La impresión 3D en arquitectura y el Ytong, la alternativa sencilla y eficiente

La arquitectura y la tecnología están fuertemente vinculadas, siendo esta relación totalmente evidente en los edificios y construcciones de la revolución industrial. La famosa frase “La forma sigue a la función”,  acuñada por la alemana Bauhaus (originalmente, la Staatliche Bauhaus, Casa de la Construcción Estatal) desde sus comienzos se refleja en el edificio diseñado por Walter Gropius, que fue su sede en Dessau, Alemania, entre 1925 y 1926. Sus volúmenes son independientes entre sí, y cada uno fue diseñado para la función para la que fue concebido. Además de esta relación entre la forma y la función, el manifiesto de la Bauhaus reivindicaba la unidad de los artistas, incluyendo entre estos a los arquitectos, y la vuelta al trabajo artesanal, “(…) construir un nuevo gremio de artesanos sin las barreras de clase que pretenden crear un muro entre los artesanos y los artistas (…)” e incorporar los productos diseñados a la producción industrial, convirtiéndolos en asequibles para el gran público.

Aunque ya han pasado 80 años desde que la Bauhaus cerró sus puertas, estos principios pueden recuperarse en el siglo XIX gracias a la impresión 3D, una nueva tecnología que, entre sus muchas aplicaciones, puede llegar a revolucionar la arquitectura de distintas formas, desde los diseños a los materiales usados, pasando obviamente por el proceso de fabricación.

El primer ejemplo del que tuvimos noticia en enero de 2013 fue la Landscape House, un edificio con forma de cinta de Möbius, ideado por Universal Universal Architecture en Amsterdam, diseñado por el arquitecto Janjaap Ruijssenaars, y que será impreso de una sola vez con una enorme impresora en 3D creada por el robotista italiano Enrico Dini. La estructura impresa en 3D consiste en una sola pieza, con acero y cristal en los lados. Según el diseñador, la casa está llamada a “celebrar el paisaje”, integrándose en el mismo, pero también se considera un experimento para comprobar la eficiencia de esta tecnología en la construcción de edificios.

La impresora (llamada D-Shape) crea una sustancia similar a la arenisca mezclando arena, u otros materiales similares, con un agente aglomerante, formando así capas cuyo espesor puede ser tan pequeño como 5 mm; la tremenda estructura de esta impresora permite manejar objetos de 6 metros en cada dimensión. Cada impresora puede manipular 2500 m2 de material al año, que equivaldría a 12 casas pequeñas, y puede trabajar en caso de necesidad en tándem con otras impresoras. Otros aspectos relacionados con la eficiencia es la velocidad, pues se supone que esta impresora construirá casas 4 veces más rápido que los métodos de construcción normales. En cuanto al precio, el pabellón construido por Dini en Pontedera, una instalación que parece más bien una escultura, no ha costado más que 200 euros. Y finalmente, claro, hay que tener en cuenta el ahorro de personal, ya que la construcción será completamente automática. El proyecto vio la luz en 2014.

Por otro lado, un proyecto holandés pretende construir una de las tradicionales casas que pueden verse junto los canales de Amsterdam. Este proyecto es de la firma  DUS Architects,  y consiste en un pabellón que a su vez imprime otros pabellones. Esencialmente, es una versión gigante de la impresora de escritorio Ultimaker, a la que han llamado Kamermaker, que han rodeado de un contenedor plateado de 3.5 m de altura. En este caso, el material en que se construya la casa será un entramado de componentes de polipropileno unidos entre sí por un cable de acero, en el caso de la fachada.

Para las habitaciones, tal como deciamos al comienzo, se han basado en la premisa de la Bauhaus, ya que cada una será una oportunidad de explorar nuevos métodos de imprimir, usando un nuevo material y dando la oportunidad de estudiar cada ángulo, en función del papel de cada compartimento. De este modo, la habitación destinada al almacenaje ha sido pensada como habitación de reciclaje trabajando en conjunto con una empresa de desechos, mientras que para la cocina se han planteado usar como material el almidón de patata.

Para los arquitectos, la importancia del proyecto no está en las cuestiones meramente técnicas, sino como ellos mismos afirman, “por la idea democrática del código abierto de estas máquinas. Democratizan la arquitectura.”  De momento, y mientras prueban, afinan y vuelven a probar cada nuevo desarrollo, invitan al público a acceder y mirar su creación, situada junto uno de los canales, bloguean todo el proceso, y han subido las piezas a Thingiverse para que cualquiera pueda descargarlas, modificarlas y tratar de imprimirlas en su propia máquina. Como factores adversos, cuentan sobre todo los climáticos, ya que el viento, la lluvia y la humedad pueden afectar la calidad de la impresión. Los arquitectos, sin embargo, reinciden en que, aunque la casa no pudiera finalmente ser construida, el principal beneficio del proyecto es el aprendizaje.

Entrando en un concepto más radical, está el proyecto de Softkill Design, que realmente sería imposible de construir con mortero y ladrillos. Aunque el aspecto es más similar a un escenario, o incluso procedente una película de terror que a una casa, el objetivo del proyecto es centrarse en la optimización estructural, en construir solo lo necesario para funcionar; esta optimización hace que la estructura sea más fibrosa y la impresión 3D el método perfecto para construirla. La Protohouse 1.0 vio la luz tras año y medio de trabajo, y es un modelo de casa modelado e impreso a escala a partir de 30 piezas interconectadas. El algoritmo usado por Softkill imita la estructura del hueso, en búsqueda del balance óptimo entre la forma y la fortaleza estructural, usando la técnica de Sinterización por Laser Selectiva (SLS). A pesar de su apariencia, la Protohouse 1.0 es muy útil para ilustrar los problemas a los que se enfrentarán los arquitectos cuando impriman casas. Toda ella está impresa de una vez, interior, exterior, huecos para fontanería y cableado eléctrico, alfombras, sillas, incluso las bisagras y los pestillos de ventanas y puertas, usando un tipo de resina plástica que debe realizar multitud de funciones. Encontrar el material adecuado para cubrir todas estas necesidades es un reto en sí.

Siguiendo el ejemplo de la “democratización” del que hablaban DUS Architects, el proyecto actual es la Protohouse 2.0, la casa que quieren que la gente descargue e imprima por sí misma. No será muy grande (4 m x 8 m y casi 3 metros de altura) pero estará más cerca de ser una casa terminada de lo que podríamos reconocer. Incluso si alguien no quiere la casa completa, puede (como en el caso de la casa del canal) descargar objetos individuales y usarlos para mejorar su propia vivienda.

La repercusión ambiental

Partiendo de los ejemplos anteriores, y centrándonos en el aspecto ambiental del uso de la impresión 3D en la arquitectura, podemos citar dos aspectos principales.

En primer lugar, la cuestión de las escalas. A este respecto, incluso la prestigiosa revista The Economist afirmaba que el principal avance de esta tecnología consistía en el abaratamiento de los costes de producción (para lo cual antes se consideraba que era necesaria la producción en masa), y también una reducción de gran parte de los residuos generados. Un solo artículo podría crearse por el mismo coste unitario de crear miles de ellos.

El problema de las escalas está ligado también a la centralización de la manufactura: actualmente, el proceso de fabricación se localiza en los polígonos industriales de los medios urbanos, y de allí los productos se llevan a todos los rincones del planeta (lo que conlleva unos gastos de transporte, así como la contaminación derivada del mismo). La descentralización de la manufactura, ligada a la impresión 3D, haría desaparecer a su vez la necesidad de concentrar estos empleos en zonas industriales, los gastos de transporte, e incluso  la necesidad de deslocalizar estas mismas fábricas en países donde los costes de producción son menores.  A esta conclusión llegó también Joshua Pearce, un profesor asociado de ciencia de los materiales e ingeniería electrónica e informática de la Michigan Technological University tras llevar a cabo un análisis económico de ciclo de vida de la impresión 3D en una economía americana media. Su estudio demostró que fabricando material en una impresora 3D produce un menor gasto energético (y por tanto libera menor cantidad de CO2) que produciendo esa misma pieza en una fábrica y transportándola al centro comercial. El análisis fue llevado a cabo con distintos productos y el resultado al que llegaron fue que los artículos impresos en la máquina doméstica precisaron del 41 al 64 % menos de energía que fabricándolos en algún país de Asia, y transportándolos a los USA (y aún más si se utilizan impresoras 3D solares). Por otro lado, la impresora doméstica también permite el ahorro de materia prima, al permitir la creación de productos huecos manteniendo la estabilidad de la estructura. El estudio completo puede leerse en el artículo Environmental Life Cycle Analysis of Distributed 3D Printing and Conventional Manufacturing of Polymer Products publicado por la revista especializada  ACS Sustainable Chemistry and Engineering.

Otro aspecto que incide en la escala de la construcción, es el uso de impresoras de gran tamaño con estructuras similares a las grúas de caballete. Un profesor de la Universidad del Sur de California, Behrokh Khoshnevis, creó para ello un nuevo mecanismo de extrusión que permite extruir cemento húmedo, combinado con una paleta y un endurecedor especial, dando la forma según se imprimen las distintas capas, manteniendo una determinada viscosidad del cemento. A esta técnica se la denomina construcción en contornos. Con este método, el profesor ha construido muros de 6 pies (dos metros) de alto, con capas de 6 pulgadas (15 cm) de altura y 4 pulgadas (10 cm) de espesor, y cree firmemente que pueda ser aplicado a edificios completos, afirmando que con esta construcción de contornos es posible fabricar la estructura completa de una casa de 185 m2 en menos de 20 horas. La impresora 3D, montada sobre una grúa de puente, y con un peso de aproximadamente 500 libras (226 kg), podría ser llevada a donde se realizara la construcción, donde fabricaría los contornos como lo haría una RepRap gigante, usando el suelo como plataforma o, posiblemente con una impresora usando como base la propia casa (a este respecto, hay que decir que Nicholas Seward, inventor de la RepRap Simpson, ya ha creado una impresora 3D montada sobre un muro, llamada Wally), capa tras capa y volviendo al suelo tras completar el trabajo. También sugirió colocar los brazos de la impresora en raíles, de forma que pudieran imprimir una casa y deslizarse para construir otra, haciendo posible imprimir barrios enteros rápidamente.

Esta posibilidad de construir edificios eficientes y baratos, frente las técnicas actuales, que según el profesor Khoshnevis son “derrochadoras y emisoras de gran cantidad de emisiones, además de promover la corrupción, con costes siempre por encima del presupuesto”; además de reducir los accidentes de construcción, que provocan sólo en EEUU 400,000 personas heridas, y de 6,000 a 10,000 personas muertas cada año.

Este abaratamiento de la manufactura, llevaría a su vez a que cualquier aldea rural con escasos recursos, que tradicionalmente son excluidas de las nuevas tecnologías y materiales de construcción, podría disponer de una de estas impresoras. En este punto, se va haciendo conocido el proyecto de OpenSourceEcology, una plataforma opensource (de código libre), que incluye entre sus proyectos el GVCS (Global Village Construction Set), una colección de 50 máquinas de código abierto, fácilmente realizables con materiales baratos, y que incluye, entre tractores, placas solares, molinos eólicos y otros artilugios, una impresora 3D. Y según narra recientemente su blog, una casa, que han llamado Microhouse, y cuyo desarrollo podéis ver en el Log de Chris Reinhardt. Aunque no han utilizado la impresión 3D en su fabricación, utilizán una máquina de extrusión para realizar ladrillos de adobe in situ, con los que se construye la casa.

Materiales

Otra cuestión con implicaciones ambientales sería la referente a los materiales usados en la impresión 3D. Los más utilizados en las impresoras domésticas son plásticos de distintos tipos, siendo de los más utilizados y más populares en la industria el plástico ABS (Acrilonitrilo Butadieno Estireno), debido a su gran dureza y su rápido enfriamiento, ya que se usa para fabricar parachoques para coches, o los famosos juguetes LEGO. Su desventaja, sin embargo, radica en su procedencia, el petróleo, y en que es un material no biodegradable.

Algunas alternativas en cuanto a materiales plásticos, junto con el reciclaje del propio ABS, es el PLA (Ácido Poliláctico) un bioplástico procedente del maíz que, además, es biodegradable, y que ha sido utilizado por la firma de arquitectos Smith y Allen para crear un recinto en un bosque californiano, llamado Echoviren y cuya “sostenibilidad” se basa en su capacidad de descomponerse de forma natural en un plazo de 30 a 50 años.  El PLA también se ha utilizado en el proyecto de la casa del canal que se comenta más arriba de este articulo.

Otro ejemplo de material plástico es  el PHB (Polihidroxibutirato), o biopropileno, aunque en el caso Incluso se está experimentando con bacterias capaces de fabricar plásticos, a través del metabolismo de  azúcares. Además de estos materiales plásticos, se está investigando en otros de mayor dureza y durabilidad, como por ejemplo la cerámica o el cemento (como era el caso de la Landscape House). Un estudio de Oackland denominado Emerging Objects, realmente el proyecto de dos arquitectos, Ronald Rael y Virginia San Fratello, ambos profesores en un estudio de 3D en Berkeley, han decidido centrarse en investigar este aspecto de la impresión 3D (y no son los únicos). La novedad de estos arquitectos es que esos materiales que investigan son orgánicos y renovables: sal recogida en la bahía de San Francisco, pulpa de madera, arcilla… Usando una impresora 3D estándar basada en polvo, ellos y sus alumnos inventan cómo imprimir ladrillos, componentes y muebles usando materiales reciclables. La madera impresa es bastante realista, debido al grueso grano que se obtiene en el proceso de manufactura en capas. La sal, por el contrario, parece “leche sólida”, usando las palabras de Rael. Todos estos materiales, al contrario de lo que se podría pensar, son muy fuertes pues se usan técnicas de refuerzo creadas por ellos mismos. Su cemento impreso es también más fuerte que el estándar. Y lo que es más importante, es un 90% más barato que la tecnología de impresión 3D actual.

Esto abre la mente a la posibilidad de conseguir los materiales necesarios a partir de fuentes locales, donde además del ahorro les seduce pensar en las costumbres y usos localesresurgiendo en la arquitectura, o ver ciudades resolviendo problemas de infraestructura usando materiales locales. O incluso la posibilidad de sustituir ladrillos de las paredes usando otros diseñados por uno mismo. Además de estos materiales, en una entrevista realizada al respecto en la página Makezine, Rael hablaba del posible uso del papel reciclado, con el cual han fabricado distintas piezas.

Dentro de la investigación en ciencia de los materiales, si la Protohouse se basaba en el algoritmo que siguen las fibras de hueso usando bioresinas, un equipo del MIT, Mediated Matter, trabaja sobre medios de fabricación inspiradas en la biología que va más lejos aún: usar gusanos de seda como “albañiles”, aprovechando y maximizando la fortaleza estructural y tensional del hilo de seda extendido sobre una estructura previamente creada con un brazo robótico que permite crear formas que no pueden ser conseguidas con la impresión 3D convencional. El Silk Pavilion (Pabellón de Seda) es la construcción más grande construida de este modo. Mediated Matter descubrió que los gusanos emigran de forma natural a las áreas más oscuras, creando paneles más fuertes cuanto más alejados estuvieran del Sol. Los efectos de luz informan sobre las variaciones en la organización (densidad) del material. Los gusanos dejaron un agujero en la estructura, en línea con el sol, que actúa a modo de reloj solar. Al escanear sus movimientos y analizarlos, obtuvieron un algoritmo que les permitirá crear estructuras tan fuertes como las creadas por ellos. No obstante, el Pabellón de seda carece de uso práctico, al ser más un experimento artístico por el momento.

Para terminar con el repaso a los materiales, existe un proyecto que pretende crear cristal usando arena y energía solar, por medio de una impresora 3D, considerado por los expertos como un prometedor primer paso en esta dirección. La máquina fue diseñada por el alemán Markus Kayser y se denomina Solar Sinter, tomando por tanto el nombre de su fuente de energía y de la técnica que utiliza, la sinterización, que convierte una sustancia pulverulenta en un sólido por medio del calor. Kayser desarrolló esta máquina en 2010, durante sus estudios en el Reino Unido. Según él, este proceso podría convertirse en el modo más efectivo (en relación a los costes). La lente cuesta unos 600 dólares, lo cual la hace más barata que la mayor parte de dispositivos parabóliocos usados para capturar luz en el desierto, y el proceso podría llegar a producir gran variedad de artefactos, desde recipientes de cristal, a las superficies de los paneles fotovoltaicos. Por el momento, una compañía de cerámicas se ha interesado en las aplicaciones de la Solar Sinter y patrocinado los últimos viajes de investigación de Kauser al desierto marroquí. En este caso, como en el de Emerging Objects, la idea principal es la producción in situ utilizando los materiales y fuentes de energías disponibles en cada lugar.  Para este efecto, el anteriormente mencionado profesor Koshnevis estuvo también investigando la posibilidad de construir usando material lunar, y en general para el caso de zonas áridas, donde el agua es un recurso limitante como en la luna a la hora de seleccionar los materiales.

Sin embargo, además de los materiales, según afirma el profesor Koshnevis, es importante la selección de nuevas geometrías adaptadas al medio donde se va a construir.  La construcción en contornos que propone puede construir estructuras similares a las fabricadas con adobe, hecho con barro, arcilla y paja, y otros materiales domésticos, en África, Asia y muchas partes de América, que dura miles de años. Pero en realidad, es el uso de geometrías curvas, lo que da como resultado una mayor estabilidad que los cubos tradicionales. Este factor es especialmente importante, en zonas con alto riesgo sísmico.

Otras aplicaciones sostenibles

Finalmente, y en relación a las aplicaciones de la impresión 3D, hay algunas muy interesantes a tener en cuenta. Además de las piezas que imprimimos y diseñamos por primera vez, como los jarrones, ladrillos o bandejas de diversos materiales, se puede alargar la vida útil de los objetos que ya tenemos en casa, de dos distintas maneras.

En primer lugar, cabe la posibilidad de perder una pieza, o que se rompa, siendo imposible, o muy difícil adquirir otra, o incluso que sea sorprendentemente más cara que el aparato en su totalidad. En este ejemplo de Instructables realizado por Ben Chapman, aunque no se trate de arquitectura, se puede ver cómo arreglar una lámpara para la bici, en la cual se había roto la unión con el manillar, fabricando una nueva unión mediante impresión 3D.  Otra forma de alargamiento de la vida útil, es el que se refiere a imprimir objetos que añaden una nueva función y por tanto, alargan la vida útil de otros artículos, como en este proyecto RE de Samuel Bernier, también de Instructables en el que una jarra de cristal, que iba a ser desechada, y cuya fabricación requiere de grandes cantidades de energía, se convierte en un exprimidor de naranja, eliminando también la necesidad de fabricar este último.

Cuando hablamos de edificios, este reciclaje de estructuras antiguas y aprovechamiento de los residuos para crear nuevas, es posible gracias a un robot reciclador de Cemento llamado ERO, una máquina que dispara agua a alta presión sobre el cemento, provocando la ruptura, y recogiéndolo para su reutilización, éste podría ser un buen complemento a las impresoras 3D para uso en construcción.

Ytong, la alternativa sencilla y eficiente

En la actualidad la arquitectura vive un momento de profunda transformación en cuanto a los requisitos de habitabilidad, bienestar interior y eficiencia energética y de todo el proceso constructivo. Entre los muchos sistemas que han ido surgiendo para impulsar estos cambios encontramos los bloques de hormigón celular de Ytong.

 

Pero no se trata tan solo de unos bloques, Ytong cuenta con toda una serie de elementos y un sistema constructivo propio que nos permitirá construir viviendas de elevada eficiencia energética y un elevado confort interior sin tener que recurrir al gran número de materiales y técnicas diferentes necesarias en una vivienda construida con un sistema más tradicional. Aunque es un producto casi centenario (el hormigón celular Ytong se creó por primera vez en 1924), poco a poco ha ido adquiriendo relevancia en el sector de la construcción. El hormigón celular Ytong se compone de una mezcla de arena, cal, agua y una pequeña cantidad de polvo metálico, curado en autoclave y cortado en bloques de gran precisión.

 

El sistema se compone principalmente de unos bloques de 62,5 x 25 cm con diferentes espesores que van de 5 a 36,5 cm. El otro componente esencial del sistema es un mortero cola que se aplica en muy pequeñas cantidades y que mantiene unidos los bloques. Por último, dispone de piezas especiales para forjados, cubiertas, dinteles y zunchos. La ventaja es que nos permite construir con muy poca variedad de elementos y materiales, lo que simplifica y agiliza tanto los pedidos como la obra en sí.

El proceso constructivo es relativamente sencillo, de hecho lo podría hacer cualquiera con un poco de maña y con la ayuda de un arquitecto. Los bloques son muy ligeros y fácilmente manejables ya que disponen de asas, van machiembrados para facilitar su colocación y se pueden cortar fácilmente, incluso con una sierra de mano, para ajustarlos a las medidas necesarias. Las irregularidades que puedan ir surgiendo según se van apilando bloques y formando los muros se lijan manualmente. El resultado son unos muros, tabiques y forjados muy lisos en los que solo queda incorporar los acabados.

 

De hecho, las herramientas necesarias para construir con este sistema se reducen a:

  • Llanas dentadas Ytong.
  • Nivel.
  • Tabla para lijar.
  • Mazo de goma.
  • Serrucho al carbono o sierra eléctrica.
  • Sierra de calar y de ranurar.
  • Mezcladora.

Para empezar a construir necesitaremos una base de mortero fresco impermeabilizada y bien nivelada donde apoyar la primera hilera de bloques. Como ya hemos dicho antes, los bloques son muy ligeros, solo el 20% de ellos es sólido, el resto son diminutos poros cerrados que le confieren unas magníficas propiedades térmicas, aislantes y acústicas.

Otro aspecto interesante del sistema es que al ser de por sí un buen aislante térmico, no requiere de más capas (en España al menos, nos podríamos ahorrar el aislante térmico), la fachada del edifico estará compuesta de una sola hoja formada por estos bloques, los acabados se aplican directamente sobre los muros Ytong.

En cuanto a su fabricación, se realiza en autoclave y necesita una cantidad de energía menor que cualquier otro material tradicional comparable. Requiere 1m³ de materia prima para generar 5m³ de producto final. El polvo y los restos que se liberan a lo largo del proceso y al realizar los cortes no son contaminantes y de hecho son reutilizables y se incorporan de nuevo a la cadena de producción como materia prima. Se trata por tanto de un material respetuoso con el medio ambiente y totalmente reciclable.

Las instalaciones van empotradas en rozas que se realizan en los muros con ayuda de la sierra de ranurar para las más pequeñas y la sierra eléctrica las más voluminosas. También dispone de piezas estructurales para forjados y cubiertas que llevan incorporada una armadura, pudiendo alcanzar vanos de hasta 6,60 m y voladizos de 1,5 m.

Para rematar, los bloques de hormigón celular Ytong son incombustibles y muy poco sensibles a los choques térmicos de manera que en presencia de fuego no se fisuran, no estallan ni liberan ningún tipo de gas nocivo. De hecho son una muy buena opción para construir cortafuegos.

 

En resumen, el sistema Ytong constituye una alternativa eficaz y completa frente a los sistemas tradicionales consiguiendo además mejores resultados en cuanto a aislamiento y eficiencia energética e incluso reduciendo costes y tiempo de construcción. Incluso la complejidad de sus soluciones constructivas es menor que en otros sistemas. Sin duda se trata de una opción a tener en cuenta si buscamos una vivienda más respetuosa con el medio ambiente y eficiente en todos los sentidos.

Flygskam: Der dumme Weltbürger

Seit der Mensch weiß, dass er das Klima beeinflusst, fliegt er mit zunehmend schlechtem Gewissen – Stichwort: Flugscham. Ist das der Anfang vom Ende des Kosmopoliten?

Schweden wieder, das Land, das schon seit Ewigkeiten eine CO2-Steuer hat: ganz vorne beim klimapolitischen Trendsetting. Aus Schweden kommen ja nicht nur Greta Thunberg, die junge Grand Dame des Klimaaktivismus, und Björn Ferry, ein Olympiasieger im Biathlon, der Aufträge im Ausland nur noch annimmt, wenn er mit dem Zug anreisen kann. Es gibt dort außerdem Entwicklungen, die darauf schließen lassen, dass in Klimafragen tatsächlich ein kultureller Wandel im Gange sein könnte. Einer, der nicht nur von einigen wenigen medial präsenten Figuren vorgelebt wird.

Vor einiger Zeit, als Thunberg noch keine öffentliche Figur war, wurde dort etwa das Wort flygskam kreiert, “Flugscham“; ein Begriff, für den es mittlerweile in mehreren Sprachen Entsprechungen gibt. Der Schwedische Sprachenrat, zu dessen Aufgaben es gehört, neue Wörter zu registrieren, hat das Wort in einer Zeitung entdeckt, dem Svenska Dagbladet vom 14. März 2018. Bemerkenswert ist an dieser Wortschöpfung weniger, dass es sie gibt, sondern dass sie seitdem eine internationale Medienkarriere hinlegt, weil offensichtlich für viele sofort verständlich ist, was sie beschreibt: die Scham darüber, auf Kosten aller die Kontrolle über seinen ökologischen Fußabdruck verloren zu haben.

Die Frage ist allerdings, ob sich wirklich das Reiseverhalten ändert oder ob erst mal nur ein Modewort zum Lebensstil aufgeladen wird wie zuletzt das dänische hygge. Dass plötzlich die Vorzüge des Fliegens in Vergessenheit geraten, ist jedenfalls schwer vorstellbar.

Die Möglichkeit, die Welt kennenzulernen, ist einer der zivilisatorischen Fortschritte der zweiten Hälfte des 20. Jahrhunderts, den viele mitgehen wollen. Und er ist mit dem Fliegen verbunden. Dass man die Welt besser versteht, wenn man den eigenen Beritt verlässt, gilt unter Leuten, die sich über ihre Weltoffenheit definieren, als ausgemacht. Und diese Erkenntnis kann man ja auch kaum abräumen, ohne sich lächerlich zu machen. Der Rückzug in die Heimeligkeit hinter dem Jägerzaun ist keine Option. Natürlich sind die Sinneseindrücke, die man während eines Motorradtrips durchs vietnamesische Hinterland gewinnt, nicht durch die Lektüre eines Bildbands über die Kaiserstadt Hué zu ersetzen. Denn Letzterer ist einem Bildband über die Sahara ähnlicher als eine Vietnamreise.

Man versteht mehr, vor allem auch einiges mehr über Dinge, die man gar nicht auf dem Schirm hatte, wenn man sich vor Ort aufhält. Deswegen fällt auch die virtuelle Reise mit 3-D-Brille auf absehbare Zeit als ernstzunehmende klimafreundliche Alternative wohl aus. Selbst den digitalaffinen Schülern von heute müsste man erst mal erklären, warum sie lieber eine Online-High-School besuchen sollten, als zum Austauschjahr in die USA zu fliegen. Um den Schulbesuch allein geht es ja nicht. Wohl kaum irgendwo reift man derart wie bei längeren Aufenthalten in kulturell eher fremden Ecken der Welt.

Wer sich über flygskam freut, sollte also auch eine noch jüngere schwedische Wortschöpfung zur Kenntnis nehmen. Im Svenska Dagbladet fiel im Zusammenhang mit der “Flugscham” zuletzt mehrmals auch ein anderes Wort, das als Reaktion darauf zu verstehen ist –smygflyga. Um die Weltklimaziele zu erreichen, müssten wir weniger fliegen, stand in der Zeitung. Meinungsmacher würden auf sozialen Druck setzen und die Peinlichkeit des Fliegens betonen. Das allerdings beinhalte ein Risiko: dass die Leute es dann eben heimlich täten, also smygflyga. Ob heimlich oder nicht, wäre dem Klima aber ziemlich schnuppe.

Greta Thunberg – »Der Klimawandel ist eine existenzielle Krise«In einem Radiointerview in London hat Greta Thunberg bekräftigt, wie wichtig die Fridays-for-Future-Demonstrationen sind. Danach traf sie sich mit Oppositionspolitikern. © Foto: Victoria Jones/AP/dpa

Dass es in Deutschland einen Flugscham- oder einen Greta-Effekt gibt, ist erst recht nicht ausgemacht. Es sieht momentan eher so aus, als habe sich das Reden über das Reisen stärker verändert als das Reisen selbst. Einer neuen Umfrage zufolge beziehen zwar mittlerweile knapp 57 Prozent der Deutschen “den Einfluss auf die Umwelt bei ihrer Reiseplanung mit ein”. Das ist aber nur das, was sie sagen. Im Verhalten spiegelt sich das anderen Erkenntnissen zufolge nicht – oder noch nicht – wider. “Die Menschen”, wurde ein Vertreter des Deutschen Reiseverbands kürzlich vom MDR zitiert, “kaufen noch nicht so häufig nachhaltige Reisen”, wie es laut diverser Umfragen “eigentlich sein müsste”. Ob sich das ändert, wird man erst nach der Saison beurteilen können; ob ein solcher Trend gegebenenfalls anhielte, wäre auch dann noch nicht geklärt.

Flugschämt euch!

Dass es dazu in erster Linie einer Klimapolitik bedürfte, die Finanzströme umlenkt, ist klar. Kerosinsteuer, CO2-Steuer, Klimaprämie, Deckelung von Flugreisen – da sind ja auch Ideen in der Verlosung. Aber ein kultureller Wandel, den eine Gesellschaft wirklich mitträgt, kann nicht verordnet werden. Und darauf zu setzen, dass man den Leuten ein schlechtes Gewissen machen kann – Flugschämt euch! –, könnte sauber nach hinten losgehen.

Die Frage, die vorher gestellt werden müsste, ist vielleicht eher, welchen Begriff vom Reisen wir derzeit haben und ob er zeitgemäß ist. Im Grunde läuft es für jeden einzelnen vor jeder Reise auf eine einfache Frage hinaus: Warum diese Reise und warum mit dem Flugzeug – außer weil es geht? Das Kriterium müsste sein, ob man die Notwendigkeit zumindest sich selbst gegenüber begründen kann.

Da haben es die großen, ausdauernden Fernreisen leichter als die kürzeren. Das Austauschjahr in den USA; einmal die Kühle der Serengeti um fünf Uhr morgens spüren, weil man davon seit Kindheitstagen geträumt hat; den religiösen Trubel Varanasis selbst mitbekommen: ja! Klar kann man all das erklären. Und ohne Flugzeug nach Indien zu reisen, ist, zugegebenermaßen, schon nicht ganz unkompliziert. Ein Dokumentarfilm wie Weit. – das Selbstporträt eines Paares, das sich jahrelang ohne Geld und ohne Flugkilometer um den Globus bewegte – ist eher ein Dokument des Außergewöhnlichen denn eine Einladung zum Nachmachen.

Aber die kleinen schmutzigen Reisen mit dem Flugzeug zu begründen, deren Zahl in den vergangenen Jahren deutlich gestiegen ist: Da wird es schwer. Der Anteil der Flugreisen, die Deutsche unternehmen, ist von 30 Prozent aller Reisen im Jahr 2000 auf 41 Prozent im Jahr 2018 gestiegen. Nur acht Prozent sind Fernreisen. Was aber haben Zwei- bis Viertagestrips in überlaufene europäische Touristenstädte mit der Erlangung von Weltbürgerschaft zu tun? Was ist so weltbürgerlich daran, ohne Rücksicht auf die Welt das Billigste zu konsumieren? Je näher man an ein paar Verhaltensweisen heranzoomt, die für kosmopolitisch gehalten werden, desto spießbürgerlicher sehen sie aus. Viele dieser Reisen sind eigentlich verdammte Kaffeefahrten.

Been there, done that. Abhaken ist die Devise konsumorientierter Lifestyle-Kosmopoliten, die ihre Wochenendausflüge vor sich selbst als Bildungsreise verkaufen, damit sie nicht doch die Flugscham packt. Eine Bildungsreise in den Louvre, um die Mona Lisa zu sehen, ist aber, obwohl es sich beim Louvre um ein Museum handelt, eigentlich keine Bildungsreise. Weil man eh nichts sieht außer anderen drängelnden Fotosubjekten, die auch keine Bildungsreise unternehmen. Im Louvre kann man sicher etwas über das Sozialverhalten touristischer Großgruppen lernen, aber über die Mona Lisa?

Seid Zugstolz!

Wobei, Paris: Nein, es spricht nichts gegen eine Parisreise. Auch nicht gegen einen Louvre-Besuch. Es spricht nur etwas dagegen, es sich dabei so einfach wie möglich zu machen. Der Besuch des Louvres, genau wie des schiefen Turms, der Sagrada Familia oder der Akropolis gerät schlichtweg zum Fast Food, wenn man sich keine Mühe gibt. Und Fliegen ist der Inbegriff des Mühelosen. Es ist zu einfach und zu billig. Ökonomisch mag das für viele Endverbraucher schön sein. Aber man wackelt halt dann auf ausgelatschten Pfaden anderen Touristen hinterher, weil man sich selbst eigentlich nicht vorbereitet hat auf eine Reise. Musste ja nicht, man kann ja noch einmal kommen, kostet ja nix.

Nicht nur aus ökologischen Gründen müsste man irgendwie machbare Strecken deshalb dringend mit dem Zug fahren. Weil man dann wirklich unterwegs ist. Weil genau das die Sinne schärft.

Schon von den Fahrten im Zug aus Moskau zum Beispiel, der über Berlin durch die Nacht nach Paris fährt, gibt es jedenfalls erheblich mehr zu erzählen als von jedem Flug. Die Uniformen der Schaffner, das Zugrestaurant, das ausklappbare Waschbecken im Abteil, der Komfort einer Liege, die den Namen Bett verdient, das Türverriegelungssystem, Mitreisende, die im feinen Zwirn unterwegs sind wie einst die Passagiere der Pan Am, und natürlich die Wodka-Auswahl: alles geeignet, um hinterher den Daheimgebliebenen von den Erstaunlichkeiten der modernen Welt zu künden. Was soll man dagegen berichten von einem 40-Euro-Flug, den man damit verbracht hat, die Parfüms abzulehnen, die einem präsentiert wurden wie Heizdecken?

Nein, Fliegen mag einmal das Besondere, das Erzählenswerte gewesen sein. Damals – nicht lange her – klatschten die Wenigreisenden, wenn sie sicher wieder am Boden waren. Nun ist es so öde wie der tägliche Arbeitsweg mit der U-Bahn.

Dass der Zug die Gegenwart des wahrhaftigen Reisens ist, hat man in Schweden natürlich auch schon wieder zur Kenntnis genommen. Neben der flygskam und dem heimlichen smygflyga gibt es noch ein drittes neues Wort aus dem Kosmos des klimabewussten Reisens. Eines, das auch als Hashtag benutzt wird, wenn man statt des Fliegers wirklich den Zug nimmt: tagskryt, “Zugstolz“. Versteht man #flygskam als den miesepetrigen Social-Media-Zeigefinger, dann ist #tagskryt der fröhlich erhobene Daumen. Dieser Zugstolz macht aber nicht nur bessere Laune, er verweist auch auf eine Statusformel ganz neuer Art: Viel Zeit, wenig CO2.

Quelle: www.zeit.de/entdecken/reisen/2019-05/flugscham-fliegen-reisen-umwelt-oekologisch-co2/komplettansicht

 

Reciclaje: Plásticos, agua embotellada y ropa.

Un estudio pone en evidencia cómo crece la gran isla de residuos plásticos que flota entre Hawái y California

La gigantesca isla de basura en el Océano Pacífico está creciendo a gran velocidad, según una nueva investigación publicada en la revista Nature.

De acuerdo al estudio, esta área de residuos que se expande por un 1,6 millones de Km2 —es decir, casi tres veces el tamaño de Francia— contiene cerca de 80.000 toneladas de plástico. Esta cifra es 16 veces más alta de lo reportado anteriormente. Un lugar específico dentro de esta área tiene, además, la mayor concentración de plástico jamás registrada.

“Esto pone de manifiesto la urgencia de tomar medidas para detener la llegada de plásticos al océano y para limpiar el desastre existente”.

La basura se acumula en todos los océanos, pero la mancha más grande es la que está en el Pacífico, entre Hawái y California. Esta área de basura es descrita a menudo como una masa o una isla, aunque en realidad es una zona con una gran concentración de plástico que aumenta a medida que uno se aproxima a su centro.

Cantidad “impactante”

Los investigadores utilizaron botes y aviones para mapear esta zona en el norte del Océano Pacífico, donde las corrientes rotativas y los vientos hacen que converjan los desechos marinos, incluyendo el plástico, las algas y el plancton.

Isla de plástico
Foto: (Ocean Cleanup Foundation)

El trabajo, que se realizó a lo largo de tres años, mostró que la contaminación por plástico está “aumentando exponencialmente y a un ritmo más veloz que el agua circundante”, dijo el equipo internacional de investigadores. Los microplásticos representan el 8% del total de la masa de plástico flotante. De los 1,8 billones de trocitos de plástico, algunos son más grandes que los microplásticos, incluidos pedazos de redes de pescar, juguetes e incluso un asiento de inodoro.

Isla de plástico

Lo que el estudio descubrió

►Los plásticos constituyen el 99,9% de todos los residuos en esta parte del océano.
►Al menos el 46% de los plásticos son redes de pesca y más de tres cuartos de los plásticos eran pedazos de más de 5 cm, entre los que se incluyen plásticos duros, hojas plásticas y película de plástico.
►Aunque la mayoría de los residuos estaban desmenuzados en fragmentos, observaron un número reducido de objetos: contenedores, botellas, tapas, cintas de empaque, sogas y redes de pesca.
►En 50 objetos pudo leerse la fecha de producción: uno era de 1977, siete de los años 80, 17 de los 90, 24 de la década de 2000 y uno de 2010.
►Solo cierto tipo de basura era lo suficientemente gruesa como para flotar y permaneció en el lugar, como por ejemplo plásticos comunes como el polietileno y el polipropileno, que se usan en los empaques.
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Cada año, millones de toneladas de plástico ingresan en el océano. Algunos pedazos acaban en los grandes sistemas de circulación de las corrientes oceánicas, que se conocen como giros.

Una vez que quedan atrapados en los giros, los plásticos se desmenuzan y quedan convertidos en microplásticos, y así es como pueden llegar a ser ingeridos por criaturas marinas.

“No podemos deshacernos de los plásticos. En mi opinión son muy útiles, en medicina, transporte y construcción. Pero creo que debemos cambiar la forma en como los usamos, sobre todo los que se usan una sola vez y los objetos que tienen una vida útil muy corta” dice Laurent Lebreton.

Hay microplásticos en el pescado, en el agua que bebemos, en la sal, en la miel… Se sospecha que cada año ingerimos miles de micropartículas sin saberlo. Los investigadores han dado la voz de alarma.

Cada año ingerimos alrededor de 11.000 partículas de microplásticos, según investigadores de la Universidad de Gante, en Bélgica. Han sido hallados en el agua potable, del grifo y embotellada; en la sal, en pescados y mariscos, en cervezas y en la miel. «Es inevitable. Estas partículas ya están en el ambiente. De hecho, sospechamos que se encuentran en todos los alimentos», asegura María Íñiguez, ingeniera química e investigadora de la Universidad de Alicante, que ha comprobado la presencia de microplásticos en la sal de cocina.

Bomba tóxica

«Aunque no sepamos directamente los efectos acumulativos sobre la salud, las investigaciones nos llevan a creer que los microplásticos que ingerimos son una pequeña bomba tóxica», afirma Elvira Jiménez, responsable de la Campaña de Océanos en Greenpeace España. El hecho de que el plástico ejerza una preocupante atracción hacia otros venenos es lo que justifica esta sospecha. Es decir, al microplástico se le pegan hidrocarburos o metales pesados, que se suman a las toxinas que la mayoría de los plásticos ya desprende. El bisfenol A (BPA), el polibromodifenil éteres (PBDE) o los ftalatos, por ejemplo, son compuestos capaces de causar desequilibrios en el sistema hormonal en concentraciones muy bajas, que afectan sobre todo al sistema reproductor.

El daño causado a mariscos y pescados, de hecho, ya está comprobado. «Se mueren atragantados, por dilaceraciones internas o porque los aditivos pegados a ellos pueden ser liberados durante la ingestión y producir toxicidad», explica Luis Francisco Ruiz-Orejón, investigador del Centro de Estudios Avanzados de Blanes, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Los animales marinos ingieren microplásticos porque son filtradores -caso de mejillones, ostras, almejas o navajas- o porque los confunden con alimento, como ya se ha detectado incluso en grandes pescados como el atún o el pez espada. Los comen ellos y, por lo tanto, los comemos nosotros.

También son microplásticos las fibras sintéticas -el acrílico libera cinco veces más fibras que el poliéster– que, lavado tras lavado, acaban yendo al medioambiente: alrededor de 700.000 partículas por cada ciclo de la lavadora. O el polvo de los neumáticos (20 gramos por cada 100 kilómetros que conducimos); o la pintura de las casas, de los barcos o de las marcas en la carretera, que se van convirtiendo en polvo y representa alrededor del 10 por ciento de la contaminación por microplásticos en los océanos.

Todo eso va a parar, por cierto, al agua que bebemos, sea del grifo o embotellada, como han constatado científicos de la Universidad Estatal de Nueva York y de la Universidad de Minnesota tras analizar 194 muestras recogidas en grandes ciudades de cinco continentes. En Dinamarca, una investigación de la Universidad de Aarhus ha detectado una media de 18 piezas de microplástico en cada litro de agua potable recogida en hogares de Copenhague.

Almacén marino

Estudios recientes, de hecho, estiman que en el Mediterráneo se concentra entre el 20 y el 50 por ciento de los microplásticos en los océanos. «Es una cuenca casi cerrada cuyo proceso de renovación del agua tarda alrededor de cien años. Esto es, todo lo que llega se queda ahí», explica Elvira Jiménez, la portavoz de Greenpeace, organización que forma parte de Break Free From Plastic, una alianza global de más de 900 ONG que lucha para que se reduzca la producción de envases de un solo uso de este material. «Este es un problema global y la responsabilidad es compartida, por lo tanto, requiere una acción global y no podemos esperar que cada país tome sus iniciativas», afirma Jiménez.

¿Cuánto tarda en descomponerse el plástico en el mar?

Los tapones

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Muchos no llegan a descomponerse: flotan en la superficie marina, donde se alimentan muy diversos animales.

Las redes

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El plástico tiene un proceso de degradación muy lento. Las redes de pesca necesitan 600 años para lograrlo.

Las botella

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Las botellas tardan 500 años en descomponerse. Los ecologistas denuncian que el 80 por ciento no se recicla.

Las bolsas

Green plastic bag isolated on white.

Una directiva de la UE obliga desde hace dos años a reducir su uso. Tardan 55 años en descomponerse.

Los contenedores

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Los contenedores de plástico, así como los productos pesados, se hunden en el fondo marino y lo contaminan.

Razones para no comprar agua embotelada.

Comprar agua embotellada, conlleva un impacto medioambiental que no imaginamos, ya que tenemos la idea de que el agua embotellada es más saludable que el agua corriente. Asociado a cada botella que consumimos, hay una producción y reciclado de las botellas y etiquetas, embotellado y transporte del producto hasta su destino final. Desgraciadamente, en muchos lugares, beber agua del grifo de forma habitual no es recomendable por la cantidad de cal disuelta que contiene, y no queda otra alternativa que el agua embotellada.

Uno compra agua embotellada porque es saludable, ¿no? Es al menos como nos la venden en los avisos con paisajes montañosos, bosques, gente haciendo yoga, etc. Pero el agua embotellada es sólo agua, no tiene nada especial, es sólo agua potable. Pero con el dinero que se gasta anualmente en el mundo en agua embotellada, que en ocasiones puede incluso ser tóxico por el prolongado contacto con el plástico, los procesos de producción y obtección (ver articulo en mi sección de documentales sobre la plusvalia y la estafa del agua embotellada, por no hablar de su privatización) y el gasto que genera tanto plástico tirado a la basura, se podrían mejorar el agua pública y así no tener la necesidad de comprar agua en botellas de plástico.

¿De que material debe ser mi botella de agua reutilizable?

De cristal

El cristal es un material muy adecuado, ya que no reacciona en contacto con los alimentos, es reciclable, transparente y fácil de limpiar. Con una botella reutilizable de cristal puedes estar seguro que el agua que albergue no adquirirá ningún sabor de nada, siempre será igual que cuando la incluiste en el recipiente.

El problema puede ser su peso y fragilidad. Para ello muchas marcas, como esta botella de MIU Color incorpora una funda de silicona muy cómoda de llevar y que la hace resistente y perfecta para la vida diaria, viajes o deporte. Además, cabe indicar que la silicona no contiene BPA y aísla del calor.

Botella De Agua CMXING de acero inoxidable

Acero inoxidable

La característica principal de las botellas de agua hechas de acero inoxidable es que mantienen los líquidos fríos o calientes mucho más tiempo que las botellas de plástico o de vidrio y tampoco contienen BPA.

Botella de silicona flexible Nomader

Silicona

Si tu problema es de espacio en la bolsa del gimnasio o en tu equipaje para salir de viaje debes elegir una botella de silicona como esta de Nomander. Robusta y cómodo para beber, se pliega completamente para viajar y además se puede llevar como muñequera si se practica deporte.

Además, es lo suficientemente resistente para sobrevivir a las caídas gracias a su cuerpo de silicona flexible e irrompible, lo que garantiza que te mantengas hidratado durante tu viaje o actividad sin sorpresas.

Elimina fugas y derrames con una tapa de rosca patentada, que funciona como una tapa de salida higiénica para mantener la boquilla libre de gérmenes

Es apta para bebidas frías y calientes, y, por supuesto, libre de BPA, plomo, látex y otros químicos dañinos.

Reciclar ropa: consumo sostenible.

A la hora de adquirir ropa, el mercado tradicional nos ha querido inculcar la fórmula del usar y tirar. Es decir, muchas veces nos deshacemos de las prendas que hace no tanto tiempo que hemos comprado y, casi de inmediato, acudimos a las tiendas y los centros comerciales con el objetivo de reemplazarlas por otras.

Reciclaje de ropa y medio ambiente. ¿Qué relación tienen?

Casi toda la ropa que llevamos puesta está elaborada a base de cuatro materiales: algodón, lana, seda o fibras sintéticas. Los tres primeros se obtienen de forma natural, y el cuarto es un derivado del petróleo. Independientemente del origen del material, la fabricación de ropa es un proceso que supone prácticas que pueden perjudicar el medio ambiente, por ejemplo, la producción de tintes, los recubrimientos, el blanqueo y la mercerización.

En el caso de las fibras sintéticas como el nylon, el perlé o la lycra, su fabricación tiene un efecto en la atmósfera, pues son el resultado de procesos químicos complejos derivados de la extracción y el tratamiento del petróleo. Además, fabricarlas en exceso contribuye al agotamiento de este recurso.

De ahí la importancia de reutilizar la ropa que ya no usemos o que haya dejado de ser útil en nuestro armario. Hacerlo supone un menor impacto medioambiental, pues además de evitar procesos industriales complejos, también contribuye al ahorro de agua y energía y a una menor producción de residuos. ¡Tenlo en cuenta!

En el fondo, se trata de modificar nuestros hábitos y adoptar un modelo de consumo responsable, es decir, que rompa con el consumo masivo y genere conciencia sobre los beneficios medioambientales de nuestros actos.

Razones:

  • El reciclaje de ropa reduce la emisión de gases a la atmósfera
  • Disminuye el vertido de aguas residuales
  • Evita el cultivo excesivo de textiles y la producción desmedida de estos
  • Reduce el uso de fertilizantes y sustancias químicas

Según un estudio de la Iniciativa de fibras circulares y la Fundación Ellen MacArthur (Una nueva economía textil: Rediseñar el futuro de la moda), cada segundo es depositado o quemado el equivalente a un camión de basura de textiles. El informe concluye que se pierde un valor estimado de 426.000 millones de euros anuales debido a la ropa que apenas se usa y rara vez se recicla. Y no menos importante es el impacto ambiental de este montón de ropa: el textil libera medio millón de toneladas de microfibras en el océano cada año, lo que equivale a más de 50.000 millones de botellas de plástico.

¿Qué podemos hacer para reducir el impacto de nuestras ansias de comprar ropa? “Tirar siempre nuestras prendas viejas a contenedores especiales para el reciclaje de residuos textiles, sean de la entidad que sean”, responde Pedro Andrés, presidente de la Asociación Ibérica de Reciclaje Textil (Asirtex). Incluso los calcetines agujereados. El problema de este creciente residuo es que “una vez lo tiramos en el contenedor de la basura convencional, ya es irrecuperable”, se lamenta Andrés.

En la actualidad solamente el 18% de los residuos textiles (entre los que se incluye ropa, zapatos y complementos) son reciclados, según el presidente de Asirtex. Este porcentaje está muy lejos del objetivo del 50% planteado para el año 2020 y contemplado en el Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos 2016-2022 (PEMAR). Andrés estima que para esa fecha España no se llegará ni al 25%.

“La mayor parte de las prendas que acaban en un contenedor de selección de textil son exportadas para su venta en países donde se compra ropa de segunda mano, pero cada vez son menos”, se lamenta el presidente de Asirtex. “Sólo el 1% va para beneficios sociales”, asegura, una realidad que dista mucha del pensamiento popular.

La ropa recuperada pero que ya no puede tener una segunda vida es reciclada y reconvertida en nueva materia prima, ya sea para la producción de trapos de limpieza, para la elaboración de textil nuevo o para otros usos distintos que no tienen nada que ver con la confección, como la generación de materiales aislantes.

El informe de la Fundación Ellen MacArthur presenta una visión más ambiciosa para el textil basado en los principios de la economía circular, en la que se minimiza la extracción de nuevos recursos así como la generación de residuos. Para ello es necesario que toda la industria se una detrás de este nuevo modelo en el que la ropa dure más, se use más, se pueda alquilar, reparar, revender y reciclar fácilmente. El presidente de Asirtex también insta a que se haga pagar a la industria textil por contaminar, como ya sucede con otros sectores.

A la espera de esta transformación, si tienen que hacer limpieza de armarios ya lo saben: la ropa, a su contenedor propio.

 

Qué son las enfermedades neurodegenerativas, la epilepsia, el cáncer y su cura.

Las enfermedades neurodegenerativas son males que afectan nuestro sistema nervioso de forma progresiva. Los síntomas dependen de las áreas dañadas.

En todas partes puedes estar viéndolo: el alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa, el párkinson es un enfermedad neurodegenerativa, la esclerosis múltiple, la ELA… si es que hay muchas, pero todavía no tenemos muy claro qué características tienen en común estos males que hacen que caigan bajo la categoría de enfermedades neurodegenerativas.

enfermedades del sistema nervioso

De forma rápida o más lentamente, estos males van dañando estructuras y funciones en nuestro sistema nervioso, sin que por el momento podamos hacer nada por detenerlo o enlentecer su avance en la mayoría de los casos.

Al inicio ese daño al cerebro puede pasar desapercibido porque no es suficiente como para mostrar síntomas, sin embargo, cuando ya muchas estructuras y regiones del sistema nervioso han sido dañadas, comenzamos a ver las manifestaciones de la enfermedad.

Por ejemplo, algunos males cursan con afectación de las neuronas que controlan nuestros movimientos voluntarios, de ahí que los enfermos pierdan la capacidad de ejecutar movimientos según su deseo.

Las enfermedades neurodegenerativas son tan peculiares, que esa misma persona que ya no puede mover ni los músculos de su boca es totalmente consciente y su inteligencia es normal, incluso superior, como sucede en el caso del famoso  Stephen Hawking, que padeció una enfermedad neurodegenerativa, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA),

En el alzhéimer puede suceder lo contrario, en la fase leve de la enfermedad la persona tiene un aspecto aparentemente normal, sin embargo, una simple conversación hará evidente que procesos como la memoria o la orientación espacial no van nada bien.

¿CUÁLES SON LAS PRINCIPALES ENFERMEDADES NEURODEGENERATIVAS?

Existen muchas, tantas que es imposible mencionarlas todas en el espacio dedicado a este artículo. Las principales, según un estudio realizado por la organización española Neuroalianza:

  • Enfermedad de Alzheimer: afecta fundamentalmente a personas mayores de 65 años. Entre sus síntomas principales está la pérdida de memoria, las alteraciones del lenguaje, desorientación espacial y temporal, entre otros muchos. La enfermedad de alzhéimer es la primera causa de demencia en el mundo. En las fases finales la persona necesita completamente de los demás para sobrevivir.
  • Enfermedad de Parkinson: segunda enfermedad neurodegenerativa más común. En las personas afectadas por este mal mueren selectivamente unas neuronas implicadas en la producción de un químico cerebral, la dopamina, que interviene en la regulación de los movimientos. El déficit de dopamina provoca síntomas como temblor, rigidez o lentitud de movimientos.
  • Esclerosis múltiple: a diferencias de las dos anteriores, la esclerosis múltiple suele ser diagnosticada en adultos jóvenes. Es también una enfermedad autoinmune, lo que implica que el sistema inmunológico de los afectados termina dañando células nerviosas sanas. Se manifiesta en síntomas como fatiga, problemas de visión, sensación de entumecimiento y hormigueo en diversas partes del cuerpo.
  • Esclerosis lateral amiotrófica (ELA): los afectados van perdiendo progresivamente el control de los músculos de su cuerpo. Aparece generalmente en personas mayores de 50 años y el tiempo de vida estimado después del diagnóstico es de 5 años, aunque ya sabemos que estos datos pueden ser muy variables.
  • Enfermedades neuromusculares: bajo esta categoría se incluyen más de 100 enfermedades que cursan con pérdida de fuerza de los músculos. Aunque pueden aparecer a cualquier edad, alrededor de la mitad de los casos surgen en la infancia.
  • La epilepsia: es un trastorno del sistema nervioso central (también neurodegenerativo) en el que la actividad cerebral se altera, lo que provoca convulsiones o períodos de comportamiento y sensaciones inusuales, y, a veces, pérdida de la conciencia.Cualquier persona puede padecer epilepsia. La epilepsia afecta tanto a hombres como a mujeres de todas las razas, grupos étnicos y edades.

    Los síntomas de las convulsiones pueden variar mucho. Algunas personas con epilepsia simplemente permanecen con la mirada fija por algunos segundos durante una convulsión, mientras que otras contraen repetidamente los brazos o las piernas. Tener una única convulsión no significa que padezcas epilepsia. Se necesita de al menos dos convulsiones no provocadas para tener un diagnóstico de epilepsia.

    El tratamiento con medicamentos o, a veces, la cirugía pueden controlar las convulsiones en la mayoría de las personas con epilepsia. Algunas personas requieren tratamiento de por vida para controlar las convulsiones, pero, para otras, las convulsiones finalmente desaparecen. Algunos niños con epilepsia pueden superar la enfermedad con la edad.

    Síntomas. 

    Debido a que la epilepsia se produce a causa de la actividad anormal del cerebro, las convulsiones pueden afectar cualquier proceso que este coordine. Algunos de los signos y síntomas de convulsiones son:

    • Confusión temporal
    • Episodios de ausencias
    • Movimientos espasmódicos incontrolables de brazos y piernas
    • Pérdida del conocimiento o conciencia
    • Síntomas psíquicos, como miedo, ansiedad o déjà vu

    Los síntomas varían según el tipo de convulsión. En la mayoría de los casos, una persona con epilepsia tenderá a tener el mismo tipo de convulsión en cada episodio, de modo que los síntomas serán similares entre un episodio y otro.

    Generalmente, los médicos clasifican a las convulsiones como focales o generalizadas, en función de cómo comienza la actividad cerebral anormal.

    Convulsiones focales

    Cuando las convulsiones aparentemente se producen por actividad normal en una sola parte del cerebro se conocen como convulsiones focales (parciales). Estas convulsiones se dividen en dos categorías:

    • Convulsiones focales sin pérdida del conocimiento. Estas convulsiones, antes llamadas convulsiones parciales simples, no causan pérdida del conocimiento. Pueden alterar las emociones o cambiar la manera de ver, oler, sentir, saborear o escuchar. También pueden provocar movimientos espasmódicos involuntarios de una parte del cuerpo, como un brazo o una pierna, y síntomas sensoriales espontáneos como hormigueo, mareos y luces parpadeantes.
    • Convulsiones focales con perdida conciencia. Estas convulsiones, antes llamadas convulsiones parciales complejas, incluyen pérdida o cambio del conocimiento o la consciencia Durante una convulsión parcial compleja quizás mires fijamente en el espacio y no respondas a tu entorno, o tal vez o realices movimientos repetitivos, como frotarte las manos, mascar, tragar o caminar en círculos.

    Los síntomas de las convulsiones focales pueden confundirse con otros trastornos neurológicos, como migraña, narcolepsia o enfermedades mentales. Se necesita hacer un examen minucioso y estudios para distinguir la epilepsia de otros trastornos.

    Convulsiones generalizadas

    Las convulsiones que aparentemente se producen en todas las áreas del cerebro se denominan convulsiones generalizadas. Existen seis tipos de convulsiones generalizadas.

    • Las crisis de ausencia, previamente conocidas como convulsiones petit mal, a menudo ocurren en niños y se caracterizan por episodios de mirada fija en el espacio o movimientos corporales sutiles como parpadeo o chasquido de los labios. Pueden ocurrir en grupo y causar una pérdida breve de conocimiento.
    • Crisis tónicas. Las crisis tónicas causan rigidez muscular. Generalmente, afectan los músculos de la espalda, brazos y piernas, y pueden provocar caídas.
    • Crisis atónicas.Las crisis atónicas, también conocidas como convulsiones de caída, causan la pérdida del control muscular, que puede provocar un colapso repentino o caídas.
    • Crisis clónicas. Las crisis clónicas se asocian con movimientos musculares espasmódicos repetitivos o rítmicos. Estas convulsiones generalmente afectan el cuello, la cara y los brazos.
    • Crisis mioclónicas. Las crisis mioclónicas generalmente aparecen como movimientos espasmódicos breves repentinos o sacudidas de brazos y piernas.
    • Crisis tonicoclónicas. Las crisis tonicoclónicas, previamente conocidas como convulsiones de gran mal, son el tipo de crisis epiléptica más intenso y pueden causar pérdida abrupta del conocimiento, rigidez y sacudidas del cuerpo y, en ocasiones, pérdida del control de la vejiga o mordedura de la lengua.

    Cuándo consultar con el médico

    Busca ayuda médica inmediata en cualquiera de los siguientes casos:

    • La convulsión dura más de cinco minutos.
    • La respiración o el conocimiento no retornan una vez que termina la convulsión.
    • Se produce una segunda convulsión de inmediato.
    • Tienes fiebre alta.
    • Sufres agotamiento por calor.
    • Estás embarazada.
    • Tienes diabetes.
    • Sufriste una lesión durante la convulsión.

    Causas

    La epilepsia no tiene una causa identificable en casi la mitad de las personas que padecen la enfermedad. En la otra mitad de los casos, la enfermedad puede producirse a causa de diversos factores, entre ellos:

    • Influencia genética. Algunos tipos de epilepsia, que se clasifican según el tipo de convulsión que se padece o la parte del cerebro que resulta afectada, son hereditarios. En estos casos, es probable que haya influencia genética.Los investigadores han asociado algunos tipos de epilepsia a genes específicos, pero, en la mayoría de los casos, los genes son solo una parte de la causa de la epilepsia. Algunos genes pueden hacer que una persona sea más sensible a las condiciones ambientales que desencadenan las convulsiones.
    • Traumatismo craneal. Un traumatismo craneal como consecuencia de un accidente automovilístico o de otra lesión traumática puede provocar epilepsia.
    • Enfermedades cerebrales. Las enfermedades cerebrales que dañan el cerebro, como los tumores cerebrales o los accidentes cerebrovasculares, pueden provocar epilepsia. Los accidentes cerebrovasculares son la causa principal de epilepsia en adultos mayores de 35 años.
    • Enfermedades infecciosas. Las enfermedades infecciosas, como meningitis, sida y encefalitis viral, pueden causar epilepsia.
    • Lesiones prenatales. Antes del nacimiento, los bebés son sensibles al daño cerebral que puede originarse por diversos factores, como una infección en la madre, mala nutrición o deficiencia de oxígeno. Este daño cerebral puede provocar epilepsia o parálisis cerebral infantil.
    • Trastornos del desarrollo. A veces, la epilepsia puede estar asociada a trastornos del desarrollo, como autismo y neurofibromatosis.

    Complicaciones

    Tener convulsiones en momentos determinados puede llevar a circunstancias peligrosas para ti o para otras personas.

    • Caídas. Si te caes durante una convulsión, puedes lastimarte la cabeza o romperte un hueso.
    • Ahogo.Si sufres epilepsia, tienes de 15 a 19 veces más probabilidades con respecto al resto de la población de ahogarte mientras estás nadando o dándote un baño, ya que puedes tener una convulsión mientras estás en el agua.
    • Accidentes automovilísticos. Una convulsión que causa la pérdida del conocimiento o del control puede ser peligrosa si estás conduciendo un automóvil u operando maquinaria.
    • Complicaciones en el embarazo. Las convulsiones durante el embarazo pueden ser peligrosas tanto para la madre como para el bebé, y ciertos medicamentos antiepilépticos aumentan el riesgo de defectos al nacer.
    • Problemas de salud emocional. Las personas con epilepsia son más propensas a experimentar problemas psicológicos, especialmente depresión, ansiedad, y pensamientos y conductas suicidas.

    Otras complicaciones posiblemente mortales de la epilepsia son poco frecuentes, pero suceden, como ser:

    • Estado epiléptico. Este trastorno ocurre si te encuentras en un estado de actividad convulsiva continua que dura más de cinco minutos o si tienes convulsiones recurrentes y frecuentes y no recuperas el conocimiento por completo entre ellas. Las personas con estado epiléptico tienen un mayor riesgo de sufrir daño cerebral permanente o la muerte.
    • Muerte súbita inesperada en la epilepsia. Las personas con epilepsia también tienen un pequeño riesgo de sufrir muerte súbita inesperada. Se desconoce la causa, pero algunas investigaciones indican que puede ocurrir debido a trastornos cardíacos o respiratorios.Las personas con crisis tonicoclónicas frecuentes o cuyas convulsiones no estén controladas con medicamentos pueden tener un mayor riesgo de muerte súbita sin causa aparente en epilepsia. En general, aproximadamente el 1 por ciento de la población con epilepsia sufre muerte súbita sin causa evidente en la epilepsia.

Estadísticamente estas serían las más comunes, sin embargo, puedo mencionar algunas mas:

¿QUÉ CAUSA UNA ENFERMEDAD NEURODEGENERATIVA?

enfermedades neurodegenerativas

No se sabe en la mayoría de los casos.

Me explico mejor: se conocen procesos patológicos que suceden en el cerebro o en otras estructuras del sistema nervioso y que llevan a manifestar determinados síntomas.

Lo que no se sabe es por qué se inician esos procesos dañinos.

En una buena parte de las enfermedades neurodegenerativas se acumulan unas proteínas tóxicas en el cerebro de los enfermos. Estas proteínas terminan provocando reacciones que llevan al deterioro y muerte de neuronas.

En otras, como en el caso de la esclerosis múltiple, el sistema inmunitario se vuelve contra el enfermo y termina matando células sanas ¿Por qué? Esa todavía es pregunta abierta.

Pero dije al inicio de este apartado “no se sabe en la mayoría de los casos” ¿Hay ocasiones en que sí se sabe? Pues sí, en alrededor del 5% de las personas con enfermedades neurodegenerativas la causa es una mutación genética, como sucede en la enfermedad de Huntington.

¿TODAS LAS ENFERMEDADES NEURODEGENERATIVAS CAUSAN DEMENCIA?

No. La principal enfermedad neurodegenerativa, el alzhéimer, sí causa demencia. Pero muchas otras no, como la esclerosis múltiple. En otras ocasiones la enfermedad puede o no causar demencia, como en el párkinson o en la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

Otras enfermedades neurodegenerativas que sí cursan con demencia son la degeneración frontotemporal y la demencia con cuerpos de Lewy.

TRATAMIENTO DE LAS ENFERMEDADES NEURODEGENERATIVAS.

La mayoría de las enfermedades neurodegenerativas apenas si tienen tratamiento que enlentezca su curso. Casi todas las terapias en la actualidad van dirigidas a controlar los síntomas, mientras, lamentablemente, la enfermedad sigue su evolución. Existen opciones farmacológicas y no farmacológicas.

Esperanza de vida con estas enfermedades:

Una investigación, realizada en USA y publicada el año 2003 en la revista Archives of Neurology, encontró que la supervivencia después del diagnóstico en los enfermos de párkinson estudiados tenía una media de 10.3 años.

En el alzhéimer la edad de comienzo de los síntomas también es muy importante. Un estudio del año 2002 encontró que para los diagnosticados con la enfermedad cuando estaban en la sexta década de vida, la supervivencia fue de 8.3 años.

La media de vida con la enfermedad de Huntington fue de 21.4 años, pero con una gran variabilidad: algunas personas sobrevivieron 1.2 años mientras otras más de 40.

La esperanza de vida para las personas con EM estudiadas (de Noruega) fue de 74.7 años. La media de la supervivencia después del diagnóstico, de 40.6 años.

La mitad de las personas afectadas con ELA vive al menos 3 o más años después del diagnóstico. 20% vive 5 o más años y sobre el 10% vivirá más de 10 años.

La causa más importante de muerte entre los epilépticos fueron los accidentes o suicidios, representando casi el 16%. Tres cuartas partes de estas muertes se produjeron entre los pacientes que tenían, además, un diagnóstico psiquiátrico.

LAS CAUSAS DEL CÁNCER

Estar sanos y vivir sin enfermedad es un privilegio. Por eso, prevenir el cáncer nos preocupa a todos. Es sumamente importante saber las causas conocidas más comunes de la aparición del cáncer.

El cáncer se produce por la interacción entre factores genéticos, es decir, características que nos vienen determinadas en nuestro ADN, y factores externos como el tabaco, la dieta, las radiaciones o la contaminación. Según el último World Cancer Report de la International Agency for Research on Cancer (IARC), más de un tercio de los casos de cáncer se podrían prevenir, ya que están causados por factores externos que, por lo tanto, son modificables.

Vamos a ver los principales factores de riesgo para cáncer que podemos modificar. Principalmente nos centraremos en el tabaco, el alcohol y el sobrepeso, ya que los tres son muy frecuentes y muy tolerados socialmente, pero tienen una capacidad muy importante de enfermar nuestro organismo.

El fumar tabaco es un hábito que está muy claramente asociado a cáncer. El consumo de tabaco es tan frecuente y tan nocivo para nuestro organismo que causa alrededor de 1 de cada 5 casos de cáncer en el mundo. Aunque lo que todos conocemos es su relación con el  cáncer de pulmón, el tabaco puede causar muchos otros tipos de cáncer como el de boca, esófago, laringe, faringe, riñón, vejiga, páncreas, estómago y cérvix, entre otros. No es raro que el tabaco cause tantos casos de cáncer, ya que más de 1.300 millones de personas fuman en el mundo. En Europa casi el 40% de los hombres y el 20% de las mujeres son fumadores.

Este gráfico, basado en datos del Reino Unido (Cancer Research UK) muestra la cantidad de casos de cáncer que se pueden atribuir a cada uno de los factores de riesgo modificables. Salta a la vista cuál es el factor más importante…

 

Otro hábito muy frecuente que puede ser también nocivo para la salud es el consumo de alcohol. Un consumo de moderado a alto de forma habitual se ha relacionado con varios tipos de cáncer, sobre todo del aparato digestivo, como el cáncer de boca, de faringe, de laringe, de esófago y, quizás el más conocido, el cáncer de hígado.  A mayor cantidad  de alcohol consumido, más riesgo de tener cualquiera de estos cánceres.  Según datos de la OMS, los europeos mayores de 15 años consumen una media de 10,9 litros de alcohol puro al año, lo que se traduce algo más de dos vasos de vino o de dos cervezas, o una copa o combinado al día. Pero uno de los datos más preocupantes en Europa es que casi un tercio de los adolescentes de entre 15 y 19 años tiene un consumo excesivo episódico de alcohol, es decir que toman 3 o más copas o combinados al menos una vez al mes.

La obesidad es la gran epidemia del siglo XXI y se asocia a un mayor riesgo de cáncer de esófago, colon, recto, mama y riñón, entre otros. Está claro que en nuestras sociedades, llamadas más desarrolladas, con un alto consumo de productos muy elaborados y trabajos a veces sedentarios, la tendencia a la obesidad está aumentando, y actualmente afecta alrededor del 25% de la población en Europa y América. Para facilitar la pérdida de peso y reducir así el riesgo de cáncer se recomienda una dieta baja en azúcar. También se ha demostrado que un consumo elevado de carne roja aumenta el riesgo de cáncer de colon y recto, mientras que los productos lácteos lo disminuyen. Por otro lado, el ejercicio físico disminuye el riesgo de sufrir varios tipos de cáncer, tanto por su contribución a la pérdida de peso como por otros mecanismos directos.

Habréis notado que todos los factores de riesgo que he comentado hasta ahora no son nuevos… pues son los mismos que debemos evitar para no tener enfermedades cardiovasculares y pulmonares, entre otras. Así que ya sabéis, llevar una “vida sana” no sólo nos ayuda a estar en forma y a evitar problemas de corazón, sino que reduce el riesgo de sufrir muchos tipos de cáncer.

Pero sigamos…

Las infecciones son al menos la causa del 16% de los casos de cáncer en el mundo, principalmente de estómago, hígado y cuello del útero.

Por último, hay varios tipos de radiaciones que se han relacionado con el desarrollo de cáncer, uno son las radiaciones ionizantes, como las que generan las sustancias radioactivas o los aparatos de rayos X, y otro son los rayos del sol. Cuando nos exponemos a cantidades importantes de radiación ionizante, aumenta el riesgo de leucemia, de cáncer de colon, de pulmón, de hueso, de cerebro y de otros tumores. Y como es bien sabido, la exposición excesiva a la radiación solar es la causa de varios tipos de cáncer de piel.

El cáncer sí se cura… Pero no con quimioterapia y radioterapia

El “I Congreso Internacional sobre Tratamientos Complementarios y Alternativos en Cáncer” que se celebró en mayo 2005 en Madrid constituyó sin lugar a dudas un hito en la historia de la Medicina. No sólo porque en él ha quedado meridianamente claro que hay que revisar el abordaje tradicional de esta enfermedad sino porque desde ahora sólo un ignorante indocumentado puede defender que la Radioterapia y la Quimioterapia sean los tratamientos de referencia en cáncer. Es más, empiezan a oírse voces que exigen la inmediata retirada de tantos productos quimioterápicos que no sólo son caros e inútiles para superar la enfermedad sino que en muchos casos acortan la vida de los enfermos empeorando encima su calidad de vida. Es más, muchos de ellos, al igual que la Radioterapia, son cancerígenos. No sólo no curan el cáncer, sino que pueden provocarlo o extenderlo.

Es indignante que a millones de personas se les oculte algo tan simple como el hecho de que ningún laboratorio farmacéutico se atreve a decir que sus productos curan el cáncer… por la sencilla razón de que no lo hacen. Jamás ningún gran laboratorio farmacéutico ha afirmado tal cosa por la mera razón de que mentiría: no hay ningún producto quimioterápico usado por los oncólogos que cure el cáncer. Absolutamente ninguno.

Que algo tan sencillo no les entre en el cabeza a nuestros representantes políticos y sanitarios, a los médicos y a los periodistas es incomprensible. El lavado de cerebro al que les han sometido los especialistas en marketing de las grandes multinacionales farmacéuticas es realmente increíble. Les basta con que sus figurines adiestrados utilicen un “lenguaje científico” incomprensible para quienes les oyen -no hay como un lenguaje deliberadamente esotérico para dar apariencia de profundo conocimiento inaccesible-, hablar de forma disciplente y desde la distancia, dar apariencia de seriedad y serenidad, presentar como insignes figuras internacionales de enorme conocimiento y ascendencia a personajes a los que durante años se les adorna el currículo con cargos rimbombantes en centros de “prestigio” y a los que se otorgan premios y honores -aunque no hayan logrado una sola curación en su vida-, presumir de gigantescos laboratorios llenos de sofisticados aparatos, afirmar que se gastan enormes sumas de dinero en investigación y obtener el apoyo simbólico de altas figuras del Estado para que semejante puesta en escena, tamaña representación teatral surta efecto entre las personas más fácilmente impresionables ante las demostraciones de poder: los políticos, los periodistas y los médicos.

La manipulación de los ensayos -hay muchas maneras de hacerlo-, la inversión en el alquiler o compra de conciencias y la falta de escrúpulos hacen el resto. Luego sólo tienen que esperar a que los nuevos conversos evangelicen al resto de la sociedad… y los estados dediquen ingentes sumas a sus inútiles tratamientos. Así se enriquecen.

Mientras, los estados, poco a poco, ante sus inagotables ansias de dinero, empiezan a colapsarse. La financiación estatal de fármacos que no curan nada alcanza ya -y no sólo en cáncer- cifras mareantes. Insisto: se trata de fármacos que no curan nada. ¿Hasta cuándo tamaño dislate? ¿Tan profundamente estúpidos son nuestros representantes? ¿Qué necesitan para despertar del letargo en el que se hallan? Y no hablemos ya del engaño que se perpetra con los enfermos de cáncer.

A muchos, tras “prepararles” diciéndoles que apenas hay “nada que hacer” en sus casos se les ofrece la posibilidad de “entrar a formar parte de un protocolo sobre un nuevo producto anticancerígeno muy esperanzador”. Luego se les jalea: “¡Ha tenido usted suerte, si no estuviera en este hospital no habría tenido la oportunidad!”. Y claro, a ver qué enfermo, tras decirle su oncólogo que apenas hay esperanza de sobrevivir, se niega a lo que sea.

Pero, ¿a cuántos de ellos se les dice claramente que su aceptación no implica que se les vaya a dar el nuevo fármaco sino que igual pasan sólo a integrar el “grupo de control”, es decir, de aquellos a los que no se les va a dar el nuevo producto?

Aunque lo más sangrante es que a ellos se les oculta que sí existen tratamientos alternativos que todos ellos han demostrado su eficacia. Entre otros muchos, los dados a conocer en estos congresos. Si está usted interesado en conocerlos puede informarse y luego decida. Hay quien seguirá convencido de que tratamientos tan caros como los oncológicos que son ofrecidos en hospitales públicos, los sufraga el estado, los avalan las grandes multinacionales, los bendicen nuestros representantes públicos y los alaban periodistas de “prestigio” tienen que ser eficaces. Aunque no sea verdad.

 

Dedicado a mi difunto padre y a mi hermano, que sufre la enfermedad de epilepsia sin cura ni tratamiento desde los cinco años.

 

Referencias

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Segovia de arana, j. & mora teruel, f. (2002). enfermedades neurodegenerativas (1st ed.).

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World Health Organization (WHO). World Health Statistics 2015.

World Health Organization (WHO). Global status report on alcohol and health 2014.

 

Los Pitagóricos y el culto a las Matematicas.

El pitagorismo fue un movimiento filosófico / religioso de mediados del siglo VI a. C. fundado por Pitágoras de Samos, siendo ésta la razón por la cual sus seguidores recibían el nombre pitagóricos. Estos formaban la Escuela pitagórica, secta conformada por astrólogos, músicos, matemáticos y filósofos, y cuya creencia más destacada era que todas las cosas son, en esencia, números.

Algunos de ellos fueron:

Busto de Pitágoras

– Epicarmo de Megara.

– Alcmeón de Crotona.

– Hipaso de Metaponto.

– Filolao de Crotona.

– Arquitas de Tarento.

El filósofo Jámblico de Calcis confeccionó un supuesto catálogo de los Pitagóricos.

Este movimiento inventó los números irracionales,​ aunque exigía a sus seguidores que lo mantuvieran en secreto. Se cree que el pitagórico Hipaso de Metaponto reveló el secreto y, según la leyenda, fue ahogado por no mantenerlo.

El pentagrama (estrella de cinco puntas) fue un importante símbolo religioso usado por los pitagóricos, que lo denominaban «salud».

Cosmología pitagórica

Pentagrama incluido en el libro De occulta philosophia libri tres (Tercer libro de filosofía oculta) de Enrique Cornelio Agripa.

El pensamiento pitagórico estaba dominado por las matemáticas, a la vez que era profundamente místico. En el área de la cosmología no hay acuerdo sobre si el mismo Pitágoras impartía enseñanzas, pero muchos eruditos creen que la idea pitagórica de la transmigración del alma es demasiado importante para haber sido añadida por un seguidor posterior a Pitágoras. Por otra parte, es imposible determinar el origen de la doctrina pitagórica de la sustancia. Parece que la doctrina pitagórica parte de la doctrina de Anaximandro sobre la última sustancia de las cosas como “lo ilimitado”. Un pupilo de Anaximandro, Anaxímenes, contemporáneo de Pitágoras, dio una explicación de cómo lo “ilimitado” según Anaximandro tomó forma, por condensación y refracción. Por otra parte, la doctrina pitagórica dice que mediante la noción de “límite” lo “ilimitado” toma forma.

Diógenes Laercio (sobre 200 d. C.) cita el libro Sucesiones de Filósofos de Alejandro Polyhistor (sobre 100 aC). Según Diógenes, Alejandro tuvo acceso a un libro llamado La memoria pitagórica en su relato de cómo fue construida la cosmología pitagórica:

El principio de todas las cosas es la mónada o unidad; de esta mónada nace la dualidad indefinida que sirve de sustrato material a la mónada, que es su causa; de la mónada y la dualidad indefinida surgen los números; de los números, puntos; de los puntos, líneas; de las líneas, figuras planas; de las figuras planas, cuerpos sólidos; de los cuerpos sólidos, cuerpos sensibles, cuyos componentes son cuatro: fuego, agua, tierra y aire; estos cuatro elementos se intercambian y se transforman totalmente el uno en el otro, combinándose para producir un universo animado, inteligente, esférico, con la tierra como su centro, y la tierra misma también es esférica y está habitada en su interior. También hay antípodas, y nuestro ‘abajo’ es su ‘arriba’.

Diógenes Laercio, Vitae philosophorum VIII, 15.

Esta cosmología inspiró al gnóstico árabe Monoimus, que combinó este sistema con el monismo y otros aspectos de su propia cosmología.

Desarrollo histórico

Después de los milesios, el siguiente movimiento filosófico importante (cronológicamente hablando) fueron los pitagóricos. Tras las luchas políticas de mediados del siglo VI a. C., la escuela pitagórica fundada en Crotona (Italia) fue destruida y la emigración de los pitagóricos y de sus doctrinas se realiza hacia la metrópoli, donde hacia esa época comenzaron a difundirse. A fines del siglo VI a. C. la filosofía se traslada de las costas de Jonia a las de la Magna Grecia, al sur de Italia y a Sicilia, y se constituye lo que Aristóteles llamó la escuela itálica.

Misticismo y ciencia

Pocos rasgos hay que distingan aquí al pitagorismo de una simple religión mística, pero los pitagóricos figuraban, en el siglo VI, entre los principales investigadores científicos. Pitágoras se interesó tanto por la ciencia como por el destino del alma. La religión y la ciencia no eran para él dos compartimentos separados sin contacto alguno, sino más bien constituían los dos factores indisociables de un único estilo de vida. Las nociones fundamentales que mantuvieron unidas las dos ramas que más tarde se separaron, parecen haber sido las de contemplación, el descubrimiento de un orden en la disposición del universo, y purificación. Mediante la contemplación del principio de orden manifestado en el universo, especialmente en los movimientos regulares de los cuerpos celestes, y asemejándose asimismo a ese orden, se fue purificando progresivamente el hombre hasta terminar por liberarse del ciclo del nacimiento y adquirir la inmortalidad.

Biografía de Pitágoras

Pitágoras nace en el 570 a. C. proveniente del Asia menor (Isla de Samos). Más tarde se traslada a Crotona al ser desterrado por Polícrates de Samos. Se le atribuyen varios viajes a oriente, entre otros a Persia, donde hubo de conocer al mago Zaratás, es decir, a Zoroastro o Zaratustra. De los egipcios heredó la Geometría y el arte de la adivinación; de los fenicios aprendió la aritmética y el cálculo, y de los caldeos la investigación de los astros.

Del Pitagorismo al Neopitagorismo

Los pitagóricos se establecieron en una serie de ciudades de la Italia continental y de Sicilia, y luego pasaron también a la Grecia propia. Formaron una liga o secta, y se sometían a una gran cantidad de extrañas normas y prohibiciones; no comían carne ni habas, ni podían usar vestido de lana, ni recoger lo que se había caído, ni atizar el fuego con un hierro, etc. Resulta difícil comprender el sentido de estas normas, si es que tenían alguno. Algunos comentaristas tardíos como San Hipólito del siglo III refieren que los adeptos se distinguían entre sí como novicios o iniciados. Los primeros solo podían escuchar y callar (exotéricos y acústicos) mientras que los segundos (esotéricos o matemáticos) podían hablar y expresar lo que pensaban acerca de las cuestiones científicas de las que se ocupaba la escuela.

La liga pitagórica tenía una tendencia contraria a la aristocracia; pero acabó por formar una e intervenir en política. Como consecuencia de esto, se produjo una violenta reacción democrática en Crotona, y los pitagóricos fueron perseguidos, muchos de ellos muertos, y su casa incendiada. El fundador logró salvarse, y murió, según se dice, poco después. Más tarde alcanzaron los pitagóricos un nuevo florecimiento, llamado el neopitagorismo, basándose en aplicar la mente a los resultados dados por los conocimientos pitagóricos.

Doctrina

Pero más que esto interesa el sentido de la liga pitagórica como tal. Constituía propiamente una escuela (en griego escuela significa ocio). Esta escuela está definida por un modo de vivir de sus miembros, personas emigradas, expatriadas; forasteros, en suma. Según el ejemplo de los juegos olímpicos, hablaban los pitagóricos de tres modos de vida: el de los que van a comprar y vender, el de los que corren en el estadio y el de los espectadores que se limitan a ver. Así viven los pitagóricos, forasteros curiosos de la Magna Grecia, como espectadores. Es lo que se llama el bios teoretiós, la vida teorética o contemplativa. La dificultad para esta vida es el cuerpo, con sus necesidades, que sujetan al hombre. Es menester liberarse de esas necesidades. El cuerpo es una tumba (soma sema), dicen los pitagóricos. Hay que superarlo, pero sin perderlo. Para esto es necesario un estado previo del alma, que es el entusiasmo (no debemos pensar lo que actualmente pensamos por entusiasmo, sino que debemos remitirnos al término en griego: ἐνθουσιαζόντoς; este término quiere decir estar lleno de Dios, poseído, pero no en un sentido peyorativo, sino que simplemente la persona presta su ser para que el dios, generalmente las musas, hablen por medio de él). Aquí aparece la conexión con los órficos y sus ritos, fundados en la manía (locura) y en la orgía. La escuela pitagórica utiliza estos ritos y los transforma. Así se llega a una vida suficiente, teorética, no ligada a las necesidades del cuerpo, un modo de vivir divino. El hombre que llega a esto es el sabio, el sophós (parece que la palabra filosofía o amor a la sabiduría, más modesta que sofía, surgió por primera vez de los círculos pitagóricos). El perfecto sophós es al mismo tiempo el perfecto ciudadano; por esto el pitagorismo crea una aristocracia y acaba por intervenir en política. Los pitagóricos seguían una dieta vegetariana a la que llamaban por aquel entonces dieta pitagórica.

Números y figuras geométricas

Pentagrama: los pitagóricos usaron este símbolo como un signo secretopara reconocerse unos a otros. Representa el número cinco, la vida, el poder y la invulnerabilidad.
De entre las numerosas contribuciones matemáticas que se atribuyen a los pitagóricos destacan por su importancia las algebraicas y geométricas. Filosóficamente, la concepción pitagórica del número lo hacía omnipresente, esencia de todas las cosas.

Según Neugebauer, a partir de su interpretación de las tablillas cuneiformes de este siglo, “lo que se llama pitagórico en la tradición griega debería probablemente ser llamado babilonio“, pues los pitagóricos habrían aprehendido sus conocimientos matemáticos en la aritmética y en el álgebra de los babilonios. Más tarde, imprimieron estos conocimientos en su propio estilo con un carácter específicamente griego, anteponiendo al carácter operativo e instrumental de los babilonios el rigor lógico y la demostración matemática.

Los pitagóricos hacen el descubrimiento de un tipo de entes, los números y las figuras geométricas que no son corporales, pero que tienen realidad y presentan resistencia al pensamiento; esto hace pensar que no puede identificarse sin más el ser con el ser corporal, lo cual obliga a una decisiva ampliación de la noción del ente. Pero los pitagóricos, arrastrados por su propio descubrimiento, hacen una nueva identificación, esta vez de signo inverso: el ser va a coincidir para ellos con el ser de los objetos matemáticos. Los números y las figuras son la esencia de las cosas; los entes son por imitación de los objetos de la matemática; en algunos textos afirman que los números son las cosas mismas. La matemática pitagórica no es una técnica operatoria, sino antes que ello el descubrimiento y construcción de nuevos entes, que son inmutables y eternos, a diferencia de las cosas variables y perecederas. De ahí el misterio de que se rodeaban los hallazgos de la escuela, por ejemplo el descubrimiento de los poliedros regulares. Una tradición refiere que Hipaso de Metaponto fue ahogado durante una travesía o bien naufragó, castigado por los dioses por haber revelado el secreto de la construcción del dodecaedro.

Por otra parte, la aritmética y la geometría están en estrecha relación: El 1 es el punto, el 2 la línea (recta), el 3 la superficie, el 4 el volumen; el número 10, suma de los cuatro primeros, es la famosa tetraktys, el número capital. Se habla geométricamente de números “cuadrados” y “oblongos”, “planos””, “cúbicos”, etc. Hay números místicos, dotados de propiedades especiales. Los pitagóricos establecen una serie de oposiciones, con las que las cualidades guardan una extraña relación: lo ilimitado y lo limitado, lo par y lo impar, lo múltiple y lo uno, etc. El simbolismo de estas ideas resulta problemático y de difícil comprensión.

La escuela pitagórica creó también una teoría matemática de la música. La relación entre las longitudes de las cuerdas y las notas correspondientes fueron aprovechadas para un estudio cuantitativo de lo musical; sé pensó que cada astro da una nota, y todas juntas componen la llamada armonía de las esferas o música celestial, que no oímos por ser constante y sin variaciones.

Inmortalidad del alma

Para los pitagóricos la muerte era una necesidad que convenía al devenir (naturaleza) de la vida universal, o como un incómodo bien ante las situaciones de extrema postración humana.

Ante la pregunta, qué es lo que permanece y en donde, en Grecia y en Roma se concebía la muerte como el paso a una segunda existencia, y, por tanto, no como una extinción definitiva, sino como un cambio de estado que acontece a algo oculto e invencible. Vale resaltar que en Grecia había, por así decirlo, una religión olímpica, y una en donde se creía que después de la muerte había otra vida, en donde se encontraba la recompensa al sufrimiento de este mundo.

Los pitagóricos tenían una concepción de unidad de cuerpo (físico) y alma, en donde el alma después de la muerte se separaba del cuerpo, esa separación era la misma muerte. Después de la muerte del individuo el alma, que es una especie de sombra fantasmagórica, peregrinaba a través de todo, con el fin de reencarnar sucesivamente en otros cuerpos. Este es el fundamento de la palingenesia, denominada también metempsicosis o trasmigración del alma. Por esta razón los pitagóricos no rechazaban ningún estilo de vida, puesto que el alma podía transitar por cualquiera de ella.

El alma era considerada la antítesis del cuerpo, era el lado de la perfección humana: lo bueno, lo puro, lo racional o lo eterno; mientras que el cuerpo era todo lo que simbolizaba lo malo, lo impuro, lo irracional o lo corruptible.

El Número como principio de todas las cosas

Como dice Aristóteles los pitagóricos se dedicaron a las matemáticas, fueron los primeros que hicieron progresar este estudio y, habiéndose formado en él pensaron que sus principios eran los de todas las cosas.

“Nutridos de ella (la matemática), creyeron que su principio fuera el de todas las cosas. Ya que los números por su naturaleza son los primeros que se presentan en ella, les pareció observar en los números semejanzas con los seres y con los fenómenos, mucho más que en el fuego, o en la tierra o en el agua y como también veían en los números las determinaciones y las proporciones de las armonías y como, por otra parte, les parecía que toda la naturaleza estaba por lo demás hecha a imagen de los números, y que los números son los primeros en la naturaleza, supusieron que los elementos de los números fuesen los elementos de todos los seres y que el universo entero fuese armonía y número. Y todas las concordancias que podían demostrar en los números y en las armonías con las condiciones y partes del universo y con su ordenación total, las recogieron y coordinaron.”

Tenían el entusiasmo propio de los primeros estudiosos de una ciencia en pleno progreso, y les cultivó la importancia del número en el cosmos: todas las cosas son numerables, y muchas las podemos expresar numéricamente. Así la relación entre dos cosas relacionadas se puede expresar por una proporción numérica; el orden existente en una cantidad de sujetos ordenados se puede expresar mediante números, y así sucesivamente. Pero lo que parece que les impresionó más que nada fue el descubrir que los intervalos musicales que hay entre las notas de la lira pueden expresarse numéricamente. Cabe decir que la altura de un sonido depende del número, en cuanto que depende de las longitudes de las cuerdas, y es posible representar los intervalos de la escala con razones numéricas. A partir de esto surge la idea de cantidad (to pason), lo cuantitativo como principio y esencia de la realidad, es decir, que lo cualitativo se determina en lo cuantitativo.

Pues bien, lo mismo que la armonía musical depende de un número, se puede pensar que la armonía del universo depende también del número. Los cosmólogos milesios hablan de un conflicto universal de los elementos contrapuestos, y los pitagóricos, gracias a sus investigaciones en el campo de la música, tal vez pensasen solucionar el “conflicto” recurriendo al concepto de número. Según Aristóteles, “como vieron que los atributos y las relaciones de las escalas musicales se podían expresar con números, desde entonces todas las demás cosas les parecieron modeladas en toda su naturaleza según los números, y juzgaron que los números eran lo primero en el conjunto de la naturaleza y que el cielo entero era una escala musical y un número”. Mas lo que uno cree entender de los pitagóricos es que quisieron decir que el carácter verdadero no lo determinaba la apariencia sensible sino que lo establece un componente cuantitativo aritmo–geométrico que está referido tanto al número (cantidad discreta) como a la magnitud (cantidad continua); o sea, que tal ingrediente matemático afecta la cualidad de las cosas.

Este lenguaje matemático no era usado solo para explicar el mundo, también era usado en las entidades excluidas, las que tenían que ver con las esferas subjetivas, el hombre, la justicia, el arte, la medicina y hasta las estaciones, pues todo esto requería de números, proporción y medida. El lenguaje de la realidad es entonces para los pitagóricos, un logos matemático (razón, armonía y medida).

Anaximandro había hecho derivar todo de lo Ilimitado o Indeterminado. Pitágoras combinó esta noción con la de límite, que da forma a lo ilimitado. Ejemplo de todo ello es la música (y también la salud, en la que el límite es la templanza, cuyo resultado es una sana armonía). La proporción y la armonía de los sones musicales son expresables aritméticamente. Transfiriendo estas observaciones al mundo en general, los pitagóricos hablaron de la armonía cósmica. Y, no contentos con recalcar la importancia de los números en el universo, fueron más lejos y declararon que las cosas son números.

Evidentemente, tal doctrina no es de fácil comprensión. Se hace duro decir que todas las cosas son números. ¿Qué entendían por ello los pitagóricos? En primer lugar, ¿qué entendían por números o qué es lo que pensaban acerca de los números?. Aristóteles nos informa que “los pitagóricos sostenían que los elementos del número son lo par y lo impar, y que, de estos elementos, el primero es ilimitado y el segundo limitado; la unidad, el uno, procede de ambos (pues es a la vez par e impar), y el número procede del uno; y el cielo todo, es números”. Los pitagóricos consideraron los números espacialmente. La unidad es el punto, el dos es la línea, el tres la superficie, el cuatro el volumen. Decir que todas las cosas son números significaría que “todos los cuerpos constan de puntos o unidades en el espacio, los cuales, cuando se los toma en conjunto, constituyen un número”.

La Tetraktys: el número diez

Tetraktys: figura triangularconsistente en diez puntos colocados en cuatro líneas: un, dos, tres, y cuatro puntos en cada fila. Símbolomístico que representa el número diez.

La tetraktys, figura que tenían por sagrada, indica que los pitagóricos consideraban así los números. Esta figura demuestra que el 10 resulta de sumar 1+2+3+4,o sea, que es la suma de los cuatro primero números enteros. Por ella hacían el juramento transmitido como pitagórico, hecho en nombre de Pitágoras mismo, pero sin nombrarlo, “por quién transmitió a nuestra alma la tetraktys”. La tetraktys es el número perfecto y la clave de la doctrina. Es posible que jugase también un papel en los distintos grados de la metamorfosis del alma.

El diez tiene el sentido de la totalidad, de final, de retorno a la unidad finalizando el ciclo de los nueve primeros números. Para los pitagóricos es la santa tetraktys, el más sagrado de todos los números por simbolizar a la creación universal, fuente y raíz de la eterna naturaleza; y si todo deriva de ella, todo vuelve a ella. Es pues una imagen de la totalidad en movimiento.

La tetraktys forma un triángulo de 10 puntos colocados en cuatro líneas, de la forma siguiente:

La Santa Tetraktys pitagórica

  1. La Unidad: Lo Divino, origen de todas las cosas. El ser inmanifestado.
  2. La Díada: Desdoblamiento del punto, origen de la pareja masculino-femenino. Dualismo interno de todos los seres.
  3. La Tríada: Los tres niveles del mundo: celeste, terrestre, infernal, y todas las trinidades.
  4. El Cuaternario: los cuatro elementos, tierra, aire, fuego y agua, y con ellos la multiplicidad del universo material.

El conjunto constituye la Década, la totalidad de Universo: 4: 1 + 2 + 3 + 4 = 10 → 1 + 0 = 1.

Todo es Número: el número como explicación de la realidad

Además los pitagóricos, concebían los números con un carácter pedagógico, pues como ellos no hay otros que tengan mayor capacidad explicativa. El número tenía un sentido genérico y decisivo en la construcción del cosmos. El comienzo es lo Uno (monas), es indeterminada y de naturaleza divina, semejante al apeiron de Anaximandro. De lo uno limitado (denominado así porque no es aún una dualidad numérica o completa, pues lo uno no es el uno cuantitativo, sino un género supremo), surge la díada indefinida (aoristos duas). Pues de la unión de estos dos surge el uno y el dos numérico, es decir, de lo uno el uno y de lo uno y de la díada indefinida el dos. Por extensión surgen los demás números.

Lo uno debemos entenderlo como identidad en tanto la propiedad que tienen las cosas de ser ellas mismas, la díada debemos entenderla como las diferencias pues es en este pensamiento el que liga la identidad con la diferencia, que asume la unidad y la dualidad como los elementos de lo verdadero.

Eurito solía representar los números con piedrecillas, y por este procedimiento, obtenemos los números “cuadrados” y los números “triangulares”.

En efecto, si partimos de la unidad y le añadimos los números impares siguiendo el gnomon, obtendremos los números «cuadrados», mientras que si partimos del 2 y le añadimos los números pares, obtendremos los números «oblongos»:

Rectangulos y gnomones.gif

Esta costumbre de representar los números o relacionarlos con la geometría ayuda a comprender por qué los pitagóricos consideraban las cosas como números y no sólo como numerables: transferían sus concepciones matemáticas al orden de la realidad material. Por la yuxtaposición de puntos se engendra la línea, la superficie es engendrada por la yuxtaposición de varias líneas y el cuerpo por la combinación de superficies. Puntos, líneas y superficies son las unidades reales que componen todos los cuerpos de la naturaleza, y en este sentido todos los cuerpos deben ser considerados como números. Cada cuerpo material es una expresión del número cuatro, puesto que resulta como un cuarto término de tres clases de elementos constitutivos: puntos, líneas y superficies (Ver también Dimensión).

Noción de límite y armonía

Para los pitagóricos, el cosmos limitado, o mundo, está rodeado por el inmenso o ilimitado cosmos (el aire), y aquél lo “inhala”. Los objetos del cosmos limitado, no son, pues, pura limitación, sino que tienen mezcla de lo ilimitado. Los pitagóricos al considerar geométricamente los números, los concebían también como productos de lo limitado y lo ilimitado (por estar compuestos de lo par y lo impar). Identificándose el par con lo ilimitado y lo impar con lo limitado. Una explicación complementaria puede verse en el hecho de que los gnómones impares conservan su forma cuadrada fija (limitada), mientras que los pares presentan una forma rectangular siempre cambiante (ilimitada).

Para los Pitagóricos, la tierra era esférica. La tierra y los planetas giraban a la vez que el sol en torno al fuego central o “corazón del Cosmos”, identificado con el número uno.

Para ellos la esencia de las cosas era la Armonía de los contrarios lo cual constituía el límite que determina el ser preciso de las cosas en tanto que todo ser lo es dentro de determinados acontecimientos figuradores. La forma, progresión, armonía corporal no son caprichosos sino que son reglas que se ajustan a determinadas medidas proporcionales, pues el límite es control ante los desmanes, la cordura frente a las pretensiones desmedidas. Así, de esta manera, el límite constituía el equilibrio y la armoníala fuerza que unía los contrarios.

Crisis del racionalismo numérico

Los pitagóricos crearon los números irracionales, se trataba del descubrimiento de lo irracional, de la raíz cuadrada de dos, aplicable a la relación entre los lados de un cuadrado y la diagonal.

 

Bibliografía

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Cómo comunicar el colapso civilizatorio

Tenemos que llamar a las cosas por su nombre. Estamos viviendo el colapso de la civilización industrial, no una crisis más, ni una transición como solemos entender.

Vivimos las primeras etapas de un cambio civilizatorio de grandes proporciones. En este proceso, viviremos la quiebra del capitalismo global, un alza de los conflictos por el control de los recursos, una fuerte reconfiguración del Estado o una “re-ruralización” social. Este colapso de la civilización industrial es inevitable.

Pero esta inevitabilidad no significa que el futuro esté escrito. Dentro del campo de posibilidades físicas que tengamos, la reconfiguración de los ecosistemas y las sociedades humanas dependerá en gran medida de lo que hagamos ahora. Es más, el colapso brindará oportunidades inéditas para la articulación de sociedades más justas, solidarias y sostenibles. Por ejemplo, un sistema energético basado en fuentes de acceso más universal (las renovables), una tecnología más apropiable (más sencilla), sociedades más fácilmente gestionables democráticamente (más locales y de menor tamaño) o un tejido social más denso (la supervivencia pasará por el colectivo). Estas oportunidades serán más cuanta menos degradación social y ambiental se produzca. En este sentido, cuanto antes se pongan en marcha medidas acordes con los nuevos contextos, mayores serán las posibilidades de limitar esta degradación.

Con estas premisas, el objetivo de comunicar el colapso no es realizar un ejercicio de amargura prospectiva, ni un análisis complejo del contexto –aunque ambos factores deban cumplir un papel– sino que las sociedades puedan organizarse para aprovechar las oportunidades y sortear los riesgos que nos brinda el final del metabolismo industrial.

¿Cómo comunicar el colapso a personas conscientes de la situación?

Quienes conocen los escenarios más factibles del cambio climático y de la restricción energética y material, el posible auge de nuevos fascismos, o el probable incremento de la población en condiciones de miseria, temen esos escenarios. No habría que alimentar más ese miedo, sino buscar estados de ánimo que nos sirvan de pértiga para saltarlo. Uno fundamental es la esperanza. Eso es justo lo que proyectan lemas como “sí se puede” y “otro mundo es posible”. La esperanza no se construye sobre la nada, sino que requiere de razones sobre las que sostenerse. Y las hay, pues el colapso abrirá oportunidades a sociedades más vivibles.

Sin embargo, la esperanza habría que transmitirla con realismo. Por ejemplo, comunicar que las renovables son la solución a la situación climática y energética sin cambiar a fondo nuestro orden socioeconómico no es cierto. En este sentido, es probable que el movimiento ecologista haya dado excesivas esperanzas de que el sistema actual podía seguir su curso con “simplemente” aplicar un paquete de políticas climáticas, energéticas o de conservación de la biodiversidad.

Las luchas impulsadas por los movimientos sociales deben tener beneficios perceptibles y sostenibles para quienes participen en ellas y la alegría tiene que ser uno de ellos. Además, en la medida en que nos moviliza más el refuerzo positivo que el negativo, este es un elemento que cobra especial relevancia. Una de las cosas que más alegría y placer nos causa es la interrelación con otras personas para construir algo. Otro motivo que puede alegrarnos es el desmoronamiento de un orden basado en el sufrimiento social y la destrucción ambiental: el final del capitalismo global es una buena noticia.

Además de la esperanza y la alegría, también debería estar la responsabilidad, pues conocer los posibles escenarios futuros es saber que las políticas que se adopten ahora marcarán cuántas personas sobrevivan y su calidad de vida. Para reforzar esa responsabilidad habría que transmitir la relevancia de la acción. En primer lugar, porque es con nuestras prácticas cotidianas como nos construimos como personas distintas. También porque en un entorno muy cambiante quienes se hayan organizado tendrán una importante capacidad de influencia. Finalmente, porque los mundos a los que nos iremos acercando serán cada vez más locales y por lo tanto más influenciables por nuestras acciones.

Si la primera idea tiene que ver con las emociones que movilizamos, la segunda es con el tipo de análisis que realizamos, que debe ser riguroso. El colapso es una disminución drástica de la complejidad de manera que surja una estructura radicalmente distinta. No es un cambio de régimen, no es una ocupación, tampoco es una crisis. Esta marcado por un descenso en la población, la especialización social (diferenciación social, especialización laboral), las interconexiones (comercio, penetración de los órganos de poder), y la cantidad de información que contiene y fluye por el sistema (acceso al conocimiento, arte, intercambio de información). El colapso no es un hecho súbito, sino un proceso que durará muchas décadas. Este es un problema de primer orden, pues actuamos cuando vemos el peligro inminente, pero no si este sucede poco a poco. Por todo ello es importante denominar al colapso por su nombre.

Otro análisis importante es que, aunque el medio ambiente está en el centro de las causas del colapso, no es su única dimensión. También son fundamentales los elementos económicos, culturales y políticos. Pero considerar la multidimensionalidad de factores que concurren en el colapso no significa darles a todos la misma importancia. Así, la capacidad del ecologismo social para analizar el momento actual desde la complejidad, pero dando gran relevancia a los límites ambientales, es un ejemplo a seguir.

Trabajar desde una visión sistémica es una estrategia adecuada para comunicarse con personas que ya son conscientes de la crisis civilizatoria porque es un pensamiento que ya tienen entrenado. Además, esta estrategia ha demostrado ser movilizadora. Una muestra fue la impresionante resonancia que alcanzaron Los límites del crecimiento, un análisis sistémico.

 ¿Cómo comunicar el colapso a quienes NO son conscientes de él, pero quieren saber?

En gran medida, mucho de lo dicho anteriormente se puede aplicar a este grupo, por lo que nos centramos en varios elementos extra.

En lo que concierne a las emociones, es importante sumar el miedo, pues es una emoción que motiva a las personas a no continuar por las sendas más peligrosas. Cuanto menos miedo al colapso tengan las sociedades, más profundo será. En ese sentido, mensajes complacientes con la pervivencia del sistema actual o que pongan “excesivamente” en duda el colapso serían contraproducentes.

Otra razón para no sortear el miedo que causa la comunicación de la prospectiva dura que tenemos por delante es que los cambios necesarios y deseables en la transición civilizatoria requieren de poblaciones maduras. Por ello, no podemos tratar a las personas como si fuesen infantes y no pudiesen hacerse cargo de sus vidas. Si vamos a necesitar lo mejor del ser humano, pongamos altas expectativas en él y mostrémoslo con nuestros actos.

A estas razones para usar el miedo podemos sumar que, para actuar, el ser humano necesita conocer el límite a partir del cual la inacción o la acción incorrecta tiene consecuencias negativas. De este modo, no solo habría que comunicar los aspectos potencialmente peligrosos de los escenarios por venir, sino hacer un esfuerzo por señalar los límites, los umbrales de no retorno. Aunque esto es especialmente difícil, ya que la crisis sistémica que vivimos tiene unos límites inaprensibles, hacer mucha incidencia, por ejemplo, en el aumento de 1,5ºC como límite de seguridad climática es importante.

Un último argumento para usar el miedo es que es una herramienta que se ha utilizado con profusión en numerosas campañas exitosas. Por ejemplo, probablemente el libro más influyente del ecologismo ha sido La primavera silenciosa, que transmitía las perniciosas consecuencias del uso de los pesticidas. Otro texto muy influyente fue el ya nombrado Los límites del crecimiento, que también planteaba un mensaje muy duro. Fuera del ecologismo, también hay numerosos ejemplos, como la lucha contra el tabaquismo.

Esto implica que no deberíamos llamar al cáncer, gripe. Estamos viviendo el colapso de la civilización industrial, no una crisis más, ni una transición como la solemos entender (algo “tranquilo” y más o menos pilotado). Tenemos que llamar a las cosas por su nombre. Igual con algunos sectores sociales el término “colapso” no es el más adecuado, pero no puede ser sustituido por giros que quiten importancia a los desafíos que enfrentamos. Esto no significa regodearse en lo doloroso, es más, resulta clave comunicar desde la empatía.

Sin embargo, el miedo es un potente sentimiento desmovilizador, pues suele inducir a buscar la seguridad en la ausencia de cambios. Además, una sociedad miedosa es insegura de sí misma, por lo que rinde muy por debajo de sus posibilidades. En ella, se bloquea la visión de partes de la realidad especialmente molestas, pero fundamentales para afrontar los problemas. Así, solo las sociedades que consigan controlar el miedo serán capaces de encarar de forma emancipadora el futuro, las otras correrán el riesgo de buscar tablas de salvación en opciones autoritarias.

Por ello, el miedo debe superarse y esto solo se hace en colectivo. Para sacudirse el miedo, resulta imprescindible construir un camino con desafíos asumibles, riesgos afrontables psicológicamente, y en el que las sociedades vean las ventajas y la factibilidad de los cambios. También usar esa pértiga en forma de esperanza y alegría que nombramos. A las estrategias ya expuestas para construir la esperanza, habría que sumar otra de especial importancia para este grupo: que para que sea creíble, tiene que encarnarse y vivirse.

La última idea es la importancia de articular la comunicación desde el hacer más que desde el decir. Los entornos en los que nos movemos construyen nuestro sistema de valores. Cambiando nuestras formas de actuar, cambiamos nuestras formas de pensar. Así, los cambios personales y sociales solo se van a dar si las personas participan en entornos que gratifiquen valores emancipadores. Por ello, más clave que los discursos que articulamos son las prácticas que promovemos. Además, relacionarnos a través de las prácticas y no de los discursos diluye las barreras que nos ponemos ante ideologías ajenas.

Para esta construcción de visiones alternativas, será importante que existan muchos entes comunicadores distintos con mensajes parecidos. Esto permitirá sortear la voluntariedad de la escucha. Conseguir esos emisores diferenciados pasa por que distintos grupos sociales sean intermediarios de nuestra comunicación y la traduzcan. Que otras personas hagan suyo el mensaje, dándole sus propios matices y énfasis. Desde esta perspectiva, podría ser más estratégico comunicar a un público cercano, que tiene predisposición a escucharnos y maneja nuestros mismos códigos, y que este sea el que comunique posteriormente a otros sectores.

(Este texto es un resumen de la contribución de Luis González Reyes al libro Humanidades ambientales.)

 

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82 años del Consejo de Aragón: el efímero y único gobierno libertario de la historia.

La ocupación de las tres capitales provinciales por los sublevados propició, al dejar sin estructuras de Estado la mitad oriental de la comunidad, la creación, hoy hace ochenta años, del Consejo Regional de Defensa de Aragón, la única experiencia de Gobierno libertario de la que existe constancia.

“Les faltó tiempo. Fue una experiencia de organización política que, en unas circunstancias nada favorables, dió pasos hacia la normalización”, explica el historiador de la Complutense José Luis Ledesma. Se refiere al Consejo Regional de Defensa de Aragón, el primer, y prácticamente único, episodio de gobierno libertario del que hay constancia en la historia. Este organismo, presidido por Joaquín Ascaso, gobernó durante diez meses, entre el 6 de octubre de 1936 y el 11 de agosto de 1937, la mitad oriental de lo que hoy es la comunidad autónoma.

Más sobre este articulo.

Por qué el crecimiento no puede ser verde (Why Growth Can’t Be Green)

Los nuevos datos demuestran que puedes apoyar el capitalismo o el medio ambiente, pero es difícil hacer ambas cosas.

Las afirmaciones sobre el fracaso ecológico se han vuelto omnipresentes. En los últimos años, los principales periódicos, incluidos The Guardian y The New York Times, han publicado historias alarmantes sobre el agotamiento del suelo, la deforestación y el colapso de las poblaciones de peces y de insectos. Estas crisis están siendo impulsadas por el crecimiento económico global y el consumo que lo acompaña, que está destruyendo la biosfera de la Tierra y superando las fronteras planetarias clave que, según los científicos, deben respetarse para evitar el colapso.

Muchos formuladores de políticas han respondido presionando por lo que se ha llamado el “crecimiento verde”. Todo lo que tenemos que hacer, argumentan, es invertir en tecnología más eficiente e introducir los incentivos adecuados, y podremos seguir creciendo al mismo tiempo. reduciendo nuestro impacto en el mundo natural, que ya está en un nivel insostenible. En términos técnicos, el objetivo es lograr un “desacoplamiento absoluto” del PIB del uso total de los recursos naturales, de acuerdo con la definición de la ONU.

Suena como una solución elegante a un problema catastrófico. Solo hay un obstáculo: la nueva evidencia sugiere que el crecimiento verde no es la panacea que todos esperaban. De hecho, ni siquiera es posible.

El crecimiento verde primero se convirtió en una frase de moda en 2012 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible en Río de Janeiro. En el periodo previo a la conferencia, el Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, y el Programa de Medio Ambiente de la ONU produjeron informes que promovían el crecimiento verde. Hoy en día, es un punto central de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de los Estados Unidos.

Pero la promesa del crecimiento ecológico se basa más en las ilusiones que en la evidencia. En los años transcurridos desde la conferencia de Río, tres importantes estudios empíricos han llegado a la misma conclusión bastante inquietante: incluso en las mejores condiciones, la disociación absoluta del PIB del uso de los recursos no es posible a escala mundial.

Incluso en las mejores condiciones, la disociación absoluta del PIB del uso de los recursos no es posible a escala global.

Un equipo de científicos liderado por la investigadora alemana Monika Dittrich planteó dudas por primera vez en 2012. El grupo ejecutó un sofisticado modelo informático que predijo qué sucedería con el uso de los recursos globales si el crecimiento económico continuara en su trayectoria actual, aumentando en alrededor de 2 a 3% año. Descubrió que el consumo humano de recursos naturales (incluidos peces, ganado, bosques, metales, minerales y combustibles fósiles) aumentaría de 70 mil millones de toneladas métricas por año en 2012 a 180 mil millones de toneladas métricas por año para el año 2050. Como referencia, un desarrollo sostenible el nivel de uso de los recursos es de aproximadamente 50 mil millones de toneladas métricas por año, un límite que superamos en 2000.

Luego, el equipo modificó el modelo para ver qué sucedería si todas las naciones de la Tierra adoptaran inmediatamente las mejores prácticas en el uso eficiente de los recursos (una suposición extremadamente optimista). Los resultados mejoraron; el consumo de recursos alcanzaría solo los 93 mil millones de toneladas métricas para 2050. Pero eso es mucho más de lo que consumimos hoy. Quemar todos esos recursos difícilmente podría describirse como desacoplamiento absoluto o crecimiento verde.

En 2016, un segundo equipo de científicos probó una premisa diferente: una en la que todas las naciones del mundo acordaron ir más allá de las mejores prácticas existentes. En el mejor de los casos, los investigadores asumieron un impuesto que elevaría el precio global del carbono de 50$ a 236$ por tonelada métrica e imaginaba innovaciones tecnológicas que duplicarían la eficiencia con la que usamos los recursos. Los resultados fueron casi los mismos que en el estudio de Dittrich. En estas condiciones, si la economía mundial siguiera creciendo en un 3% cada año, todavía llegaríamos a unos 95 mil millones de toneladas métricas de uso de recursos para 2050. Conclusión: no hay un desacoplamiento absoluto.

Finalmente, el año pasado, el Programa de Medio Ambiente de las naciones unidas que una vez fueron unos de las principales animadores de la teoría del crecimiento verde, intervino en el debate. Probó un escenario con un precio de carbono de 573$ por tonelada métrica, se abocó a un impuesto a la extracción de recursos y asumió una rápida innovación tecnológica impulsada por un fuerte apoyo del gobierno. ¿El resultado? Llegamos a 132 mil millones de toneladas métricas para 2050. Este hallazgo es peor que los de los dos estudios anteriores porque los investigadores explicaron el “efecto rebote”, por el cual las mejoras en la eficiencia de los recursos reducen los precios y provocan un aumento de la demanda, anulando algunos las ganancias

Estudio tras estudio muestra lo mismo. Los científicos están comenzando a darse cuenta de que existen límites físicos a la eficiencia con la que podemos usar los recursos. Claro, podríamos producir automóviles, iPhones y rascacielos de manera más eficiente, pero no podemos producirlos de la nada. Podríamos cambiar la economía a servicios tales como educación y yoga, pero incluso las universidades y los estudios de entrenamiento requieren insumos materiales. Una vez que alcanzamos los límites de la eficiencia, perseguir cualquier grado de crecimiento económico impulsa el uso de recursos de respaldo.

Estos problemas ponen en duda todo el concepto de crecimiento verde y requieren un replanteamiento radical. Recuerde que cada uno de los tres estudios utilizó suposiciones altamente optimistas. No estamos cerca de imponer un impuesto global al carbono hoy, mucho menos uno de casi 600$ por tonelada métrica, y la eficiencia de los recursos está empeorando, no mejora. Sin embargo, los estudios sugieren que incluso si hacemos todo bien, desacoplando el crecimiento económico con el uso de recursos seguirá siendo difícil de alcanzar y nuestros problemas ambientales continuarán empeorando.

Prevenir ese resultado requerirá un paradigma completamente nuevo. Los altos impuestos y la innovación tecnológica ayudarán, pero no serán suficientes. El único tiro realista que la humanidad tiene para evitar el colapso ecológico es imponer límites duros al uso de los recursos, como propuso recientemente el economista Daniel O’Neill. Tales topes, aplicados por los gobiernos nacionales o por tratados internacionales, podrían garantizar que no extraigamos más de la tierra y los mares de lo que la Tierra puede regenerarse de manera segura. También podríamos eliminar el PIB como un indicador del éxito económico y adoptar una medida más equilibrada, como el indicador de progreso genuino (IPG), que explica la contaminación y el agotamiento de los activos naturales. El uso de IPG (GPI en inglés) nos ayudaría a maximizar los resultados socialmente buenos mientras minimizamos los ecológicamente malos.

Pero no hay escapatoria a la conclusión obvia. En definitiva, devolver a nuestra civilización dentro de los límites planetarios va a requerir que nos liberemos de nuestra dependencia del crecimiento económico, empezando por las naciones ricas. Esto puede sonar más aterrador de lo que realmente es. Terminar el crecimiento no significa cerrar la actividad económica; simplemente significa que el próximo año no podemos producir y consumir más de lo que estamos haciendo este año. También podría significar la reducción de ciertos sectores que son particularmente dañinos para nuestra ecología y que son innecesarios para el florecimiento humano, como publicidad, viajes diarios y productos de un solo uso.

Pero terminar con el crecimiento no significa que los niveles de vida deban ser afectados. Nuestro planeta proporciona más que suficiente para todos nosotros; el problema es que sus recursos no están distribuidos por igual. Podemos mejorar las vidas de las personas en este momento simplemente compartiendo lo que ya tenemos de manera más justa, en lugar de saquear la Tierra para obtener más. Tal vez esto signifique mejores servicios públicos. Tal vez significa ingreso básico. Tal vez signifique una semana laboral más corta que nos permita reducir la producción al tiempo que ofrece un empleo pleno. Políticas como estas -y muchas más- serán cruciales para no solo sobrevivir al siglo XXI sino también florecer en él.

Este artículo apareció originalmente en la edición de otoño de 2018 de la revista Foreign Policy.

Traducido al castellano ibérico por Vykthor Schüler.

 

Version original:

New data proves you can support capitalism or the environment—but it’s hard to do both.

Warnings about ecological breakdown have become ubiquitous. Over the past few years, major newspapers, including the Guardian and the New York Times, have carried alarming stories on soil depletion, deforestation, and the collapse of fish stocks and insect populations. These crises are being driven by global economic growth, and its accompanying consumption, which is destroying the Earth’s biosphere and blowing past key planetary boundaries that scientists say must be respected to avoid triggering collapse.

Many policymakers have responded by pushing for what has come to be called “green growth.” All we need to do, they argue, is invest in more efficient technology and introduce the right incentives, and we’ll be able to keep growing while simultaneously reducing our impact on the natural world, which is already at an unsustainable level. In technical terms, the goal is to achieve “absolute decoupling” of GDP from the total use of natural resources, according to the U.N. definition.

It sounds like an elegant solution to an otherwise catastrophic problem. There’s just one hitch: New evidence suggests that green growth isn’t the panacea everyone has been hoping for. In fact, it isn’t even possible.

Green growth first became a buzz phrase in 2012 at the United Nations Conference on Sustainable Development in Rio de Janeiro. In the run-up to the conference, the World Bank, the Organization for Economic Cooperation and Development, and the U.N. Environment Program all produced reports promoting green growth. Today, it is a core plank of the U.N. Sustainable Development Goals.

But the promise of green growth turns out to have been based more on wishful thinking than on evidence. In the years since the Rio conference, three major empirical studies have arrived at the same rather troubling conclusion: Even under the best conditions, absolute decoupling of GDP from resource use is not possible on a global scale.

Even under the best conditions, absolute decoupling of GDP from resource use is not possible on a global scale.

A team of scientists led by the German researcher Monika Dittrich first raised doubts in 2012. The group ran a sophisticated computer model that predicted what would happen to global resource use if economic growth continued on its current trajectory, increasing at about 2 to 3 percent per year. It found that human consumption of natural resources (including fish, livestock, forests, metals, minerals, and fossil fuels) would rise from 70 billion metric tons per year in 2012 to 180 billion metric tons per year by 2050. For reference, a sustainable level of resource use is about 50 billion metric tons per year—a boundary we breached back in 2000.

The team then reran the model to see what would happen if every nation on Earth immediately adopted best practice in efficient resource use (an extremely optimistic assumption). The results improved; resource consumption would hit only 93 billion metric tons by 2050. But that is still a lot more than we’re consuming today. Burning through all those resources could hardly be described as absolute decoupling or green growth.

In 2016, a second team of scientists tested a different premise: one in which the world’s nations all agreed to go above and beyond existing best practice. In their best-case scenario, the researchers assumed a tax that would raise the global price of carbon from $50 to $236 per metric ton and imagined technological innovations that would double the efficiency with which we use resources. The results were almost exactly the same as in Dittrich’s study. Under these conditions, if the global economy kept growing by 3 percent each year, we’d still hit about 95 billion metric tons of resource use by 2050. Bottom line: no absolute decoupling.

Finally, last year the U.N. Environment Program—once one of the main cheerleaders of green growth theory—weighed in on the debate. It tested a scenario with carbon priced at a whopping $573 per metric ton, slapped on a resource extraction tax, and assumed rapid technological innovation spurred by strong government support. The result? We hit 132 billion metric tons by 2050. This finding is worse than those of the two previous studies because the researchers accounted for the “rebound effect,” whereby improvements in resource efficiency drive down prices and cause demand to rise—thus canceling out some of the gains.

Study after study shows the same thing. Scientists are beginning to realize that there are physical limits to how efficiently we can use resources. Sure, we might be able to produce cars and iPhones and skyscrapers more efficiently, but we can’t produce them out of thin air. We might shift the economy to services such as education and yoga, but even universities and workout studios require material inputs.

We might shift the economy to services such as education and yoga, but even universities and workout studios require material inputs.

Once we reach the limits of efficiency, pursuing any degree of economic growth drives resource use back up.

These problems throw the entire concept of green growth into doubt and necessitate some radical rethinking. Remember that each of the three studies used highly optimistic assumptions. We are nowhere near imposing a global carbon tax today, much less one of nearly $600 per metric ton, and resource efficiency is currently getting worse, not better. Yet the studies suggest that even if we do everything right, decoupling economic growth with resource use will remain elusive and our environmental problems will continue to worsen.

Preventing that outcome will require a whole new paradigm. High taxes and technological innovation will help, but they’re not going to be enough. The only realistic shot humanity has at averting ecological collapse is to impose hard caps on resource use, as the economist Daniel O’Neill recently proposed. Such caps, enforced by national governments or by international treaties, could ensure that we do not extract more from the land and the seas than the Earth can safely regenerate. We could also ditch GDP as an indicator of economic success and adopt a more balanced measure like the genuine progress indicator (GPI), which accounts for pollution and natural asset depletion. Using GPI would help us maximize socially good outcomes while minimizing ecologically bad ones.

But there’s no escaping the obvious conclusion. Ultimately, bringing our civilization back within planetary boundaries is going to require that we liberate ourselves from our dependence on economic growth—starting with rich nations. This might sound scarier than it really is. Ending growth doesn’t mean shutting down economic activity—it simply means that next year we can’t produce and consume more than we are doing this year. It might also mean shrinking certain sectors that are particularly damaging to our ecology and that are unnecessary for human flourishing, such as advertising, commuting, and single-use products.

But ending growth doesn’t mean that living standards need to take a hit. Our planet provides more than enough for all of us; the problem is that its resources are not equally distributed. We can improve people’s lives right now simply by sharing what we already have more fairly, rather than plundering the Earth for more. Maybe this means better public services. Maybe it means basic income. Maybe it means a shorter working week that allows us to scale down production while still delivering full employment. Policies such as these—and countless others—will be crucial to not only surviving the 21st century but also flourishing in it.

This article originally appeared in the Fall 2018 issue of Foreign Policy magazine.