoce como asistencia pública o “ayudas”. Si no existiera este suplemento salarial, la mitad de los adultos con trabajos a jornada completa viviría por debajo del umbral de la pobreza, y la mayoría de los estadounidenses tendría derecho a recibir cupones de comida.

Pero, ¿son realmente rentables los pagos de transferencia y las “ayudas”, ya sea en términos económicos o morales? Si seguimos este camino y continuamos aumentándolos, ¿estamos subvencionando la pereza, o estamos enriqueciendo el debate sobre los fundamentos de la vida plena?

Los pagos de transferencia, o “ayudas”, por no mencionar los bonus de Wall Street (ya que estamos hablando de recibir algo a cambio de nada) nos han enseñado a saber diferenciar entre la obtención de un salario y la producción de bienes, aunque ahora, cuando es evidente que faltan trabajos, hace falta replantear este concepto. Da igual cómo se calcule el presupuesto federal, nos podemos permitir cuidar de nuestro hermano. En realidad, la pregunta no es tanto si queremos, sino más bien cómo hacerlo.

Sé lo que estás pensando: no podemos permitírnoslo. Pues no es así, sí que es posible y no es tan difícil. Subimos el arbitrario límite de contribución máxima a la Seguridad Social, que ahora mismo está en los 127$, y subimos los impuestos a las ganancias empresariales, revirtiendo lo que hizo la revolución de Reagan. Con solo estas dos medidas se solucionaría el problema fiscal y se crearía un superávit económico donde ahora solo hay un déficit moral cuantificable.

Aunque claro, tú dirás, junto con todos los demás economistas, desde Dean Baker hasta Greg Mankiw, de derechas o de izquierdas, que subir los impuestos a las ganancias empresariales es un incentivo negativo para la inversión y por tanto para la creación de puestos de trabajo, o que hará que las empresas se vayan a otros países donde los impuestos sean más bajos.

En realidad, subir los impuestos a los beneficios empresariales no puede causar estos efectos.

SI TE EDUCARON EN LA CREENCIA DE QUE EL TRABAJO ES LO QUE DETERMINA TU VALOR EN ESTA SOCIEDAD, COMO FUIMOS EDUCADOS CASI TODOS NOSOTROS, ¿SENTIRÍAMOS QUE HACEMOS TRAMPAS AL RECIBIR ALGO A CAMBIO DE NADA?

Hagamos el camino inverso y vayamos hacia atrás en el tiempo. Las empresas son “multinacionales” desde hace ya algún tiempo. En las décadas de 1970 y 1980, antes de que surtieran efecto las rebajas impositivas que Ronald Reagan impulsó, aproximadamente un 60% de los bienes manufacturados que se importaban eran fabricados por empresas estadounidenses en el exterior, en el extranjero. Desde entonces, este porcentaje ha aumentado ligeramente, pero no tanto.

Los trabajadores chinos no son el problema, sino más bien la idiotez sin hogar y sin sentido de la contabilidad empresarial. Por eso es tan risible la decisión tomada en 2010 gracias a Citizens United (Ciudadanos Unidos), que sostiene que la libertad de expresión es aplicable también a las donaciones electorales. El dinero no es una expresión, como tampoco lo es el ruido. La Corte Suprema ha evocado un ser viviente, una nueva persona, de entre los restos del derecho común, y ha creado un mundo real que da más miedo que su equivalente cinematográfico, ya sea este el que aparece en Frankenstein, Blade Runner o, más recientemente, en Transformers.

Pero la realidad es esta: la inversión empresarial o privada no genera la mayoría de los trabajos, así que subir los impuestos a la ganancia empresarial no tendrá ningún efecto sobre el empleo. Has leído bien. Desde la década de 1920, el crecimiento económico ha seguido aumentando a pesar de que la inversión privada se ha estancado. Esto significa que los beneficios no sirven para nada, excepto para anunciar a tus accionistas (o expertos en compras hostiles) que tu compañía es un negocio que funciona, un negocio próspero. No hacen falta beneficios para “reinvertir”, para financiar la expansión de tu mano de obra o de tu productividad, como ha quedado claramente demostrado gracias a la historia reciente de Apple y de la mayoría de las demás empresas.

Eso hace que las decisiones en materia de inversión que realizan los directores ejecutivos de las empresas tengan solo un efecto marginal sobre el empleo. Hacer que las empresas paguen más impuestos para poder financiar un Estado del bienestar que permita que amemos a nuestros vecinos y que cuidemos de nuestros hermanos no es un problema económico, es otra cosa, es una cuestión intelectual o un dilema moral.

Cuando tenemos fe en el trabajo duro, estamos deseando que imprima carácter, pero al mismo tiempo estamos esperando, o confiando, que el mercado de trabajo asigne los ingresos de manera justa y racional. Ahí es donde está el problema, que estos dos conceptos van juntos de la mano. El carácter puede provenir del trabajo sólo cuando vemos que existe una relación inteligible y justificable entre el esfuerzo realizado, las habilidades aprendidas y la recompensa obtenida. Cuando observo que tu salario no tiene ninguna relación en absoluto con tu producción de valor real, o con los bienes duraderos que el resto de nosotros podemos utilizar y apreciar (y cuando digo duradero no me refiero solo a cosas materiales), entonces empiezo a dudar de que el carácter sea una consecuencia del trabajo duro.

FORJAR MI CARÁCTER A TRAVÉS DEL TRABAJO ES UNA TONTERÍA PORQUE LA VIDA CRIMINAL SALE RENTABLE, Y LO QUE DEBERÍA HACER ES CONVERTIRME EN UN GÁNSTER COMO TÚ

Cuando veo, por ejemplo, que tú estás haciendo millones lavando el dinero de los cárteles de la droga (HSBC), que vendes deudas incobrables de dudoso origen a los gerentes de fondos de inversión (AIG, Bear Stearns, Morgan Stanley, Citibank), que te aprovechas de los prestatarios de renta baja (Bank of America), que compras votos en el Congreso (todos los anteriores), también llamado un día más en la rutina de Wall Street, mientras que yo tengo problemas para llegar a fin de mes aun teniendo un trabajo a tiempo completo, me doy cuenta de que mi participación en el mercado laboral es irracional. Sé que forjar mi carácter a través del trabajo es una tontería porque la vida criminal sale rentable, y lo que debería hacer es convertirme en un gánster como tú.

Por ese motivo, la crisis económica que estamos sufriendo también es un problema ético, un impasse espiritual y una oportunidad intelectual. Hemos apostado tanto por la importancia social, cultural y ética del trabajo, que cuando falla el mercado laboral, como lo ha hecho ahora de manera tan espectacular, no sabemos explicar lo que ha pasado ni sabemos encauzar nuestras creencias para encontrar un significado diferente al trabajo y a los mercados.

Y cuando digo “nosotros” me refiero a casi todos nosotros, derechas e izquierdas, porque todo el mundo quiere que los estadounidenses vuelvan al trabajo, de una u otra manera, el “pleno empleo” es un objetivo tanto de los políticos de derechas como de los economistas de izquierdas. Las diferencias entre ellos se basan en los medios, no en el fin, y ese fin incluye intangibles como la adquisición de carácter.

Esto equivale a decir que todo el mundo ha redoblado los beneficios asociados al trabajo justo cuando este está alcanzando su punto de evaporación. Garantizar el “pleno empleo” se ha convertido en el objetivo de todo el espectro político justo cuando resulta más imposible a la par que más innecesario, casi como garantizar la esclavitud en la década de 1850 o la segregación en la década de 1950.

¿Por qué?

Pues porque el trabajo lo es todo para nosotros, habitantes de sociedades mercantiles modernas, independientemente de su utilidad para imprimir carácter y distribuir ingresos de manera racional, y bastante alejado de la necesidad de vivir de algo. El trabajo ha sido la base de casi todo nuestro pensamiento sobre lo que significa disfrutar de una vida plena desde que Platón relacionó el trabajo manual con el mundo de las ideas. Nuestra manera de desafiar a la muerte ha sido la creación y reparación de objetos duraderos, puesto que sabemos que los objetos significativos durarán más que el tiempo que tenemos asignado en este mundo y que nos enseñan, cuando los creamos o reparamos, que el mundo más allá de nosotros, el mundo que existió y existirá, posee una realidad propia.

Detengámonos en el alcance de esta idea. El trabajo ha sido una manera de ejemplificar las diferencias entre hombres y mujeres, por ejemplo, cuando fusionamos el significado de los conceptos de paternidad y “sostén familiar”, o como cuando, más recientemente, intentamos disociarlos.  Desde el siglo XVII, se ha definido la masculinidad y la feminidad, aunque esto no significa que se consiguiera así, por medio del lugar que ocupan en una economía moral, en términos de hombre trabajador que recibía un salario por su producción de valor en el trabajo, o en términos de mujer trabajadora que no cobraba nada por su producción y mantenimiento de la familia. Por supuesto, hoy en día estas definiciones están cambiando a medida que cambia el significado de la palabra “familia” y a medida que se producen cambios profundos y paralelos en el mercado de trabajo, la entrada de la mujer es solo uno de ellos, y en las actitudes hacia la sexualidad.

EL TRABAJO HA SIDO LA BASE DE CASI TODO NUESTRO PENSAMIENTO SOBRE LO QUE SIGNIFICA DISFRUTAR DE UNA VIDA PLENA DESDE QUE PLATÓN RELACIONÓ EL TRABAJO MANUAL CON EL MUNDO DE LAS IDEAS

Cuando desaparece el trabajo, la diferencia entre los sexos que produce el mercado de trabajo se diluye. Cuando el trabajo socialmente necesario disminuye, lo que un día se conocía como trabajo de mujeres (educación, atención sanitaria o servicios) es ahora nuestra industria primaria, y no una dimensión “terciaria” de la economía cuantificable. El trabajo relacionado con el amor, con cuidarse los unos a los otros y con aprender a cuidar de nuestros hermanos (el trabajo socialmente beneficioso) se convierte no sólo en posible, sino más bien en necesario, y no solo en el interior del núcleo familiar, donde el afecto está a nuestra disposición de manera rutinaria, no, me refiero también a lo que hay ahí fuera, en el vasto mundo exterior.

El trabajo también ha sido la manera estadounidense de producir “capitalismo racial”, como lo llaman hoy en día los historiadores, gracias a la mano de obra de esclavos, de convictos, de medieros y luego de mercados laborales segregados, en otras palabras, un “sistema de libre empresa” edificado sobre las ruinas de cuerpos negros o un entramado económico animado, saturado y determinado por el racismo. Nunca hubo un mercado libre laboral en esta unión de Estados. Como todos los demás mercados, este siempre estuvo cubierto por la discriminación legal y sistemática del hombre negro. Hasta se podría decir que este mercado con cobertura creó los aún hoy utilizados estereotipos sobre la vagancia de los afroamericanos mediante la exclusión de los trabajadores negros del trabajo remunerado y su confinamiento a vivir en los guetos de días de ocho horas.

Y aun así, aun así, aunque a menudo el trabajo ha significado una forma de subyugación, de obediencia y jerarquización (ver más arriba), también es el lugar donde muchos de nosotros, seguramente la mayoría de nosotros, hemos expresado de manera consistente nuestro deseo humano más profundo: liberarnos de autoridades u obligaciones impuestas de manera externa y ser autosuficientes. Durante siglos nos hemos definido a nosotros mismos de acuerdo con lo que hacemos, de acuerdo con lo que producimos.

Sin embargo, ya debemos ser conscientes de que esta definición de nosotros mismos lleva adscrita el principio productivo (de cada cual según sus capacidades, a cada cual según su creación de valor real por medio del trabajo) y nos obliga a alimentar la idea inane de que nuestro valor lo determina solo lo que el mercado de trabajo puede registrar, en términos de precio. Aunque también debemos ser conscientes de que este principio marca un cierto camino cuya consecuencia es el crecimiento infinito y su fiel ayudante, la degradación medioambiental.

¿PODEMOS DEJAR QUE LA GENTE RECIBA ALGO A CAMBIO DE NADA Y AUN ASÍ TRATARLOS COMO HERMANOS Y HERMANAS, MIEMBROS DE UNA PRECIADA COMUNIDAD?

Hasta ahora, el principio productivo ha servido como principio real que hizo que el sueño americano fuera posible: “Trabaja duro, acepta las reglas y saldrás adelante”, o “cosechas lo que siembras, labras tu propio camino y recibes con justicia lo que has ganado con honradez”, u homilías y exhortaciones parecidas que se usaban para entender el mundo. Sea como sea, antes no sonaban ilusorias, pero hoy en día sí.

En este sentido, la adhesión al principio productivo es una amenaza para la salud pública y para el planeta (en realidad, estas dos cosas son lo mismo). Comprometernos con algo que sabemos imposible es volvernos locos. El economista ganador del Nobel Angus Deaton dijo algo parecido cuando explicó las anómalas tasas de mortalidad que se estaban registrando entre la población blanca que habita los Estados de mayoría evangelista (Bible belt) alegando que habían “perdido la narrativa de sus vidas”, y sugiriendo que habían perdido la fe en el sueño americano. Para ellos, la ética del trabajo es una sentencia de muerte porque no pueden practicarla.

Por esta razón, la inminente desaparición del trabajo plantea cuestiones fundamentales sobre lo que  significa ser humano. Para empezar, ¿qué propósito podríamos elegir si el trabajo, o la necesidad económica, no consumieran la mayor parte de las horas que pasamos despiertos y de nuestras energías creativas? ¿Qué posibilidades evidentes, aunque todavía desconocidas, aparecerían? ¿Cómo cambiaría la misma naturaleza humana cuando el antiguo y aristocrático privilegio sobre la ociosidad se convierte en un derecho innato del mismo ser humano?

Sigmund Freud insistía en que el amor y el trabajo eran los ingredientes esenciales de la existencia humana saludable. Tenía razón, por supuesto, pero ¿podría el amor sobrevivir a la desaparición del trabajo como compañero de buena voluntad que se necesita para alcanzar la vida plena? ¿Podemos dejar que la gente reciba algo a cambio de nada y aun así tratarlos como hermanos y hermanas, miembros de una preciada comunidad? ¿Te imaginas el momento en el que acabas de conocer en una fiesta a una persona extraña que te atrae, o estás buscando alguien en Internet, a quien sea, pero no le preguntas: “¿y, en qué trabajas”?

No obtendremos ninguna respuesta a estas preguntas hasta que no nos demos cuenta de que hoy en día el trabajo lo es todo para nosotros, y que de ahora en adelante ya no podrá ser así.

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Traducción de Álvaro San José.

James Livingston es profesor de Historia en la Universidad de  Rutgers en Nueva Jersey. Es autor de varios libros, el último No More Work: Why Full Employment is a Bad Idea (2016).

El rescate encubierto de las eléctricas, o cómo terminamos pagando 80.000 millones de euros a las cinco grandes eléctricas.

Más beneficios para las eléctricas, más crisis energética
España, el cuarto país de la UE en pobreza energética
Las grandes eléctricas españolas duplican los beneficios de las europeas
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“Si cada español una peseta me diera…”, proponía Lola Flores a sus conciudadanos en 1989. La idea no le funcionó a la Faraona para salir de su propia crisis fiscal, pero sí parece que sirvió de inspiración a las eléctricas y a los sucesivos gobiernos del PP y el PSOE para engrosar las cuentas de las cinco grandes empresas del sector a través de indescifrables pagos en la factura de la luz.

Desde 1998, cuando se liberalizó la energía eléctrica, 28 millones de consumidores han visto cómo el precio de la luz ha aumentado más del 80% mientras los beneficios de las eléctricas no han dejado de crecer, incluso en los peores años de la crisis. Algo que tiene consecuencias directas en la población: un 16,6% de los españoles tiene serios problemas para afrontar los pagos de la luz y de la calefacción. En la Unión Europea, sólo los habitantes de Ale­mania, Irlanda y Dinamarca pagan más que los españoles en la factura de la luz.

La perra gorda se la llevan las cinco empresas que conforman la Asocia­ción Española de Industria Eléctrica (UNESA): Endesa, Iber­dro­la, Gas Natural-Fenosa, Viesgo y EDP. Junto con Red Eléctrica de España, controlan cerca del 90% del mercado de la electricidad.

Las eléctricas han conseguido camuflar en las facturas de la luz “pagos ilegítimos” de 80.000 millones

La razón que aducen las eléctricas para aumentar año tras año las tarifas es que su actividad es deficitaria. Algo complicado de saber ya que, a día de hoy, no se conoce buena parte de sus costes de producción, afirma Cote Ro­mero, coordinadora de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético e integrante de la cooperativa Ecooo.

El sistema eléctrico es tan opaco como la factura de la luz, y no es casualidad, afirma Ro­mero: “Es tan complejo porque lo que están ocultando es una permanente transferencia de la renta de los consumi­dores de la luz a las grandes corporaciones, a las eléctricas”.

Las cantidades de esta gigantesca transferencia han sido calculadas por primera vez por el Obser­vatorio de la Deuda en la Globalización (ODG). Según el reciente informe El Coste real de la energía, los hogares entregaron a través de la factura de la luz a las grandes eléctricas entre 60.000 y 80.000 millones de euros en “pagos ilegítimos” entre 1998 y 2013. Y pretenden que la transferencia continúe, al menos, hasta 2027. Pero, ¿cómo se llegó a esta situación?

De servicio público a privado

Hasta 1997, el suministro eléctrico estaba completamente regulado. El Estado establecía lo que los consumidores tenían que pagar, pero también lo que las eléctricas tenían que cobrar. Sin embargo, el 27 de noviembre de ese año, el Gobierno de Aznar decidía dar un paso más en el proceso de privatización del sector y “abandonar la noción de servicio público”, según podía leerse en el texto de la ley 54/1997.

“Liberalizar el mercado fue el regalo real que se les hizo a las grandes eléctricas para forrarse”, explica a Diagonal Mario Sánchez Herrero, profesor de Economía de la Uni­ver­sidad Complutense de Madrid. La “reducción de la tarifa” y de los “costes energéticos de las empresas”, según palabras del entonces ministro de Industria, Josep Piqué, eran las dos principales ventajas de abrir el mercado eléctrico a la competitividad. Una parte importante del precio de la electricidad a partir de ese momento sería decidido por las leyes de la oferta y la demanda. Pero ¿qué ocurre cuando el 67% de la oferta y el 87% de la demanda de electricidad están en manos de las mismas cinco empresas, como sucede a día de hoy?

Las eléctricas pusieron sobre la mesa sus costes, sin que mediara ningún tipo de auditoría pública. Y el Gobierno los aceptó

A pesar del control que ejerce este oligopolio sobre el mercado, para que las empresas aceptaran los vaivenes de la competencia, el Gobierno creó los Costes de Transición a la Compe­tencia. Con la llegada del libre mercado, las empresas “temían” una bajada de los precios, y lograron cubrirse las espaldas. Así, “si el precio del mercado diario de la electricidad no llegaba a una cantidad concreta se ponían en marcha unos mecanismos que garantizaban que las empresas cobraran la cantidad desea­da”, precisa Romero. Por este concepto, el Gobierno concedió ayudas a las eléctricas por valor de 7.327 millones, que aún hoy siguen pagando los consumidores en su factura. A razón de 261 euros cada uno.

Ése fue el primer pago “ilegítimo”, según el ODG, que se derivó de la ley de 1997. Pero desde entonces, indica Romero, “la sangría no ha parado”.

El gran golpe

El segundo gran regalo del Gobierno del PP a las eléctricas se llamó “déficit de tarifa”. En el año 2000, el ministro de Economía, Rodrigo Rato, estableció un límite para el precio de la luz. Sin embargo, se diseñó una arquitectura para que, en ningún caso, las empresas perdieran.

Las grandes eléctricas pusieron sobre la mesa sus costes, sin que mediara ningún tipo de auditoría pública. Y el Gobierno los aceptó. Si el dinero que ingresaban las empresas a través de la factura de la luz era inferior a esos costes acordados, el Estado le debía esa diferencia a las empresas. Se había creado la deuda con las eléctricas, que fue creciendo desbocadamente año tras año.

Sería injusto negar cierta clase y estilo al golpe. La deuda, aunque contabilizada como tal, no la paga realmente el Estado, sino millones de consumidores, mes a mes, en su factura de la luz. Y la deuda no es ya con las eléctricas, sino con los tenedores de bonos que le compraron la deuda a las eléctricas, y cobran intereses del 4,5% por los años de demora en el pago. A finales de 2013, los consumidores habían pagado a través de su factura 13.169 millones de euros en cuotas e intereses de esta deuda, 470 euros cada uno. Y quedan por pagar otros 27.700 millones de euros: unos 964 euros por consumidor. Según algunos estudios, la eliminación del déficit de tarifa representaría una bajada inmediata del 10% en el recibo de la luz.

“Éste es el gran engañabobos de todo este asunto. Ha servido para justificar todo tipo de tropelías y de cambios de regulación y consolidación del poder de las eléctricas”, subraya el autor del informe del ODG, Pablo Cotarelo. “Como no sabemos cuáles son los costes reales, porque tanto las eléctricas como el Estado no quieren dar acceso a esos datos, lo que decimos es que se haga una auditoría para ver si realmente existe ese déficit de tarifa y decidir entre todos si realmente debemos pagarlo”, agrega.

Y en éstas llegó la crisis

La euforia de la burbuja inmobiliaria, con su ilusión de crecimiento indefinido, también encandiló al sector eléctrico, que vivió su propia burbuja. Las inversiones llegaron en forma de centrales de ciclo combinado. Pe­ro la euforia no tardó en desinflarse.

La capacidad de generación de electricidad en centrales de ciclo combinado, alimentadas por gas, se multiplicó por diez entre 2002 y 2010. Pero, con la crisis, el consumo de electricidad no sólo no creció sino que disminuyó. “Consumimos menos electricidad por la pérdida de poder adquisitivo. Y las centrales de gas, que tienen costes mucho más altos que las renovables, se han visto desplazadas en el mercado diario”, explica Cote Romero.

Las energías renovables habían crecido en esos mismos años en competitividad y eficiencia hasta convertirse en la principal fuente de electricidad, con el 40% del mercado español de generación eléctrica. Las centrales térmicas, especialmente las de ciclo combinado, se habían quedado “obsoletas”, explica Mario Sánchez Herrero, funcionando a un 10% de su capacidad.

Frente a la caída del consumo de energía, el Gobierno realizó un “rescate encubierto” a las eléctricas

“El sector inmobiliario, el de la construcción, el de las cajas de ahorro, quebraron –señala este economista–. Y un sector que había hecho exactamente lo mismo en su ámbito, no quebró. ¡Qué extraño! Se les rescató para que se mantuvieran con los beneficios que venían recibiendo”.

Las reglas establecían que las empresas nunca perderían. Y así fue. Nunca como en los años de crisis subió tanto el precio de la luz y nunca la deuda generada por el déficit de tarifa, que debían pagar religiosamente los hogares, fue más alta que en esos años. Pero no bastaba. Llegaron los llamados pagos por capacidad.

Pagar periódicamente a las grandes eléctricas por unas instalaciones inactivas, como las de ciclo combinado, por si se necesitan en algún momento, podría parecer absurdo, más aún en años de sobreproducción de electricidad, denuncia Cote Romero. Los pagos por capacidad, reactivados en 2007 y camuflados en la factura de la luz, supusieron a los consumidores 12.476 millones de euros, unos 445 euros por hogar. “Te­nemos una sobrecapacidad para cubrir la demanda. ¿Qué hacemos entonces pagando a determinadas centrales por si acaso?”, critica Romero.

Déficit de tarifa, pagos por capacidad… ¿por qué no financiar también a otras grandes industrias con la factura de la luz? ¿Imposible? Todo es ponerse. En el supuesto de que se  produzca un pico de demanda eléctrica, el Gobierno acordó con los grandes consumidores de electricidad (acereras, sector cerámico, etc.) la posibilidad de cortarles puntualmente el servicio para garantizar el suministro a la población. A cambio, la factura de la luz incluye otro concepto, los llamados pagos por interrumpibilidad, por los que los hogares subvencionan a industrias como Acerosa o Porcelanosa con 500 millones al año. Para Romero, se trata de otra “transferencia de renta ciudadana a las grandes empresas con un mecanismo que no se llega a poner en marcha. Eso sí, cobrarlo, lo cobran todos los años”. Entre 2008 y 2013, los consumidores pagaron a la gran industria 2.700 millones de euros, 96 euros cada uno. Peseta a peseta.

Beneficios caídos del cielo

Para Sánchez Herrero, donde se encuentra el principal “agujero oscuro” es en los llamados “beneficios caídos del cielo” de las nucleares y las hidroeléctricas,centrales cuyas inversiones ya habían sido amortizadas hace décadas. Una singularidad que no es reconocida a la hora de cobrar por la electricidad que venden en las subastas diarias, donde se paga a todos los productores de electricidad el precio más alto de todas las instalaciones que se necesitan para cubrir la demanda. Unas subastas en las que vendedores y compradores pertenecen a las mismas cinco empresas.

Según el informe El Coste de la energía, si en 1997 no se hubiera cambiado la forma de calcular el precio de la electricidad, las familias se hubieran ahorrado en sus facturas de la luz 10.573 millones de euros, otros 377 euros. Y que seguirán pagando, sostiene Pablo Cotarelo, hasta que se audite el sector eléctrico y entre toda la ciudadanía se decida qué hacer con los cerca de 80.000 millones de pagos ilegítimos a las eléctricas.

Una peseta. Eso es lo que pedía Lola Flores, una de las pioneras del crowdfunding, que nunca llegó a lograr su objetivo. Lo que le falló a la cantante no fue su vis mediática, sino que no pudo evitar el control del fisco. Algo que no le ha pasado, al menos hasta ahora, a las eléctricas, que han conseguido camuflar en millones de operaciones, peseta a peseta, pagos ilegítimos, según el ODG, por un monto que se acerca al 10% del PIB español.

Entre las razones de esta falta de transparencia, Cote Romero señala la línea directa que tiene el sector eléctrico con el poder político a través de las puertas giratorias y con los medios de comunicación. “Todos los consejos de administración de las grandes eléctricas y energéticas están cruzados con los de los grandes grupos de comunicación. De ahí que sea muy difícil entrar en los medios con el debate sobre la energía”. Para Mario Sánchez Herrero se trata “del negocio del palco del Bernabéu, de siempre ganar”. Y pone como ejemplo el caso del almacén Castor, que fue paralizado después de que provocara 500 seísmos. El Estado pagará a la compañía de Florentino Pérez, ACS, 1.350 millones de euros. Para ser exactos, no lo hará el Gobierno. Lo pagarán millones de hogares en las próximas facturas del gas.

Moratoria nuclear

Siete centrales nucleares en proyecto fueron suspendidas tras la moratoria nuclear de 1983. La indemnización a las eléctricas, sobre todo a Iberdrola, se paga año a año a través de la factura de la luz.Para Juan Manuel Eguiagaray, ministro de Industria y Energía con el PSOE, se trató de “rescatar financieramente a las empresas eléctricas del país, que se habían embarcado en un proceso de inversión faraónico, derivado de una planificación delirante, en absoluta contradicción con las necesidades constatadas de la demanda eléctrica en España”.

Contrato de interrumpibilidad

Ante teóricos problemas en el sistema eléctrico, las grandes instalaciones industriales del país aceptan que se les corte el servicio para garantizar el acceso al conjunto de la población. A cambio, los hogares sufragan todos los años, haya o no problemas de suministro, un millonario seguro para las grandes industrias. Una medida especialmente criticada cuando en España existe sobreproducción de electricidad y no se producen cortes desde hace años.

Pagos por capacidad

Desde 2007, se transfieren miles de millones de euros de los consumidores a las centrales eléctricas que no producen, pero que po­drían ser necesitadas en algún momento. Estos pagos están diseñados para subsidiar a las plantas de ciclo combinado, que actualmente funcionan al 10% de su capacidad. Producto de unas expectativas de crecimiento erróneas, estas centrales habían aumentado diez veces su potencia mientras la demanda de electricidad se estancaba y las renovables entraban en el mercado con precios muchos más competitivos.

Coste de Transición a la Competencia

Aznar, Rato y Piqué fueron los impulsores de esta especie de indemnización que irían recibiendo las grandes eléctricas por aceptar la competencia. Una ayuda para contrarrestar los posibles vaivenes de un mercado que las cinco grandes eléctricas controlan sin fisuras. En los tribunales, la Plataforma Nuevo Modelo Energético denunció que el Ministerio de Industria, en tiempos del Zapatero, hizo caso omiso a las instrucciones de la abogacía del Estado y el Comisión Nacional de la Energía de devolver el dinero cobrado de más. Ante el archivo de la Fiscalía, la plataforma elevará el caso a la Comisión Europea.

Dinero caído del cielo

La forma en la que se calcula el precio de la electricidad en las subastas diarias asigna el mismo precio (el más alto hasta que se cubre la demanda del día siguiente) a todas las instalaciones productoras de electricidad. Las centrales nucleares y las hidroeléctricas, cuyas inversiones están amortizadas desde hace décadas, son las que pagan menos por la generación de electricidad. Si se hubiera mantenido el marco legal previo a la liberalización, estas centrales habrían obtenido 10.583 millones de euros menos. Esta diferencia la pagaron, claro está, los hogares a través de la factura de la luz.

Intermediarios financieros

En medio de la crisis, en 2009, el Gobierno del PSOE autorizó el inicio de la subasta CESUR, un mecanismo trimestral para asegurar un precio de la electricidad durante los siguientes tres meses, un mercado al servicio de la especulación a cargo de operadores financieros. En 2013, la manipulación del mercado por parte de las eléctricas y los operadores financieros fue tan descarada que el Gobierno de Mariano Rajoy anunció para el siguiente año la eliminación de este mecanismo. En estos cinco años, los hogares pagaron 1.511 millones de euros a los intermediarios financieros, según el ODG.

La deuda de todas las deudas, la ecológica

I.S.A. y M.C.
La mayor de todas las deudas es precisamente la que resulta más difícil de cuantificar. Incuantificable porque incluye todo el ciclo de vida de la energía, desde la extracción de los recursos a precio de saldo, sin pagar por la contaminación de los espacios naturales, del agua y las poblaciones, hasta la gestión de los residuos, que en el caso de las nucleares se extiende durante milenios. Muchas veces la deuda es con los países del sur, pero no sólo. También las hidroeléctricas españolas se apropian de un bien público, el agua, para un enriquecimiento privado. Y las emisiones de gases invernadero que genera el sector eléctrico figuran como una de las principales contribuciones de España al cambio climático. Unos cambios que costarán al sur de Europa 74.000 millones de euros al año. ¿Cuánta de esa deuda ecológica corresponde al sector eléctrico español?

La doble cara de las primas a las renovables

I.S.A. y M.C.
Desde hace años, el Gobierno y las eléctricas culpan a las renovables del aumento de las tarifas de la luz, dado el peso considerable de las primas a este tipo de energía en la factura. Durante el Gobierno de Zapatero, las ayudas a la ‘energía verde’, infladas en lo que se conoció como “la burbuja fotovoltaica”, generaron un vertiginoso crecimiento de las renovables. También un abaratamiento de esta tecnología, que desplazó a otras alternativas mucho más caras, como las centrales de ciclo combinado. Si por un lado las primas a las renovables contribuyen a engordar la factura, también tiran para abajo el precio de la electricidad en el mercado diario donde se subasta, explica Mario Sánchez Herrero.
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