Es imprescindible dejar de pensar en el crecimiento económico.

La estadounidense Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), el más prestigioso organismo internacional dedicado a la monitorización de la temperatura del planeta, nos ha impactado con una muy preocupante noticia: marzo de 2017 ha marcado como hito el ser el primer mes en 1.647 meses en el registro (137 años) en que las temperaturas globales sobrepasan 1ºC la media del siglo XX (ya elevada por el calentamiento global) en ausencia del fenómeno de El Niño, que como recordarán fue muy potente durante el año pasado. Ha sido el segundo marzo más caluroso en los 137 años (el primero fue en 2016) y el quinto mes más caluroso (el resto han sido todos en los últimos dos años). Es evidente que el calentamiento global se está acelerando y que numerosos bucles que lo realimentan positivamente están conjuntándose para ello (disminución del albedo, aumento del metano por el ‘fracking‘ y la fusión del permafrost, aumento acelerado del CO2 por diversas causas…). Prácticamente nadie con unos conocimientos sólidos duda ya de que la causa de este calentamiento es la actividad humana.

El metabolismo de la actividad de 7.500 millones de seres humanos, cada uno de los cuales equivale a cinco humanos preindustriales, es decir, un total de casi 40.000 millones de personas equivalentes, está desequilibrando totalmente la biosfera y, lejos de corregir la trayectoria, cada vez apretamos más el acelerador.

Podemos ver en el siguiente gráfico la evolución del consumo per cápita de energía en los últimos 200 años. Se ve claramente cómo este se ha multiplicado aproximadamente por cuatro desde entonces (ya había subido algo para 1820 desde los niveles preindustriales) y cómo este crecimiento ha sido especialmente fuerte en los periodos 1945-1979 (los ‘treinta gloriosos’) y a partir de 2000 (sobre todo por el brutal aumento del consumo en China).

Aunque no cabe duda de que hay aumentos en la productividad y en la eficiencia, es un mito muy peligroso el pensar que estas mejoras son ilimitadas, y estas creencias demuestran un desconocimiento total de los fenómenos físicos subyacentes. Las mejoras iniciales son relativamente sencillas, pero las subsiguientes son cada vez más difíciles hasta que se vuelven inapreciables. Es la implacable ley de los rendimientos decrecientes, que cualquiera que se haya dedicado a optimizar procesos productivos ha conocido por propia experiencia. Como expuse en este artículo, la Humanidad está aumentando desde hace décadas la inversión en mejoras de la productividad aproximadamente un 7% cada año, mientras que las mejoras conseguidas son del 1%. El resto del crecimiento mundial proviene de aumento en los insumos de la economía.

La economía mundial representa simplemente la producción de bienes y servicios, cuyo significado físico corresponde al concepto de trabajo. Por eso se habla muchas veces, dado que la sociedad humana está compuesta por seres vivos y sus extensiones en forma de maquinaria, de metabolismo de la sociedad industrial, ya que cuando se generan esos procesos físicos que llamamos economía, producimos calor y desechos (que en el caso de la sociedad industrial son materiales inútiles, contaminantes o no, incluidos gases como el CO2), exactamente lo mismo que los seres vivos.

Este metabolismo de la actividad humana está cambiando las condiciones de la biosfera, y cuanto más se incremente esta actividad, más cambiarán

El problema que estamos teniendo, básicamente, es que este metabolismo de la actividad humana está cambiando las condiciones de la biosfera, y cuanto más se incremente esta actividad, más se cambiarán. Muchas personas no se preocupan demasiado por esta cuestión debido a que no consideran relevante un aumento de las temperaturas globales de uno, dos o tres grados centígrados o bien porque piensan que ya encontraremos una solución. Pero ambas creencias son erróneas, al menos en el estado actual del conocimiento. En primer lugar, no hay prueba alguna de que el aumento de las temperaturas vaya a detenerse en 2º C ni en 3º C (1º C ya se ha sobrepasado). Las emisiones de CO2 están aumentando más rápido que nunca, como se ve en el gráfico.

Se sabe que la mayor extinción en la historia de la Tierra se produjo hace unos 250 millones de años. Tan importante fue el evento que marca el límite entre el Pérmico y el Triásico. El 95% de las especies marinas se extinguieron, siendo también enorme, aunque algo menor, la mortandad en tierra firme. A día de hoy, existen evidencias bastante claras de que este proceso se produjo por el desencadenamiento del llamado ‘fusil de clatratos‘, que es la desestabilización de los hidratos de metano del lecho marino, que de esta forma liberan grandes cantidades de metano a la atmósfera. Siendo el metano un potentísimo gas de efecto invernadero, provocó un aumento enorme de las temperaturas de océanos y atmósfera, que fue lo que en última instancia causó la extinción masiva. Esta desestabilización de los hidratos de metano se produjo por un aumento de las temperaturas hasta cierto umbral debido en aquel acaso a masivas erupciones volcánicas.

el desierto y las temperaturas aumentan peligrosamente

En nuestro caso, existe también este peligro de desestabilización, que ya se está viendo en el permafrost de la tundra, pero sería por la liberación masiva de CO2 atrapado en el subsuelo en forma de combustibles fósiles y liberado por nuestra actividad económica.

No hay indicio alguno de que las renovables puedan tomar el relevo, al menos garantizando niveles de consumo ni remotamente parecidos a los actuales. A día de hoy, son engorrosas de usar por los problemas de intermitencias y además caras. En Europa, por ejemplo, las brutales inversiones de más de un billón de euros en renovables no han servido más que para cubrir una minúscula parte del suministro de energía primaria.

Y sobre el tema de otras soluciones como las basadas en geoingeniería, se hallan totalmente en sus inicios. Se sabe poquísimo sobre su coste y resultados.

La única solución racional a todas luces sería reducir la actividad económica mundial

Visto el estado actual del conocimiento y la gravedad y aceleración del cambio climático, la única solución racional a todas luces sería reducir la actividad económica mundial. Sabemos que la felicidad de las personas aumenta rápidamente cuando sus necesidades materiales básicas son cubiertas (comida, seguridad y cobijo), pero a partir de entonces los aumentos de bienes materiales apenas contribuyen al incremento de la felicidad, algo que vemos en el siguiente gráfico. También vemos cómo hay gente muy feliz en países con rentas bastante bajas. Por ejemplo, los colombianos, mexicanos y venezolanos se reportan tan felices como suizos o daneses. Ello casi con seguridad responde a la estructura de esas sociedades, en que la familia y el grupo social es muy importante.

Ello nos lleva a plantearnos la irracionalidad de la insistencia actual en incrementar la producción material a costa de lo que sea, visto que realmente no nos lleva a ser más felices. Muchos de nosotros, si decidiéramos individualmente, no hay duda de que elegiríamos la vía de la moderación. Y si fueran grupos pequeños y cohesionados, probablemente mucho más. Pero la tragedia es que en este mundo enorme y fragmentado en el que vivimos no existe nada parecido a una sabiduría colectiva, y en lugar de comportarnos como un superorganismo inteligente nos comportamos como las bacterias en una placa Petri o las levaduras en un tanque de fermentación. ¿Existe solución a esta situación? Quisiera pensar que sí. De hecho somos muchos y muchas quienes pensamos que sí, a pesar de las enormes dificultades, y nos negamos a arrojar la toalla. Y espero que seamos cada vez más.

fuente: blogs.elconfidencial.com/economia/grafico-de-la-semana/2017-04-21/dejar-pensar-crecimiento-economico-calentamiento-global_1370039

 

Estrategias de manipulación

El francés Sylvain Timsit, con el título original “Stratégies de manipulation”, publicó este decálogo en la web syti.net allá por el 2002.  Estas reglas se ven reflejadas en la mayoría de empresas, corporaciones, partidos políticos y sobre todo medios de comunicación de hoy en día.

1. La estrategia de la distracción. El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado,  sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir. Otra manera de hacer aceptar una decisiónimpopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosaspara guerras tranquilas”)”.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar, e inculto…

9. Reforzar la autoculpabilidad. Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se auto desvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen. En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las élites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

 

El capitalismo como religión, vivir para consumir, felicidad enlatada.

En el célebre texto de Walter Benjamin titulado “El capitalismo como religión” (en realidad un borrador publicado póstumamente) puede leerse, en la línea de la argumentación general que presenta al capitalismo como un culto sin tregua ni dogma, la concesión de un rol esencial y singular, dentro de su estructura religiosa, al fenómeno de la culpa: “El capitalismo es, presumiblemente, el primer caso de un culto que no expía la culpa, sino que la engendra”. A diferencia de las religiones tradicionales, en las cuales la culpa cumple el papel de llevar al individuo a la expiación, el capitalismo no solo fomenta sino que debe su triunfo al arraigo de este sentimiento dentro de la consciencia de los individuos. Por otro lado, la culpa no puede ser de ninguna manera apagada ante un dios trascendente, sino que, por el contrario, necesita reproducirse infinitamente. En este sentido, cabe recordar que en la lengua alemana el término schuld puede significar tanto “culpa” como “deuda”, y que es sobre esta irónica equivocidad que Benjamin nos sugiere poner atención especial en aquel dispositivo que prefigura la subjetividad en las sociedades tardocapitalistas.


Para nuestro tiempo, el desarrollo y expansión del capital ha alcanzado ya esferas sociales no tan estrechamente vinculadas con lo económico, como lo son los procesos culturales, la sexualidad e incluso el lenguaje mismo. En este sentido, los procesos de subjetivación se presentan ahora como inoculados (e incluso motivados) por la estructura religiosa originaria del capitalismo. En qué sentido se muestra la culpa en los sujetos de las sociedades democrático/capitalistas resulta una tarea necesaria para toda pretensión de crítica social hoy en día.
Byung-Chul Han, famoso ensayista actual de filosofía social, ha puesto en relieve el extraño carácter coactivo que adquiere la libertad en nuestra época. Mientras que en las sociedades disciplinarias (es decir, aquellas sociedades en las que puede reconocerse un poder soberano que se ejerce negativamente) el deber señalaba los límites de la acción individual; para nuestra época, por lo demás atiborrada de publicidad y objetos de consumo, las viejas cadenas del tú-debes han sido, aparentemente, suprimidas, logrando así la sensación de una libertad ilimitada para movernos dentro del espacio social. Sin embargo, como muy bien señala nuestro autor surcoreano en su libro Psicopolítica, esta libertad individual no termina sino siendo más coactiva que el deber, pues “confiere al capital una subjetividad ‘automática’ que lo impulsa a la reproducción activa. Así, el capital ‘pare’ continuamente ‘crías vivientes’. La libertad individual, que hoy adopta una forma excesiva, no es en último término otra cosa que el exceso del capital” (Editorial Herder, 2014).

De vital importancia resulta esta “reproducción activa” que todo individuo, a manera de una escisión originaria, entrega al capital para poder vivir dentro de su seno. La libertad se nos es entregada a costa de no poder decidir sobre qué mundo habremos de ejercerla. Retomando la idea benjaminiana de la culpa como elemento inextinguible para poder constituirse dentro de lo social como sujeto, nos vemos hoy constreñidos a una deuda perpetua respecto al consumo, que fenómenos como el de la moda -principio de distinción pero a la vez de gregarismo, tal como lo acotó perfectamente Bauman- no se cansan a cada segundo de revelar. Slavoj Zizek ha señalado, al respecto, que si hay que hablar hoy de un superyó, el mandato de este no sería otro más que el de “¡Goza!”.
En este sentido, el culto invisible al Capital se ejerce en cada compra compulsiva de un objeto de marca reconocida, en cada aceptación de los principios del libre mercas, sino que, antes bien, desactiva toda finalidad que el sistema de consumo imprime en ellos. Así, no se trata de crear otro mundo aparte, sino de profanar ese mundo separado que el capitalismo construye a partir de la deuda infinita que separa continuamente a todo sujeto. Solo así, acaso, la libertad pueda ejercerse desde, por y para una comunidad.do extendidos a otras áreas como el ámbito personal, sentimental, etc. . No obstante, esto no significa que habríamos que abstenernos de alimentarnos o vestirnos para no servir al sistema. Una dicotomía como tal constituye la aceptación implícita de que toda forma posible de uso ha sido capturada por los dispositivos del capitalismo.

Como ha señalado Giorgio Agamben en su breve ensayo “Elogio de la profanación” (en el que esboza una breve interpretación del texto de Benjamin), la inversión de la religión capitalista no ha de proponerse un regreso a un “uso natural” de los objeto.

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fuente: steresis.wordpress.com/2017/05/17/culpa-subjetividad-y-capitalismo

CRÍTICA DE PLATÓN A LA DEMOCRACIA

La de Platón ha sido la condena más enérgica de la democracia. Es cierto que aquella democracia no tenía nada que ver con las actuales democracias modernas, pues había grandes grupos de personas –las mujeres, los extranjeros y los esclavos— que no tenían ningún derecho reconocido, esto es, que no eran ciudadanos.

Pero hay algo de aquella crítica que también vale para hacer un sano ejercicio crítico sobre los peligros a los que nos puede asomar una democracia que camina por los senderos de la ignorancia y la indiferencia. El chiste lo refleja muy bien: uno le pregunta a otro: “Oye, ¿Qué es peor?¿la ignorancia o la indiferencia? Y el otro responde: ni lo sé ni me importa”.

Platón negó rotundamente que todos los ciudadanos estuviesen por igual capacitados para participar en política, esto es, para poder ser elegidos gobernantes. Del mismo modo que cuando vamos a hacernos una casa consultamos con el ingeniero, cuando tenemos que averiguar cómo dirigir una sociedad tenemos que escuchar al sabio. Y Platón ponía un ejemplo muy claro: imaginad un barco a la deriva; imaginad que el capitán muere y que el barco se dirige directamente hacia unos acantilados. Pues bien, Platón considera que si entre los tripulantes hubiese alguien que tuviese conocimientos de los astros y del arte de la navegación, entonces todos tendrían que seguir las órdenes de esta persona. Supongamos ahora que nuestro país en crisis es un barco a la deriva: ¿qué ocurriría si confiásemos el gobierno a los expertos de la economía, la educación y la política? ¿Nos iría mejor?

Otra de las cosas que Platón apreció de la democracia fue el problema de la multitud. La pregunta que se hace es la siguiente: las decisiones de la mayoría, ¿son justas? Platón hizo una larga lista de las atrocidades que se cometieron por decisiones adoptadas por mayoría en la asamblea ateniense. Entre ellas, la condena a muerte de su maestro Sócrates. Y el problema que encontró fue que la ignorancia de la mayoría era aprovechada por unos pocos oradores, que usaban sus capacidades comunicativas para convencer a los demás, y así conseguir sus fines particulares (conseguir poder, riquezas, fama, etc.). Luego, lo que los grandes oradores perseguían no era lo bueno para la sociedad (lograr una sociedad justa, sin delincuencia, sin desigualdad, ya sea ésta social, cultural, religiosa o económica, etc.).

Imaginemos que todos los estudiantes españoles mayores de edad pueden participar en un referendum que va a permitir decidir si se elimina la asignatura de Filosofía del Sistema Educativo. ¿Cuál creéis que será el resultado? Está cantado: Sí.

¿Por qué? Porque siempre habrá alguien que sea capaz de convencer a la mayoría –que por lo demás rechaza todo lo que supone esfuerzo y dedicación— de que la Filosofía no sirve para nada, que es algo que no tiene ninguna aplicación práctica y que, en definitiva, no es algo que sirva para ganar dinero o para generar riqueza en la sociedad. Pero pongámonos en plan sospechoso: ¿por qué no le interesa a nuestros políticos la Filosofía? ¿Por qué no desean que las personas tengan espíritu crítico (que es lo que la Filosofía primeramente promueve)? Pues para que luego no sean capaces de montar movimientos como los del 15 M, movimientos que puedan sacar del poder a los políticos de turno.

Y lo que es peor aún. Si la sociedad reclama más seguridad, menos inmigración, menos integración étnica, entonces el político de turno toma nota. Y ahora llama “bueno” a aquello que desea la mayoría porque esto le va a permitir obtener más votos y así seguir en el poder. Y si la mayoría, por ejemplo odia a los judíos porque éstos se han apoderado de la economía del país (casi como algunos nos hacen creer que ocurre hoy día en España con los Chinos), entonces aparecerá algún político dispuesto a prometer medidas duras contra estas personas.

Luego lo que importa en nuestras democracias no es la verdad sino los deseos (a menudo crueles) de una mayoría que es gobernada bajo los efectos de una ignorancia extendida a todos los rincones de la sociedad. El mayor peligro de la democracia sigue siendo hoy día que ésta degenere en una dictadura atroz. Aprendamos de la historia reciente, y tratemos de hacer justicia con las víctimas de la Alemania Nazi y la España Franquista, entre otras. Fortalezcamos la democracia luchando por un sistema educativo de calidad.

Posverdad (mentira emotiva): definición y ejemplos

La post-truth es un contexto en el que no importa si los hechos son verdadero o falsos.

En el mito de la caverna de Platón, el famoso filósofo griego planteaba que la verdad es independiente de nuestras opiniones. Estará siempre ahí aunque nadie crea en ella. Es una visión muy idealista sobre lo que existe.

Sin embargo, esta idea tan poderosa también tiene un lado oscuro: la mentira también puede subsistir y acaparar toda la atención porque, si bien no describe fielmente la realidad, no le hace falta; simplemente “funciona” en nuestras cabezas. Nos permite construir un relato sobre nuestras vidas,. Por eso sobrevive.

Hace unos meses el Diccionario Oxford señaló que la palabra del año 2016 había sido post-truth, que en castellano es algo así como posverdad. Este concepto señala que entre la verdad y la mentira hay un territorio de aguas turbias que escapa a esas dos definiciones.

¿Qué es la posverdad?

La posverdad se ha definido como un contexto cultural e histórico en el que la contrastación empírica y la búsqueda de la objetividad son menos relevantes que la creencia en sí misma y las emociones que genera a la hora de crear corrientes de opinión pública.

Básicamente, la palabra sirve para señalar una tendencia en la creación de argumentarios y discursos que se caracteriza por partir de la asunción de que la objetividad importa mucho menos que el modo en el que lo que se afirma encaja con el sistema de creencias que sentimos nuestro y que nos hace sentir bien.

La posverdad supone un emborronamiento de la frontera entre la verdad y la mentira, y crea una tercera categoría distinta a las dos anteriores. Una en la que un hecho, ficticio o no, es aceptado de antemano por el simple hecho de encajar con nuestros esquemas mentales.

Los hechos alternativos

A la popularización de posverdad se le ha unido la del concepto alternativa facts, que en castellano se traducen como “hechos alternativos”. Mentiras, vamos. Pero con un matiz: los hechos alternativos, a diferencia de las mentiras en general, tienen detrás un potente aparato mediático y propagandístico que los respalda y que hará todo lo posible por hacer que esas falsedades parezcan explicar la realidad o, al menos, que no parezcan mentiras.

A fin de cuentas, para que algo sea un hecho alternativo necesita algo que le dé impulso y que le permita generar un discurso paralelo a la realidad sin pegarse un castañazo. De otro modo, no sería la alternativa de nada.

Los hechos alternativos, son, antes de ser bautizados como tales por la jefa de la campaña electoral de Trump cuando se le recriminó haber utilizado información falsa, la materia prima de la posverdad. O, visto de otro modo, los elementos cuya existencia han obligado a alguien a crear el concepto de posverdad y utilizarlo en politología y sociología.

Algunos ejemplos de posverdad

Como ejemplos claros de la influencia de la cultura de la posverdad podríamos mencionar el hecho que llevó a utilizar por primera vez el concepto “hechos alternativos” en un contexto de política profesional. Kellyanne Conway, la mencionada jefa de la campaña de  Donald Trump, justificó las barreras interpuestas a los ciudadanos provenientes de países de tradición musulmana que quieren entrar en los EUA señalando que dos refugiados iraquíes habían estado involucrados en la matanza de Bowling Green. La matanza de Bowling Green no ha existido.

Otro ejemplo simple de posverdad son las declaraciones de Sean Spicer, Secretario de Prensa de la Casa Blanca, asegurando que los medios de comunicación habían ocultado deliberadamente la asistencia masiva de ciudadanos con la que contó la investidura presidencial de Trump; según él, la inauguración con la mayor audiencia del mundo.

Pero, por supuesto, los hechos alternativos no han nacido con Trump; son una constante en política. Aquí podríamos mencionar, por ejemplo, las afirmaciones provenientes del gobierno español de que las pensiones están garantizadas cuando los indicadores que cruzan demografía con datos socioeconómicos muestran lo contrario. Si encaja en un discurso que despierta fuertes emociones porque nos representa, es válido, sea cierto o no.

Disonancias cognitivas

En realidad aquello a lo que más o menos hace referencia el término posverdad se viene conociendo desde hace algunos años en psicología; los sacrificios intelectuales que aceptamos con tal de mantener en pie un sistema de creencias que ha arraigado en nuestra identidad. Un fenómeno que señaló, por ejemplo, el psicólogo social Leon Festinguer.

La disonancia cognitiva de la que hablaba Festinguer es ese estado de tensión y conflicto interno que notamos cuando la realidad choca con nuestras creencias. Cuando se produce, intentamos resolver la situación reajustando el encaje entre ese sistema de creencias y la información que nos llega del exterior; mucha veces, elegimos manipular la realidad para mantener lo primero tal y como está.

La posverdad como oportunidad

Pero no todos los aspectos de la post-truth se formulan en negativo, como algo que destruye la manera de ver las cosas que nos caracterizaba antes. También hay un aspecto positivo de la posverdad; no porque sea moralmente bueno, sino porque lleva a construir algo nuevo, en vez de deshacer lo que ya hay.

¿Y qué es lo que aporta la posverdad? La posibilidad de crear un contexto en el que la verdad y la contrastación y presentación de pruebas se valore tan poco que puedan subsistir todo tipo de mentiras e ideas sin pies ni cabeza. Desde que el cambio climático es un mito hasta que la homosexualidad es antinatural, pasando por toda clase de invenciones acerca de países lejanos para crear una excusa que permita invadirlos.

Esta tendencia a renunciar a la honestidad intelectual por el propio bien tiene en los “hechos alternativos” un nombre que le permite legitimarse.

En el mundo de la posverdad literalmente cualquier idea puede dar paso a un discurso válido sobre lo que ocurre en la realidad, siempre y cuando los altavoces por los que se transmite sean lo suficientemente potentes. Saber si es verdadera o no, está de más.

fuente: psicologiaymente.net/social/posverdad

¿La historia de Jesucristo fue un invento de aristócratas romanos para controlar a los pobres?

Comparando la vida de jesús según se cuenta en el nuevo testamento y “la guerra de los judíos” de flavio josefo, el investigador joseph atwill concluye que la historia del mesías fue en realidad una fabulación de autoridades romanas para mantener pacificada y controlada a parte de su población.

En una tesis que sin duda despierta polémica pero igualmente hace ver la antigüedad de la propaganda como un mecanismo de poder y control, el investigador estadounidense Joseph Atwill sostiene que la historia mesiánica de Jesucristo fue en realidad un invento del Imperio Romano para pacificar a los más pobres, un “sistema de control mental para producir esclavos que creían que Dios había decidido su esclavitud”.

Atwill es autor de Caesar’s Messiah: The Roman Conspiracy to Invent Jesus, un libro recién publicado en el que desmonta la idea de que el cristianismo comenzó como una religión y, en su lugar, lo coloca como una sofisticada maniobra de propaganda gubernamental. De acuerdo con el investigador, los libros que integran el Nuevo Testamento (base de la doctrina cristiana) no fueron escritos por los evangelistas y otros personajes a quienes la tradición y el dogma atribuyen su autoría, sino por un grupo específico de aristócratas romanos en el siglo I de nuestra era.

Según esta interpretación, uno de los motivos detrás de dicha estrategia fue la persistente rebeldía del pueblo judío y, en particular, sectas religiosas que so pretexto de esperar la llegada de un “Mesías guerrero”, con frecuencia desafiaban la hegemonía de Roma. En cierto punto el Imperio dejó de lidiar con este problema por la vía armada y, a cambio, optó por la psicológica, según defiende Atwill.

“En vez de alentar la guerra, este Mesías incitaba al pacifismo de poner la otra mejilla y animaba a los judíos a “dar al César” y “pagar sus impuestos a Roma”, explica el investigador. Y continúa:

Aunque el cristianismo puede ser cómodo para algunos, también puede ser muy dañino y represivo, una forma insidiosa de control mental que conduce a la aceptación ciega de la servidumbre, la pobreza y la guerra a través de la historia. Actualmente, en especial en Estados Unidos, es utilizado para generar apoyo para la guerra en Medio Oriente.

Como evidencia de sus afirmaciones Atwill presenta una comparación entre las narraciones del Nuevo Testamento y la de Flavio Josefo en La guerra de los judíos, el único testimonio escrito conservado de la vida en Judea durante el siglo I. Atwill asegura que entre ambos relatos hay similitudes que hasta ahora han pasado inadvertidas a propósito de esta posible invención propagandística.

Lo que parece que ha sido eludido por muchos investigadores es que la secuencia de eventos y lugares del ministerio de Jesús es más o menos la misma que la secuencia de eventos y localidades de la campaña militar de Tito Flavio según la describe Josefo. Esta es una evidencia clara de un patrón construido deliberadamente. De hecho, la biografía de Jesús está construida, de principio a fin, sobre historias previas, pero especialmente sobre la biografía de un César romano.

fuente: www.independent.co.uk/news/uk/home-news/story-of-jesus-christ-was-fabricated-to-pacify-the-poor-claims-controversial-biblical-scholar-8870879.html

fuenta2: pijamasurf.com/2013/10/la-historia-de-jesucristo-fue-un-invento-de-aristocratas-romanos-para-controlar-a-los-pobres

“Trabaje gratis”: crece el número de ofertas de empleo sin sueldo

“Trabaje gratis”, dice el cartel. Unas luces de neón lo acompañan, parpadeantes, con la intención de hacerlo más vistoso, pues no es algo que haya que pedir con la boca pequeña. Quién sabe, a lo mejor el parpadeo de colores le aturde y pierde por fin todo el sentido y el valor de las cosas. Igual hasta se queda ciego de principios, derechos y convicciones, pasando a formar parte del engranaje de explotación que parece regir muchos de los puestos de trabajo en España.

Simplificando: la esclavitud ha vuelto; está de moda. Y esta vez sin necesidad de cadenas o latigazos intimidatorios, porque las cabezas gachas y la dignidad ausente vienen de serie. Una pandemia que a muchos interesa que no se erradique porque aumenta los ingresos de unos pocos, a costa del esfuerzo de la mayoría.

“Son las circunstancias” o “es la situación”, son las excusas que legitiman estas propuestas deshonestas. Situación y circunstancias que sólo tienen en cuenta un lado, obviando la necesidad ajena. En unos pocos años hemos pasado de un escenario donde ser mileurista era estar mal pagado a convertir la misma cantidad en una meta aspiracional. ¿Qué ha pasado? El coste de la vida no se ha abaratado y la preparación de la gente ha ido en aumento. ¿Tan poderosa ha sido la crisis como para reprogramarnos enteros?

La necesidad alimenta el trabajo precario. (DP)

La necesidad alimenta el trabajo precario. (DP)

En mayo de 2016, el presidente de la CEOE, Juan Rosell, afirmó sin titubeos que el trabajo “fijo y seguro” era “un concepto del siglo XIX”; en el futuro, matizó, habrá que “ganárselo todos los días”. Una reflexión a la que llegó después de asegurarse una subida de su sueldo como consejero de Gas Natural Fenosa −empleo arduo donde los haya−, de un 64% o, lo que es lo mismo, 208.000 euros brutos al año.

Si así se expresan los representantes de la patronal, no sorprende que el mercado laboral se llene de ofertas cuya retribución se basa en palmaditas en la espalda y cuentas bancarias a cero. “Así coges experiencia” o “al menos te entretienes” son los argumentos con los que tiran por tierra el Artículo 35 de nuestra Constitución: Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo (…) y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia. Repetimos: “remuneración suficiente” y no palabras de aliento. Porque el verdadero reconocimiento se refleja en la nómina.

Una nueva realidad no retribuida

La revista Fortune recogía hace unos años una peligrosa idea: “Quienes trabajan gratis tienen más ambición, más hambre que aquellos que perciben un salario. Y además son más creativos”. Una propaganda que viene a decir que la ausencia de sueldo implica un mejor desarrollo personal. Personal y no físico, pues habrá que ignorar la necesidad de comer todos los días.

Las contadas ofertas que aparecen anunciadas en periódicos o webs de empleo tienden al oscurantismo. Un estudio realizado por UGT Barcelona demostró que el 71% de los anuncios no hace mención al sueldo y más de la mitad, el 52%, no incluye el horario. Al mismo tiempo, el 30% no especifica la jornada y el 13% omite, incluso, el tipo de contrato. De esta forma, los potenciales candidatos acuden a la cita en clara desventaja y muchos terminan prestando sus servicios, engatusados por un discurso que apela a la buena fe, sin concretar retribución alguna. Al parecer, los sueldos de hoy en día son conceptos etéreos que cuesta cuantificar, más habituales en la imaginación del trabajador que en su cartera.

La triste realidad demuestra que, en caso de queja, te señalaran la puerta. Sin represalias o consecuencias para el que explota porque, si no quieres trabajar gratis tú, en la oficina de empleo hay mucha más gente haciendo cola.

Para comprobar lo estrafalario e indignante del asunto, basta con acceder a unos cuantos portales de empleo para encontrar ofertas de lo más peregrinas, de esas que piden currículos interminables a cambio de sueldos irrisorios y, en ocasiones, una ilusión y voluntad inquebrantables: requisitos indispensables para trabajar “por amor al arte”.

Las ofertas de trabajo precarias o abusivas son cada vez más frecuentes en portales de búsqueda de empleo. (CA)
Las ofertas de trabajo precarias o abusivas son cada vez más frecuentes en portales de búsqueda de empleo. (CA)

Un ejemplo de claro de esta desvergüenza lo encontramos en el anuncio de una empresa ubicada en Madrid, concretamente una tienda de ropa, que busca una dependienta de agenda liberada, dispuesta a cubrir festivos, puentes, fines de semanas y otros días a decisión del contratante. Además de exigir una disponibilidad completa, la oferta remata tan apetecible plan con un periodo de prueba de dos meses, donde el sueldo brillará por su ausencia (pese a realizar cuarenta horas semanales). Todo esto con el hándicap añadido de que la afortunada joven deberá alcanzar un nivel de ventas afín a las expectativas creadas. En caso de superar tan escasos requisitos, cabría la posibilidad (tal vez), de empezar a pagarle aquellos días que, sin preaviso, trabaje a partir de entonces. Real y verídico.

Los periodistas y redactores son otro de los sectores más perjudicados, enfrentándose a diario a ofertas de tipo vocacional, o lo que es lo mismo, retribuidas en “promoción personal, sueños y otras cosas bonitas”. No es raro encontrar anuncios que busquen a gente dispuesta a redactar 10 artículos diarios (con un mínimo de 350 palabras), totalmente originales y bien documentados por el suculento precio de 60 céntimos la pieza. Los más generosos redondean al euro, un pago que motiva a cualquiera a ofrecer su ingenio. Como entendiendo que cualquier trabajo implique creatividad, se hace por pura satisfacción personal. No vas a esperar cobrar por algo que te gusta hacer, ¿verdad?

Las empresas digitales también recurren a este tipo de prácticas, confundiendo el hecho de que su contenido se comparta en la red con la misma gratuidad a la hora de pagar a sus empleados. Una de las últimas en ofrecer este tipo de vacantes ha sido la web La Ración, en cuya página necesitan desde escritores a dibujantes, pasando por maquetadores y comentaristas deportivos. “Este es un proyecto que defiende Periodismo Serio”, anuncian, “pero también es mucho más que eso, tenemos una desorbitada vocación de Justicia”. Con muchas mayúsculas pero poca coherencia, ya que aspiran a formar un equipo que trabaje gratis aunque eso sí, persiguiendo la justicia por encima de todo (hasta de sus empleados).

En Twitter se pueden encontrar más anuncios similares bajo la etiqueta #gratisnotrabajo o #falsoempleo, esta última nacida como una iniciativa de FACUA para luchar contra las ofertas laborales fraudulentas.

Negarse a aceptar una oferta de empleo sin contraprestación económica, lejos de escandalizar, está empezando a generar sentimiento de culpa. Ha dejado de ser una ofensa a nuestra valía para convertirse en sometimiento. Visto más como un favor o un motivo para estar agradecidos donde oponerse significa no querer mejorar. En definitiva, no poner de tu parte. La tiranía es un concepto que sólo existe en tu cabeza, siendo tu deber el aferrarte a la ilusión de que todas esas horas de esfuerzo terminarán por repercutir positivamente de algún modo (algún día). Es la malograda esperanza que, forzada por la escasez de oportunidades, amenaza en convertirse en Síndrome de Estocolmo.

Muchos de estos mal llamados “empleados” (con todas las obligaciones y pocos de los derechos) viven oprimidos, soportando el abuso por miedo. Miedo a perder lo poco que les queda. Sus días los guía –sin saberlo− la “indefensión aprendida”, lo cual no es más que un estado de depresión motivado por la desesperanza. La persona aprende, como consecuencia de sus circunstancias, a ser pasivo. Siente que no puede hacer nada por mejorar y asume las injusticias por considerarlas insorteables: se da por vencido.

Esta derrota anticipada surge después de un período prolongado de emociones negativas. Un ejemplo que escenifica esta conducta es el de las ranas y el caldero. Se ha comprobado que si se introduce una rana en agua hirviendo, ésta hará lo posible por escapar; en cambio, si se empieza con el agua fría y gradualmente se va aumentando el calor hasta que el agua hierve, la rana no se moverá. Del mismo modo, la indefensión aprendida es un proceso que se desarrolla de forma gradual hasta que, poco a poco, carcome las fortalezas psíquicas hasta el punto de doblegar la voluntad.

Para demostrar lo fácil que la indefensión aprendida puede actuar, una profesora realizó el siguiente ejercicio en clase. Dio una palabra a sus alumnos, los cuales debían reordenar las letras para obtener una nueva palabra o, lo que es lo mismo, resolver el anagrama. Por ejemplo: Animal = Lámina; Cero = Ocre; Cosa = Saco. Sin que lo supieran, la mitad de la clase recibió una palabra sencilla de resolver y la otra mitad, una que no tenía solución. Así, el primer grupo realizó la tarea rápidamente, levantando la mano para indicar que había terminado, frente a la confusión y la frustración del otro grupo, que se veía incapaz de avanzar.

La profesora volvió a repetir el ejercicio con las mismas condiciones, dando al primer grupo una palabra sencilla y otra irresoluble para el segundo. Para cuando llegaron a la tercera palabra que, esta vez, era la misma para toda la clase, el grupo que había estado en desventaja anteriormente, obtuvo un peor resultado. En sólo cinco minutos, su confianza había quedado afectada, predisponiéndose al fracaso. Creyeron que, efectivamente, eran incapaces de resolver una tarea que estaba a su alcance.

Los constantes desencantos y la precariedad del mercado laboral producen el mismo efecto y, como las ranas, vivimos en un caldero de agua que empieza a hervir sin que parezca que vayamos a intentar escapar.

fuente: http://www.eldiario.es/canariasahora/premium_en_abierto/trabajo-gratis-precariedad_laboral-indefension_aprendida_0_621538027.html