Eadem sed aliter: la eterna repetición de lo mismo

Apenas cumplidos los veinte años, Arthur Schopenhauer confesaba amargamente al poeta Wieland que la vida es un asunto deplorable: desde aquel momento concentraría su principal propósito en reflexionar sobre ella, desarrollando una explicación metafísica del mundo, ese gran jeroglífico. ¿Significa algo la realidad? ¿Por qué el ser humano –dotado de la pretendidamente omnipotente razón– ha de vivir “con las armas en la mano”, enfrentándose a terribles sufrimientos y tribulaciones constantes?

El carácter de las cosas de este mundo, particularmente del mundo de los hombres, no es tanto la imperfección, como se ha dicho a menudo, sino más bien la distorsión en lo moral, en lo intelectual, en lo físico, en todo (Schopenhauer, Senilia).

En respuesta a autores como Lessing (La educación del género humano) o Kant, defensores de un progreso paulatino hacia la moralidad de los hombres –si bien no exento de penosos intermedios–, Schopenhauer plantea la eterna repetición de los acontecimientos, año tras año y para toda la eternidad (“el círculo es el símbolo de la naturaleza”). Es imposible reconocer un objetivo final, una meta de las acciones del ser humano, que a pesar de albergar notables fuerzas corporales y sobresalientes disposiciones espirituales, no puede dejar de atormentar a sus congéneres como si sus fines tuvieran alguna importancia real.

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Nuestra existencia, como la del resto de los seres vivos, sólo representa la eterna repetición de lo mismo. Comemos para vivir y vivimos bajo la condición de encontrar alimento: cualquier existencia encuentra su base en una pulsión carente de sentido, un impulso irracional (grundlos, es decir, sin fundamento, sin suelo firme).

Llegará, llegará, por cierto, la época de la plenitud, puesto que el hombre […] hará el bien porque es el bien y no porque recompensas arbitrarias, que en otro tiempo auxiliaban y fortalecían a su voluble mirada, lo lleven a conocer las íntimas y mejores recompensas del mismo. Llegará, ciertamente, la época de un “Nuevo y Eterno Evangelio” que, incluso, nos ha sido prometida en los libros elementales del Nuevo Testamento (Lessing, La educación del género humano, §§ 85 y 86).

Por ello supone una ilusión y una notable cortedad de miras pensar en el perfeccionamiento del género humano: nuestros constantes esfuerzos por desterrar el sufrimiento no logran sino cambiar su apariencia, por todas partes vemos la imagen del retorno, desde el movimiento de los astros hasta la vida de todo ser orgánico o inorgánico. Es la esencia de la naturaleza.

Al contrario que Hegel, con el que Schopenhauer mantuvo duras discusiones a través de sus obras, éste considera que en la historia universal nunca ocurre nada razonable (lo que nos acerca al particular y en ocasiones indebidamente llamado irracionalismo de Unamuno –el sentir es anterior al pensar–).

En la esfera espiritual […] se descubre que la forma superior ha nacido de la transelaboración de la anterior e inferior. Esta, por tanto, ha dejado de existir; y si las variaciones espirituales acontecen en el tiempo, es porque cada una de ellas es la transfiguración de la anterior. La historia universal es el desenvolvimiento, la explicitación del espíritu en el tiempo; del mismo modo que la idea se despliega en el espacio como naturaleza (Hegel, Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal, Cap. III, 1).

OuroborosSchopenhauer declara la absoluta bancarrota de los ideales europeos que habían sido propugnados a lo largo de todo el período de la Ilustración: la razón queda supeditada a un impulso anterior, primigenio, a la voluntad que quiere, sin más, mantenerse en la existencia a cualquier precio.

El “tiempo de la consumación” del que Lessing nos habla, el estadio final de la verdad racional es sustituido por la imagen de un teatro en el que siempre se representan las mismas escenas, aun cuando los personajes sean distintos. Eadem, sed aliter: lo mismo, pero de otra manera.

La aspiración al progreso queda desmantelada en el sistema tejido por Schopenhauer, y con él, la oportunidad de ofrecer un sentido definitivo del mundo: nunca ocurre –ni ocurrirá– nada nuevo, nada mejor, recordando las incisivas palabras del Eclesiastésnihil novum sub sole.

En “El lobo” (1903), uno de los más breves y concentrados relatos de Hermann Hesse, se nos cuenta la historia de una manada a la que los apuros propios del invierno empujaron a estrechar los vínculos de sus miembros, dándose calor unos a otros. Por su parte, Larra escribía en “La vida en Madrid” (1834) que “sólo un Dios y un Dios todopoderoso podía hacer amar una cosa como la vida”. ¿Bajo qué supuestos queda legitimada la creencia en el progreso? ¿Es éste posible sin la comparecencia de la necesidad?

Y luego proseguí: “¡Mira este instante! A partir del portón llamado Instante corre hacia atrás una calle sin fin: detrás de nosotros yace una eternidad. ¿Acaso no tendrá que haber recorrido alguna vez esta calle todo cuanto puede correr? ¿Acaso no tendrá que haber ocurrido ya alguna vez cada una de las cosas que pueden ocurrir? (Nietzsche, Así habló Zarathustra, III, “De la visión y del enigma”, II).

Articulo original: Carlos Javier González Serrano.

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CRÍTICA DE PLATÓN A LA DEMOCRACIA

La de Platón ha sido la condena más enérgica de la democracia. Es cierto que aquella democracia no tenía nada que ver con las actuales democracias modernas, pues había grandes grupos de personas –las mujeres, los extranjeros y los esclavos— que no tenían ningún derecho reconocido, esto es, que no eran ciudadanos.

Pero hay algo de aquella crítica que también vale para hacer un sano ejercicio crítico sobre los peligros a los que nos puede asomar una democracia que camina por los senderos de la ignorancia y la indiferencia. El chiste lo refleja muy bien: uno le pregunta a otro: “Oye, ¿Qué es peor?¿la ignorancia o la indiferencia? Y el otro responde: ni lo sé ni me importa”.

Platón negó rotundamente que todos los ciudadanos estuviesen por igual capacitados para participar en política, esto es, para poder ser elegidos gobernantes. Del mismo modo que cuando vamos a hacernos una casa consultamos con el ingeniero, cuando tenemos que averiguar cómo dirigir una sociedad tenemos que escuchar al sabio. Y Platón ponía un ejemplo muy claro: imaginad un barco a la deriva; imaginad que el capitán muere y que el barco se dirige directamente hacia unos acantilados. Pues bien, Platón considera que si entre los tripulantes hubiese alguien que tuviese conocimientos de los astros y del arte de la navegación, entonces todos tendrían que seguir las órdenes de esta persona. Supongamos ahora que nuestro país en crisis es un barco a la deriva: ¿qué ocurriría si confiásemos el gobierno a los expertos de la economía, la educación y la política? ¿Nos iría mejor?

Otra de las cosas que Platón apreció de la democracia fue el problema de la multitud. La pregunta que se hace es la siguiente: las decisiones de la mayoría, ¿son justas? Platón hizo una larga lista de las atrocidades que se cometieron por decisiones adoptadas por mayoría en la asamblea ateniense. Entre ellas, la condena a muerte de su maestro Sócrates. Y el problema que encontró fue que la ignorancia de la mayoría era aprovechada por unos pocos oradores, que usaban sus capacidades comunicativas para convencer a los demás, y así conseguir sus fines particulares (conseguir poder, riquezas, fama, etc.). Luego, lo que los grandes oradores perseguían no era lo bueno para la sociedad (lograr una sociedad justa, sin delincuencia, sin desigualdad, ya sea ésta social, cultural, religiosa o económica, etc.).

Imaginemos que todos los estudiantes españoles mayores de edad pueden participar en un referendum que va a permitir decidir si se elimina la asignatura de Filosofía del Sistema Educativo. ¿Cuál creéis que será el resultado? Está cantado: Sí.

¿Por qué? Porque siempre habrá alguien que sea capaz de convencer a la mayoría –que por lo demás rechaza todo lo que supone esfuerzo y dedicación— de que la Filosofía no sirve para nada, que es algo que no tiene ninguna aplicación práctica y que, en definitiva, no es algo que sirva para ganar dinero o para generar riqueza en la sociedad. Pero pongámonos en plan sospechoso: ¿por qué no le interesa a nuestros políticos la Filosofía? ¿Por qué no desean que las personas tengan espíritu crítico (que es lo que la Filosofía primeramente promueve)? Pues para que luego no sean capaces de montar movimientos como los del 15 M, movimientos que puedan sacar del poder a los políticos de turno.

Y lo que es peor aún. Si la sociedad reclama más seguridad, menos inmigración, menos integración étnica, entonces el político de turno toma nota. Y ahora llama “bueno” a aquello que desea la mayoría porque esto le va a permitir obtener más votos y así seguir en el poder. Y si la mayoría, por ejemplo odia a los judíos porque éstos se han apoderado de la economía del país (casi como algunos nos hacen creer que ocurre hoy día en España con los Chinos), entonces aparecerá algún político dispuesto a prometer medidas duras contra estas personas.

Luego lo que importa en nuestras democracias no es la verdad sino los deseos (a menudo crueles) de una mayoría que es gobernada bajo los efectos de una ignorancia extendida a todos los rincones de la sociedad. El mayor peligro de la democracia sigue siendo hoy día que ésta degenere en una dictadura atroz. Aprendamos de la historia reciente, y tratemos de hacer justicia con las víctimas de la Alemania Nazi y la España Franquista, entre otras. Fortalezcamos la democracia luchando por un sistema educativo de calidad.

¿La historia de Jesucristo fue un invento de aristócratas romanos para controlar a los pobres?

Comparando la vida de jesús según se cuenta en el nuevo testamento y “la guerra de los judíos” de flavio josefo, el investigador joseph atwill concluye que la historia del mesías fue en realidad una fabulación de autoridades romanas para mantener pacificada y controlada a parte de su población.

En una tesis que sin duda despierta polémica pero igualmente hace ver la antigüedad de la propaganda como un mecanismo de poder y control, el investigador estadounidense Joseph Atwill sostiene que la historia mesiánica de Jesucristo fue en realidad un invento del Imperio Romano para pacificar a los más pobres, un “sistema de control mental para producir esclavos que creían que Dios había decidido su esclavitud”.

Atwill es autor de Caesar’s Messiah: The Roman Conspiracy to Invent Jesus, un libro recién publicado en el que desmonta la idea de que el cristianismo comenzó como una religión y, en su lugar, lo coloca como una sofisticada maniobra de propaganda gubernamental. De acuerdo con el investigador, los libros que integran el Nuevo Testamento (base de la doctrina cristiana) no fueron escritos por los evangelistas y otros personajes a quienes la tradición y el dogma atribuyen su autoría, sino por un grupo específico de aristócratas romanos en el siglo I de nuestra era.

Según esta interpretación, uno de los motivos detrás de dicha estrategia fue la persistente rebeldía del pueblo judío y, en particular, sectas religiosas que so pretexto de esperar la llegada de un “Mesías guerrero”, con frecuencia desafiaban la hegemonía de Roma. En cierto punto el Imperio dejó de lidiar con este problema por la vía armada y, a cambio, optó por la psicológica, según defiende Atwill.

“En vez de alentar la guerra, este Mesías incitaba al pacifismo de poner la otra mejilla y animaba a los judíos a “dar al César” y “pagar sus impuestos a Roma”, explica el investigador. Y continúa:

Aunque el cristianismo puede ser cómodo para algunos, también puede ser muy dañino y represivo, una forma insidiosa de control mental que conduce a la aceptación ciega de la servidumbre, la pobreza y la guerra a través de la historia. Actualmente, en especial en Estados Unidos, es utilizado para generar apoyo para la guerra en Medio Oriente.

Como evidencia de sus afirmaciones Atwill presenta una comparación entre las narraciones del Nuevo Testamento y la de Flavio Josefo en La guerra de los judíos, el único testimonio escrito conservado de la vida en Judea durante el siglo I. Atwill asegura que entre ambos relatos hay similitudes que hasta ahora han pasado inadvertidas a propósito de esta posible invención propagandística.

Lo que parece que ha sido eludido por muchos investigadores es que la secuencia de eventos y lugares del ministerio de Jesús es más o menos la misma que la secuencia de eventos y localidades de la campaña militar de Tito Flavio según la describe Josefo. Esta es una evidencia clara de un patrón construido deliberadamente. De hecho, la biografía de Jesús está construida, de principio a fin, sobre historias previas, pero especialmente sobre la biografía de un César romano.

fuente: www.independent.co.uk/news/uk/home-news/story-of-jesus-christ-was-fabricated-to-pacify-the-poor-claims-controversial-biblical-scholar-8870879.html

fuenta2: pijamasurf.com/2013/10/la-historia-de-jesucristo-fue-un-invento-de-aristocratas-romanos-para-controlar-a-los-pobres

La ética del teletransporte y viajes en el tiempo vista desde el cine.

“¿Mueren los personajes de ‘Star Trek’ cada vez que se teletransportan?”

Uno de los clásicos de la ciencia ficción es el teletransporte. Esa máquina en la que uno se monta, aprieta un botón y aparece en otro lugar, galaxia o momento. En el magistral artículo de Jaime Rubio “Dos experimentos mentales para poner en duda tu propia identidad” se reflexiona desde el punto de vista científico y desde el filosófico sobre las consecuencias del teletransporte y del trasplante de cerebro.

Ambas opciones no son reales en la actualidad, pero eso no significa que se hagan realidad en un futuro quizás no muy lejano. En 2015 un cirujano italiano saltaba a los titulares al anunciar la posibilidad de realizar el primer trasplante de cuerpo entero, y en muchos centros de investigación y médicos del mundo se sigue investigando en torno al trasplante de cerebros. En el artículo de Rubio se reflexiona sobre la continuidad de la identidad personal (llamémosle “alma” o “personalidad”, es decir, aquello que nos hace únicos) en caso de que nuestro cerebro fuera trasplantado a otro cuerpo o nos teletransportásemos.

¿Seguiríamos siendo quienes creemos que somos al reconstituirse átomo por átomo nuestro ser físico en otra galaxia o en otra época? ¿Actuaríamos igual dentro del cuerpo de una persona de otro género, edad o constitución física?

Son muchas las películas que han tocado el tema de un modo y otro. En “Regreso al futuro” (1885) Marty McFly salta al pasado, reencontrándose accidentalmente con sus padres. ¿Hubiera nacido el Marty del futuro en caso de que su madre adolescente se hubiera enamorado de él en vez de su padre? ¿Cualquier alteración del pasado desencadena automáticamente un futuro divergente, pudiendo por tanto existir muchos futuros simultáneos?

A punto de dar un salto al pasado a bordo del DeLorean.

Otro clásico es “La mosca” de David Cronenberg (1986). En su desesperado intento de probar que el invento de su vida, los “telepods”, el científico Seth Brudle sufre un tremendo accidente cuando una mosca entra en una de las cabinas en el momento del teletransporte. Los ADNs de humano y mosca se entremezclan dando lugar a un fatal desenlace.

Jeff Goldblum en un telepod antes de perder su apariencia humana en “La mosca”.

En otras muchas películas diversos personajes se han teletransportado: al pasado para cambiar el resultado de una guerra del futuro, como en el caso de “Terminator” (1984). A otros planetas, como en la saga “Star Trek” o a un Egipto mitológico alienigena en otro sistema solar mediante puertas estelares de una red de agujeros de gusanos espaciales, como en “Stargate” (1994). Incluso el teletransporte nos puede llevar al mismísimo infierno en otra dimensión, como en “Event Horizon” (1997).

El núcleo de la Event Horizon, convertido en una puerta intergaláctica.

El teletransporte también puede clonar al individuo, como en “The Prestige” (2006), o usarse para intentar cambiar el pasado y evitar el fin de la humanidad, como en “The X Men: Days of Future” (2014). También para evitar un accidente fatal, como un tremendo accidente de tren en “Source Code” (2011) o un atentado terrorista en “Déjà vu” (2006). Sin embargo, el teletransporte puede tener fatales resultados y provocar un loop infinito, como en “Looper” (2011), o desencadenar una serie de acciones imprevistas, como en “El efecto mariposa” (2004).

Jake Gyllenhaal viajando en el mismo (?) tren una y otra vez.

Además de recomendar todas las películas citadas, el tema abre diferentes controversias sobre los usos éticos del teletransporte. A efectos prácticos la teletransportación física ahorraría muchas horas al año en desplazamientos (sobre todo en el caso de los viajes transoceánicos) pero ¿qué otros usos se le podría dar? ¿Bélicos? ¿Espionaje?

Un tema sin duda sobre el cual reflexionar.

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Para saber más:

fuente: www.misterica.net/blog

¿Qué es la dictadura del proletariado y por qué es necesaria?

Sólo con leer el título de este artículo el lector probablemente se haya horrorizado. Es posible que ahora se encuentre tan confuso como indignado. ¿Cómo va a ser necesaria una dictadura? ¿No tuvimos suficiente con 40 años de franquismo que los comunistas quieren quitarnos la poca democracia de la que gozamos? Y sobretodo, ¿porqué habla del proletariado, si este ya no existe? “Que no estamos en el siglo XIX, hombre”. Y encima voy y pongo una imagen en la que aparecen mujeres armadas, haciendo clara apología a la violencia.

Estos comunistas todo lo hacemos mal, hablar de dictaduras está feo, no es comercial. Alguno no querrá ni seguir leyendo. Paciencia: vayamos por partes y expliquemos qué es la dictadura del proletariado y porqué es necesaria. Luego ya que el lector saque sus propias conclusiones.

1- ¿Qué es una dictadura?

A menudo cuando evocamos el término ‘dictadura’ nos referimos a regímenes en los cuales no hay libertades ni se respetan los derechos humanos. Se trata de países sin elecciones en los cuales el disidente está perseguido a diario. La España de Franco (1939-1975) sería un buen ejemplo de dictadura para la mayoría de la gente.

Los marxistas tenemos otro enfoque en cuando a la definición de dictadura, muy distinto del que acabo de exponer. Dicho esto, por supuesto que somos conscientes de que no es lo mismo un país con elecciones y ciertas libertades que un régimen autoritario. Distinguimos perfectamente entre la España de Franco y la de Rajoy, que no son sistemas políticos iguales aunque se les intenten sacar parecidos (que los hay). Los marxistas, como iba diciendo, vemos la política partiendo de la base de que existen diferentes clases sociales y que estas tienen intereses a menudo opuestos, y es de ahí de donde sacamos nuestra visión de lo que es una dictadura y lo que es una democracia. Pero si vamos a tomar como base para nuestro análisis la lucha entre clases sociales antes habrá que definir qué son exactamente las clases.

Cuando hablamos de clases sociales no nos referimos a pobres y ricos, ni a la clase baja y la clase media, sino a los grupos de personas que se distinguen por su posición en el sistema de producción y que tienen intereses distintos. Hablamos, en la sociedad capitalista, de la lucha existente entre el proletariado (los trabajadores, que no tenemos medios de producción y nos vemos obligados a vender nuestras capacidades laborales al mejor postor) y la burguesía (que posee bancos, grandes empresas, fuentes de materias primas…). El proletariado trabaja para la burguesía, que le entrega un salario para que pueda sobrevivir. También existen otras dos clases “secundarias” que no vamos a tratar: la pequeña burguesía (pequeños empresarios) y el lumpenproletariado (personas marginadas, como un mendigo o una prostituta). El revolucionario ruso Vladimir ‘Lenin’ explica así lo que son las clases:

«Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social, históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran respecto a los medios de producción (relaciones que en gran parte quedan establecidas y formalizadas en las leyes), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo y, consiguienternente, por el modo y la proporción en que perciben la parte de la riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse del trabajo del otro, por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de economía social»

Sé que al lector les parecerán términos anticuados y poco familiares, y también sé que no se suele hablar de burguesía o de proletariado en los medios de comunicación, pero son los que tenemos para analizar la sociedad y son los que voy a utilizar.

Toda sociedad en la que persistan las clases sociales es una dictadura de una clase sobre otra. ¿Entonces la España de hoy en día es una dictadura? ¿La España de hoy en día es tan dictatorial como la de Franco? Los marxistas respondemos afirmativamente a ambas preguntas. Ambos regímenes son dictaduras de la burguesía (recordemos: bancos, oligarcas, grandes empresarios…) sobre los trabajadores. Es decir: la burguesía tiene el poder y lo utiliza para satisfacer sus necesidades de clase para desgracia de los trabajadores.

La España de hoy en día puede permitirse formas democráticas: elecciones cada cuatro años, cierta pluralidad informativa, cierta libertad de expresión… a diferencia de lo que pasó en 1936, cuando llegó al poder un partido de izquierdas (el Frente Popular) y la burguesía se vio obligada a dar un golpe de Estado para controlar la situación. Lo mismo vimos en Chile en 1973 o en Venezuela en 2002: cuando llega al poder un partido que no se somete a la burguesía esta pone en marcha un golpe e intenta implantar una dictadura represora. Así que si bien todo sistema de clases es siempre una dictadura, en algunas circunstancias se pueden tolerar formas pseudodemocráticas y libres. Distinguimos entre las dictaduras disfrazadas (la España de hoy) y las dictaduras abiertas (la España de Franco). Pero tranquilos: mientras nos sometamos gustosos y sigamos votando a partidos del sistema (PSOE, PP, UPyD…) no será necesaria ninguna dictadura abierta.

En 1919 Lenin escribió la tesis sobre lo que era la dictadura burguesa y lo que era la dictadura del proletariado. Allí dejó una frase, medio copiada al filósofo alemán F.Engels, que merece la pena analizar:

«incluso en las repúblicas más libres hay una dictadura de la burguesía»

Pero, ¿cómo puede ser esto? ¿cómo una república libre puede ser a la vez una dictadura? Lenin se refería aquí a los dos sistemas más “democráticos” de la época: EEUU y Suiza. Explicó que incluso en esos países se producían matanzas contra los obreros que osaban rebelarse, que los huelguistas eran satanizados por la prensa y que allí el parlamento no respondía a la voluntad general sino a la voluntad de banqueros, terratenientes y monopolistas. ¡Anda, igual que ahora! Solo que como hoy en día apenas osamos rebelarnos el Estado se limita a mandar a los antidisturbios para “mantener el orden público”. El orden burgués, diría yo. En cuanto al parlamento, ¿acaso alguien duda de que no representa la voluntad popular sino la de los banqueros y la patronal? Tanto PP como PSOE salvan bancos, se someten a ellos y redactan reformas laborales que benefician al patrón y no al trabajador. ¿No es eso una dictadura, al fin y al cabo? Una dictadura disfrazada, claro, una dictadura de una clase (la burguesía) sobre otra (los trabajadores y sus hijos). Lenin dice, con respecto al parlamento burgués:

«Marx ya demostró (…) el carácter explotador de la democracia burguesa y del parlamentarismo burgués bajo los cuales las clases oprimidas tienen el derecho de decidir una vez cada determinado número de años qué miembros de las clases poseedoras han de “representar y aplastar” al pueblo en el Parlamento.»

Decidir cada cuatro años quién nos aplasta. De eso se trata. ¿Es eso democracia para todos? Quizás sea democracia para el banquero que financia partidos y medios de comunicación, convenciendo así al trabajador de que vote a los partidos del régimen, dado que decide con comodidad sobre los asuntos políticos. Pero para mí, trabajador, esto no es una democracia. ¿Qué poder tengo yo? Ninguno. La PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) ha hecho llegar al parlamento español una propuesta de ley -firmada por un millón y medio de personas- contraria a los intereses de los bancos y que, por supuesto, no va a aprobarse jamás. Vale más el poder del dictador banquero que el de millones de trabajadores. Y con esto queremos decir que existe democracia para la burguesía, que acumula un poder que apenas intuimos, pero dictadura para los trabajadores.

Por supuesto que no todo lo que se hace en el Parlamento está controlado por la burguesía. Hablamos de temas y leyes socioeconómicas que se desarrollan en interés de una clase o de otra. ¿Qué le importa al dirigente patronal que se apruebe la ley del matrimonio homosexual o que los catalanes estudien en castellano? Más bien poco. Además, la burguesía puede permitir algunas leyes que vayan contra sus intereses en caso de que los trabajadores que las reclaman tengan suficiente poder. A veces es mejor embaucar al proletariado con reformas y  mantener el consenso social que provocar un levantamiento. No siempre es productivo sacar los tanques a la calle, de hecho es algo que ocurre en contadas ocasiones y en circunstancias muy especiales.

No podemos entender la noción de dictadura al margen de las clases sociales. Hay una dictadura, sí ¿pero para quién? También hay democracia pero, ¿para quién?. En nuestras sociedades hay democracia para los de arriba y dictadura para los de abajo. El Estado tiene pues una doble función: reprimir a los trabajadores y complacer a los capitalistas. Tal es la imagen que proyectan las leyes que emanan del parlamento. Por tanto el sistema es dictatorial, pero sólo para algunos, y democrático, pero sólo para algunos.

Es obvio que un Gobierno, en un país capitalista, por muy libre que este sea, debe elegir entre gobernar para unos o para otros: no puedes obrar a gusto de todos en una sociedad en la que hay distintos intereses económicos. O gobiernas para una clase o gobiernas para otra. O inviertes en sanidad o privatizas, o rescatas gente o rescatas bancos, o reprimes al trabajador o reprimes al patrón… Por eso los marxistas decimos que las sociedades de clases son dictaduras siempre, una vez más explicitas y otras menos.

¿Y cómo se llevan a cabo estas dictaduras? Pues con represión policial (hoy poca, dado que la protesta es aún débil), con medios de comunicación que nos someten ideológicamente, controlando el Parlamento etc. Las formas dependen de la situación concreta. Durante una huelga pueden bastar unos cuantos porrazos para evitar piquetes, pero si los trabajadores se organizan y realmente amenazan con tomar el poder entonces es hora de sacar los tanques a la calle. Si los trabajadores votan a partidos burgueses (partidos que legislan a favor de la burguesía) se pueden tolerar las elecciones, pero si estos toman conciencia y votan a partidos proletarios (o al menos a partidos de izquierdas que busquen ciertas mejoras importantes para el proletariado) entonces la burguesía mueve sus hilos y rápidamente se decanta por suprimir las elecciones y establecer una dictadura de corte militar. Ejemplos históricos tenemos de sobra, en todos los continentes y para todos los gustos.

Resumiendo:

Las clases sociales se definen no por su riqueza o por su estilo de vida sino por su posición en el sistema de producción. Hoy, en las sociedades capitalistas, distinguimos principalmente al proletariado (trabajadores) y a la burguesía (banqueros, terratenientes, monopolistas…)

Toda sociedad en la que coexisten clases sociales es una dictadura de una clase sobre otra. A veces esta dictadura es abierta y se percibe fácilmente (España de Franco) y otras es una dictadura disfrazada y que cuesta percibir (España de hoy).

Para ejercer su dominio, la clase dominante utiliza instituciones represoras (policía, dado el caso ejército…), medios de comunicación y órganos donde se toman decisiones vinculantes (parlamento, Gobierno…).

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10 librerías de segunda mano en Madrid en las que deberías perderte

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Por Carmen Sánchez (@edhelgrim) Para los amantes de la literatura hay pocos sitios más mágicos que esos que están llenos de libros antiguos, cada uno con sus historias (a parte de las que ya llevan…

Origen: 10 librerías de segunda mano en Madrid en las que deberías perderte

¿De qué trata la Teoría de la Relatividad de Einstein?

creer o pensarEn 1907 Albert Einstein llegó a la conclusión de que a su teoría de la relatividad especial le faltaba algo que no estaba de acuerdo con la realidad que vivimos. Es por eso que tuvo que ir un poco más allá y realizar una nueva teoría: la teoría de la relatividad general, que explicaremos a continuación.

La teoria de la relatividad especial, llamada también relatividad particular o restringida, es una teoría que describe bien el movimiento de los cuerpos, pero solo a velocidades constantes, y en un espacio plano, de tres dimensiones espaciales y una temporal.

En el universo la gravedad acelera a todos los cuerpos, poniéndolos en movimiento. Ademas, la gravedad es una fuerza universal, en el sentido de encontrarse en todo lugar. Entonces, dada esta realidad, podemos afirmar que nada está en reposo: todo en el universo se mueve y con aceleración. Einstein se dio cuenta entonces de que era necesario generalizar su teoría.

La teoría de Newton de la gravedad solo explica que los objetos se atraen con una fuerza proporcional al producto de las masas, e invesamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa.

Según la ecuación de Newton, la fuerza tenía que actuar instantáneamente. Esto significaba que las ondas o partículas que interactuan entre los cuerpos, viajaban con velocidades infinitas para hacerla correcta, asi, si estos, distaban años luz, la fuerza tenia que arreglárselas para actuar inmediatamente, si uno de los dos o ambos eran alterados.

Pero como la fuerza tenia que adivinar si los objetos habian sido alterados, la teoria de la reltividad especial puso limite a la velocidad en que los cuerpos debian moverse y esta era el valor de c: la velocidad de la luz.

Einstein imaginó un cajón moviéndose a velocidad constante en el espacio, alejado de toda influencia gravitacional. Pensó que si en el interior del cajón ubicamos un hombre, este flotaría. Y si aplicamos una fuerza de contacto en cualquier lado del cajón concluyó que el cuerpo de este hombre descansaría en el punto de aplicación de la fuerza de contacto, que se convertiría en el suelo o el piso para el hombre, por la ley de acción y reacción.

Lo que lo llevó a pensar que la fuerza de contacto es equivalente a la fuerza de gravedad.

Ecuación y explicación

Esta es la ecuación propuesta por Einstein:

Gmv = -kTmv

Aclaremos que en esta ecuación T debe ser mayúscula, G mayúscula, y solo k es minúscula. Las letras m y v son subíndices de G y T.

Gmv : Tensor de curvatura de Riemann

Tmv : Tensor de energía, que tiene que ver tambien con la masa en el universo

k : Es una constante de gravitacion, y k = 8PIK/c2

K = 6,7 x 10 – 8

Esta ecuacion esta simplificada y generalizda, pero explica muy bien cómo se relacionan el espacio y la materia/energía.

Los objetos masivos se deforman el espacio y una vez deformados se dirijen a los objetos, marcando el camino o trayectoria que deben recorrer. La fuerza de gravedad segun la teoria de la relatividad general, afecta a la cuarta dimension; el tiempo.

En 1919 Sir Arthur Eddington, un astrónomo inglés, demostró durante un eclipse solar cómo la ecuacion de Einstein predijo con gran exactitud cómo se curvan los rayos luminosos al pasar por el sol, debido a su influencia gravitacional. Y con esto, comprobó también que Einstein fue uno de los más grandes científicos que tuvo la humanidad.