Cómo los Rockefeller eliminaron la medicina natural para crear la industria farmacéutica moderna.

john davidson rockefeller

El patriarca del proyecto global talmudista de la Nueva Babilonia (Nueva York), John Davidson Rockefeller (1839-1937).

Todo comenzó con John Davidson Rockefeller (1839-1937), un monopolista illuminati de origen fariseo, magnate del petróleo, ladrón y primer multimillonario de los Estados Unidos. A comienzos del siglo XX, Rockefeller controlaba el 90% de todas las refinerías de petróleo en los EE.UU. a través de su compañía petrolera, Standard Oil, que luego se dividió para convertirse en Chevron, Exxon, Mobil, etc.

Al mismo tiempo, alrededor de 1900, los científicos descubrieron los “productos petroquímicos” y la capacidad de crear todo tipo de productos químicos a partir del petróleo. Por ejemplo, el primer plástico, llamado baquelita, se fabricó a partir del petróleo en 1907. Los científicos descubrieron varias vitaminas y supusieron que muchas drogas farmacéuticas podrían obtenerse del petróleo. Rockefeller vio a esta como una maravillosa oportunidad de monopolizar las industrias de petróleo, de la química y de la medicina al mismo tiempo.Lo mejor de los productos petroquímicos era que todo podía patentarse y venderse con altos beneficios.Pero hubo un problema con el plan de Rockefeller para la industria médica: las medicinas naturales / herbales eran muy populares en Estados Unidos en ese momento. Casi la mitad de los médicos y colegios de medicina de los EE.UU. practicaban la medicina holística, utilizando el conocimiento de Europa y los nativos americanos.Rockefeller tuvo que encontrar la manera de deshacerse de su mayor competencia. Así que usó la clásica fórmula de la dialéctica hegeliana: “solución-problema-reacción”. Es decir, creó un problema para asustar a la gente, y luego ofreció una solución previamente planificada.

Fundación Rockefeller enfrenta demanda de mil millones de dólares por infectar a guatemaltecos con sífilis

Rockefeller se dirigió a su amigo Andrew Carnegie, otro plutócrata que ganó su dinero al monopolizar la industria del acero, quien ideó un plan. Desde la prestigiosa Fundación Carnegie, enviaron a un hombre llamado Abraham Flexner para que viajara por todo el país e informara sobre el estado de todos los hospitales y los colegios médicos.

Esto llevó a la redacción del Informe Flexner, que dio origen a la medicina moderna tal como la conocemos, a través del cual se hablaba de la necesidad de modernizar y centralizar las instituciones médicas. Sobre la base de este informe, más de la mitad de todas las universidades de medicina fueron cerradas muy pronto.

La homeopatía y la medicina natural fueron objeto de burlas y fueron demonizadas. Muchos médicos que trabajaban con sus métodos incluso fueron encarcelados.

Para ayudar con la transición y cambiar las mentes de otros médicos y científicos, Rockefeller donó más de $100 millones a colegios y hospitales y fundó un grupo de líderes filantrópicos llamado “Junta General de Educación” (GEB).

En muy poco tiempo, todas las facultades de medicina se modernizaron y homogeneizaron. Todos los estudiantes estaban aprendiendo lo mismo, y la medicina consistía en usar medicamentos patentados.

Los científicos recibieron subvenciones enormes para estudiar cómo las plantas curaban las enfermedades, pero su objetivo era identificar primero qué sustancias químicas en la planta eran efectivas y luego recrear una sustancia química similar, pero no idéntica, en el laboratorio que pudiera ser patentada.

“Denle una pastilla al enfermo” se convirtió en el mantra de la medicina moderna.

Así que ahora, 100 años después, estamos produciendo médicos que no saben nada sobre los beneficios de la nutrición o las hierbas o cualquier práctica holística. En cambio, tenemos toda una sociedad que está esclavizada a las corporaciones y que todavía las asocian a la idea de bienestar.

Los Estados Unidos gasta el 15% de su PIB en atención médica, pero no se enfoca en la cura, sino en los síntomas, creando así clientes recurrentes. No existe cura industrial para el cáncer, la diabetes, el autismo, el asma o incluso la gripe.

Después de todo, ¿para qué querrían los Rockefeller producir curas reales, si ellos forman parte de un sistema fundado por oligarcas y plutócratas internacionales, y no por médicos?

En cuanto al cáncer, la Sociedad Americana del Cáncer fue fundada por nada menos que Rockefeller en 1913.

“No quiero una nación de pensadores, quiero una nación de trabajadores esclavos” John D. Rockefeller

Fuente: World Affairs — How Rockefeller wiped out natural cures to create big pharma.

Filosofía contra el miedo a la soledad y a la muerte.

La soledad es uno de los “males” que acecha a la sociedad contemporánea, a tal punto que en Reino Unido se volvió un asunto de Estado.

La primera ministra británica, Theresa May, anunció enenero de 2018 la creación de un Ministerio de la Soledad.

Al frente de ese organismo fue nombrada Tracey Crouch, quien deberá lidiar con una problemática que afecta a 9 millones de personas en ese país (el 13,7% de la población total) y tiene consideracion de enfermedad de auge mundial.

¿Que hacer con las personas que ya no son útiles para el sistema?¿Cuando dejamos de ser útiles?¿Nuestra vida solo tiene sentido cuando servimos-consumimos?¿Es nuestro comportamiento el motivo de nuestra soledad?¿diferenciamos entre soledad, abandono, aislamiento e intimidad?¿Estamos perdiendo nuestra humanidad y ser a costa de creencias?

Esto sucede, paradójicamente, en tiempos de la hiperconexión que proporcionan internet y las redes sociales.

Pero veamos el concepto histórico de la soledad desde el punto de vista de los pensadores, a menudo los mas afectados, voluntaria o involuntariamente, por ella.

El ascetismo emplea el desapego de pensamientos y sensaciones para lograr una mayor independencia espiritual y vida interior más rica, a través de la contemplación de la naturaleza y la soledad, física y espiritual.

Algunos ascetas dieron pie a cultos (Buda Gautama), corrientes filosóficas fundidas con creencias (Lao-Tsé); o atrevidas interpretaciones que serían declaradas heréticas (Prisciliano, primer hereje ejecutado por Roma, y su visión gnóstica del cristianismo), o que serían “adaptadas” para evitar “cismas” (Francisco de Asís y la “transformación” de su orden tras su muerte).

La rica escala de grises del eremitismo

El ascetismo, la meditación, la contemplación o el anacoretismo son métodos de introspección usados desde tiempos inmemoriales para profundizar en el sentido de la vida a través del propio cultivo interior.

Abstenerse de la adaptación hedónica de los placeres materiales y evitar el dictado de los impulsos forma parte de la base de la filosofía de vida de corrientes clásicas como el estoicismo; como el taoísmo, el estoicismo busca un equilibrio entre la frugalidad y la abundancia, un “camino medio”.

Los ascetas, al contrario, prefieren abstenerse por completo de los placeres materiales, algo que también propugnaría la escuela cínica en la Grecia clásica.

Ermitaños que cambiaron la historia y anacoretas anónimos

Más allá de los ermitaños que cambiaron la historia, los considerados apestados, los ejecutados, los olvidados o los que padecieron algún tipo de discriminación, la contemplación no siempre requiere la seclusión estricta, un retiro voluntario de la sociedad para vivir en escrupulosa soledad física.

Hay pensadores que sostienen que la soledad y la contemplación, aunque no estrictas, pueden practicarse, en sentido figurado y espiritual, sin abandonar la sociedad, ni siquiera dejar de vivir en una gran ciudad. Este tipo de ascetismo consistiría en practicar la introspección.

La muerte de Sócrates (La Mort de Socrate) es una pintura de 1787 realizada por el artista francés Jacques-Louis David

El primer anarquista individualista: Sócrates

Abundan las corrientes de pensamiento que sugieren que, desde sus orígenes, el ser humano ha buscado, a través del aislamiento voluntario, la manera de profundizar en el conocimiento interior y el sentido de la vida.

Sócrates destiló las gemas de pensamiento de sus predecesores y relacionó la filosofía de vida con la ética, el conocimiento interior y el uso de la razón, en contraposición a la ignorancia. Para él, la seclusión era un modo de contemplación laxo, compatible con la vida en la polis.

Para suerte de Occidente, Platón fue alumno de Sócrates, y Aristóteles discípulo de Platón. Después de Aristóteles, las distintas escuelas filosóficas enseñaron a vivir a sus conciudadanos siguiendo las recetas eudemónicas de los tres maestros: contra el hechicerismo y la ignorancia, que generan populismo, frustración y miseria, hay que cultivarse y conocerse a uno mismo, propugnaban.

Escuela cínica: riesgos de ser más papista que el papa

Los cínicos llevaron la doctrina socrática hasta sus últimas consecuencias, considerando que la felicidad procedía de la vida sencilla y acorde con la naturaleza, despreciando riquezas, comodidades materiales y considerando la civilización como un mal.

Discípulo de AntístenesDiógenes de Sinope vivió como un vagabundo de Atenas y dormía en una tinaja. Antístenes había sido a su vez pupilo de Sócrates. Entendió la seclusión como el rechazo a la sociedad de su época, de la que él mismo se expulsó voluntariamente. Un ascetismo social, ejercido entre la muchedumbre.

Como Platón y Aristóteles, el estoicismo interpretó a Sócrates con moderación, rechazando tanto el hedonismo propuesto por Arístipo y Epicuro, que veían en los placeres cotidianos el camino a la felicidad (indulgencia sensual) y evitando emular a Sócrates en sentido estricto (auto-mortificación).

El camino medio: contemplación sin abandonar la sociedad

Los estoicos optaron por lo que el budismo y taoísmo llaman el camino medio, existencia entre los extremos de la indulgencia producida por la gratificación de los instintos y la mortificación de la vida en la más absoluta pobreza material y soledad. El desapego entre el cuerpo y la mente debía conducirse sin buscar el padecimiento gratuito.

Coincidencia o no, las filosofías de vida clásicas compartieron lo básico con el zoroastrismo de Asia central y el pensamiento oriental (taoísmo, confucianismo, budismo, hinduismo). En el creciente fértil y el Próximo Oriente, las religiones abrahámicas también se inspiraron y convivieron con el pensamiento platónico.

La búsqueda del “tao”, o camino medio basado en la vida virtuosa y de acuerdo con la naturaleza, suena sospechosamente parecida a la receta de los estoicos, discípulos del eudemonismo de Aristóteles: se alcanza, según esta corriente clásica, el bienestar o “tranquilidad” (felicidad serena y duradera, realización, etc.) con una vida virtuosa basada en el uso de la razón y de acuerdo con la naturaleza.

Cambia el nombre, se respeta la esencia

En el taoísmo, el “tao” es el flujo de la naturaleza con el que debemos alinearnos; en el budismo, es el mencionado “camino medio”; en el confucianismo, es la armonización con el cosmos, que hay que perfeccionar con la introspección y el estudio.

Las diferencias estriban en cómo avanzar en la introspección: el confucianismo cree en la sociedad, mientras el taoísmo aboga en la ética surgida de la naturaleza y el universo.

En la Grecia clásica, se produjo el mismo cisma entre pensamientos relacionados. Sócrates criticaba la sociedad, que corrompía a los jóvenes con las delicias de la gratificación de los instintos; mientras tanto, Aristóteles definió a los humanos como animales sociales.

La soledad y la contemplación propulsan este bienestar introspectivo, en cualquier caso, sea practicando la contemplación y el estudio en sociedad, o viviendo ajenos a ella: del caminante taoísta al filósofo eremita (druidismo de personajes como Prisciliano), el filósofo estoico (Séneca), o el filósofo ilustrado (Rousseau, por ejemplo), miran hacia el interior.

 

Una filosofía de la soledad

Lao-Tsé, ZhuangziHeráclitoEpictetoMarco Aurelio,
RousseauWordsworth: en todos ellos, la receta del bienestar duradero es coincidente. Introspección, uso de la razón como virtud y vida de acuerdo con la naturaleza.

Lo expone John Cowper Powys en su ensayo de 1933 A Philosophy of Solitude, un libro que su autor definió como un “corto libro de texto con los diversos trucos mentales a través de los que que el alma humana puede obtener la felicidad… felicidad razonable bajo el peso normal del destino humano”.

En muchos aspectos, A Philosophy of Solitude es un libro para todos los públicos de una filosofía de vida universal, occidental y oriental: introspectiva, virtuosa y atenta a la naturaleza.

Guía de la buena vida

Si el ensayo contemporáneo de William B. Irvine Guide to the Good Life resume la filosofía de vida estoica, el ensayo de Powys bebe de las mismas fuentes, pero tiene una vocación universal, apasionada, druídica, propia de un panteísta convencido y no de un pragmático profesor de filosofía como Irvine.

Filosofías de vida y creencias compartían en la Antigüedad una receta: el uso de la meditación, la contemplación, el ascetismo y la seclusión, entre otras técnicas introspectivas, o de mirada interior, para avanzar en el conocimiento interior.

Para la filosofía clásica, este conocimiento introspectivo conducía a la felicidad, el bienestar, la tranquilidad u objetivos similares; para creencias, o corrientes en ocasiones perseguidas por movimientos religiosos, occidentales (como el gnosticismo dentro del primer cristianismo), u orientales (budismo, etc.) el conocimiento interior se relacionaba con el misticismo o algún tipo de elevación espiritual.

Introspección, mesura, vida sencilla, apreciar lo que uno tiene

El logro y elegancia de Sócrates consiste en su síntesis del origen del bienestar humano y cómo conseguirlo: “el secreto de la felicidad, ya ves, no se encuentra en buscar más, sino en desarrollar la capacidad de disfrutar menos”.

Para Sócrates, el cultivo introspectivo, aprender, conocerse a uno mismo cada vez mejor, es una condición suficiente para el bienestar duradero. El conocimiento puede adquirirse, y también la virtud, que a su vez se adquiere con la introspección.

Mirar hacia dentro es, dice Sócrates “areté” o conocimiento: virtud, bondad, bienestar, luz.

Los peligros de la ignorancia, fuente del populismo

Por el contrario, evitar la contemplación o el pensamiento crítico interior conduce, dice el pensamiento eudemónico y sus derivados (como el estoicismo, que a su vez influyó en los teólogos cristianos más influyentes), a la ignorancia, para Sócrates sinónimo de maldad, mezquindad, desperdicio, vida a la deriva.

“Amigo mío… preocúpate por tu psique… conócete a ti mismo, pues una vez nos conocemos, podemos aprender cómo cuidar de nosotros mismos”. En lugar de encomendarse a fuerzas incontrolabes ajenas a su propia mente, Sócrates y sus discípulos profundizaron, como los ascetas de las principales religiones, en la respuesta interior.

No es casual que muchos de los polímatas y “mentes renacentistas” de todos los tiempos practicaran, periódicamente o en algún momento de su vida, la soledad voluntaria, ya fuera en forma de seclusión ascética, heremirismo en algún lugar apartado, etc.

El prestigio perdido de la introspección

En la actualidad, soledad y ascetismo han adquirido una connotación negativa: ausencia de actividad, letargo, ociosidad sin ton ni son, aislamiento, sociopatía, etc. No siempre fue así.

El cultivo interior y la contemplación nos preparan para una vida más plena, con nosotros mismos y nuestro entorno, ya que experimentar la restricción, decían eudemónicos y estoicos, entre otros, nos hará luego apreciar con mayor claridad lo que ya tenemos.

William B. Irvine explica en su ensayo sobre la práctica en la actualidad del estoicismo como filosofía de vida, Guide to the Good Life, cómo el estoico Musonio Rufo, por ejemplo, experimentaba privaciones e incomodidades, icluyendo la seclusión, para disfrutar después hasta de las comodidades más humildes.

Mirada interior moderada

La interpretación contemporánea del ascetismo abandona los extremos de la seclusión o el eremitismo estricto, o la radicalidad de la escuela cínica, más celosa de las enseñanzas de Sócrates que el propio Sócrates.

En cambio, explora lo que para taoísmo, budismo y confucinanismo es el camino medio (moderación), y para el estoicismo o determinadas interpretaciones de las religiones abrahámicas es la búsqueda de la tranquilidad a través de la introspección y la contemplación.

Esta visión menos radical del ascetismo hunde sus raíces en el romanticismo y el idealismo del siglo XIX y principios del XX, con pensadores y escritores como Rousseau, Goethe, Thoreau, Emerson, Tolstói y Rilke, entre otros. En estos pensadores el taoísmo y las otras filosofías orientales se funden con la introspección propugnada por los clásicos, a través del uso de la razón y la interpretación panteísta del entorno.

Soledad y pensamiento

Decia Henry David Thoreau: “Nunca encontré un compañero tan sociable como la soledad. Estamos en la mayoría de los casos más solos cuando viajamos entre los hombres que cuando permanecemos en nuestra estancia”.

Y también de Thoreau: “El pensamiento es el escultor que puede alumbrar la persona que quieres ser”. O el poeta Rainer Maria Rilke, evocando a Sócrates (o sus sucedáneos Aristóteles o Séneca), Gautama Buda, Lao-Tsé o Confucio: “El único viaje es el realizado hacia el interior”.

John Cowper Powys, cuya obra influyó, entre otros en Henry Miller, echó en falta una filosofía de vida fundamentada en la introspección, en un momento histórico de manipulación sistemática de la opinión pública.

Un ensayo de 1933 sobre filosofías de vida e introspección

En A Philoshophy of Solitude, Powys, un galés que se había afincado en Estados Unidos y cuya obra de ficción y ensayo estaba influida por el idealismo romántico y el trascendentalismo de Emerson, Thoreau y Whitman, muestra su preocupación ante lo que consideraba nueva esclavitud de Estados Unidos: su “dependencia de la última tecnología”.

Era 1933, en plena Gran Depresión. Powys escribe: “La única cosa que realmente nos puede ayudar es una filosofía mucho más definitiva y tajante… una introspección real, dura, formidable, no retórica”. Veía, como otros intelectuales de la época, que las dificultades económicas alimentaban el populismo y su solución era una mirada interior honesta.

La evocación del paisaje galés y el idealismo romántico de la obra de los trascendentalistas estadounidenses de mediados del XIX, con Thoreau y su experiencia ascética en Walden en cabeza, llevaron a John Cowper Powys -que vivió en Nueva York durante décadas- a preguntarse hacia dónde iba la sociedad urbana y desarraigada de las grandes metrópolis, sobre todo en momentos de dificultad.

La época en que los populistas se pusieron las botas

Powys no veía la salvación en el marxismo, ni mucho menos en el populismo que sentaba en Europa las bases del desastre que culminó con la II Guerra Mundial, el Holocausto y las deportaciones y asesinatos en masa de Stalin.

Para él, el individuo necesitaba recuperar la capacidad de asomarse a su interior, el poder de la introspección. La soledad es un estado social, psicológico e intelectual necesario, escribía.

El tumulto de la masa, percibía él mismo en primera persona al pasear por la deprimida Nueva York de los años 30, requiere un contrapeso o será tan sencilla de movilizar para empresas nobles como catastróficas, como el propio Powys certificaría, horrorizado, en esa misma década. Volvió a Gales y decidió vivir según la receta estoica y panteísta, cultivando la virtud a partir del uso de la razón, en una existencia sencilla y de acuerdo con la naturaleza.

Contemplación de la naturaleza

Su propuesta filosófica para un mundo a la deriva y presa de los populismos, partía de la lectura de los clásicos de todos los tiempos de las tradiciones oriental y occidental, resumidos en el común denominador entre socráticos, eudemónicos, estoicos, taoístas, budistas zen, confucianistas: introspección y vida de acuerdo con la naturaleza.

Los grandes metafísicos del pasado, no obstante, “son demasiado abstractos y técnicos para la mente común. Son demasiado morales, demasiado idealistas, demasiado puros de mente”, sentencia John Cowper Powys en A Philosophy of Solitude.

Asimismo, Powys profundiza en el sentido de la contemplación de la naturaleza, que él relaciona como lo que llama “elementalismo”, una filosofía de la soledad que tiene ecos de meditación oriental. Algo que no sorprende ahora, pero su ensayo fue escrito en los años 30.

La interconexión fundamental: precursores de la hipótesis de Gaia

Con respecto a este elementalismo próximo a la ausencia de pensamiento y a la sabiduría profunda que conecta lo más profundo del individuo con su entorno, Powys escribe:

“El alma que se ha recreado en la soledad ha ganado algo de la humildad de la hierba, las rocas, los vientos. Todo lo que existe es santo para ella; y ella se da cuenta, instruida por las innumerables voces de la naturaleza, de una cierta equidad fundamental en todo lo que respira”.

A favor de un anarquismo contemplativo

Declara que “todo este movimiento secreto, en favor de un anarquismo contemplativo, no es un mero retorno a una vida de sensación en detrimento de una vida de acción”. Es una llamada a la conciencia, a existir, a apreciar “ese breve momento de Ser entre dos silencios impenetrables”.

“Y el que no puede vivir en comunidad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios” – Aristoteles

No seguir el camino que nos han puesto delante, no tener pareja, no basar nuestra felicidad en lo material, esa adicción a la superficialidad de las redes vacia y falsa, no vivir para trabajar, nos colocará siempre en una situacion de faltos de apoyos e incomprendidos, despreciados asi por la falta de consentimiento.

Las carencias del ser humano: No quiero sentirme solo, no puedo afrontarlo.

Krishnamurti decia que la preocupación por uno mismo es la mayor imagen que tenemos de la realidad, que hace que seamos seres humanos solitarios y aislados.

El resultado de vivir centrado en uno mismo es aumentar el aislamiento, la soledad, los temores, la dependencia de las cosas externas, la necesidad de practicar rituales, las obligaciones creadas artificialmente, las ataduras y todo el sufrimiento que todas estas cosas conllevan.

El ser humano desea ser amado, pero se aísla tanto físicamente como psicológicamente y así se vuelve neurótico, obsesivo, temeroso, infeliz.

El ser humano tiene que liberarse de todas las doctrinas, imagenes, porque las imágenes crean separación, dividen, aíslan, crean conflicto y no permite tener relación alguna ni tampoco ser libre.

Para eliminar las imágenes tengo que aprender a observar las cosas como son sin construir con ellas una imagen, estar alerta para ver lo que es aquí y ahora, sin comparar o juzgar, ni referirme al pasado.

Las 115 mejores frases de soledad, recopilacion de psicologia y mente.

SOBRE LA MUERTE, EL MIEDO A MORIR SOLO.

La muerte se ve de manera distinta dependiendo de la cultura. Hay quienes afirman que no le temen, y cuando se llega a la vejez la anhelan y la reciben con una sonrisa.

Si hay algo que inquieta a todo ser humano, aunque éste se niegue a aceptarlo, es lo que sucede cuando dejamos de respirar, pensar, sentir. Cuando nuestros órganos vitales dejan de funcionar y ya no hay actividad cerebral. La muerte es lo único certero que tenemos.

Nacimos para morir. Cada instante que pasa y cada respiro que tomamos nos acerca a la muerte. Cómo moriremos y cuándo será son preguntas fáciles de hacer pero imposibles de responder. Cada paso que tomamos en vida nos lleva a un camino que nos acerca a la muerte.

La muerte según la filosofía de 8 pensadores 0
Séneca, después de abrirse las venas, se mete en un baño y sus amigos, poseídos de dolor, juran odio a Nerón que decretó la muerte de su maestro

Søren Kierkegaard criticaba aquellas imágenes que mostraban la muerte como algo positivo, que utilizaban una luz para alumbrarla como si se tratara de algo bello; esa imagen que muchos han presentado como si se tratara de que el hombre cayera en un dulce sueño. Al igual que Kierkegaard, Sciacca también mostró su descontento ante la imagen que el hombre había creado de la muerte, lo que él llamo como “los disfraces de la muerte”.

El filósofo Michael de Montaigne retomó la frase de Cicerón para concluir que debíamos acostumbrarnos a la muerte. “Dice Cicerón que el filosofar no es otra cosa que prepararse para morir”, a esto añadió “Quitémosle lo raro, acerquémosla a nosotros, acostumbrémonos a ella, no tengamos nada tan a menudo en la cabeza como la muerte”.

Si analizamos la postura de los filósofos ante la muerte, podemos encontrarnos con argumentos encontrados; hay quienes la aceptan y otros que la ven como el peor mal. Lo que es una realidad es que no hay manera de evitarla y que en algún momento nos llegará a todos. ¿Vale la pena preocuparnos por ella? O como decía Epicuro, para qué preocuparse de la muerte si cuando el ser humano vive, ella no está presente; mientras que cuando ella llega, él ya no está.

El miedo que tenemos a despedirnos de la vida sin lograr nuestros propósitos, al fracaso, a la ignorancia de no saber ni el cuándo ni el cómo, al sufrimiento, al fin, es el que nos presenta únicamente cuando tenemos la muerte delante.

Me voy al mismo sitio de donde provengo.

No es solo se vive una vez, sino se vive todos los días y se muere solo una. La religión trata de darnos un consuelo para ese trágico momento que significa el cese de nuestra existencia, es su manera de dogmatizar y controlar la vida. Algunas pseudociencias, amparadas en la necesidad de creer en algo más, o de vender libros, nos muestras pruebas del todo refutables como hechos absolutos ignorados por la ciencia oficial, como si esta pudiera demostrar en el futuro la eternidad y la existencia del alma.

Pero solo nos queda resignarnos y especular -y no hay nada de malo en ello- porque: la medicina no va a hacernos inmortales, ni vamos a meter nuestros pensamientos en un ordenador que nos haga eterno y omnipresente, ni podemos aspirar a más inmortalidad que la que dejen nuestras acciones. El autoengaño ya dirige nuestras vidas; no basemos nuestra felicidad en realidades improbables, gastemos nuestra breve existencia en lo que más necesita nuestra especie para prosperar: El sentido común.

Para terminar este amplio articulo que he intentado resumir, expondré las últimas teorías que tanto ciencia como filosofía buscan a lo que nos sucede cuando morimos.

Teoría del multiverso: la muerte es sólo una ilusión

Así es como piensa Robert Lanza, médico y director del Advanced Cell Technology, quien sostiene que es la conciencia la que determina la vida y que estamos condicionados por lo que se nos menciona como verdad para la construcción de los patrones mentales. Para él, las dimensiones espacio-temporales son meras construcciones del cerebro, incluyendo la muerte. Asimismo da crédito a la existencia de los multiversos, por lo que no sólo la muerte no existe para este científico, sino que hay miles de vidas desperdigadas en infinitas posibilidades.

Solipsismo: sólo una persona existe

Los adeptos al solipsismo afirman que sólo existe una persona en el Universo y que ella imagina todo lo que ve y ocurre a su alrededor. Está muy apegada a la teoría anterior, en el sentido de que la mente es la que fabrica la realidad y la muerte mediante su conciencia. Cuando la persona muere, el universo entero deja de existir, pues su conciencia lo creó dando paso a otro estado: el del universo espacio-temporal del Más Allá. Con el nacimiento de otro individuo, formas diferentes de vida renacerían bajo su conciencia y su capacidad para crear otros universos con leyes diferentes y espacios propios.

Teoría del gran cerebro: serás expulsado tarde o temprano

Esta teoría afirma que el Universo es una especie de cerebro gigante y nosotros formamos parte de una parte infinitesimal de la estructura del mismo. Nuestra galaxia sería apenas una especie de mancha o conexión de la compleja composición de este sistema. Tal y como pasa con el cerebro humano, que a menudo desecha elementos inservibles, nuestra muerte sería algo similar a ello: el fin de nuestra conciencia significaría ser expulsado de ese gran cerebro y terminar nuestros días en una especie de limbo

Teoría de la Conciencia del Universo: la vuelta a los orígenes

Según los científicos Sir Roger Penrose y Stuart Hameroff, la conciencia proviene de actividades cuánticas desde dentro de las células cerebrales. Es decir, descargas de 20 vatios aproximadamente que nos permiten captar la realidad a través de nuestro cerebro y darle forma a lo que los científicos denominan como Conciencia Cósmica, la cual conecta a todas las formas de vida. Al morir, la conciencia de los seres humanos regresaría a esa Conciencia Cósmica con la posibilidad de regresar al mundo o quedarse de manera indefinida en ese gran universo.

Teoría del Déjà Vu: la vida se repite una y otra vez

Nuestra existencia sería como un disco que cuando llega a su final se repite una y otra vez. Nadie estaría consciente de esta repetición más que en los déjà vu que a veces se experimentan y que serían como un recordatorio de que la vida es un ciclo que lleva ocurriendo durante decenas o cientos o miles de años sin alterarse más que en pequeños detalles. En realidad no habría muerte; el Más Allá sería la vida misma con sus diferentes versiones de sí misma.

Teoría del sueño: todo lo que ves es la imaginación de tu cuerpo inanimado

Sí, tal vez en este momento estés en un estado de suspensión animada recostado en la camilla de un hospital, una nave espacial o un sitio que ni siquiera puedes imaginar. Todo lo que estás haciendo en este momento, en lo que tú llamas “realidad”, es un sueño y la muerte sería el despertar a tu verdadera conciencia. Tal vez tu verdadero aspecto, las personas que te rodean o el mundo en el que habitas no sea el de tus sueños. La misma teoría señala que tal vez cabe la posibilidad de que cada uno de nosotros sea el sueño de una conciencia superior que nos sueña de manera tan clara que ha sido capaz de crear nuestras vidas.

Puede resultar frustrante que todavía no se sepa qué ocurre en realidad cuando la vida termina y el cuerpo entra en el ciclo de la muerte. ¿Una nada absoluta o un estado de conciencia diferente donde seguimos aprendiendo para evolucionar cada vez más? Muchos filósofos han tejido teorías al respecto, pero la respuesta es simple: todas son simples conjeturas incapaces de explicar realmente qué ocurre cuando la vida llega a su fin. Ni siquiera los relatos, en apariencia reales, de personas que afirman haber visto lo que hay después de la muerte han podido esclarecer el más enigmático misterio de la raza humana.

 

Fuentes de documentación:

Filosofía de la soledad: del ascetismo ancestral al coetáneo, por Nicolás Boullosa.

La persecución del placer, El Despertar de la inteligencia (Vol.II), conferencias de J. Krishnamurti, Ed. Sirio, Barcelona, 2000.

Callaghan, Paul. (2004) La muerte y la esperanza. Ediciones palabra. Madrid, España.

5 teorías filosóficas que intentan explicar la vida después de la muerte, por Rodrigo Ayala Cárdenas.

 

Los Pitagóricos y el culto a las Matematicas.

El pitagorismo fue un movimiento filosófico / religioso de mediados del siglo VI a. C. fundado por Pitágoras de Samos, siendo ésta la razón por la cual sus seguidores recibían el nombre pitagóricos. Estos formaban la Escuela pitagórica, secta conformada por astrólogos, músicos, matemáticos y filósofos, y cuya creencia más destacada era que todas las cosas son, en esencia, números.

Algunos de ellos fueron:

Busto de Pitágoras

– Epicarmo de Megara.

– Alcmeón de Crotona.

– Hipaso de Metaponto.

– Filolao de Crotona.

– Arquitas de Tarento.

El filósofo Jámblico de Calcis confeccionó un supuesto catálogo de los Pitagóricos.

Este movimiento inventó los números irracionales,​ aunque exigía a sus seguidores que lo mantuvieran en secreto. Se cree que el pitagórico Hipaso de Metaponto reveló el secreto y, según la leyenda, fue ahogado por no mantenerlo.

El pentagrama (estrella de cinco puntas) fue un importante símbolo religioso usado por los pitagóricos, que lo denominaban «salud».

Cosmología pitagórica

Pentagrama incluido en el libro De occulta philosophia libri tres (Tercer libro de filosofía oculta) de Enrique Cornelio Agripa.

El pensamiento pitagórico estaba dominado por las matemáticas, a la vez que era profundamente místico. En el área de la cosmología no hay acuerdo sobre si el mismo Pitágoras impartía enseñanzas, pero muchos eruditos creen que la idea pitagórica de la transmigración del alma es demasiado importante para haber sido añadida por un seguidor posterior a Pitágoras. Por otra parte, es imposible determinar el origen de la doctrina pitagórica de la sustancia. Parece que la doctrina pitagórica parte de la doctrina de Anaximandro sobre la última sustancia de las cosas como “lo ilimitado”. Un pupilo de Anaximandro, Anaxímenes, contemporáneo de Pitágoras, dio una explicación de cómo lo “ilimitado” según Anaximandro tomó forma, por condensación y refracción. Por otra parte, la doctrina pitagórica dice que mediante la noción de “límite” lo “ilimitado” toma forma.

Diógenes Laercio (sobre 200 d. C.) cita el libro Sucesiones de Filósofos de Alejandro Polyhistor (sobre 100 aC). Según Diógenes, Alejandro tuvo acceso a un libro llamado La memoria pitagórica en su relato de cómo fue construida la cosmología pitagórica:

El principio de todas las cosas es la mónada o unidad; de esta mónada nace la dualidad indefinida que sirve de sustrato material a la mónada, que es su causa; de la mónada y la dualidad indefinida surgen los números; de los números, puntos; de los puntos, líneas; de las líneas, figuras planas; de las figuras planas, cuerpos sólidos; de los cuerpos sólidos, cuerpos sensibles, cuyos componentes son cuatro: fuego, agua, tierra y aire; estos cuatro elementos se intercambian y se transforman totalmente el uno en el otro, combinándose para producir un universo animado, inteligente, esférico, con la tierra como su centro, y la tierra misma también es esférica y está habitada en su interior. También hay antípodas, y nuestro ‘abajo’ es su ‘arriba’.

Diógenes Laercio, Vitae philosophorum VIII, 15.

Esta cosmología inspiró al gnóstico árabe Monoimus, que combinó este sistema con el monismo y otros aspectos de su propia cosmología.

Desarrollo histórico

Después de los milesios, el siguiente movimiento filosófico importante (cronológicamente hablando) fueron los pitagóricos. Tras las luchas políticas de mediados del siglo VI a. C., la escuela pitagórica fundada en Crotona (Italia) fue destruida y la emigración de los pitagóricos y de sus doctrinas se realiza hacia la metrópoli, donde hacia esa época comenzaron a difundirse. A fines del siglo VI a. C. la filosofía se traslada de las costas de Jonia a las de la Magna Grecia, al sur de Italia y a Sicilia, y se constituye lo que Aristóteles llamó la escuela itálica.

Misticismo y ciencia

Pocos rasgos hay que distingan aquí al pitagorismo de una simple religión mística, pero los pitagóricos figuraban, en el siglo VI, entre los principales investigadores científicos. Pitágoras se interesó tanto por la ciencia como por el destino del alma. La religión y la ciencia no eran para él dos compartimentos separados sin contacto alguno, sino más bien constituían los dos factores indisociables de un único estilo de vida. Las nociones fundamentales que mantuvieron unidas las dos ramas que más tarde se separaron, parecen haber sido las de contemplación, el descubrimiento de un orden en la disposición del universo, y purificación. Mediante la contemplación del principio de orden manifestado en el universo, especialmente en los movimientos regulares de los cuerpos celestes, y asemejándose asimismo a ese orden, se fue purificando progresivamente el hombre hasta terminar por liberarse del ciclo del nacimiento y adquirir la inmortalidad.

Biografía de Pitágoras

Pitágoras nace en el 570 a. C. proveniente del Asia menor (Isla de Samos). Más tarde se traslada a Crotona al ser desterrado por Polícrates de Samos. Se le atribuyen varios viajes a oriente, entre otros a Persia, donde hubo de conocer al mago Zaratás, es decir, a Zoroastro o Zaratustra. De los egipcios heredó la Geometría y el arte de la adivinación; de los fenicios aprendió la aritmética y el cálculo, y de los caldeos la investigación de los astros.

Del Pitagorismo al Neopitagorismo

Los pitagóricos se establecieron en una serie de ciudades de la Italia continental y de Sicilia, y luego pasaron también a la Grecia propia. Formaron una liga o secta, y se sometían a una gran cantidad de extrañas normas y prohibiciones; no comían carne ni habas, ni podían usar vestido de lana, ni recoger lo que se había caído, ni atizar el fuego con un hierro, etc. Resulta difícil comprender el sentido de estas normas, si es que tenían alguno. Algunos comentaristas tardíos como San Hipólito del siglo III refieren que los adeptos se distinguían entre sí como novicios o iniciados. Los primeros solo podían escuchar y callar (exotéricos y acústicos) mientras que los segundos (esotéricos o matemáticos) podían hablar y expresar lo que pensaban acerca de las cuestiones científicas de las que se ocupaba la escuela.

La liga pitagórica tenía una tendencia contraria a la aristocracia; pero acabó por formar una e intervenir en política. Como consecuencia de esto, se produjo una violenta reacción democrática en Crotona, y los pitagóricos fueron perseguidos, muchos de ellos muertos, y su casa incendiada. El fundador logró salvarse, y murió, según se dice, poco después. Más tarde alcanzaron los pitagóricos un nuevo florecimiento, llamado el neopitagorismo, basándose en aplicar la mente a los resultados dados por los conocimientos pitagóricos.

Doctrina

Pero más que esto interesa el sentido de la liga pitagórica como tal. Constituía propiamente una escuela (en griego escuela significa ocio). Esta escuela está definida por un modo de vivir de sus miembros, personas emigradas, expatriadas; forasteros, en suma. Según el ejemplo de los juegos olímpicos, hablaban los pitagóricos de tres modos de vida: el de los que van a comprar y vender, el de los que corren en el estadio y el de los espectadores que se limitan a ver. Así viven los pitagóricos, forasteros curiosos de la Magna Grecia, como espectadores. Es lo que se llama el bios teoretiós, la vida teorética o contemplativa. La dificultad para esta vida es el cuerpo, con sus necesidades, que sujetan al hombre. Es menester liberarse de esas necesidades. El cuerpo es una tumba (soma sema), dicen los pitagóricos. Hay que superarlo, pero sin perderlo. Para esto es necesario un estado previo del alma, que es el entusiasmo (no debemos pensar lo que actualmente pensamos por entusiasmo, sino que debemos remitirnos al término en griego: ἐνθουσιαζόντoς; este término quiere decir estar lleno de Dios, poseído, pero no en un sentido peyorativo, sino que simplemente la persona presta su ser para que el dios, generalmente las musas, hablen por medio de él). Aquí aparece la conexión con los órficos y sus ritos, fundados en la manía (locura) y en la orgía. La escuela pitagórica utiliza estos ritos y los transforma. Así se llega a una vida suficiente, teorética, no ligada a las necesidades del cuerpo, un modo de vivir divino. El hombre que llega a esto es el sabio, el sophós (parece que la palabra filosofía o amor a la sabiduría, más modesta que sofía, surgió por primera vez de los círculos pitagóricos). El perfecto sophós es al mismo tiempo el perfecto ciudadano; por esto el pitagorismo crea una aristocracia y acaba por intervenir en política. Los pitagóricos seguían una dieta vegetariana a la que llamaban por aquel entonces dieta pitagórica.

Números y figuras geométricas

Pentagrama: los pitagóricos usaron este símbolo como un signo secretopara reconocerse unos a otros. Representa el número cinco, la vida, el poder y la invulnerabilidad.
De entre las numerosas contribuciones matemáticas que se atribuyen a los pitagóricos destacan por su importancia las algebraicas y geométricas. Filosóficamente, la concepción pitagórica del número lo hacía omnipresente, esencia de todas las cosas.

Según Neugebauer, a partir de su interpretación de las tablillas cuneiformes de este siglo, “lo que se llama pitagórico en la tradición griega debería probablemente ser llamado babilonio“, pues los pitagóricos habrían aprehendido sus conocimientos matemáticos en la aritmética y en el álgebra de los babilonios. Más tarde, imprimieron estos conocimientos en su propio estilo con un carácter específicamente griego, anteponiendo al carácter operativo e instrumental de los babilonios el rigor lógico y la demostración matemática.

Los pitagóricos hacen el descubrimiento de un tipo de entes, los números y las figuras geométricas que no son corporales, pero que tienen realidad y presentan resistencia al pensamiento; esto hace pensar que no puede identificarse sin más el ser con el ser corporal, lo cual obliga a una decisiva ampliación de la noción del ente. Pero los pitagóricos, arrastrados por su propio descubrimiento, hacen una nueva identificación, esta vez de signo inverso: el ser va a coincidir para ellos con el ser de los objetos matemáticos. Los números y las figuras son la esencia de las cosas; los entes son por imitación de los objetos de la matemática; en algunos textos afirman que los números son las cosas mismas. La matemática pitagórica no es una técnica operatoria, sino antes que ello el descubrimiento y construcción de nuevos entes, que son inmutables y eternos, a diferencia de las cosas variables y perecederas. De ahí el misterio de que se rodeaban los hallazgos de la escuela, por ejemplo el descubrimiento de los poliedros regulares. Una tradición refiere que Hipaso de Metaponto fue ahogado durante una travesía o bien naufragó, castigado por los dioses por haber revelado el secreto de la construcción del dodecaedro.

Por otra parte, la aritmética y la geometría están en estrecha relación: El 1 es el punto, el 2 la línea (recta), el 3 la superficie, el 4 el volumen; el número 10, suma de los cuatro primeros, es la famosa tetraktys, el número capital. Se habla geométricamente de números “cuadrados” y “oblongos”, “planos””, “cúbicos”, etc. Hay números místicos, dotados de propiedades especiales. Los pitagóricos establecen una serie de oposiciones, con las que las cualidades guardan una extraña relación: lo ilimitado y lo limitado, lo par y lo impar, lo múltiple y lo uno, etc. El simbolismo de estas ideas resulta problemático y de difícil comprensión.

La escuela pitagórica creó también una teoría matemática de la música. La relación entre las longitudes de las cuerdas y las notas correspondientes fueron aprovechadas para un estudio cuantitativo de lo musical; sé pensó que cada astro da una nota, y todas juntas componen la llamada armonía de las esferas o música celestial, que no oímos por ser constante y sin variaciones.

Inmortalidad del alma

Para los pitagóricos la muerte era una necesidad que convenía al devenir (naturaleza) de la vida universal, o como un incómodo bien ante las situaciones de extrema postración humana.

Ante la pregunta, qué es lo que permanece y en donde, en Grecia y en Roma se concebía la muerte como el paso a una segunda existencia, y, por tanto, no como una extinción definitiva, sino como un cambio de estado que acontece a algo oculto e invencible. Vale resaltar que en Grecia había, por así decirlo, una religión olímpica, y una en donde se creía que después de la muerte había otra vida, en donde se encontraba la recompensa al sufrimiento de este mundo.

Los pitagóricos tenían una concepción de unidad de cuerpo (físico) y alma, en donde el alma después de la muerte se separaba del cuerpo, esa separación era la misma muerte. Después de la muerte del individuo el alma, que es una especie de sombra fantasmagórica, peregrinaba a través de todo, con el fin de reencarnar sucesivamente en otros cuerpos. Este es el fundamento de la palingenesia, denominada también metempsicosis o trasmigración del alma. Por esta razón los pitagóricos no rechazaban ningún estilo de vida, puesto que el alma podía transitar por cualquiera de ella.

El alma era considerada la antítesis del cuerpo, era el lado de la perfección humana: lo bueno, lo puro, lo racional o lo eterno; mientras que el cuerpo era todo lo que simbolizaba lo malo, lo impuro, lo irracional o lo corruptible.

El Número como principio de todas las cosas

Como dice Aristóteles los pitagóricos se dedicaron a las matemáticas, fueron los primeros que hicieron progresar este estudio y, habiéndose formado en él pensaron que sus principios eran los de todas las cosas.

“Nutridos de ella (la matemática), creyeron que su principio fuera el de todas las cosas. Ya que los números por su naturaleza son los primeros que se presentan en ella, les pareció observar en los números semejanzas con los seres y con los fenómenos, mucho más que en el fuego, o en la tierra o en el agua y como también veían en los números las determinaciones y las proporciones de las armonías y como, por otra parte, les parecía que toda la naturaleza estaba por lo demás hecha a imagen de los números, y que los números son los primeros en la naturaleza, supusieron que los elementos de los números fuesen los elementos de todos los seres y que el universo entero fuese armonía y número. Y todas las concordancias que podían demostrar en los números y en las armonías con las condiciones y partes del universo y con su ordenación total, las recogieron y coordinaron.”

Tenían el entusiasmo propio de los primeros estudiosos de una ciencia en pleno progreso, y les cultivó la importancia del número en el cosmos: todas las cosas son numerables, y muchas las podemos expresar numéricamente. Así la relación entre dos cosas relacionadas se puede expresar por una proporción numérica; el orden existente en una cantidad de sujetos ordenados se puede expresar mediante números, y así sucesivamente. Pero lo que parece que les impresionó más que nada fue el descubrir que los intervalos musicales que hay entre las notas de la lira pueden expresarse numéricamente. Cabe decir que la altura de un sonido depende del número, en cuanto que depende de las longitudes de las cuerdas, y es posible representar los intervalos de la escala con razones numéricas. A partir de esto surge la idea de cantidad (to pason), lo cuantitativo como principio y esencia de la realidad, es decir, que lo cualitativo se determina en lo cuantitativo.

Pues bien, lo mismo que la armonía musical depende de un número, se puede pensar que la armonía del universo depende también del número. Los cosmólogos milesios hablan de un conflicto universal de los elementos contrapuestos, y los pitagóricos, gracias a sus investigaciones en el campo de la música, tal vez pensasen solucionar el “conflicto” recurriendo al concepto de número. Según Aristóteles, “como vieron que los atributos y las relaciones de las escalas musicales se podían expresar con números, desde entonces todas las demás cosas les parecieron modeladas en toda su naturaleza según los números, y juzgaron que los números eran lo primero en el conjunto de la naturaleza y que el cielo entero era una escala musical y un número”. Mas lo que uno cree entender de los pitagóricos es que quisieron decir que el carácter verdadero no lo determinaba la apariencia sensible sino que lo establece un componente cuantitativo aritmo–geométrico que está referido tanto al número (cantidad discreta) como a la magnitud (cantidad continua); o sea, que tal ingrediente matemático afecta la cualidad de las cosas.

Este lenguaje matemático no era usado solo para explicar el mundo, también era usado en las entidades excluidas, las que tenían que ver con las esferas subjetivas, el hombre, la justicia, el arte, la medicina y hasta las estaciones, pues todo esto requería de números, proporción y medida. El lenguaje de la realidad es entonces para los pitagóricos, un logos matemático (razón, armonía y medida).

Anaximandro había hecho derivar todo de lo Ilimitado o Indeterminado. Pitágoras combinó esta noción con la de límite, que da forma a lo ilimitado. Ejemplo de todo ello es la música (y también la salud, en la que el límite es la templanza, cuyo resultado es una sana armonía). La proporción y la armonía de los sones musicales son expresables aritméticamente. Transfiriendo estas observaciones al mundo en general, los pitagóricos hablaron de la armonía cósmica. Y, no contentos con recalcar la importancia de los números en el universo, fueron más lejos y declararon que las cosas son números.

Evidentemente, tal doctrina no es de fácil comprensión. Se hace duro decir que todas las cosas son números. ¿Qué entendían por ello los pitagóricos? En primer lugar, ¿qué entendían por números o qué es lo que pensaban acerca de los números?. Aristóteles nos informa que “los pitagóricos sostenían que los elementos del número son lo par y lo impar, y que, de estos elementos, el primero es ilimitado y el segundo limitado; la unidad, el uno, procede de ambos (pues es a la vez par e impar), y el número procede del uno; y el cielo todo, es números”. Los pitagóricos consideraron los números espacialmente. La unidad es el punto, el dos es la línea, el tres la superficie, el cuatro el volumen. Decir que todas las cosas son números significaría que “todos los cuerpos constan de puntos o unidades en el espacio, los cuales, cuando se los toma en conjunto, constituyen un número”.

La Tetraktys: el número diez

Tetraktys: figura triangularconsistente en diez puntos colocados en cuatro líneas: un, dos, tres, y cuatro puntos en cada fila. Símbolomístico que representa el número diez.

La tetraktys, figura que tenían por sagrada, indica que los pitagóricos consideraban así los números. Esta figura demuestra que el 10 resulta de sumar 1+2+3+4,o sea, que es la suma de los cuatro primero números enteros. Por ella hacían el juramento transmitido como pitagórico, hecho en nombre de Pitágoras mismo, pero sin nombrarlo, “por quién transmitió a nuestra alma la tetraktys”. La tetraktys es el número perfecto y la clave de la doctrina. Es posible que jugase también un papel en los distintos grados de la metamorfosis del alma.

El diez tiene el sentido de la totalidad, de final, de retorno a la unidad finalizando el ciclo de los nueve primeros números. Para los pitagóricos es la santa tetraktys, el más sagrado de todos los números por simbolizar a la creación universal, fuente y raíz de la eterna naturaleza; y si todo deriva de ella, todo vuelve a ella. Es pues una imagen de la totalidad en movimiento.

La tetraktys forma un triángulo de 10 puntos colocados en cuatro líneas, de la forma siguiente:

La Santa Tetraktys pitagórica

  1. La Unidad: Lo Divino, origen de todas las cosas. El ser inmanifestado.
  2. La Díada: Desdoblamiento del punto, origen de la pareja masculino-femenino. Dualismo interno de todos los seres.
  3. La Tríada: Los tres niveles del mundo: celeste, terrestre, infernal, y todas las trinidades.
  4. El Cuaternario: los cuatro elementos, tierra, aire, fuego y agua, y con ellos la multiplicidad del universo material.

El conjunto constituye la Década, la totalidad de Universo: 4: 1 + 2 + 3 + 4 = 10 → 1 + 0 = 1.

Todo es Número: el número como explicación de la realidad

Además los pitagóricos, concebían los números con un carácter pedagógico, pues como ellos no hay otros que tengan mayor capacidad explicativa. El número tenía un sentido genérico y decisivo en la construcción del cosmos. El comienzo es lo Uno (monas), es indeterminada y de naturaleza divina, semejante al apeiron de Anaximandro. De lo uno limitado (denominado así porque no es aún una dualidad numérica o completa, pues lo uno no es el uno cuantitativo, sino un género supremo), surge la díada indefinida (aoristos duas). Pues de la unión de estos dos surge el uno y el dos numérico, es decir, de lo uno el uno y de lo uno y de la díada indefinida el dos. Por extensión surgen los demás números.

Lo uno debemos entenderlo como identidad en tanto la propiedad que tienen las cosas de ser ellas mismas, la díada debemos entenderla como las diferencias pues es en este pensamiento el que liga la identidad con la diferencia, que asume la unidad y la dualidad como los elementos de lo verdadero.

Eurito solía representar los números con piedrecillas, y por este procedimiento, obtenemos los números “cuadrados” y los números “triangulares”.

En efecto, si partimos de la unidad y le añadimos los números impares siguiendo el gnomon, obtendremos los números «cuadrados», mientras que si partimos del 2 y le añadimos los números pares, obtendremos los números «oblongos»:

Rectangulos y gnomones.gif

Esta costumbre de representar los números o relacionarlos con la geometría ayuda a comprender por qué los pitagóricos consideraban las cosas como números y no sólo como numerables: transferían sus concepciones matemáticas al orden de la realidad material. Por la yuxtaposición de puntos se engendra la línea, la superficie es engendrada por la yuxtaposición de varias líneas y el cuerpo por la combinación de superficies. Puntos, líneas y superficies son las unidades reales que componen todos los cuerpos de la naturaleza, y en este sentido todos los cuerpos deben ser considerados como números. Cada cuerpo material es una expresión del número cuatro, puesto que resulta como un cuarto término de tres clases de elementos constitutivos: puntos, líneas y superficies (Ver también Dimensión).

Noción de límite y armonía

Para los pitagóricos, el cosmos limitado, o mundo, está rodeado por el inmenso o ilimitado cosmos (el aire), y aquél lo “inhala”. Los objetos del cosmos limitado, no son, pues, pura limitación, sino que tienen mezcla de lo ilimitado. Los pitagóricos al considerar geométricamente los números, los concebían también como productos de lo limitado y lo ilimitado (por estar compuestos de lo par y lo impar). Identificándose el par con lo ilimitado y lo impar con lo limitado. Una explicación complementaria puede verse en el hecho de que los gnómones impares conservan su forma cuadrada fija (limitada), mientras que los pares presentan una forma rectangular siempre cambiante (ilimitada).

Para los Pitagóricos, la tierra era esférica. La tierra y los planetas giraban a la vez que el sol en torno al fuego central o “corazón del Cosmos”, identificado con el número uno.

Para ellos la esencia de las cosas era la Armonía de los contrarios lo cual constituía el límite que determina el ser preciso de las cosas en tanto que todo ser lo es dentro de determinados acontecimientos figuradores. La forma, progresión, armonía corporal no son caprichosos sino que son reglas que se ajustan a determinadas medidas proporcionales, pues el límite es control ante los desmanes, la cordura frente a las pretensiones desmedidas. Así, de esta manera, el límite constituía el equilibrio y la armoníala fuerza que unía los contrarios.

Crisis del racionalismo numérico

Los pitagóricos crearon los números irracionales, se trataba del descubrimiento de lo irracional, de la raíz cuadrada de dos, aplicable a la relación entre los lados de un cuadrado y la diagonal.

 

Bibliografía

  • Aguilera, Julián María (1985). Historia de la Filosofía. Madrid: Editorial Alianza S. A.
  • Cerqueiro, Daniel (2004). “Evohé (Doxografía de Pitágoras)”. Buenos Aires: Ed. Peq. Ven. ISBN 987-9239-14-8
  • Copleston, Frederick C. (2004). Historia de la Filosofía. Tomo 1/I: Grecia y Roma. Editorial Ariel: Barcelona. ISBN 84-344-8770-5.
  • Eggers Lan, Conrado y Victoria E. Juliá (2000 [1ª edición, 4ª impresión]). Los filósofos presocráticos. Tomo I. Editorial Gredos: Madrid. ISBN 84-249-3511-X.
  • Ferrater Mora, J (1941). Diccionario de Filosofía. Editorial Ariel S. A.
  • Fraile, Guillermo y Urdánoz, Teófilo (1926 [4ª edición]). Historia de la Filosofía I. Madrid: Editorial Católica S. A.
  • Guthrie, W.K.C., (1999 [1ª edición, 3ª reimpresión]). Historia de la Filosofía Griega. Vol. I: Los primeros presocráticos y los pitagóricos. Editorial Gredos: Madrid. ISBN 84-249-0949-6.
  • Jámblico (2003). Vida pitagórica. Protréptico. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-2397-6.
  • Kirk, G.S., Raven, J.E., y Schofield, M (2008). Los filósofos presocráticos. Historia crítica con selección de textos. edición revisada, tapa dura. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-3567-2.
  • Kornél Zoltán Méhész (1974).”Pythagoras”. Arg.: Univ.Nac. Nordeste.
  • O’Meara, Patrick J (1989). Pythagoras Revived. Clarendon Press, Oxford.
  • Osorio, Amado (2001). Introducción a la Filosofía presocrática. Editorial Universidad de Caldas, Manizales.
  • Porfirio (1987 [1ª edición, 2ª impresión]). Vida de Pitágoras. Argonaúticas Órficas. Himnos Órficos. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-1234-5.
  • Rey Pastor, J. (1997). Historia de la Matemática. Vol. 1. Editorial Gedisa, Barcelona. ISBN 84-7432-207-3.
  • VV.AA. (1998). Diccionario Enciclopédico Temático Brújula. Editorial Norma, S.A., Bogotá.
  • VV.AA. (1945 [2ª edición]). Diccionario Enciclopédico Salvat. Tomo VII. Editorial Salvat Editores S.A., Barcelona/Buenos Aires.

 

Teoría: Los aliens no pueden despegar

Desde la década de 1950 existe una paradoja respecto a la vida en el Universo a la que aún no hemos podido encontrar una respuesta definitiva. Se conoce como la Paradoja de Fermi y básicamente dice lo siguiente: Si aceptamos que en la inmensidad del Universo debe de haber incontables formas de vida más allá de nuestro planeta, y que por tanto deberían existir numerosas civilizaciones avanzadas… ¿por qué no las hemos encontrado todavía?

Durante más de medio siglo han surgido diversas respuestas a este planteamiento abierto y contradictorio, como por ejemplo: esas civilizaciones existen pero el Universo es demasiado grande para que podamos contactar, o existen pero no quieren comunicarse con nosotros, o incluso quizá se estén comunicando pero nosotros no podemos detectar sus señales. Las ideas para resolver el absoluto silencio cósmico de la Paradoja de Fermi son muy variadas, y esta semana podríamos añadir otra posible respuesta a esa cuestión: quizá no puedan despegar.

Las civilizaciones inteligentes en SuperTierras tienen muy difícil desarrollar un programa espacial | imagen NASA / Comparación entre la Tierra y Kepler-452b.

Han pasado más de veinte años desde que descubriéramos el primer exoplaneta (51 Pegasi b) y desde aquel momento hasta nuestros días hemos detectado unos 4600 planetas fuera de nuestro sistema solar, de los cuales más de 3200 son exoplanetas confirmados. La dificultad de detectar exoplanetas tan lejanos hace que muchos de estos cuerpos encontrados sean muy grandes, ya que son más fáciles de detectar, sin embargo estos enormes mundos vienen con un problema añadido: su gravedad es tan intensa que hace casi imposible escapar de ella.

Es el caso de las SuperTierras, cuerpos rocosos mucho más grandes y masivos que nuestro planeta en los que, si están en la zona de habitabilidad, se podrían dar las condiciones necesarias para soportar la vida.

Pero… ¿Qué haría falta para escapar de la gravedad de esos planetas tan masivos?

El astrofísico Michael Hippke, del Observatorio alemán de Sonneberg, ha hecho los cálculos y los ha publicado en la sección de astrofísica del repositorio científico arXiv en un artículo cuyo título deja bastante claro el problema: “Las SuperTierras necesitan cohetes extremadamente grandes”, o en su primera versión: “El vuelo espacial desde las SuperTierras es difícil”.

En una SuperTierra se necesitarían cantidades enormes de masa y combustible para despegar un cohete como los del programa Apollo | imagen NASA

La velocidad de escape en la Tierra es de unos 11 km/s, o dicho con otras palabras, para que un cohete consiga abandonar nuestro planeta necesita alcanzar una velocidad de escape de unos 40.320 km/h. Estas cifras nos sitúan en un planeta donde viajar al espacio es difícil pero es posible, sin embargo, en planetas mayores y más masivos que la Tierra el escapar de la gravedad sea casi imposible, al menos con los medios y tecnologías que conocemos.

Hippke nos pone un ejemplo para entender mejor la situación de estos pesados planetas, como Kepler-20b, un exoplaneta el doble del tamaño de nuestro planeta y 10 veces más denso, la velocidad de escape allí es 2,4 veces la de la Tierra, es decir, 26,9 km/s. Esto significa que la hipotética civilización que habitase esa SuperTierra necesitaría aumentar en 55.000 toneladas el combustible necesario para lanzar al espacio una carga similar a la del Telescopio James Webb.

Si por ejemplo, esa civilización de extraterrestres en Kepler-20b quisiera tener su propio programa Apollo, sus cohetes deberían ser capaces de albergar una cantidad increíble de combustible, unas 400.000 toneladas, lo que significaría lanzar al espacio, aproximadamente, el peso total de la Pirámide de Keops.

Como veis, los programas espaciales en planetas del tipo SuperTierras, y si no han encontrado una tecnología que les permita hacer frente a esas elevadas velocidades de escape, serían casi imposibles.

Referencias científicas y más información:

Michael Hippke “Spaceflight from Super-Earths is difficult” arXiv:1804.04727v1 [physics.pop-ph] – “Super-Earths in need for extremely big rockets

Charles Q. Choi “No Way Out? Aliens on ‘Super-Earth’ Planets May Be Trapped by Gravity” Space.com

 

Posibles Súper Planetas. Incluso los datos manejados por la NASA hablan de 30.000 posibles planetas habitables a no más de 1000 años luz de la Tierra.

Kepler-452b, el primo mayor de la Tierra que podría albergar vida extraterrestre.

La misión espacial Kepler ha descubierto un exoplaneta muy parecido al nuestro. Los detalles del hallazgo han sido aclarados en la rueda de prensa que la agencia ofreció el 23 de julio de 2015.

«Los exoplanetas, especialmente los de tamaño pequeño, similar al de la Tierra, pertenecían al mundo de la ciencia ficción hace apenas 21 años. Pero actualmente, miles de hallazgos más tarde, los astrónomos están a punto de descubrir algo con lo que las personas han soñado durante miles de años: otra Tierra», se dice en el comunicado oficial de la NASA. En la rueda de prensa que se celebró la agencia espacial estadounidense ha anunciado su nuevo descubrimiento, al que llama «el primo mayor de la Tierra», un planeta localizado en una zona habitable de una estrella similar al Sol. Su nombre científico es Kepler-452b y tiene unas características muy parecidas a la Tierra, aunque es un 60% más grande. Un año en este planeta dura unos 385 días, y el cuerpo celeste cuenta además con volcanes activos. Sin embargo, todavía se investiga si contiene agua y oxígeno.

Comparación entre los sistemas Kepler-452, Kepler-186 y el nuestro. Kepler-186 es un sistema solar en miniatura que cabría entero dentro de la órbita de Mercurio.

«Esto es realmente fascinante, Kepler-452b recibe el mismo espectro e intensidad de luz que aquí en la Tierra», dijo Daniel Brown, experto astrónomo de la Nottingham Trent University. «Esto significa que plantas como las de nuestro planeta podrían crecer allí, y que tu piel se broncearía de igual forma», añadió. La estrella que cobija a Kepler-452b se ubica a 1.400 años luz de distancia, en la constelación de Cygnus, y tiene una antigüedad de 6.000 millones de años, es decir, 1.500 millones de años más vieja que nuestro sol. De también haberse cumplido las mismas condiciones evolutivas en este exoplaneta descubierto por la misión Kepler, la vida allí podría haberse desarrollado de tal manera que exista una civilización alienígena que nos lleve millones de años de ventaja. Una posibilidad más que sorprendente si consideramos que algunos investigadores —como Andrew Collins— han sugerido que las pirámides de Guiza están dispuestas siguiendo como patrón a la constelación de Cygnus (la cruz del norte), la misma zona del universo donde se halla nuestro «primo mayor»…

 En verde, la constelación de Orión superpuesta sobre las pirámides de Guiza. En rojo, la constelación de Cygnus, donde la alineación es más precisa.

 

 

 

8 grandes preguntas filosóficas que ¿Nunca resolveremos?. (8 great philosophical questions that we’ll never solve)

La mente humana, imperfecta como es, ha sido capaz sin embargo de generar callejones sin salida del pensamiento, proposiciones de índole metafísica que parecen encontrarse en las fronteras de nuestras capacidades intelectuales (a pesar de que, paradójicamente, por estas mismas llegamos a ellas).A continuación 8 de estos supuestos muros que, quizá, en el fondo no sean más que trampas de nuestra abstracción, de la forma en que histórica pero acaso inevitablemente construimos nuestras maneras de pensar.

1. ¿Por qué hay algo en vez de nada?

Parece justo que la existencia sea el primero de estos grandes enigmas. ¿Por qué algo existe cuando parece perfectamente posible que la nada fuera la norma? ¿Qué impulso secreto del universo físico fue el decisivo para que la nada se convirtiera en algo?

2. ¿Nuestro universo es real?

Una de las preguntas más recurrentes del pensamiento humano: la constante duda sobre la realidad de este mundo. De los textos sagrados del hinduismo a Jean Baudrillard, parece que no hay recurso mental que nos permita discernir la realidad real de nuestra realidad (así de redundante y tautológico puede ser nuestro pensamiento). Y aunque, en cierto momento de su desarrollo intelectual, Wittgenstein aseguró que en el dolor podría encontrarse el fundamento de la realidad, la cuestión permanece abierta. Por más compleja que sea la noción de dolor, por más subjetiva y personalísima, ¿no podría una inteligencia superior que nos mantenga en este mundo simulado simular también, con todo detalle, esas sensaciones?

3. ¿Tenemos libre albedrío?

“L’homme est né libre, et partout il est dans les fers”, escribió famosamente Rousseau: “El hombre nace libre, pero encadenado por todos lados”. La paradoja de la libertad es que, aunque una condición supuestamente posible, se da en un contexto contingente en el que una multitud de factores la condicionan. A veces pensamos que cuando tomamos una decisión plenamente conscientes, considerando sus causas y sus consecuencias, los motivos por los cuales la tomamos, esa decisión es ya por eso una decisión libre. ¿Pero esto es cierto? ¿O solo es un autoengaño de quienes ansían desesperadamente creer en libertad? ¿Son los otros, los que piensan que la libertad es absolutamente imposible, quienes tienen la razón en este dilema?

4. ¿Dios existe?

Una entidad omnisciente y todopoderosa gobierna este mundo, desde su creación hasta su destrucción, compensando y retribuyendo, castigando, o manteniéndose al margen pero igualmente con un plan secreto que de cualquier forma terminará por cumplirse. Una entidad metahumana que da orden y sentido a lo que vemos y vivimos, a lo que existe, incluso cuando este orden toma la forma del caos y lo incomprensible. Una vez imaginado, ¿es posible demostrar su existencia o su inexistencia? Y una paradoja lógica para incrementar el impasse: ¿puede Dios crear una piedra tan pesada que ni siquiera él mismo pueda cargarla? Si no puede entonces no es omnipotente, pero si puede entonces tampoco es omnipotente, porque no tiene la fuerza de cargarla. Esta reducción al absurdo nos muestra en todo caso que no es con el lenguaje humano o con la razón que se puede aprehender a Dios.

5. ¿Hay vida después de la muerte?

Es muy posible que el miedo a la muerte, o el hecho de que no entendamos su significado, haya dado origen a la creencia de que la vida no termina con esta.

Quizá, en este caso, antes que responder si hay vida o no después de la muerte (una vida que, además, imaginamos esencialmente idéntica a la que ahora tenemos), tendríamos que responder en primer lugar por qué debemos morir.

La ciencia moderna considera  a la muerte como un agujero negro, un horizonte de sucesos del cual nada se puede decir, ninguna información extraer, ya que nadie ha regresado de este estado. El budismo tibetano por otra parte considera que todos hemos regersado de la muerte, en ese ciclo kármico de la existencia, e incluso ha diseñado un manual para escapar de la reencarnación.

6. ¿Hay algo que en realidad se pueda experimentar objetivamente?

La dualidad entre objeto y sujeto es uno de los pilares del pensamiento humano, al parecer heredado de las filosofías orientales a los primeros grandes pensadores de Occidente. En esencia se trata de un conflicto con nuestra percepción, de la que obtenemos una versión de la realidad que, al mismo tiempo, intuimos que no se corresponde exactamente con algo que podríamos llamar la realidad real, la realidad objetiva. Si tuviéramos la capacidad visual de los halcones o la olfativa de los perros, ¿cómo cambiaría la realidad que percibimos? O, sin incurrir en estas fantasías, pensemos cuán limitado es el mundo para alguien que nace ciego o sordo. Sabemos que existe una realidad absoluta más allá de nuestros sentidos, pero al mismo tiempo parece que estamos condenados a nunca ser capaces de aprehender esa realidad.

7. ¿Cuál es el mejor sistema moral?

La moralidad, esa serie de costumbres y normas que, de algún modo, nos han permitido sobrevivir colectivamente como especie, ha cambiado sustancialmente con el tiempo, si bien hay algunos elementos más o menos comunes a todas las culturas y épocas (por ejemplo, el incesto, ampliamente estudiado por el antropólogo Claude Lévi-Strauss). Sin embargo, también cabe la posibilidad de que la moralidad sea una pantalla que las narrativas históricas se han encargado de superponer a determinadas épocas, por comodidad discursiva, pero que esta no necesariamente haya sido la norma y, en la práctica, en la cotidianidad, el ser humano sea tan liberal o tan reprimido, tan relajado o tan estricto, lo mismo en la época victoriana que en el medioevo o la que ahora vivimos.

8. ¿Qué son los números?

Una de las invenciones más geniales de la mente humana, los números son sin embargo de una naturaleza en esencia incomprensible. Imprescindibles, de uso diario y, sin embargo, enigmáticos y casi inexplicables. ¿Qué es 2? ¿Qué es 5? De nuevo la tautología como único recurso. Parece que solo podemos decir que 2 es 2 y aceptar que estamos en un callejón sin salida (¿o es un asunto de semántica? ¿un problema nada más lingüístico?

No parece casual que Wittgenstein —siempre Wittgenstein— haya puesto a los números en el mismo nivel que los colores («¿Qué es, pues, algo rojo?», se preguntó alguna vez): «No creas que posees en ti el concepto de color porque miras un objeto coloreado —sea cual fuere la forma en que mires (Como tampoco posees el concepto de número negativo por el hecho de tener deudas.) Zettel, 332».

¿Se te ocurre alguna mas?

 

Fuente original: io9.gizmodo.com/8-philosophical-questions-that-well-never-solve? Traducido y adaptado by Vykthor del artículo en inglés a continuación:

 

8 Great Philosophical Questions That We’ll Never Solve

Philosophy goes where hard science can’t, or won’t. Philosophers have a license to speculate about everything from metaphysics to morality, and this means they can shed light on some of the basic questions of existence. The bad news? These are questions that may always lay just beyond the limits of our comprehension.

1. Why is there something rather than nothing?

Our presence in the universe is something too bizarre for words. The mundaneness of our daily lives cause us take our existence for granted — but every once in awhile we’re cajoled out of that complacency and enter into a profound state of existential awareness, and we ask: Why is there all this stuffin the universe, and why is it governed by such exquisitely precise laws? And why should anything exist at all? We inhabit a universe with such things as spiral galaxies, the aurora borealis, and SpongeBob Squarepants. And as Sean Carroll notes, “Nothing about modern physics explains why we have these laws rather than some totally different laws, although physicists sometimes talk that way — a mistake they might be able to avoid if they took philosophers more seriously.” And as for the philosophers, the best that they can come up with is the anthropic principle — the notion that our particular universe appears the way it does by virtue of our presence as observers within it — a suggestion that has an uncomfortably tautological ring to it.

2. Is our universe real?

This the classic Cartesian question. It essentially asks, how do we know that what we see around us is the real deal, and not some grand illusion perpetuated by an unseen force (who René Descartes referred to as the hypothesized ‘evil demon’)? More recently, the question has been reframed as the “brain in a vat” problem, or the Simulation Argument. And it could very well be that we’re the products of an elaborate simulation. A deeper question to ask, therefore, is whether the civilization running the simulation is also in a simulation — a kind of supercomputer regression (or simulationception). Moreover, we may not be who we think we are. Assuming that the people running the simulation are also taking part in it, our true identities may be temporarily suppressed, to heighten the realness of the experience. This philosophical conundrum also forces us to re-evaluate what we mean by “real.” Modal realists argue that if the universe around us seems rational (as opposed to it being dreamy, incoherent, or lawless), then we have no choice but to declare it as being real and genuine. Or maybe, as Cipher said after eating a piece of “simulated” steak in The Matrix, “Ignorance is bliss.”

3. Do we have free will?

4. Does God exist?

Simply put, we cannot know if God exists or not. Both the atheists and believers are wrong in their proclamations, and the agnostics are right. True agnostics are simply being Cartesian about it, recognizing the epistemological issues involved and the limitations of human inquiry. We do not know enough about the inner workings of the universe to make any sort of grand claim about the nature of reality and whether or not a Prime Mover exists somewhere in the background. Many people defer to naturalism — the suggestion that the universe runs according to autonomous processes — but that doesn’t preclude the existence of a grand designer who set the whole thing in motion (what’s called deism). And as mentioned earlier, we may live in a simulation where the hacker gods control all the variables. Or perhaps the gnostics are right and powerful beings exist in some deeper reality that we’re unaware of. These aren’t necessarily the omniscient, omnipotent gods of the Abrahamic traditions — but they’re (hypothetically) powerful beings nonetheless. Again, these aren’t scientific questions per se — they’re more Platonic thought experiments that force us to confront the limits of human experience and inquiry.

5. Is there life after death?

Before everyone gets excited, this is not a suggestion that we’ll all end up strumming harps on some fluffy white cloud, or find ourselves shoveling coal in the depths of Hell for eternity. Because we cannot ask the dead if there’s anything on the other side, we’re left guessing as to what happens next. Materialists assume that there’s no life after death, but it’s just that — an assumption that cannot necessarily be proven. Looking closer at the machinations of the universe (or multiverse), whether it be through a classical Newtonian/Einsteinian lens, or through the spooky filter of quantum mechanics, there’s no reason to believe that we only have one shot at this thing called life. It’s a question of metaphysics and the possibility that the cosmos (what Carl Sagan described as “all that is or ever was or ever will be”) cycles and percolates in such a way that lives are infinitely recycled. Hans Moravec put it best when, speaking in relation to the quantum Many Worlds Interpretation, said that non-observance of the universe is impossible; we must always find ourselves alive and observing the universe in some form or another. This is highly speculative stuff, but like the God problem, is one that science cannot yet tackle, leaving it to the philosophers.

6. Can you really experience anything objectively?

There’s a difference between understanding the world objectively (or at least trying to, anyway) and experiencing it through an exclusively objective framework. This is essentially the problem of qualia — the notion that our surroundings can only be observed through the filter of our senses and the cogitations of our minds. Everything you know, everything you’ve touched, seen, and smelled, has been filtered through any number of physiological and cognitive processes. Subsequently, your subjective experience of the world is unique. In the classic example, the subjective appreciation of the color red may vary from person to person. The only way you could possibly know is if you were to somehow observe the universe from the “conscious lens” of another person in a sort of Being John Malkovich kind of way — not anything we’re likely going to be able to accomplish at any stage of our scientific or technological development. Another way of saying all this is that the universe can only be observed through a brain (or potentially a machine mind), and by virtue of that, can only be interpreted subjectively. But given that the universe appears to be coherent and (somewhat) knowable, should we continue to assume that its true objective quality can never be observed or known? It’s worth noting that much of Buddhist philosophy is predicated on this fundamental limitation (what they call emptiness), and a complete antithesis to Plato’s idealism.

7. What is the best moral system?

Essentially, we’ll never truly be able to distinguish between “right” and “wrong” actions. At any given time in history, however, philosophers, theologians, and politicians will claim to have discovered the best way to evaluate human actions and establish the most righteous code of conduct. But it’s never that easy. Life is far too messy and complicated for there to be anything like a universal morality or an absolutist ethics. The Golden Rule is great (the idea that you should treat others as you would like them to treat you), but it disregards moral autonomy and leaves no room for the imposition of justice (such as jailing criminals), and can even be used to justify oppression (Immanuel Kant was among its most staunchest critics). Moreover, it’s a highly simplified rule of thumb that doesn’t provision for more complex scenarios. For example, should the few be spared to save the many? Who has more moral worth: a human baby or a full-grown great ape? And as neuroscientists have shown, morality is not only a culturally-ingrained thing, it’s also a part of our psychologies (the Trolly Problem is the best demonstration of this). At best, we can only say that morality is normative, while acknowledging that our sense of right and wrong will change over time.

8. What are numbers?

We use numbers every day, but taking a step back, what are they, really — and why do they do such a damn good job of helping us explain the universe (such as Newtonian laws)? Mathematical structures can consist of numbers, sets, groups, and points — but are they real objects, or do they simply describe relationships that necessarily exist in all structures? Plato argued that numbers were real (it doesn’t matter that you can’t “see” them), but formalists insisted that they were merely formal systems (well-defined constructions of abstract thought based on math). This is essentially an ontological problem, where we’re left baffled about the true nature of the universe and which aspects of it are human constructs and which are truly tangible.

Mitos y leyendas: Cuando el ser humano era un Dios.

En las sociedades primitivas, el mito constituía la única realidad, tan lejos de ser comprendida por la lógica del raciocinio científico del siglo XXI. Mas ¿cómo lidiar con los hechos todavía inexplicados del pasado del hombre? Sin duda, uno de los primeros pasos es descubrir el lado real de lo fantástico.

—”¿Eres Dios?” —”¿Dios? Sí… vine de las estrellas”. Diseño basado en estatuilla de antiguo astronauta hallada en Ecuador. Autor: Christopher Reach (chrisreach.deviantart.com/)

La contaminación que acostumbra a cubrir el cielo hace que perdamos la noción de lo que sea universo. Los cálculos continúan difíciles, inciertos y contradictorios. Los números varían. El astrónomo Harlow Shapley, por ejemplo, habló en «100 quintillones de estrellas al alcance de los telescopios». Mientras el astrónomo Willy Ley calcula que, sólo en la Vía Láctea, existen 30 billones de estrellas. Entre ellas, 18 billones de sistemas planetarios y 180 millones de planetas capaces de mantener la vida. A partir de ahí, el Dr. Ley calcula —siempre en términos pesimistas— que existen 1.800.000 planetas con seres vivos y, por lo menos, 18 mil planetas con vida inteligente. Entre tantos planetas, sistemas y galaxias, parece muy poco lógico que la Tierra sea el único mundo habitado. En verdad, el hombre tiende a no aceptar todo aquello que no puede dominar.

Visualización del universo observable. La escala es tan enorme que los finos granos representan colecciones de grandes supercúmulos de galaxias. El supercúmulo de Virgo —hogar de la Vía Láctea— está marcado en el centro, pero es demasiado pequeño para ser visto.

Hay dos fuentes básicas de investigación sobre la presencia de extraterrestres en la historia de la Tierra. Una son los registros humanos: las pinturas en las cavernas, los pergaminos, las tablas de arcilla, los templos, los sepulcros, los libros, los manuscritos. La otra fuente son los mitos y leyendas transmitidos oralmente de generación en generación durante milenios.

Esas dos fuentes convergen en cuestiones restrictivas dichas «científicas»:

1:¿Por qué los registros humanos no hablan claramente de la presencia extraterrestre en épocas pasadas?

2:¿Son los mitos y leyendas sinónimos de «mentira», «superstición» e «imaginación popular»?

Vamos a responder a una pregunta por vez. En primer lugar, la presencia extraterrestre está registrada en innumerables obras, sólo que estos registros no son interpretados de esa forma por la ciencia oficial. En segundo, los hombres «primitivos» son generalmente menospreciados en su capacidad de retratar la realidad, pues son tratados siempre como seres ingenuos y supersticiosos. Algunos de ellos, en verdad, deben haber sido tan adelantados que todavía no conseguimos descifrar sus mensajes, o lo que resta de ellos.

Ser dibujado en el techo de una cueva por los aborígenes australianos. ‘Journals of Two Expeditions of discovery’, por George Gray, 1938.

No se puede olvidar que la capacidad humana de construir una cultura es tan fuerte como su capacidad de destruirla. Vale mencionar una pequeña lista de devastaciones de documentos históricos:

330 a.C. – La biblioteca de Persépolis es incendiada por las tropas de Alejandro, el Grande.

Siglo III a.C. – El emperador chino Chi-Che Hoang manda destruir todos los libros de ciencia e historia del país.

48 a.C. – Julio César provoca el primer incendio de la biblioteca de Alejandría.

54 – San Pablo manda a destruir, en Efeso, todos los libros que tratan de «cosas curiosas».

Siglo III – Emperadores cristianos destruyen el Templo de Diana y los «archivos paganos».

390 – Cristianos incendian la Biblioteca de Alejandría.

Siglo VII – Monjes irlandeses mandan quemar 10 mil manuscritos rúnicos que contaban la historia de la civilización celta.

641 – Tercer incendio de la Biblioteca de Alejandría, por orden del califa Ornar.

728 – 300 mil manuscritos son quemados en Bizancio, por orden del emperador León Isauriano.

Siglos XIV y XV – La inquisición quema un número inmenso de «manuscritos heréticos».

Siglo XVI – Conquistadores españoles destruyen casi todos los libros sagrados de los mayas, incas y aztecas.

1566 – Francisco Toledo, virrey del Perú, destruyó una cantidad inmensa de paños incas y tablas con la historia de la antigua América.

¿Qué decían todos esos documentos? La cantidad de los que consiguieron llegar ilesos hasta nuestros días es mínima.

La destrucción de la Biblioteca de Alejandría supuso la pérdida de una gran cantidad de documentos y libros, y se ha convertido en un símbolo cultural de la destrucción. Se estima que esta biblioteca, la más importante del mundo antiguo, llegó a tener cerca de medio millón de libros.

Sobre la cuestión del mito y de la leyenda, observemos la opinión del historiador Norberto de Paula Lima: «En nuestros días, el mito es visto como todo pensamiento opuesto al pensamiento científico y lógico. En la Antigüedad, y en las sociedades que entre nosotros son llamadas “primitivas”, el mito es la única realidad concreta e importante, en una verdadera inversión de nuestros valores (…). Para las sociedades primitivas, el mito es la verdadera historia, la raíz y la explicación de toda historia cronológica».

Asimismo, esa forma de interpretar la historia tiene un nombre: es la tradición esotérica. «La interpretación esotérica de la historia no se limita a definiciones estrechas de aquello que hoy es conocido como “materialismo histórico”. De hecho, no niega lo que la ciencia de nuestros días descubrió, mas superpone a la vista corta del materialista toda la memoria del espíritu. Para el esoterista, el mito es la historia del alma del mundo», agrega de Paula Lima.

Historia cerrada vs Historia abierta

Jacques Bergier, por su parte, prefiere contraponer la idea de una historia «cerrada» con la idea de una historia «abierta»: «La concepción de una historia “cerrada” es relativamente reciente. Por historia “cerrada” yo entiendo una historia cuyos acontecimientos son provocados por causas naturales o humanas. A través de casi todo el pasado, la humanidad acreditó en la intervención, en la historia de causas exteriores: demonios, criaturas sobrenaturales, dioses y, finalmente, Dios. Fue en siglo XIX que el concepto de una historia sin cualquier intervención exterior, y cuyas causas se limitan únicamente a nuestro planeta, consiguió imponerse. Mas, como muchas ideas del siglo XIX, es discutible».

Veamos un ejemplo de como se puede observar la historia de forma abierta o cerrada. Es sabido que los grandes reptiles dominaron la Tierra por muchos millones de años; fue un largo reinado de dominio absoluto sobre todos los otros animales del planeta. De repente, 65 millones de años atrás, los saurios desaparecen. Dinosaurios, triceratops, tiranousaurios y otros monstruosos seres fueron barridos de la Tierra en un período relativamente muy corto de tiempo. Y fue sólo con esa extinción de los saurios que se tornó posible la evolución y el dominio humano sobre el planeta.

Jacques Bergier (1912-1978) fue un ingeniero químico, alquimista, espía, periodista, y escritor francés de origen askenazi. Fue autor de obras como ‘El retorno de los brujos’, ‘Guerra Secreta bajo los Océanos’, ‘Extraterrestres en la Historia’, ‘El planeta de las posibilidades imposibles’, ‘La Guerra Secreta del Petróleo’, entre otras muchas. Debido a su fama de «sabio despistado» fue incluido por el dibujante belga Hergé en una de las aventuras de Tintín, concretamente la titulada ‘Vuelo 714 a Sidney’.

¿Qué mató a los grandes reptiles? No existe una respuesta definitiva, todavía. La ciencia sugiere varias hipótesis: un bombardeo de meteoritos, el envenenamiento de la atmósfera, el fin de las especies vegetales consumidas por los reptiles, la acción predadora de los mamíferos comedores de huevos, etc. Mas ninguna de esas respuestas es definitiva. Todas pertenecen al terreno de la historia cerrada, o sea, sólo causas naturales pueden explicar el fenómeno.

La historia abierta, en tanto, sugiere la siguiente posibilidad: queriendo implantar en la Tierra un experimento de evolución humanoide, una civilización extraterrena, muy avanzada, habría provocado la extinción de los saurios a través de medios artificiales. Una explosión que liberase radiactividad que solo perjudicase a grandes animales, por ejemplo. Y el descubrimiento, en territorio ruso, de cráneos de dinosaurios con orificio en la frente —muy semejante a la perforación de una bala— ayudó a fortalecer esa hipótesis.

¿Fueron los grandes saurios exterminados por una raza alienígena para implantar su «experimento humano»?

Los adeptos de la historia abierta llaman la atención también para el hecho del género humano de haber vivido millones de años en un estado de primitivismo absoluto, para prácticamente «explotar» su cultura solamente en los últimos 10 mil años —cuando por coincidencia o no, el hombre primitivo pasó a tener capacidad de registrar su vida en las paredes de las cavernas—.

¿Cuál es la razón para esa eclosión de la cultura humana? La historia cerrada no sabe responder. Juzga la responsabilidad en la evolución. La historia abierta arriesga que seres extraterrestres aquí posaron e interfirieron directamente en la evolución cerebral y cultural de los hombres. Y más: que estos extraterrestres se emparejaban con mujeres terrestres, y que todos nosotros somos descendientes de estos mestizos interplanetarios.

Diferentes culturas antiguas alrededor del mundo hablan de «dioses instructores» que los visitaron.

Por más absurda que pueda aparecer esa posibilidad, hay un detalle que merece nuestra atención: si el ser humano fuese realmente 100 % terrestre, ¿será él que destruirá de modo insano el planeta en que nació? Los hábitos predadores, la violencia y el desprecio a cualquier forma de convivencia pacífica con la naturaleza están ahí para dar el lamentable testimonio de la actual condición humana.

La explicación esotérica

Muchas de las situaciones que vivimos hoy pueden ser una repetición —en farsa— de lo que ya sucedió hace millares, millones de años. Es difícil para nuestras cabezas condicionadas por el catolicismo y por las doctrinas científicas contemporáneas aceptar eso; estamos acostumbrados a pensar que somos el ápice de un proceso de evolución. Las doctrinas ocultas también consideran que somos el auge, mas el auge de la decadencia.

Según esas doctrinas, el ser humano ya vivió en la Edad de Oro de paz, armonía y conocimiento infinitamente superiores a los actuales. Tales fuentes de conocimientos indicaron, hace muchos millares de años, que los hombres pasarían por otras tres grandes edades: la de Plata, la de Bronce y la de Hierro (la más inferior de todas, en cuya recta final nos encontramos ahora). Esta Edad de Hierro culminaría con un período de gran destrucción purificadora, y revertiría en una nueva Edad de Oro.

Las indicaciones e informaciones de esas eras anteriores son provenientes básicamente de leyendas y narrativas. Según esas informaciones, la primera raza de humanos de la Tierra vivió hace muchos millones de años en una mística región Norte, hoy identificada como el propio polo antes del congelamiento. Este Norte es citado en leyendas chinas, egipcias, indias, esquimales, sioux o griegas. Entre los nórdicos, equivaldría a la propia Asgard, la morada de los dioses.

Los habitantes de este Norte habrían venido del espacio exterior, viviendo —durante mucho tiempo— en una situación de armonía y desenvolvimiento espiritual. Este primer ciclo se habría terminado cuando cambios geológicos en la Tierra congelaron el Polo Norte.

«Entre los nórdicos, equivaldría a la propia Asgard, la morada de los dioses».

La segunda raza habría vivido en la llamada Hiperbórea, una tierra también situada «al norte», viviendo permanentemente a la luz del sol. Los hiperboreanos, continuadores de la civilización del Norte, serían altos, rubios y espiritualmente superiores a todo lo que podamos imaginar. Los hiperboreanos serían los responsables de la raza de gigantes que en seguida habitó los continentes perdidos de la Lemuria y Mu.

A pesar de las poquísimas pruebas materiales existentes, se acredita que existieron dos grandes continentes hace cerca de 50 mil años: la Lemuria, cuyo centro sería la actual isla de Madagascar, en el océano Índico; y Mu, que estaría localizada alrededor del actual territorio de Mongolia, entre China y la Rusia. Estas dos civilizaciones se habrían expandido para todo el resto del planeta.

Según los relatos y leyendas, los habitantes de Mu y de la Lemuria serían, en principio, gigantes bisexuales contemporáneos de los dinosaurios y de las sequoias. Serían los hijos directos del cruzamiento entre seres del espacio y mujeres terrestres y, con el tiempo, habrían disminuido de tamaño (de 3,60 para 2,10 m) y se dividió en masculino y femenino.

El inicio de la degeneración

Los lemurianos poseían la apariencia de indios con la piel azulada y la protuberancia de un tercer ojo en el centro de la frente. Y dominarían un vasto conocimiento del uso de la energía cósmica, siendo los constructores de inmensos monumentos de piedra. Dominarían también la energía nuclear, la luz fría y un equivalente del rayo láser. Se acredita que el fin de los lemurianos fue una consecuencia del uso descontrolado de esas fuerzas.

En cuanto a Mu, este continente tendría como base siete ciudades en el actual océano Pacífico. Según James Churchward, la mayor autoridad en la investigación de Mu, esta civilización habría surgido hace 150 mil años alcanzando su esplendor hace 75 mil años, para después dispersarse.

Churchward cita un antiguo relato descubierto por él en tierras de la actual Mongolia: «Cuando la estrella Baal cayó donde hoy existe sólo el mar, las siete ciudades temblaron y las rutas se llenaron de una densa humareda. Los hombres temblaron de miedo, y una gran multitud se reunió en los templos y en el palacio del rey. El rey dice: “Yo no tenía previsto todo esto”. Y los hombres y las mujeres, vestidos con sus ropas preciosas, adornados con sus maravillosos collares le rogaban e imploraban: “Salvanos Ra-Mu!” Mas el rey profetizó que todos deberían morir con sus esclavos y sus hijos, y que de sus cenizas nacería una nueva raza».

Todo indica que la nueva raza se estableció en el medio del Mediterráneo, en la Atlántida.

La Atlántida ya pertenece a un tiempo más accesible, aunque los historiadores oficiales se nieguen a reconocer su existencia. Entre tanto, el relato más detallado de este continente perdido pertenece a uno de los más respetados filósofos griegos de todos los tiempos, Platón.

En verdad, Platón describió (en Timeus y Critias, 360 a.C.) la historia que le fue contada por su maestro, el legislador Solon. Solon, por su lado, oyó la descripción de la boca del sacerdote de Sais, una ciudad egipcia muy ligada a los griegos. Solon narró a Platón sobre una guerra entre los atlantes y los griegos, que saldrían vencedores, y sobre la destrucción total de la Atlántida, en el 12.000 a.C.

La descripción de Platón llega a los detalles de la planta de la ciudad central de la Atlántida, sus jardines, gimnasios e hipódromos. Dice que ella hacía parte en la división de la Tierra entre los «dioses», y que «Poseidón habiendo recibido como quiñon la isla Atlántida, instaló, en cierto lugar de esta isla, los hijos que engendrara de una mortal».

La última parte de la narrativa del filósofo sigue la misma línea de tantas otras, tratando de la mezcla entre «dioses» y «mortales», con la consecuente degeneración de la especie: «Durante numerosas generaciones, y en cuanto dominó en ellas la naturaleza del dios, los reyes escucharán las leyes y permanecerán unidos al principio divino, al cual eran emparentados. Sus pensamientos eran verdaderos y grandes en todo (…). Mas cuando el elemento divino disminuyó en él por causa del cruzamiento repetido con numerosos elementos mortales, y cuando dominó el carácter humano (…), cayeron en la decadencia».

Interpretación artística de la destrucción de Atlantis, por Rocío Espín Piñar (www.artstation.com/rocioespin).

Según W. Raymond Drake, «Rudolf Steiner, un discípulo de Goethe, redactó una detallada historia de la Atlántida describiendo el conflicto entre los seres espirituales y los luciferanos, los magos blancos y negros, cuya perversión de las fuerzas ocultas trajo los cataclismos para la Atlántida».

Hay muchas narraciones y leyendas sobre el fin de este continente. Y ellas coinciden en la afirmación de que los atlantes eran muy avanzados y conocían aparatos que nosotros consideramos modernos, tales como la televisión y los objetos voladores. Otros acreditan que la inmersión de la isla fue causada por una especie de «guerra nuclear» entre los seguidores de los «dioses» y los rebeldes que se juzgaban capaces de dominar fuerzas gigantescas de la naturaleza. Y hay los que achacan todo a una catástrofe natural, como la caída de un meteoro o de un gran terremoto.

De cualquier manera, todo apunta a que los atlantes sabían de la proximidad de su fin y cuidaron de extender su conocimiento para otras partes del mundo. Eso explica por que existen tantos puntos en común entre las culturas de Mesopotamia, Egipto, Asia y las Américas.

Fuente: MysteryPlanet.com.ar

 

El misterio de la masonería

La masonería nace oficialmente a principios del siglo XVIII con la constitución en 1717 de la Gran Logia de Inglaterra. Sin embargo, esta sociedad iniciática tiene antecedentes que se remontan a  los gremios profesionales herméticos de la Baja Edad Media que obstaculizaban el intrusismo laboral de sus artes y oficios con códigos secretos y prácticas ocultas. La masonería estaría relacionada con el gremio de los albañiles (en inglés “mason” y en francés “maçon”) que alcanzó gran prestigio en la construcción de las catedrales.

Es frecuente la definición de la masonería o francmasonería como una institución cuya finalidad es la búsqueda de la verdad a través del estudio filosófico de la condición humana, el estudio científico de la naturaleza y el cultivo de las artes. Asimismo, se pretende desarrollar la evolución personal y el progreso social. (Esto es tan general que se podría aplicar a multitud de agrupaciones y confesiones). La masonería es una organización con un marcado carácter iniciático, selectivo, jerárquico y discreto, que pretende estar orientada por principios humanistas y filantrópicos. Tiene una estructura federal unida por lazos comunitarios fraternos. Lo ritual y lo simbólico son elementos determinantes en la institución: las enseñanzas ocultas se llevan a cabo con símbolos y alegorías especialmente relacionadas con la albañilería y la construcción de edificios como las catedrales medievales. La masonería moderna, también llamada “especulativa”, se comprende como un sistema moral particular enseñado mediante el simbolismo de la construcción. No obstante, sus verdaderos objetivos son difícilmente identificables y definibles en tanto que se trata de una institución que sigue siendo un misterio para el exterior, del mismo modo que sigue siendo un misterio su campo real de influencia.

Ilustración de Mark Manapul.

El primer período es denominado “masonería operativa”, el cual concluyó por el fin de la época de las grandes catedrales, puesto que los gremios quedaron en desuso. El sistema gremial de formación fue desapareciendo en favor de facultades y academias de arquitectura. Del mismo modo, la utilidad profesional también fue disminuyendo. Sin embargo, el prestigio se conservó, por lo cual profesionales acaudalados de diferentes ámbitos que patrocinaban obras quisieron incorporarse, y empezaron a ser admitidos con el estatus de “masones aceptados”. Entre los siglos XVII y XVIII los masones aceptados superaron en número a los constructores operativos, y acabaron haciéndose con el control de las logias. De esta forma comenzó la “masonería especulativa” o moderna, la cual tendió a prescindir del oficio y las artes de construcción y el motivo cooperativo gremial, pero mantuvo la simbología y el carácter discreto e iniciático.

La masonería moderna se centra en el perfeccionamiento del individuo para la construcción de un templo ideal: la Humanidad. Las Constituciones de Anderson de 1723 de la Gran Logia de Inglaterra fijaron los ideales filantrópicos de la masonería que pretendía pulir la moral de los iniciados. Las herramientas prácticas de la masonería operativa fueron perdiendo su utilidad y adquiriendo un significado simbólico. A su vez, se defendía el humanismo y se mantuvo una postura teísta que abogaba por un único dios: el Gran Arquitecto del Universo (principio creador o fundamento de una realidad en orden).

Organización del templo masónico.

En los siglos XVIII y XIX la masonería se extendió por Europa y América y en las diversas sociedades empezaron a surgir diferencias, especialmente debido a la cuestión teológica y a la incorporación de las mujeres en las logias. La masonería regular hace referencia a aquellas logias que siguen reglas básicas como las constituciones tradicionales de la masonería especulativa. Debido a la discrepancia sobre el contenido de dichas normas regulativas, se han establecido dos facciones principales además de un buen número de logias menores que no siguen a ninguna de las anteriores.

Las dos corrientes son la masonería regular anglosajona, o simplemente regular, liderada por la Gran Logia Unida de Inglaterra, y la masonería regular continental, o liberal o adogmática, cuyo mayor exponente es el Gran Oriente de Francia. Ambas reconocen que las logias deben tener una legitimidad de origen y el respeto a las Constituciones de Anderson. La masonería regular contempla la obligatoriedad de la creencia en un ser supremo, los juramentos se hacen sobre el Volumen de la Ley Sagrada (algún libro sagrado que represente la trascendencia), se prohíbe la discusión de temas como la política y la religión y no son admitidas las mujeres en las iniciaciones. La corriente liberal, por su parte, se caracteriza por la defensa de la libertad de conciencia, la discusión de ideas sociopolíticas y la aceptación de la iniciación femenina.

El elemento más destacado y conocido es el carácter secreto de la institución. Sin embargo, la masonería no se corresponde con el secretismo de las sociedades ocultas tradicionales, en las que hasta la propia existencia de los grupos es escondida. Hay quien habla de “sociedades discretas” en lugar de secretas, pues la presencia de estas sociedades es conocida no sólo por parte de sus miembros. Ahora bien, lo oculto es central en esta institución en lo que respecta a diversos aspectos. Entre otras particularidades, existen ceremonias cuyo contenido sus participantes juran no desvelar, se usan símbolos y códigos cuyo significado completo está reservado a los miembros, se tratan temas relacionados con misterios ocultos concernientes a la espiritualidad con metodologías que presuntamente exceden los límites de la lógica racional por su culminación o se influye de manera subrepticia en la organización social.

Albert Pike, uno de los masones más importantes. Llegó a ser Soberano Gran Comendador de la Jurisdicción Meridional y escribió “Morals and Dogma of the Ancient and Accepted Scottish Rite of Freemasonry”.

La masonería está organizada en logias locales que integran la vida social de los miembros y los negocios de la institución. La logia es el elemento organizativo básico con una cantidad mínima de maestros y de hermanos (miembros). La pertenencia está cerrada y reglada, requiriendo condiciones para su incorporación como ritos iniciáticos. Dicha incorporación supone la adquisición de determinados hábitos y el establecimiento de lazos que constituyen una unidad de organización social, política y comercial. Esta unidad es flexible en el sentido de que admite componentes múltiples dentro de una hermandad en igualdad.

La organización masónica es una estructura jerárquica y rígida dividida en grados. Los tres primeros grados se denominan Grados de Oficio, que son el fundamento de la masonería simbólica universal. Estos tres grados son: aprendizcompañero y maestro. Además, existen distintos ritos que perfeccionan la condición de maestro en grados adicionales. Los principales ritos que organizan las logias son el rito escocés y el rito de York. El primero divide a sus miembros en 33 grados y el segundo en 13. El más extendido de los dos es el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Los tres grados simbólicos mencionados constituyen la masonería azul, los grados capitulares van desde el cuarto al decimoctavo y forman la masonería roja, los grados filosóficos son los comprendidos entre el decimonoveno y el trigésimo grado y son la masonería negra y, finalmente, los grados sublimes son los tres últimos, los cuales conforman la masonería blanca. El trigésimo tercer grado es el Soberano Gran Inspector General. En este mismo rito, del cuarto al decimocuarto grado forman la Logia de Perfección (cada grado con su denominación propia), el decimoquinto es Caballero de Oriente, el decimosexto es el Príncipe de Jerusalén, el decimoséptimo es Caballero de Oriente y Occidente, el decimoctavo es el Soberano Príncipe Rosacruz, del grado decimonoveno al trigésimo segundo forman el Consistorio de Príncipes del Real Secreto (cada grado con su denominación propia) y el trigésimo tercer grado es el Sublime Gran Comendador.

Grados masónicos.

La investidura del candidato comienza con la presentación del aspirante con los ojos vendados ante los que van a ser su hermanos. Tras diversas pruebas simbólicas, el postulante es llevado hasta el Venerable Maestro que le quita la venda. El Maestro le quita la venda de la ignorancia y le desvela las luces del conocimiento. El aspirante está despojado de objetos metálicos, representando el desapego de los bienes mundanos. Además, viste con ropa sencilla de color blanco y con el pecho derecho y la pierna izquierda descubiertos para representar humildad. El candidato hace el juramento de mantener el secreto frente a un altar con un libro sagrado. En ese momento recibe el mandil, el martillo y el cincel y la regla de veinticuatro pulgadas. Al iniciado se le enseñan los pilares del templo que representan la fortaleza, la sabiduría y la belleza; y los tres grandes maestros místicos de la masonería relacionados con el templo de Jerusalén: el rey Salomón (su promotor), el rey Hiram de Tiro (ayudó en la construcción) e Hiram Abif (su arquitecto).

Representación de un rito de iniciación.

Entre los símbolos masónicos más característicos encontramos el compás y la escuadra, que suelen ir juntos: el primero es un instrumento de medida para garantizar la armonía, el orden y la belleza, que representa la sabiduría y está relacionado con el círculo. El compás simboliza la creación de un cosmos ordenado, es una herramienta del Gran Arquitecto. La escuadra simboliza el plano terrestre, cuyo espacio simbólico (el cuadrado y la cruz) representa la idea del templo. La escuadra también se refiere a la virtud y el compás a los límites y el respeto. El candelabro de siete brazos hace referencia al entendimiento iluminado, el delantal o mandil alude al trabajo, la humildad y la pureza, el mazo y el cincel simbolizan la combinación de la fuerza de voluntad y la finura de la inteligencia, la espada flamígera representa la fuerza y el poder, y el mallete de madera es un símbolo de autoridad.

Compás y escuadra. La letra “G” y la “A” (formada por el compás) aluden al Gran Arquitecto del Universo.

Es muy discutible la influencia de los masones en la sociedad. Por un lado, es fácil encontrar simbología relacionada con la masonería en diversos ámbitos culturales y cotidianos, pero también es cierto que se trata de representaciones tan comunes que es muy normal su uso sin ninguna intención simbólica o su identificación allí donde realmente no las hay. Por otro lado, es difícil encontrar algo así como un “sustrato común” masónico que subyazca a distintas ideas, conceptos y teorías de diversos personajes ilustres que supuestamente pertenecían a esta institución. La existencia de conspiraciones no justifica el reduccionismo en el que consiste el conspiracionismo que explica el fundamento de los fenómenos sociales por la actividad de grupos supuestamente ocultos y poderosos.

Si bien es cierto que se ha pretendido asociar la masonería con el ocultismo con la intención de desprestigiarla, también hay que admitir el manifiesto carácter esotérico de esta sociedad (lo cual ya pone en cuestión la validez de sus supuestos conocimientos). Resulta paradójica la combinación entre ideales como los de la razón ilustrada –que presuntamente apoyaron los masones– y el esoterismo. Una posible explicación podría pasar por cierto gnosticismo que confiere un carácter soteriológico al conocimiento, de modo que se viven de manera religiosa algunas ideas racionales. En algunos casos se pretende la reducción de dogmas religiosos a filosofemas y, en otros, se le da una condición salvífica al conocimiento.

En definitiva, mediante los rituales, las lecturas y la transmisión de conocimientos y hábitos entre compañeros, el iniciado dispone de instrumentos y sabiduría necesaria para el desarrollo de sus virtudes y para el perfeccionamiento humano. Sin embargo, hay que decir que la masonería no está construida sobre una única idea, sino que se compone de diversos conceptos y de una sarta de prácticas y ritos en torno a los cuales se reúnen millones de miembros.

 

Bibliografía

Anderson, J. Constitutions. Ed. Kissinger Publishing Company. 2003: Montana.

Blaschke, D. y Río, S. La verdadera historia de los masones. Ed. Planeta. 2009: Barcelona.

Callaey, E. El mito de la revolución masónica: la verdad sobre los masones y la Revolución francesa, los iluminados y el origen de la masonería moderna. Ed. Nowtilus. 2007: Madrid.

Corbiere, E. La masonería. Ed. DEBOLSILLO. 2004: Buenos Aires.

MacNulty, W. K. Masonería. Símbolos, secretos, significado. Ed. Electa. 2006: Barcelona.

Pike, A. Las enseñanzas de la masonería: una ayuda a la humanidad para cultivar la libertad, la amistad y el carácter. Ed. Humanitas. 2001: Barcelona.

ASOCIACION DE KARATE ALCOBENDAS

Sensei José Lara, 4.º DAN de Karate, Maestro Entrenador Nacional y Director Técnico de Tai-Jitsu de la Federación Madrileña de Karate.

VYKTHOR´S LIBRARY

Medioteca de recursos y aprendizaje

VYKTHOR´S OLD LIBRARY

searching knowledge, recovering Phantasie

A %d blogueros les gusta esto: