Por qué el crecimiento no puede ser verde (Why Growth Can’t Be Green)

Los nuevos datos demuestran que puedes apoyar el capitalismo o el medio ambiente, pero es difícil hacer ambas cosas.

Las afirmaciones sobre el fracaso ecológico se han vuelto omnipresentes. En los últimos años, los principales periódicos, incluidos The Guardian y The New York Times, han publicado historias alarmantes sobre el agotamiento del suelo, la deforestación y el colapso de las poblaciones de peces y de insectos. Estas crisis están siendo impulsadas por el crecimiento económico global y el consumo que lo acompaña, que está destruyendo la biosfera de la Tierra y superando las fronteras planetarias clave que, según los científicos, deben respetarse para evitar el colapso.

Muchos formuladores de políticas han respondido presionando por lo que se ha llamado el “crecimiento verde”. Todo lo que tenemos que hacer, argumentan, es invertir en tecnología más eficiente e introducir los incentivos adecuados, y podremos seguir creciendo al mismo tiempo. reduciendo nuestro impacto en el mundo natural, que ya está en un nivel insostenible. En términos técnicos, el objetivo es lograr un “desacoplamiento absoluto” del PIB del uso total de los recursos naturales, de acuerdo con la definición de la ONU.

Suena como una solución elegante a un problema catastrófico. Solo hay un obstáculo: la nueva evidencia sugiere que el crecimiento verde no es la panacea que todos esperaban. De hecho, ni siquiera es posible.

El crecimiento verde primero se convirtió en una frase de moda en 2012 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible en Río de Janeiro. En el periodo previo a la conferencia, el Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, y el Programa de Medio Ambiente de la ONU produjeron informes que promovían el crecimiento verde. Hoy en día, es un punto central de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de los Estados Unidos.

Pero la promesa del crecimiento ecológico se basa más en las ilusiones que en la evidencia. En los años transcurridos desde la conferencia de Río, tres importantes estudios empíricos han llegado a la misma conclusión bastante inquietante: incluso en las mejores condiciones, la disociación absoluta del PIB del uso de los recursos no es posible a escala mundial.

Incluso en las mejores condiciones, la disociación absoluta del PIB del uso de los recursos no es posible a escala global.

Un equipo de científicos liderado por la investigadora alemana Monika Dittrich planteó dudas por primera vez en 2012. El grupo ejecutó un sofisticado modelo informático que predijo qué sucedería con el uso de los recursos globales si el crecimiento económico continuara en su trayectoria actual, aumentando en alrededor de 2 a 3% año. Descubrió que el consumo humano de recursos naturales (incluidos peces, ganado, bosques, metales, minerales y combustibles fósiles) aumentaría de 70 mil millones de toneladas métricas por año en 2012 a 180 mil millones de toneladas métricas por año para el año 2050. Como referencia, un desarrollo sostenible el nivel de uso de los recursos es de aproximadamente 50 mil millones de toneladas métricas por año, un límite que superamos en 2000.

Luego, el equipo modificó el modelo para ver qué sucedería si todas las naciones de la Tierra adoptaran inmediatamente las mejores prácticas en el uso eficiente de los recursos (una suposición extremadamente optimista). Los resultados mejoraron; el consumo de recursos alcanzaría solo los 93 mil millones de toneladas métricas para 2050. Pero eso es mucho más de lo que consumimos hoy. Quemar todos esos recursos difícilmente podría describirse como desacoplamiento absoluto o crecimiento verde.

En 2016, un segundo equipo de científicos probó una premisa diferente: una en la que todas las naciones del mundo acordaron ir más allá de las mejores prácticas existentes. En el mejor de los casos, los investigadores asumieron un impuesto que elevaría el precio global del carbono de 50$ a 236$ por tonelada métrica e imaginaba innovaciones tecnológicas que duplicarían la eficiencia con la que usamos los recursos. Los resultados fueron casi los mismos que en el estudio de Dittrich. En estas condiciones, si la economía mundial siguiera creciendo en un 3% cada año, todavía llegaríamos a unos 95 mil millones de toneladas métricas de uso de recursos para 2050. Conclusión: no hay un desacoplamiento absoluto.

Finalmente, el año pasado, el Programa de Medio Ambiente de las naciones unidas que una vez fueron unos de las principales animadores de la teoría del crecimiento verde, intervino en el debate. Probó un escenario con un precio de carbono de 573$ por tonelada métrica, se abocó a un impuesto a la extracción de recursos y asumió una rápida innovación tecnológica impulsada por un fuerte apoyo del gobierno. ¿El resultado? Llegamos a 132 mil millones de toneladas métricas para 2050. Este hallazgo es peor que los de los dos estudios anteriores porque los investigadores explicaron el “efecto rebote”, por el cual las mejoras en la eficiencia de los recursos reducen los precios y provocan un aumento de la demanda, anulando algunos las ganancias

Estudio tras estudio muestra lo mismo. Los científicos están comenzando a darse cuenta de que existen límites físicos a la eficiencia con la que podemos usar los recursos. Claro, podríamos producir automóviles, iPhones y rascacielos de manera más eficiente, pero no podemos producirlos de la nada. Podríamos cambiar la economía a servicios tales como educación y yoga, pero incluso las universidades y los estudios de entrenamiento requieren insumos materiales. Una vez que alcanzamos los límites de la eficiencia, perseguir cualquier grado de crecimiento económico impulsa el uso de recursos de respaldo.

Estos problemas ponen en duda todo el concepto de crecimiento verde y requieren un replanteamiento radical. Recuerde que cada uno de los tres estudios utilizó suposiciones altamente optimistas. No estamos cerca de imponer un impuesto global al carbono hoy, mucho menos uno de casi 600$ por tonelada métrica, y la eficiencia de los recursos está empeorando, no mejora. Sin embargo, los estudios sugieren que incluso si hacemos todo bien, desacoplando el crecimiento económico con el uso de recursos seguirá siendo difícil de alcanzar y nuestros problemas ambientales continuarán empeorando.

Prevenir ese resultado requerirá un paradigma completamente nuevo. Los altos impuestos y la innovación tecnológica ayudarán, pero no serán suficientes. El único tiro realista que la humanidad tiene para evitar el colapso ecológico es imponer límites duros al uso de los recursos, como propuso recientemente el economista Daniel O’Neill. Tales topes, aplicados por los gobiernos nacionales o por tratados internacionales, podrían garantizar que no extraigamos más de la tierra y los mares de lo que la Tierra puede regenerarse de manera segura. También podríamos eliminar el PIB como un indicador del éxito económico y adoptar una medida más equilibrada, como el indicador de progreso genuino (IPG), que explica la contaminación y el agotamiento de los activos naturales. El uso de IPG (GPI en inglés) nos ayudaría a maximizar los resultados socialmente buenos mientras minimizamos los ecológicamente malos.

Pero no hay escapatoria a la conclusión obvia. En definitiva, devolver a nuestra civilización dentro de los límites planetarios va a requerir que nos liberemos de nuestra dependencia del crecimiento económico, empezando por las naciones ricas. Esto puede sonar más aterrador de lo que realmente es. Terminar el crecimiento no significa cerrar la actividad económica; simplemente significa que el próximo año no podemos producir y consumir más de lo que estamos haciendo este año. También podría significar la reducción de ciertos sectores que son particularmente dañinos para nuestra ecología y que son innecesarios para el florecimiento humano, como publicidad, viajes diarios y productos de un solo uso.

Pero terminar con el crecimiento no significa que los niveles de vida deban ser afectados. Nuestro planeta proporciona más que suficiente para todos nosotros; el problema es que sus recursos no están distribuidos por igual. Podemos mejorar las vidas de las personas en este momento simplemente compartiendo lo que ya tenemos de manera más justa, en lugar de saquear la Tierra para obtener más. Tal vez esto signifique mejores servicios públicos. Tal vez significa ingreso básico. Tal vez signifique una semana laboral más corta que nos permita reducir la producción al tiempo que ofrece un empleo pleno. Políticas como estas -y muchas más- serán cruciales para no solo sobrevivir al siglo XXI sino también florecer en él.

Este artículo apareció originalmente en la edición de otoño de 2018 de la revista Foreign Policy.

Traducido al castellano ibérico por Vykthor Schüler.

 

Version original:

New data proves you can support capitalism or the environment—but it’s hard to do both.

Warnings about ecological breakdown have become ubiquitous. Over the past few years, major newspapers, including the Guardian and the New York Times, have carried alarming stories on soil depletion, deforestation, and the collapse of fish stocks and insect populations. These crises are being driven by global economic growth, and its accompanying consumption, which is destroying the Earth’s biosphere and blowing past key planetary boundaries that scientists say must be respected to avoid triggering collapse.

Many policymakers have responded by pushing for what has come to be called “green growth.” All we need to do, they argue, is invest in more efficient technology and introduce the right incentives, and we’ll be able to keep growing while simultaneously reducing our impact on the natural world, which is already at an unsustainable level. In technical terms, the goal is to achieve “absolute decoupling” of GDP from the total use of natural resources, according to the U.N. definition.

It sounds like an elegant solution to an otherwise catastrophic problem. There’s just one hitch: New evidence suggests that green growth isn’t the panacea everyone has been hoping for. In fact, it isn’t even possible.

Green growth first became a buzz phrase in 2012 at the United Nations Conference on Sustainable Development in Rio de Janeiro. In the run-up to the conference, the World Bank, the Organization for Economic Cooperation and Development, and the U.N. Environment Program all produced reports promoting green growth. Today, it is a core plank of the U.N. Sustainable Development Goals.

But the promise of green growth turns out to have been based more on wishful thinking than on evidence. In the years since the Rio conference, three major empirical studies have arrived at the same rather troubling conclusion: Even under the best conditions, absolute decoupling of GDP from resource use is not possible on a global scale.

Even under the best conditions, absolute decoupling of GDP from resource use is not possible on a global scale.

A team of scientists led by the German researcher Monika Dittrich first raised doubts in 2012. The group ran a sophisticated computer model that predicted what would happen to global resource use if economic growth continued on its current trajectory, increasing at about 2 to 3 percent per year. It found that human consumption of natural resources (including fish, livestock, forests, metals, minerals, and fossil fuels) would rise from 70 billion metric tons per year in 2012 to 180 billion metric tons per year by 2050. For reference, a sustainable level of resource use is about 50 billion metric tons per year—a boundary we breached back in 2000.

The team then reran the model to see what would happen if every nation on Earth immediately adopted best practice in efficient resource use (an extremely optimistic assumption). The results improved; resource consumption would hit only 93 billion metric tons by 2050. But that is still a lot more than we’re consuming today. Burning through all those resources could hardly be described as absolute decoupling or green growth.

In 2016, a second team of scientists tested a different premise: one in which the world’s nations all agreed to go above and beyond existing best practice. In their best-case scenario, the researchers assumed a tax that would raise the global price of carbon from $50 to $236 per metric ton and imagined technological innovations that would double the efficiency with which we use resources. The results were almost exactly the same as in Dittrich’s study. Under these conditions, if the global economy kept growing by 3 percent each year, we’d still hit about 95 billion metric tons of resource use by 2050. Bottom line: no absolute decoupling.

Finally, last year the U.N. Environment Program—once one of the main cheerleaders of green growth theory—weighed in on the debate. It tested a scenario with carbon priced at a whopping $573 per metric ton, slapped on a resource extraction tax, and assumed rapid technological innovation spurred by strong government support. The result? We hit 132 billion metric tons by 2050. This finding is worse than those of the two previous studies because the researchers accounted for the “rebound effect,” whereby improvements in resource efficiency drive down prices and cause demand to rise—thus canceling out some of the gains.

Study after study shows the same thing. Scientists are beginning to realize that there are physical limits to how efficiently we can use resources. Sure, we might be able to produce cars and iPhones and skyscrapers more efficiently, but we can’t produce them out of thin air. We might shift the economy to services such as education and yoga, but even universities and workout studios require material inputs.

We might shift the economy to services such as education and yoga, but even universities and workout studios require material inputs.

Once we reach the limits of efficiency, pursuing any degree of economic growth drives resource use back up.

These problems throw the entire concept of green growth into doubt and necessitate some radical rethinking. Remember that each of the three studies used highly optimistic assumptions. We are nowhere near imposing a global carbon tax today, much less one of nearly $600 per metric ton, and resource efficiency is currently getting worse, not better. Yet the studies suggest that even if we do everything right, decoupling economic growth with resource use will remain elusive and our environmental problems will continue to worsen.

Preventing that outcome will require a whole new paradigm. High taxes and technological innovation will help, but they’re not going to be enough. The only realistic shot humanity has at averting ecological collapse is to impose hard caps on resource use, as the economist Daniel O’Neill recently proposed. Such caps, enforced by national governments or by international treaties, could ensure that we do not extract more from the land and the seas than the Earth can safely regenerate. We could also ditch GDP as an indicator of economic success and adopt a more balanced measure like the genuine progress indicator (GPI), which accounts for pollution and natural asset depletion. Using GPI would help us maximize socially good outcomes while minimizing ecologically bad ones.

But there’s no escaping the obvious conclusion. Ultimately, bringing our civilization back within planetary boundaries is going to require that we liberate ourselves from our dependence on economic growth—starting with rich nations. This might sound scarier than it really is. Ending growth doesn’t mean shutting down economic activity—it simply means that next year we can’t produce and consume more than we are doing this year. It might also mean shrinking certain sectors that are particularly damaging to our ecology and that are unnecessary for human flourishing, such as advertising, commuting, and single-use products.

But ending growth doesn’t mean that living standards need to take a hit. Our planet provides more than enough for all of us; the problem is that its resources are not equally distributed. We can improve people’s lives right now simply by sharing what we already have more fairly, rather than plundering the Earth for more. Maybe this means better public services. Maybe it means basic income. Maybe it means a shorter working week that allows us to scale down production while still delivering full employment. Policies such as these—and countless others—will be crucial to not only surviving the 21st century but also flourishing in it.

This article originally appeared in the Fall 2018 issue of Foreign Policy magazine.

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Cara y Cruz de la economía colaborativa y por qué deberías empezar a usarla.

En el año 2010 y en plena crisis, se empezó a hablar de un nuevo sistema de consumo que tenía más en cuenta las necesidades de las personas que el hecho de lucrarse, hablamos del consumo colaborativo.

Tras ser probado y explotado por diferentes sectores, este consumo dio lugar a un nuevo sistema de economía, basada en los principios del consumo colaborativo. Pero, ¿qué es la economía colaborativa y por qué deberíamos envolverla en nuestra vida cotidiana?

Definamos primero el concepto de economía colaborativa. Hoy en día los ciudadanos permanecemos conectados a través de las nuevas tecnologías. De esta forma, podemos compartir y consumir anteponiendo las necesidades de la gente al aspecto económico. En definitiva, la economía colaborativa se basa en compartir (por ejemplo, nuestro coche), alquilar (esa habitación libre que tenemos en casa),  prestar o donar cosas, y vender o comprar productos de segunda mano. Viendo las ventajas de la economía colaborativa, puede que algunos penséis que este sistema ya era utilizado por nuestros abuelos. Lleváis razón, pero hay algunos puntos que se han empezado a desarrollar en esta última época.

Ventajas de la economía colaborativa

Algunas de las ventajas que ofrece la economía colaborativa son:

1.- Ventajas ambientales producidas por un desarrollo más sostenible: Sin duda es la ventaja más importante. La economía colaborativa fomenta el aprovechamiento y el reciclado de los recursos que tenemos: si algo ya no nos sirve, alguien le puede dar una segunda vida. Esto conlleva un consumo más moderado y la eliminación de toneladas de residuos sean del sector que sean. Además, la reutilización de cosas materiales contribuyen a la sostenibilidad y cuidado de los entornos que nos rodean. Actualmente se pueden hacer muchas cosas para que el lugar en el que vivimos sea lo más sostenible posible (cambiar el funcionamiento de los puntos limpios…). ¿Quieres saber si tu ciudad es sostenible?

2.- Ahorro: Todos los productos y servicios que ofrece este sistema tienen precios muy económicos, simbólicos, o incluso son gratis.

3.- Mayores ofertas: La oferta de productos es mayor que la de la economía tradicional. Por ejemplo, si no existiera la venta de segunda mano, miles de cosas vintage y de colección se perderían.

4.- Mayor aprovechamiento de los recursos que tenemos: No somos conscientes del partido que podemos sacar de las cosas cotidianas que tenemos en casa. Con este modelo de negocio aprovechamos al máximo y le sacamos partido a todo lo que tenemos. Según un estudio cada familia tiene hasta 7000€ en cosas que ya no usa.

¿Cómo aplicar la economía colaborativa en casa?

Vamos a ver unos consejos con ejemplos prácticos para que empecéis a utilizar la economía colaborativa. Podemos aprovechar todo el potencial que tenéis en vuestro hogar y ganar un dinero extra o librarnos de objetos que no usamos y que podrían tener una vida útil en otro lugar.

  1. Vende y compra cosas de segunda mano: Siempre tenemos cosas en casa que no usamos y nos da pena tirar (en trasteros, armarios…). Si las vendemos podemos sacar un dinero extra. Según el estudio citado antes, tenemos casi 3000€ en ropa que no usamos y que podemos vender. A la ropa le siguen, por ejemplo, enseres de bebé que ya no vamos a usar, aparatos electrónicos, material deportivo de ese deporte que abandonamos… Juntando todo podemos conseguir la suculenta cantidad de 7000€.
  2. Comparte coche: Si eres de los que tiene que coger el coche para ir a trabajar no desaproveches la oportunidad y compártelo, irás acompañado y si cobras aunque sea un precio simbólico por acompañante, eso que te ahorras.
  3. Alquila habitaciones libres: Es una buena forma de sacar dinero extra. Si te sobra una habitación en casa la puedes alquilar a personas que visiten tu ciudad. Puedes ganar más si además ofreces servicios de comida y lavandería. Esta práctica se lleva haciendo muchos años en países como USA
  4. Compra a comercios de barrio: Si compramos en comercios de barrio evitamos intermediarios, y con ello el impacto ambiental de emisiones de CO2 que conlleva. Además, le seguiremos dando vida a esos comercios de toda la vida y colaborando con un desarrollo mas sostenible.
  5. Evita intermediarios: Además de comprar en comercios de barrio, podemos ir directamente a comprar las hortalizas a la huerta o el aceite a la almazara. Cuantos más intermediarios evitemos, más nos ahorramos, más emisiones evitamos y más sano comemos.
  6. Alquila cosas: ¿Por qué no alquilar algo que tengamos en casa y que nos da pena vender? Hay muchas personas que disponen de caravana y la alquilan en períodos vacacionales, de esta forma se ganan un dinero extra, sin necesidad de vender. También está muy en auge las páginas de alquiler de ropa entre particulares, no dejes pasar la oportunidad y úsalas.
  7. Ofrece tu tiempo y tu trabajo: Si tienes tiempo y puedes ofrecer un servicio, no lo desaproveches e intercámbialo. Puedes ofrecer clases particulares de inglés a los hijos de tu vecino fontanero y así te saldrá esa obra del baño gratis. Es una forma de contribuir a la economía doméstica y de ofrecer el talento que tienes. En muchos lugares eso se gestiona a través de monedas locales o bancos de tiempo
  8. Presta o dona cosas: Muchas cosas no queremos tenerlas, sino usarlas (por ejemplo, un taladro). Tenemos que dar más importancia al servicio que a la posesión y, así, prestando lo que tenemos y pidiendo prestado lo que necesitamos conseguimos reducir nuestras compras. Podemos hacer una lista de cosas que prestamos y darla a conocer a nuestros vecinos. Donar cosas nos libera de la necesidad de cuidar de ellas y de asignarles un espacio en nuestra casa, y ganamos tiempo.

Consciente de que, una vez abierta la caja de Pandora, las repercusiones son profundas, la Unión Europea redactó en enero pasado un dictamen de iniciativa para entender estos vientos. “El consumo colaborativo representa la complementación ventajosa desde el punto de vista innovador, económico y ecológico de la economía de la producción por la economía del consumo. Además supone una solución a la crisis económica y financiera en la medida que posibilita el intercambio en casos de necesidad”. ¿Demasiadas expectativas?

Cómo el capitalismo salvaje vuelve a meter la zarpa.

Sin embargo, este consumo también tiene un lado oscuro que rápidamente el capitalismo se ha lanzado a explotar a gran escala a través de -como siempre- los intermediarios. Aplicaciones como Uber o Airbnb lo han revelado. La primera conecta pasajeros con conductores; la segunda busca y comparte alojamiento. Ambas están bajo vigilancia. Uber es un gigante. En solo cuatro años de existencia ya vale 18.000 millones de dólares y opera en 132 países. Y su éxito ha chocado de frente en Europa contra el mundo del taxi, que le acusa de competencia desleal. El coloso se defiende. “No somos enemigos de los taxistas ni del sector. Las protestas [vividas la semana pasada en varias capitales europeas] son excesivas y lo único que pretenden es mantener la industria en un estado inmovilista”, argumenta un portavoz de la firma.

De cualquier forma, compartir, prestar, alquilar son verbos que se expanden con una fuerza nunca vista por la economía mundial. Surgen miles de plataformas electrónicas que los emplean. Y aunque queda tarea pendiente —regular ciertas aplicaciones, para evitar que engorden la economía sumergida, y mejorar los derechos de los consumidores—, el éxito de esta forma de consumir revela una sociedad que quiere cambiar la manera en que vive. Buenos augurios en unos días en los que es difícil extraer poemas de las noticias.

  • Intercambio de ropa: ThredUP.
  • Coches compartidos: Zipcar, SideCar, Lyft, Bluemove, Getaround, Uber.
  • Préstamos económicos: LendingClub.
  • Alojamiento de viajeros: Hipmunk, Airbnb.
  • Trueque de comida: Compartoplato, Shareyourmeal.
  • ‘Crowdfunding’: KickStarter, Verkami.

Mas información sobre sostenibilidad: BlogSOStenible: Noticias medioambientales y datos… aportando soluciones

Teoría: Los aliens no pueden despegar

Desde la década de 1950 existe una paradoja respecto a la vida en el Universo a la que aún no hemos podido encontrar una respuesta definitiva. Se conoce como la Paradoja de Fermi y básicamente dice lo siguiente: Si aceptamos que en la inmensidad del Universo debe de haber incontables formas de vida más allá de nuestro planeta, y que por tanto deberían existir numerosas civilizaciones avanzadas… ¿por qué no las hemos encontrado todavía?

Durante más de medio siglo han surgido diversas respuestas a este planteamiento abierto y contradictorio, como por ejemplo: esas civilizaciones existen pero el Universo es demasiado grande para que podamos contactar, o existen pero no quieren comunicarse con nosotros, o incluso quizá se estén comunicando pero nosotros no podemos detectar sus señales. Las ideas para resolver el absoluto silencio cósmico de la Paradoja de Fermi son muy variadas, y esta semana podríamos añadir otra posible respuesta a esa cuestión: quizá no puedan despegar.

Las civilizaciones inteligentes en SuperTierras tienen muy difícil desarrollar un programa espacial | imagen NASA / Comparación entre la Tierra y Kepler-452b.

Han pasado más de veinte años desde que descubriéramos el primer exoplaneta (51 Pegasi b) y desde aquel momento hasta nuestros días hemos detectado unos 4600 planetas fuera de nuestro sistema solar, de los cuales más de 3200 son exoplanetas confirmados. La dificultad de detectar exoplanetas tan lejanos hace que muchos de estos cuerpos encontrados sean muy grandes, ya que son más fáciles de detectar, sin embargo estos enormes mundos vienen con un problema añadido: su gravedad es tan intensa que hace casi imposible escapar de ella.

Es el caso de las SuperTierras, cuerpos rocosos mucho más grandes y masivos que nuestro planeta en los que, si están en la zona de habitabilidad, se podrían dar las condiciones necesarias para soportar la vida.

Pero… ¿Qué haría falta para escapar de la gravedad de esos planetas tan masivos?

El astrofísico Michael Hippke, del Observatorio alemán de Sonneberg, ha hecho los cálculos y los ha publicado en la sección de astrofísica del repositorio científico arXiv en un artículo cuyo título deja bastante claro el problema: “Las SuperTierras necesitan cohetes extremadamente grandes”, o en su primera versión: “El vuelo espacial desde las SuperTierras es difícil”.

En una SuperTierra se necesitarían cantidades enormes de masa y combustible para despegar un cohete como los del programa Apollo | imagen NASA

La velocidad de escape en la Tierra es de unos 11 km/s, o dicho con otras palabras, para que un cohete consiga abandonar nuestro planeta necesita alcanzar una velocidad de escape de unos 40.320 km/h. Estas cifras nos sitúan en un planeta donde viajar al espacio es difícil pero es posible, sin embargo, en planetas mayores y más masivos que la Tierra el escapar de la gravedad sea casi imposible, al menos con los medios y tecnologías que conocemos.

Hippke nos pone un ejemplo para entender mejor la situación de estos pesados planetas, como Kepler-20b, un exoplaneta el doble del tamaño de nuestro planeta y 10 veces más denso, la velocidad de escape allí es 2,4 veces la de la Tierra, es decir, 26,9 km/s. Esto significa que la hipotética civilización que habitase esa SuperTierra necesitaría aumentar en 55.000 toneladas el combustible necesario para lanzar al espacio una carga similar a la del Telescopio James Webb.

Si por ejemplo, esa civilización de extraterrestres en Kepler-20b quisiera tener su propio programa Apollo, sus cohetes deberían ser capaces de albergar una cantidad increíble de combustible, unas 400.000 toneladas, lo que significaría lanzar al espacio, aproximadamente, el peso total de la Pirámide de Keops.

Como veis, los programas espaciales en planetas del tipo SuperTierras, y si no han encontrado una tecnología que les permita hacer frente a esas elevadas velocidades de escape, serían casi imposibles.

Referencias científicas y más información:

Michael Hippke “Spaceflight from Super-Earths is difficult” arXiv:1804.04727v1 [physics.pop-ph] – “Super-Earths in need for extremely big rockets

Charles Q. Choi “No Way Out? Aliens on ‘Super-Earth’ Planets May Be Trapped by Gravity” Space.com

 

Posibles Súper Planetas. Incluso los datos manejados por la NASA hablan de 30.000 posibles planetas habitables a no más de 1000 años luz de la Tierra.

Kepler-452b, el primo mayor de la Tierra que podría albergar vida extraterrestre.

La misión espacial Kepler ha descubierto un exoplaneta muy parecido al nuestro. Los detalles del hallazgo han sido aclarados en la rueda de prensa que la agencia ofreció el 23 de julio de 2015.

«Los exoplanetas, especialmente los de tamaño pequeño, similar al de la Tierra, pertenecían al mundo de la ciencia ficción hace apenas 21 años. Pero actualmente, miles de hallazgos más tarde, los astrónomos están a punto de descubrir algo con lo que las personas han soñado durante miles de años: otra Tierra», se dice en el comunicado oficial de la NASA. En la rueda de prensa que se celebró la agencia espacial estadounidense ha anunciado su nuevo descubrimiento, al que llama «el primo mayor de la Tierra», un planeta localizado en una zona habitable de una estrella similar al Sol. Su nombre científico es Kepler-452b y tiene unas características muy parecidas a la Tierra, aunque es un 60% más grande. Un año en este planeta dura unos 385 días, y el cuerpo celeste cuenta además con volcanes activos. Sin embargo, todavía se investiga si contiene agua y oxígeno.

Comparación entre los sistemas Kepler-452, Kepler-186 y el nuestro. Kepler-186 es un sistema solar en miniatura que cabría entero dentro de la órbita de Mercurio.

«Esto es realmente fascinante, Kepler-452b recibe el mismo espectro e intensidad de luz que aquí en la Tierra», dijo Daniel Brown, experto astrónomo de la Nottingham Trent University. «Esto significa que plantas como las de nuestro planeta podrían crecer allí, y que tu piel se broncearía de igual forma», añadió. La estrella que cobija a Kepler-452b se ubica a 1.400 años luz de distancia, en la constelación de Cygnus, y tiene una antigüedad de 6.000 millones de años, es decir, 1.500 millones de años más vieja que nuestro sol. De también haberse cumplido las mismas condiciones evolutivas en este exoplaneta descubierto por la misión Kepler, la vida allí podría haberse desarrollado de tal manera que exista una civilización alienígena que nos lleve millones de años de ventaja. Una posibilidad más que sorprendente si consideramos que algunos investigadores —como Andrew Collins— han sugerido que las pirámides de Guiza están dispuestas siguiendo como patrón a la constelación de Cygnus (la cruz del norte), la misma zona del universo donde se halla nuestro «primo mayor»…

 En verde, la constelación de Orión superpuesta sobre las pirámides de Guiza. En rojo, la constelación de Cygnus, donde la alineación es más precisa.

 

 

 

¿Existió una civilización inteligente en la Tierra hace millones de años?. Los científicos tienen pruebas.

Esta civilización, o civilizaciones, habrían existido muchos millones de años atrás en la Tierra, para ser precisos hace 56 millones de años. Ahora, los científicos preguntan si habría evidencias de tales civilizaciones existiendo en la Tierra.

Si echamos un vistazo a la larga historia de nuestro planeta, veremos que hace casi sesenta millones de años, nuestro planeta experimentó temperaturas mucho más cálidas que las actuales, y los polos del planeta se derritieron. Este hecho histórico ha llevado a algunos científicos a aventurarse en lo desconocido y reflexionar sobre si es posible que este evento -el Máximo Térmico Paleoceno-Eoceno (PETM) – sea el resultado del calentamiento global causado por una civilización que existía en la Tierra antes de nuestra humanidad.

Y aunque esto pueda sonar como algo que los científicos realmente no investigarían, ya que, como muchos pensarán: “Suena como el tipo de conspiración chiflada que se puede encontrar en los archivos de  ‘ancient aliens’.

Para investigar la idea de una posible civilización inteligente prehistórica, el profesor Adam Frank, de la Universidad de Rochester, y Gavin Schmidt, director del Instituto Goddard para Estudios Espaciales (GISS) de la NASA, examinaron que ocurriría con las evidencias dejadas tras nuestra extinción.

En un artículo de The Atlantic, Adam Frank, preguntó lo que muchos otros expertos se han abstenido de preguntar. El profesor Frank escribe: “Aquí hay un enigma. Si la actividad industrial de una especie anterior es de corta duración, es posible que no podamos verla fácilmente. Los picos del PETM en su mayoría nos muestran las escalas de tiempo de la Tierra para responder a lo que sea que lo causó, no necesariamente la escala de tiempo de la causa”.

“Por lo tanto, podría tomar métodos de detección dedicados y nuevos para encontrar pruebas de un evento verdaderamente efímero en sedimentos antiguos. En otras palabras, si no lo estás buscando explícitamente, es posible que no lo veas”. Esta no es solo otra teoría de conspiración preparada por un científico.

El profesor Frank se preguntó sobre lo que nuestra civilización podría dejar atrás si perece un día, y que otras civilizaciones potenciales pueden encontrar en la Tierra. ¿Identificarán nuestra civilización con los plásticos que hemos vertido en el océano? ¿Nos encontrarán debido a los químicos que hemos estado usando? ¿O no encontrarán evidencia de una antigua civilización en la Tierra antes de ellos porque hemos estado usando combustibles fósiles?

El profesor Frank aclara que si bien no existe evidencia de una antigua civilización avanzada que existiera en la Tierra antes que nosotros, la idea plantea una serie de posibilidades con respecto al ciclo de la vida y cómo puede operar en otros mundos alienígenas distantes. Él explica en el artículo que las civilizaciones pueden inadvertidamente, a través de su colapso, crear las condiciones necesarias para producir más combustibles fósiles, para que en el futuro, una civilización aparezca.

“Nuestro trabajo también abrió la posibilidad especulativa de que algunos planetas podrían tener ciclos impulsados ​​por combustibles fósiles de construcción y colapso de una civilización. Si una civilización usa combustibles fósiles, el cambio climático que provoca puede conducir a una gran disminución en los niveles de oxígeno en el océano. Estos bajos niveles de oxígeno (llamado anoxia del océano) ayudan a desencadenar las condiciones necesarias para fabricar combustibles fósiles como el petróleo y el carbón en primer lugar. De esta manera, una civilización y su desaparición podrían sembrar la semilla de nuevas civilizaciones en el futuro”.

Al preguntar sobre las civilizaciones perdidas en el tiempo profundo, también estamos preguntando sobre la posibilidad de reglas universales que guíen la evolución de todas las biosferas en todo su potencial creativo, incluida la aparición de civilizaciones. Incluso sin los paleocenianos que conducen la recogida, ahora solo estamos aprendiendo a ver cuán rico podría ser ese potencial.

 

Otras pruebas para reflexionar: 5 objetos misteriosos que datan de hace millones de años.

Técnicamente hablando, estos artefactos no deberían existir y, según la ciencia convencional, no existen. Sin embargo, en todo el mundo se ha encontrado un conjunto de objetos enigmáticos que apuntan a la posibilidad de que la vida avanzada haya florecido en la Tierra, antes de la llegada de los humanos modernos, hace millones de años.

A pesar de este hecho, se han encontrado en todo el mundo una serie de extraños y extremadamente antiguos artefactos que en última instancia cuestionan los orígenes humanos y la historia humana.

¿Hace cuánto tiempo aparecieron los humanos modernos en la Tierra? ¿De dónde venimos? Y, ¿es posible que antes de la llegada del Homo Sapiens, otra especie diferente habitara la Tierra, tal vez hace millones de años?

Martillo antiguo que predica a los humanos

Echemos un vistazo a un artefacto descubierto en Londres, Texas, EE. UU., en 1934. Lo que parece ser un martillo ordinario es, de hecho, un martillo incrustado en piedra.

Lo que lo hace extremadamente interesante es la edad del objeto; se cree que data de hace 400 millones de años.  Imposible, ¿verdad?

Se cree que este misterioso martillo se originó en la roca de la época ordovicia, hace más de 400 millones de años. Los investigadores consideran que desde que la cabeza del martillo fue hallada incrustada en la roca, apunta a la posibilidad de que el proceso de incrustación se realizara bajo diferentes condiciones atmosféricas a la corriente, y con diferentes presiones atmosféricas más similares a las del pasado remoto.

Según los estudios del Instituto Metalúrgico de Colombia, el mango interior se sometió al proceso de carbonización, la cabeza del martillo se construyó con una pureza de hierro que sólo se puede lograr con la tecnología moderna. Según el análisis, la cabeza del martillo consiste en 97 hierro puro, 2 por ciento de cloro y 1 por ciento de azufre.

Hay una huella de hace 290 millones de años, y no debería existir. Jamás.

Una roca del período pérmico -hace unos 290 millones de años- tiene un curioso detalle en su superficie.

Descubierta en Nuevo México, la roca del Permian Periodo presenta una huella humana. Pero, los humanos no existían en la Tierra hace 290 millones de años, así que ¿cómo es posible? Curiosamente, el Permian (junto con el Paleozoico) terminó con el evento de extinción del Permian-Triásico, la mayor extinción masiva de la historia de la Tierra, en la que casi el 90% de las especies marinas y el 70% de las terrestres se extinguieron. La recuperación del evento de extinción del Permian-Triassic fue prolongada; en tierra, los ecosistemas tardaron 30 millones de años en recuperarse.

Como señaló el Dr. Don Patton, la huella es genuina. Si lo es, significaría que hace cientos de millones de años, un tipo diferente de humano llamó a la Tierra su hogar. Por supuesto, según la evidencia científica, eso no es realmente posible. El período pérmico fue mucho antes de que existieran las aves, los dinosaurios y el hombre.

Una huella gigante que no tiene ningún sentido.

Es enorme. Es antiguo. Es sorprendente.

Situado en Sudáfrica, en las proximidades de la ciudad de Mpaluzi, cerca de la frontera con Swazilandia es una roca misteriosa que tiene una característica increíble.

Un bloque de granito masivo tiene una huella masiva incrustada en su superficie. Los geólogos creen que el bloque de granito data de hace unos 200 millones de años.

Esta huella fascinante fue descubierta hace más de cien años cuando un cazador llamado Stoffel Coetzee tropezó con ella en 1912 mientras cazaba en la zona. La huella dejada en el “granito áspero” mide mas de un metro de largo.

Evidencia de muchos artefactos combinados en la Tierra


Muchos investigadores creen que hay varias pruebas que apuntan a la existencia de civilizaciones antiguas muy avanzadas que existían en la Tierra hace millones de años.

Según el Dr. Alexander Koltypin, geólogo y director del Centro de Investigación en Ciencias Naturales de la Universidad Internacional Independiente de Ecología y Politología de Moscú, hay evidencia de estructuras de millones de años de antigüedad esparcidas por todo el mundo.

Durante su larga carrera, el Dr. Koltypin ha estudiado numerosas estructuras subterráneas antiguas principalmente en el Mediterráneo y ha identificado numerosas similitudes que le han llevado a creer que muchos sitios estaban interconectados. Pero lo que es más increíble, la erosión de las estructuras junto con su composición material y sus rasgos geológicos extremos le han llevado a creer que estas megaestructuras fueron construidas por civilizaciones avanzadas que habitaron la Tierra hace millones de años.

¿Tornillos y clavos de hace 300 millones de años?

Aparentemente, tenemos la historia equivocada.

¿Cuál es la posibilidad de que haya numerosos objetos recuperados en todo el mundo que datan de millones de años atrás? Si los humanos no estaban cerca en ese momento, ¿quién los construyó?

Según informes de agencias de noticias chinas, un objeto misterioso descubierto en 2002 podría ser evidencia de civilizaciones prehistóricas. Las pruebas no han logrado mostrar la composición exacta de la roca misteriosa, los investigadores que incluyen geólogos y físicos de la National Land Resources Bureau of Gansu Province, la Colored Metal Survey Bureau of Gansu Province, el Institute of Geology and Minerals Research of China Academy, Lanzhou Branch, y la School of Resources and Environment of Lanzhou College no están seguros del origen del artefacto y señalan que en este momento, todas las teorías son posibles.

De acuerdo con Lanzhou Morning News, después de una discusión sobre la posibilidad de ser hecha por el hombre y las posibles razones para su formación, los científicos unánimemente etiquetaron la piedra como una de las más valiosas en China y en el mundo de las colecciones, investigadores y estudios arqueológicos “.

Después de muchos estudios, los científicos chinos concluyeron que el artefacto no había sido hecho por las manos contemporáneas o por los niveles actuales de la tecnología, la hipótesis más aceptada es que es un producto de una civilización prehistórica.

Articulo e información relacionada:

Hace millones de años, civilizaciones no-humanas habitaron la Tierra: Ooparts

¿Existió una civilización que coexistió con los dinosaurios?

 

8 grandes preguntas filosóficas que ¿Nunca resolveremos?. (8 great philosophical questions that we’ll never solve)

La mente humana, imperfecta como es, ha sido capaz sin embargo de generar callejones sin salida del pensamiento, proposiciones de índole metafísica que parecen encontrarse en las fronteras de nuestras capacidades intelectuales (a pesar de que, paradójicamente, por estas mismas llegamos a ellas).A continuación 8 de estos supuestos muros que, quizá, en el fondo no sean más que trampas de nuestra abstracción, de la forma en que histórica pero acaso inevitablemente construimos nuestras maneras de pensar.

1. ¿Por qué hay algo en vez de nada?

Parece justo que la existencia sea el primero de estos grandes enigmas. ¿Por qué algo existe cuando parece perfectamente posible que la nada fuera la norma? ¿Qué impulso secreto del universo físico fue el decisivo para que la nada se convirtiera en algo?

2. ¿Nuestro universo es real?

Una de las preguntas más recurrentes del pensamiento humano: la constante duda sobre la realidad de este mundo. De los textos sagrados del hinduismo a Jean Baudrillard, parece que no hay recurso mental que nos permita discernir la realidad real de nuestra realidad (así de redundante y tautológico puede ser nuestro pensamiento). Y aunque, en cierto momento de su desarrollo intelectual, Wittgenstein aseguró que en el dolor podría encontrarse el fundamento de la realidad, la cuestión permanece abierta. Por más compleja que sea la noción de dolor, por más subjetiva y personalísima, ¿no podría una inteligencia superior que nos mantenga en este mundo simulado simular también, con todo detalle, esas sensaciones?

3. ¿Tenemos libre albedrío?

“L’homme est né libre, et partout il est dans les fers”, escribió famosamente Rousseau: “El hombre nace libre, pero encadenado por todos lados”. La paradoja de la libertad es que, aunque una condición supuestamente posible, se da en un contexto contingente en el que una multitud de factores la condicionan. A veces pensamos que cuando tomamos una decisión plenamente conscientes, considerando sus causas y sus consecuencias, los motivos por los cuales la tomamos, esa decisión es ya por eso una decisión libre. ¿Pero esto es cierto? ¿O solo es un autoengaño de quienes ansían desesperadamente creer en libertad? ¿Son los otros, los que piensan que la libertad es absolutamente imposible, quienes tienen la razón en este dilema?

4. ¿Dios existe?

Una entidad omnisciente y todopoderosa gobierna este mundo, desde su creación hasta su destrucción, compensando y retribuyendo, castigando, o manteniéndose al margen pero igualmente con un plan secreto que de cualquier forma terminará por cumplirse. Una entidad metahumana que da orden y sentido a lo que vemos y vivimos, a lo que existe, incluso cuando este orden toma la forma del caos y lo incomprensible. Una vez imaginado, ¿es posible demostrar su existencia o su inexistencia? Y una paradoja lógica para incrementar el impasse: ¿puede Dios crear una piedra tan pesada que ni siquiera él mismo pueda cargarla? Si no puede entonces no es omnipotente, pero si puede entonces tampoco es omnipotente, porque no tiene la fuerza de cargarla. Esta reducción al absurdo nos muestra en todo caso que no es con el lenguaje humano o con la razón que se puede aprehender a Dios.

5. ¿Hay vida después de la muerte?

Es muy posible que el miedo a la muerte, o el hecho de que no entendamos su significado, haya dado origen a la creencia de que la vida no termina con esta.

Quizá, en este caso, antes que responder si hay vida o no después de la muerte (una vida que, además, imaginamos esencialmente idéntica a la que ahora tenemos), tendríamos que responder en primer lugar por qué debemos morir.

La ciencia moderna considera  a la muerte como un agujero negro, un horizonte de sucesos del cual nada se puede decir, ninguna información extraer, ya que nadie ha regresado de este estado. El budismo tibetano por otra parte considera que todos hemos regersado de la muerte, en ese ciclo kármico de la existencia, e incluso ha diseñado un manual para escapar de la reencarnación.

6. ¿Hay algo que en realidad se pueda experimentar objetivamente?

La dualidad entre objeto y sujeto es uno de los pilares del pensamiento humano, al parecer heredado de las filosofías orientales a los primeros grandes pensadores de Occidente. En esencia se trata de un conflicto con nuestra percepción, de la que obtenemos una versión de la realidad que, al mismo tiempo, intuimos que no se corresponde exactamente con algo que podríamos llamar la realidad real, la realidad objetiva. Si tuviéramos la capacidad visual de los halcones o la olfativa de los perros, ¿cómo cambiaría la realidad que percibimos? O, sin incurrir en estas fantasías, pensemos cuán limitado es el mundo para alguien que nace ciego o sordo. Sabemos que existe una realidad absoluta más allá de nuestros sentidos, pero al mismo tiempo parece que estamos condenados a nunca ser capaces de aprehender esa realidad.

7. ¿Cuál es el mejor sistema moral?

La moralidad, esa serie de costumbres y normas que, de algún modo, nos han permitido sobrevivir colectivamente como especie, ha cambiado sustancialmente con el tiempo, si bien hay algunos elementos más o menos comunes a todas las culturas y épocas (por ejemplo, el incesto, ampliamente estudiado por el antropólogo Claude Lévi-Strauss). Sin embargo, también cabe la posibilidad de que la moralidad sea una pantalla que las narrativas históricas se han encargado de superponer a determinadas épocas, por comodidad discursiva, pero que esta no necesariamente haya sido la norma y, en la práctica, en la cotidianidad, el ser humano sea tan liberal o tan reprimido, tan relajado o tan estricto, lo mismo en la época victoriana que en el medioevo o la que ahora vivimos.

8. ¿Qué son los números?

Una de las invenciones más geniales de la mente humana, los números son sin embargo de una naturaleza en esencia incomprensible. Imprescindibles, de uso diario y, sin embargo, enigmáticos y casi inexplicables. ¿Qué es 2? ¿Qué es 5? De nuevo la tautología como único recurso. Parece que solo podemos decir que 2 es 2 y aceptar que estamos en un callejón sin salida (¿o es un asunto de semántica? ¿un problema nada más lingüístico?

No parece casual que Wittgenstein —siempre Wittgenstein— haya puesto a los números en el mismo nivel que los colores («¿Qué es, pues, algo rojo?», se preguntó alguna vez): «No creas que posees en ti el concepto de color porque miras un objeto coloreado —sea cual fuere la forma en que mires (Como tampoco posees el concepto de número negativo por el hecho de tener deudas.) Zettel, 332».

¿Se te ocurre alguna mas?

 

Fuente original: io9.gizmodo.com/8-philosophical-questions-that-well-never-solve? Traducido y adaptado by Vykthor del artículo en inglés a continuación:

 

8 Great Philosophical Questions That We’ll Never Solve

Philosophy goes where hard science can’t, or won’t. Philosophers have a license to speculate about everything from metaphysics to morality, and this means they can shed light on some of the basic questions of existence. The bad news? These are questions that may always lay just beyond the limits of our comprehension.

1. Why is there something rather than nothing?

Our presence in the universe is something too bizarre for words. The mundaneness of our daily lives cause us take our existence for granted — but every once in awhile we’re cajoled out of that complacency and enter into a profound state of existential awareness, and we ask: Why is there all this stuffin the universe, and why is it governed by such exquisitely precise laws? And why should anything exist at all? We inhabit a universe with such things as spiral galaxies, the aurora borealis, and SpongeBob Squarepants. And as Sean Carroll notes, “Nothing about modern physics explains why we have these laws rather than some totally different laws, although physicists sometimes talk that way — a mistake they might be able to avoid if they took philosophers more seriously.” And as for the philosophers, the best that they can come up with is the anthropic principle — the notion that our particular universe appears the way it does by virtue of our presence as observers within it — a suggestion that has an uncomfortably tautological ring to it.

2. Is our universe real?

This the classic Cartesian question. It essentially asks, how do we know that what we see around us is the real deal, and not some grand illusion perpetuated by an unseen force (who René Descartes referred to as the hypothesized ‘evil demon’)? More recently, the question has been reframed as the “brain in a vat” problem, or the Simulation Argument. And it could very well be that we’re the products of an elaborate simulation. A deeper question to ask, therefore, is whether the civilization running the simulation is also in a simulation — a kind of supercomputer regression (or simulationception). Moreover, we may not be who we think we are. Assuming that the people running the simulation are also taking part in it, our true identities may be temporarily suppressed, to heighten the realness of the experience. This philosophical conundrum also forces us to re-evaluate what we mean by “real.” Modal realists argue that if the universe around us seems rational (as opposed to it being dreamy, incoherent, or lawless), then we have no choice but to declare it as being real and genuine. Or maybe, as Cipher said after eating a piece of “simulated” steak in The Matrix, “Ignorance is bliss.”

3. Do we have free will?

4. Does God exist?

Simply put, we cannot know if God exists or not. Both the atheists and believers are wrong in their proclamations, and the agnostics are right. True agnostics are simply being Cartesian about it, recognizing the epistemological issues involved and the limitations of human inquiry. We do not know enough about the inner workings of the universe to make any sort of grand claim about the nature of reality and whether or not a Prime Mover exists somewhere in the background. Many people defer to naturalism — the suggestion that the universe runs according to autonomous processes — but that doesn’t preclude the existence of a grand designer who set the whole thing in motion (what’s called deism). And as mentioned earlier, we may live in a simulation where the hacker gods control all the variables. Or perhaps the gnostics are right and powerful beings exist in some deeper reality that we’re unaware of. These aren’t necessarily the omniscient, omnipotent gods of the Abrahamic traditions — but they’re (hypothetically) powerful beings nonetheless. Again, these aren’t scientific questions per se — they’re more Platonic thought experiments that force us to confront the limits of human experience and inquiry.

5. Is there life after death?

Before everyone gets excited, this is not a suggestion that we’ll all end up strumming harps on some fluffy white cloud, or find ourselves shoveling coal in the depths of Hell for eternity. Because we cannot ask the dead if there’s anything on the other side, we’re left guessing as to what happens next. Materialists assume that there’s no life after death, but it’s just that — an assumption that cannot necessarily be proven. Looking closer at the machinations of the universe (or multiverse), whether it be through a classical Newtonian/Einsteinian lens, or through the spooky filter of quantum mechanics, there’s no reason to believe that we only have one shot at this thing called life. It’s a question of metaphysics and the possibility that the cosmos (what Carl Sagan described as “all that is or ever was or ever will be”) cycles and percolates in such a way that lives are infinitely recycled. Hans Moravec put it best when, speaking in relation to the quantum Many Worlds Interpretation, said that non-observance of the universe is impossible; we must always find ourselves alive and observing the universe in some form or another. This is highly speculative stuff, but like the God problem, is one that science cannot yet tackle, leaving it to the philosophers.

6. Can you really experience anything objectively?

There’s a difference between understanding the world objectively (or at least trying to, anyway) and experiencing it through an exclusively objective framework. This is essentially the problem of qualia — the notion that our surroundings can only be observed through the filter of our senses and the cogitations of our minds. Everything you know, everything you’ve touched, seen, and smelled, has been filtered through any number of physiological and cognitive processes. Subsequently, your subjective experience of the world is unique. In the classic example, the subjective appreciation of the color red may vary from person to person. The only way you could possibly know is if you were to somehow observe the universe from the “conscious lens” of another person in a sort of Being John Malkovich kind of way — not anything we’re likely going to be able to accomplish at any stage of our scientific or technological development. Another way of saying all this is that the universe can only be observed through a brain (or potentially a machine mind), and by virtue of that, can only be interpreted subjectively. But given that the universe appears to be coherent and (somewhat) knowable, should we continue to assume that its true objective quality can never be observed or known? It’s worth noting that much of Buddhist philosophy is predicated on this fundamental limitation (what they call emptiness), and a complete antithesis to Plato’s idealism.

7. What is the best moral system?

Essentially, we’ll never truly be able to distinguish between “right” and “wrong” actions. At any given time in history, however, philosophers, theologians, and politicians will claim to have discovered the best way to evaluate human actions and establish the most righteous code of conduct. But it’s never that easy. Life is far too messy and complicated for there to be anything like a universal morality or an absolutist ethics. The Golden Rule is great (the idea that you should treat others as you would like them to treat you), but it disregards moral autonomy and leaves no room for the imposition of justice (such as jailing criminals), and can even be used to justify oppression (Immanuel Kant was among its most staunchest critics). Moreover, it’s a highly simplified rule of thumb that doesn’t provision for more complex scenarios. For example, should the few be spared to save the many? Who has more moral worth: a human baby or a full-grown great ape? And as neuroscientists have shown, morality is not only a culturally-ingrained thing, it’s also a part of our psychologies (the Trolly Problem is the best demonstration of this). At best, we can only say that morality is normative, while acknowledging that our sense of right and wrong will change over time.

8. What are numbers?

We use numbers every day, but taking a step back, what are they, really — and why do they do such a damn good job of helping us explain the universe (such as Newtonian laws)? Mathematical structures can consist of numbers, sets, groups, and points — but are they real objects, or do they simply describe relationships that necessarily exist in all structures? Plato argued that numbers were real (it doesn’t matter that you can’t “see” them), but formalists insisted that they were merely formal systems (well-defined constructions of abstract thought based on math). This is essentially an ontological problem, where we’re left baffled about the true nature of the universe and which aspects of it are human constructs and which are truly tangible.

Más de 15.000 científicos lanzan una alerta para salvar el planeta

Veinticinco años después de la primera advertencia, un nuevo llamamiento advierte de que casi todos los problemas son ahora “mucho peores”

Un grupo de 15.000 científicos de 184 países han alertado, por segunda vez en 25 años, de las negativas tendencias ambientales que amenazan “seriamente” el bienestar humano y causan daños “sustanciales” e “irreversibles” a la Tierra. Advertencia de los científicos del mundo a la Humanidad: Un segundo aviso es el título del artículo que firman en el numero de noviembre 2017 de la revista BioScience, en el que hablan de las “señales obvias de que vamos por un camino insostenible”, aunque también ofrecen acciones para intentar revertir las tendencias actuales. A su juicio, casi todos los problemas que acucian al planeta son ahora “mucho peores” que en su primer llamamiento, de 1992.

En los últimos 25 años, las tendencias en nueve temas medioambientales “sugieren que la Humanidad sigue arriesgando su futuro”, aunque hay algunas excepciones como la estabilización de la capa de ozono. Esta “rápida disminución global de las sustancias que perjudican la capa de ozono muestra que podemos hacer cambios positivos cuando actuamos de forma decisiva”, subrayan. Pero el bienestar humano sigue “seriamente amenazado” por tendencias negativas como el cambio climático, la deforestación, la falta de acceso agua dulce, la extinción de las especies y el crecimiento de la población humana, escriben los expertos.

Sin embargo, “la Humanidad no está tomando las medidas urgentes necesarias para proteger nuestra biosfera en peligro”, según los firmantes del artículo, ya que “la abrumadora mayoría” de las amenazas que ya se habían descrito persisten y, “de manera alarmante, la mayoría están empeorando”. Por ello, los científicos sugieren 13 áreas en las que actuar y piden una corriente de presión pública para convencer a los líderes políticos de que adopten las medidas correctivas.

Crear más reservas terrestres y marinas, fortalecer la aplicación de las leyes contra la caza furtiva y las restricciones al comercio de especies silvestres, ampliar los programas de planificación familiar y de educación para las mujeres, promover un cambio de dieta basada en las plantas y la adopción “generalizada” de energías renovables y tecnologías “verdes” son algunas de sus propuestas.

Esta es la segunda advertencia sobre los peligros del futuro, que ha sido necesaria al constatar que casi todas las amenazas se han recrudecido desde 1992, cuando más de 1.700 científicos, entre ellos todos los premios nobel vivos, firmaron Advertencia de los científicos del mundo a la Humanidad, publicada por la Union of Concerned Scientists (Unión de Científicos Preocupados). La segunda advertencia ha sido redactada por una nueva organización independiente internacional, la Alianza de Científicos Mundiales, liderada por el profesor William Ripple, de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad estatal de Oregón (EE UU), con datos de agencias gubernamentales, organizaciones sin ánimo de lucro e investigadores individuales.

Algunas personas, “podrían tener la tentación de ignorar estas evidencias y pensar que estamos siendo alarmistas”, indica Ripple, pero “los científicos saben interpretar datos y mirar a las consecuencias a largo plazo. Los que han firmado esta segunda advertencia no están solo lanzando una falsa alarma”. Al contrario, “están reconociendo las señales obvias de que vamos por un camino insostenible”. “Esperamos que nuestro documento encienda un amplio debate público sobre el medioambiente y el clima global”, agrega.

Aunque el panorama parece sombrío, los científicos señalan que se han hecho progresos en algunas áreas como la reducción de los productos químicos que dañan la capa de ozono y el aumento de la energía generada con fuentes renovables. Además, en algunas regiones se ha producido un “rápido descenso en las tasas de natalidad, lo que puede atribuirse a inversiones para la educación de las mujeres” y también se ha registrado una ralentización de las tasa de deforestación en algunos lugares.

Entre los principales peligros, la Alianza destaca el aumento del 35% de la población humana, que ha sumado 2.000 millones de personas desde 1992, mientras se produce una reducción colectiva del 29% en el número de mamíferos, reptiles, anfibios, aves y peces. “Hemos desencadenado un evento de extinción masiva, el sexto en aproximadamente 540 millones de años, en el que muchas formas de vida actuales podrían estar aniquiladas o al menos comprometidas de extinción para finales de este siglo”, recuerdan. Otras tendencias negativas son la reducción del 26% en la cantidad de agua dulce disponible per capita, el descenso en las capturas de pescado salvaje, a pesar del aumento de los esfuerzos pesqueros, o un incremento del 75% en las zonas muertas de los océanos.

También causa preocupación la pérdida de unos 300 millones de acres de bosque, muchos de ellos convertidos en agrícolas, el continuo incremento de las emisiones globales de carbono y el aumento de las temperaturas. “Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de nuestra fallida trayectoria, y el tiempo se agota”, advierten los científicos, que llaman al resto de la comunidad a respaldar la el manifiesto.

 

Efecto Dunning-Kruger, opinar sin tener ni idea, y el efecto Mandela, productos de la manipulación y la ignorancia.

Efecto Dunning-Kruger, o por qué la gente opina de todo sin tener ni idea.

El efecto Dunning-Kruger puede resumirse en una frase: cuanto menos sabemos, más creemos saber. Es un sesgo cognitivo según el cual, las personas con menos habilidades, capacidades y conocimientos tienden a sobrestimar esas mismas habilidades, capacidades y conocimientos. Como resultado, suelen convertirse en ultracrepidianos; gente que opina sobre todo lo que escucha sin tener idea, pero pensando que sabe mucho más que los demás.
El problema es que las víctimas del efecto Dunning-Kruger no se limitan a dar una opinión ni a sugerir, sino que intentan imponer sus ideas, como si fueran verdades absolutas, haciendo pasar a los demás por incompetentes o completos ignorantes, cuando en realidad no es así. Obviamente, lidiar con estas personas no es fácil porque suelen tener un pensamiento muy rígido.

El delincuente que intentó volverse invisible con zumo de limón

A mediados de 1990 se produjo en la ciudad de Pittsburgh un hecho que podríamos catalogar, cuanto menos, de sorprendente. Un hombre de 44 años atracó dos bancos en pleno día, sin ningún tipo de máscara para cubrir su rostro y proteger su identidad. Obviamente, aquella aventura delictiva tuvo una vida muy corta ya que el hombre fue detenido rápidamente.
Cuando lo apresaron, McArthur Wheeler, que así se llamaba, confesó que se había aplicado zumo de limón en la cara ya que este le haría invisible ante las cámaras. “¡Pero si me puse zumo de limón!”, fue su asombrada respuesta cuando lo arrestaron.
Más tarde se conoció que la idea del zumo fue una sugerencia de dos amigos de Wheeler, quienes bromearon sobre el hecho de que atracarían un banco usando esa técnica para que no los reconocieran. Wheeler puso a prueba la idea aplicándose zumo en su cara y sacándose una fotografía, en la cual no apareció su rostro. Es probable que se debiera a un mal encuadre, pero aquella “prueba” fue definitiva para Wheeler, quien decidió llevar adelante su plan “genial”.
La historia llegó a oídos del profesor de Psicología social de la Universidad de Cornell, David Dunning, quien no podía dar crédito a lo que había sucedido. Aquello le llevó a preguntarse: ¿Es posible que mi propia incompetencia me impida ver esa incompetencia?
Ni corto ni perezoso, puso manos a la obra, junto a su colega Justin Kruger. Lo que hallaron en la serie de experimentos que realizaron los dejaron aún más sorprendidos.

El estudio que dio origen al efecto Dunning-Kruger 

En una serie de cuatro experimentos, estos psicólogos analizaron la competencia de las personas en el ámbito de la gramática, el razonamiento lógico y el humor.
A los participantes les pidieron que estimaran su grado de competencia en cada uno de esos campos. A continuación, debían realizar una serie de test dirigidos a evaluar su competencia real.
Entonces los investigadores notaron que cuanto mayor era la incompetencia de la persona, menos consciente era de ella. Paradójicamente, las personas más competentes y capaces solían infravalorar sus competencias y conocimientos. Así surgió el efecto Dunning-Kruger.
Estos psicólogos concluyeron además que las personas incompetentes en cierta área del conocimiento:
– Son incapaces de detectar y reconocer su incompetencia.
– No suelen reconocer la competencia del resto de las personas.
La buena noticia es que este efecto se diluye a medida que la persona incrementa su nivel de competencia ya que también se vuelve más consciente de sus limitaciones.

¿Por qué cuanto menos sabemos, más creemos saber?

El problema de esta percepción irreal se debe a que para hacer algo bien, debemos tener al menos un mínimo de habilidades y competencias que nos permitan estimar con cierto grado de exactitud cuál será nuestro desempeño en la tarea.
Por ejemplo, una persona puede pensar que canta estupendamente porque no tiene ni idea de música y no conoce todas las habilidades necesarias para controlar adecuadamente el tono y timbre de la voz y llevar el ritmo. Eso hará que diga que “canta como los ángeles”, cuando en realidad tiene una voz espantosa.
Lo mismo ocurre con la ortografía, si no conocemos las reglas ortográficas, no podremos saber dónde nos equivocamos y, por ende, no seremos conscientes de nuestras limitaciones, lo cual nos llevará a pensar que no cometemos errores ortográficos.
De hecho, el efecto Dunning-Kruger se puede apreciar en todas las áreas de la vida. Un estudio realizado en la Universidad de Wellington reveló que el 80% de los conductores se califican a sí mismos por encima de la media, lo cual, obviamente, es estadísticamente imposible.
Este sesgo cognitivo también se aprecia en el ámbito de la Psicología. Tal es el caso de las personas que afirman que “mi mejor psicólogo soy yo mismo”, simplemente porque desconocen por completo cómo les puede ayudar este profesional y la complejidad que encierran las técnicas psicológicas.
En práctica, creemos que sabemos todo lo que es necesario saber. Y eso nos convierte en personas sesgadas que se cierran al conocimiento y emiten opiniones como si fueran verdades absolutas.

¿Cómo minimizar el efecto Dunning-Kruger, por nuestro propio bien?

Todos cometemos errores por falta de cálculo, conocimientos y previsión. La historia está repleta de errores épicos, como el de la emblemática Torre de Pisa, que comenzó a inclinarse incluso antes de que terminara la construcción. Hace tan solo unos años, el gobierno francés gastó 15.000 millones de euros en una flota de 2.000 trenes nuevos, para después descubrir que eran demasiado anchos para 1.200 de sus estaciones, lo cual les llevó a invertir aún más para acondicionar esas estaciones.
En nuestro día a día también podemos cometer errores por falta de experiencia y por sobreestimar nuestras capacidades. Los errores no son negativos y no debemos huir de ellos sino que podemos convertirlos en herramientas de aprendizaje, pero tampoco es necesario tropezar continuamente con la misma piedra ya que llega un punto en que resulta frustrante.
De hecho, debemos mantenernos atentos a este sesgo cognitivo porque la incompetencia y la falta de autocrítica no solo hará que lleguemos a conclusiones equivocadas sino que también nos impulsará a tomar malas decisiones que terminen dañándonos.
Esto significa que, en algunos casos, la responsabilidad por los “fracasos o errores” que experimentamos a lo largo de la vida no recae en los demás ni es culpa de la mala suerte sino que depende de nuestra deficiente autoevaluación.
Para minimizar el efecto Dunning-Kruger y no convertirnos en esa persona que opina sobre todo sin tener idea de nada, lo más importante es aplicar estas sencillas reglas:
– Sé consciente al menos de la existencia de este sesgo cognitivo.
– Deja siempre un espacio para la duda, para formas diferentes de pensar y hacer las cosas.
– Opina siempre desde el respeto a los demás. Por muy seguro que estés de tu opinión, no intentes imponerla.
Debemos recordar que nadie es experto en todas las materias de conocimiento y ámbitos de la vida, todos tenemos carencias e ignoramos muchas cosas. Por tanto, lo mejor es enfrentar la vida desde la humildad y con la actitud del aprendiz.

¿Cómo lidiar con las personas que no reconocen su incompetencia o desconocimiento?

Las personas que opinan de manera tajante sobre todo sin tener idea y que subestiman a los demás, suelen generar un gran malestar. Nuestra primera reacción suele ser irritarnos o enfadarnos. Es perfectamente comprensible, pero no servirá de nada. En su lugar debemos aprender a mantener la calma. Recuerda que solo puede afectarte aquello a lo que le das poder, lo que consideras significativo. Y sin duda, la opinión de una persona que no es experta en la materia y ni siquiera sabe de lo que habla, no debería ser significativa.
Si no deseas que la conversación vaya más allá, simplemente dile: “He escuchado tu opinión. Gracias”, y zanja el asunto. Si realmente te interesa que esa persona salga de su estado de desconocimiento y sea más consciente de sus limitaciones, lo único que puedes hacer es ayudarle a desarrollar sus habilidades en esa área.
Evita frases como “no sabes de lo que hablas” o “no tienes ni idea” porque de esta forma solo lograrás que esa persona se sienta atacada, asuma una actitud defensiva y se cierre a tus propuestas. En su lugar, plantea una nueva perspectiva. Puedes decir: “ya te he escuchado, ahora imagina que las cosas no fueran exactamente así”. El objetivo es lograr que esa persona se abra a opiniones y formas de hacer diferentes.
También puedes recalcar la idea de que todos somos inexpertos o incluso profundos desconocedores en algunos campos, no es algo negativo sino una increíble oportunidad para seguir aprendiendo y crecer como personas.

 

Fuentes: -Kruger, J. & Dunning, D (1999) Unskilled and Unaware of It: How Difficulties in Recognizing One’s Own Incompetence Lead to Inflated Self-Assessments.
-Journal of Personality and Social Psychology; 77(6): 1121-1134.
-McCormick, A. et. Al. (1986) Comparative perceptions of driver ability— A confirmation and expansión. Accident Analysis & Prevention; 18(3): 205-208.

 

¿Qué es el efecto mandela?

Para comprender este efecto es necesario conocer su origen, en el año 2013 luego de varios problemas pulmonares el expresidente de Sudafrica Nelson Mandela murió, una noticias que conmocionó al mundo, pero sucedió algo muy extraño luego de este hecho de impacto mundial, Fiona Broome, una blogera muy reconocida en el mundo paranormal escribe haber quedado impactada pues ella recordaba que Mandela había muerto en la carcel, recordaba detalles como el de su viuda llorando, disturbios callejeros, etc.

Desde que Fiona Broome lo hizo publico miles de personas empezaron a reportar que ellos recordaban que este presidente había muerto muchos años atrás en la cárcel y fue así como comenzaron a surgir historias similares en el mundo y se le bautizó como el efecto mandela.

El efecto Mandela, caso: Star Wars

Las personas empezaron a teorizar sobre este fenómeno, indicando que estos recuerdos eran de un universo paralelo donde el expresidente Mandela murió en la cárcel o peor aún, que las personas que experimentaban estos recuerdos provenían de realidades alternas en la que el expresidente realmente murió en la cárcel y por ello se explica que estas personas tengan en sus memorias eventos que en nuestra realidad aún no han ocurrido.

efecto mandela ejemplos

Uno de los ejemplos más impresionantes es el que sucede con el efecto mandela y la película Guerra de las Galaxias, en la entrega de “El imperio contraataca” ocurre una de las escenas más famosas de esta saga, donde Darth Vader le revela a Luke que es su padre. La mayoría de las personas que vio esta película recuerda haber oído la frase “No luke, yo soy tu padre”, pero en realidad él nunca dijo el nombre de luke, esto pasaría por alto como un invento del público.

Este es un caso inquietante del efecto mandela en star wars porque el actor dice haber leído en el guión la palabra luke pero en el papel original conocido no se observa la palabra luke, esto es bastante inquietante pues incluso existe mercancía referente a la película con esta frase que nunca salió en la película, al menos no en nuestra realidad.

Efecto Mandela ejemplos y explicación

Hay otros ejemplos del efecto mandela con títulos de series como Sex and The city, que es recordada por muchas personas como Sex in the City. También en la web se pueden encontrar casos de personas que al despertar no reconocen las cosas más elementales de su entorno, incluso el caso de una mujer que dice que nadie en su familia recuerda una operación en el hombro de una de sus hermanas. Otro también es con el cereal Froot Loops que es recordado por algunos como Fruit Loops.

Hay varias explicaciones para este fenómeno que he resumido de la siguiente manera:

  • Sesgo de confirmación: La mente por lo general trata de adaptar tus recuerdos a las cosas en las que crees, por tanto mientras mas te interese el tema del efecto Mandela mas tendrás este tipo de experiencias.
  • La desinformación: Si hay un hecho que no recuerdas bien o no conoces a profundidad, pero alguien te comenta al respecto, puedes terminar almacenando esta información como parte de tus recuerdos y posteriormente considerarla como cierta aunque no lo sea.
  • Falsa Atribución a la memoria: La mente nunca esta dispuesta a aceptar como cierto nuevos hechos que antes dábamos por seguros, por ello aunque un evento no halla ocurrido, es posible que has escuchado tantas veces la versión errada, que cuando te dicen la real te sorprendas y lo niegues.
  • Criptomnesia: Es normal que nuestros cerebro convierta cosas que hemos imaginado en los espacios donde va la memoria, un pequeño fallo de configuración orgánica podríamos decir. Esto te hará entender que recuerdas algo que solamente imaginaste alguna vez.
  • Disonancia cognitiva: si una información suministrada va en contra de tus creencias mas fuertes entonces estas en un episodio de negación de la realidad, tratando de fusionar tus recuerdos con tus creencias.
  • Falsa Memoria: el estrés postraumatico produce que el cerebro adapte los recuerdos a eventos mas aceptables para mejorar la sensación de vida.
  • Conspiración: no requiere mayor definición, pero los mas defensores del efecto mándela atribuyen esta experiencia a algo que nos oculta alguien que no desea que conozcamos la verdad.

Otros Casos del Efecto Nelson Mandela

Existen muchos eventos algunos con mas relevancia o no en la historia pero que sin duda prueban que este extraño fenomeno esta sucediendo cada vez con mas frecuencia entre las personas, ya hemos mencionado algunos de los mas conocido y ahora te hablaremos de otros no tan conocidos pero igual de sorprendentes:

El hombre que paró la fila de tanques en china

El 5 de julio del año 1989 fue captada una imagen de un hombre parando la fila de tanques en medio de la masacre de la plaza Tiananmén en china. Lo que sucedió fue que los tanques no pudieron pasar, se detuvieron frente a un indefenso hombre con bolsas en sus manos. Pero lo increíble es que hoy existen miles de personas que dicen recordad el evento muy diferente, ellos dicen que los tanques si le pasaron por encima a aquel hombre quitandole la vida y lo afirman con tal seguridad que al conocer lo que realmente sucedió entran en shock mental.

Casos puntuales que involucran este efecto

  • La serie de osos The Berenstain Bears es recordada por algunas personas como The Berentein Bears.
  • El Logo de la compañía Volkswagen es recordado por muchas personas de manera diferente.
  • El funcionamiento y composicion del sistema digestivo.
  • El tamaño de los continentes.
  • El tamaño de Italia.
  • La ubicación y el tamaño de Australia.
  • La cantidad de personas que iban en el carro de Kennedy cuando fue asesinado. Muchos dicen recordad que eran 4 personas pero en realidad eran 6.
  • Tras la reciente muerte de  Fidel Castro de Cuba muchas personas han expuesto en foros que ellos tienen recuerdos de que ya Fidel castro había muerto hace años, algunos recuerdan que había muerto en los años 90, otros que su muerte fue anunciada hace 1 año o 2. Incluso algunos dicen que recuerdan haber visto su imagen en el ataúd con tanta exactitud que les aterra. Lo cierto es que no, el ha muerto este viernes 25 de noviembre de 2016, así que si es tu caso, estas siendo victima del efecto mándela con la muerte de Fidel castro.
  • Patrick Swayze, muchos recuerdan que el se recupero del cáncer, cuando en realidad murió en 2009 producto de esa enfermedad.
  • Muhammed Ali, algunos creen recordad que ya no esta con nosotros, ellos piensan que murió y recuerdan incluso su emotivo funeral, pero realmente aun sigue vivo y tiene 74 años hasta este momento mayo de 2016.
  • La forma en que fue sesinado Dr. Martin Luther King, algunos dicen que fue con una pistola a una distancia corta, pero en realidad fue con un rifle a larga distancia.
  • Madre Teresa de Calcuta, algunos se sorprendieron cuando fue declarada santa, porque según ellos recordaban que esto había sucedido en el año 90 cuando aun ella estaba viva. Además hay quienes dicen recordad que su nombre no era teresa sino Theresa.
  • Katy Perry, muchas personas afirman que su nombre no es Katy sino Kate.
  • El golpe del 23F en palacio de cortes, mucha gente creo recordar que fue transmitido en vivo aquel suceso terrible, pero la realidad es que fue transmitido por radio y pasado en tv mucho después.
  • Ricky Martin y el mito del tarro de mermelada:  En antena 3 surgió un mito de una supuesta escena donde Ricky Martin sorprendía a una fan pero al salir del armario donde se encontraba la encontró sin ropa y con un tarro de mermelada y su mascota. Pues bien, esa escena nunca existió y tuvo que salir la propia presentadora a desmentir los mitos que había sobre que hubieran borrado el vídeo.
  • La película de J.J. Abrams Super 8, los protagonistas nunca se besaron, aunque la gente dice recordar que el beso entre ellos fue la parte mas tierna de la película
  • Tom Cruise no llevaba gafas en la famosa escena de baile de rodríguez en Risky Business, pero todas las imitaciones lo incluyen con gafas.
  • La pintura de Enrique VIII por Hans Holbein las personas dicen recordar que el llevaba una pata de pavo, pero esta idea es falsa, solo llevaba un guante.
  • El típico emblema de monopoly que todos recordamos, un magnate corriendo con una bolsa de dinero y sombrero de copa, nunca ha llevado un lente tipo monóculo, pero así lo recuerdas no?.

Prueba irrefutable del efecto mándela en Carpool Karaoke de James Corden

Esta es la prueba mas reciente que ha quedado grabada en vídeo del efecto mandela, sera mejor que estés sentado porque puedes quedar realmente impactado con lo que vas a ver. Todos recordamos la famosa canción “We are de champions” de Queen, ¿La recuerdas?, bueno si haces memoria del final de la canción, recordaras que esta termina en “of the world” o como sonaría en la música “because we are the championsssss …. of the woooorrrlldd”, ¿ahora si la recuerdas?, bueno pero y si te dijera que en la canción original no existe el final “of the world”, así es, la canción termina en “champions” y queda un vació de silencio y te lo vamos a probar con el vídeo original y con un vídeo increíble donde los famosos Julia Roberts, George Clooney y Gwen Stefani cuando asistieron al programa Carpool Karaoke de James Corden y cantaron la canción, al final se quedan en shock cuando ven que esa frase tan recordada misteriosamente desapareció del audio original.

Aquí dejo como referencia dos paginas en inglés pero que en ella podrás leer sobre un sin fin de casos catalogados como del efecto mandela: mandelaeffect.com y www.reddit.com, y que me han servido de fuente.

 

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