8 grandes preguntas filosóficas que ¿Nunca resolveremos?. (8 great philosophical questions that we’ll never solve)

La mente humana, imperfecta como es, ha sido capaz sin embargo de generar callejones sin salida del pensamiento, proposiciones de índole metafísica que parecen encontrarse en las fronteras de nuestras capacidades intelectuales (a pesar de que, paradójicamente, por estas mismas llegamos a ellas).A continuación 8 de estos supuestos muros que, quizá, en el fondo no sean más que trampas de nuestra abstracción, de la forma en que histórica pero acaso inevitablemente construimos nuestras maneras de pensar.

1. ¿Por qué hay algo en vez de nada?

Parece justo que la existencia sea el primero de estos grandes enigmas. ¿Por qué algo existe cuando parece perfectamente posible que la nada fuera la norma? ¿Qué impulso secreto del universo físico fue el decisivo para que la nada se convirtiera en algo?

2. ¿Nuestro universo es real?

Una de las preguntas más recurrentes del pensamiento humano: la constante duda sobre la realidad de este mundo. De los textos sagrados del hinduismo a Jean Baudrillard, parece que no hay recurso mental que nos permita discernir la realidad real de nuestra realidad (así de redundante y tautológico puede ser nuestro pensamiento). Y aunque, en cierto momento de su desarrollo intelectual, Wittgenstein aseguró que en el dolor podría encontrarse el fundamento de la realidad, la cuestión permanece abierta. Por más compleja que sea la noción de dolor, por más subjetiva y personalísima, ¿no podría una inteligencia superior que nos mantenga en este mundo simulado simular también, con todo detalle, esas sensaciones?

3. ¿Tenemos libre albedrío?

“L’homme est né libre, et partout il est dans les fers”, escribió famosamente Rousseau: “El hombre nace libre, pero encadenado por todos lados”. La paradoja de la libertad es que, aunque una condición supuestamente posible, se da en un contexto contingente en el que una multitud de factores la condicionan. A veces pensamos que cuando tomamos una decisión plenamente conscientes, considerando sus causas y sus consecuencias, los motivos por los cuales la tomamos, esa decisión es ya por eso una decisión libre. ¿Pero esto es cierto? ¿O solo es un autoengaño de quienes ansían desesperadamente creer en libertad? ¿Son los otros, los que piensan que la libertad es absolutamente imposible, quienes tienen la razón en este dilema?

4. ¿Dios existe?

Una entidad omnisciente y todopoderosa gobierna este mundo, desde su creación hasta su destrucción, compensando y retribuyendo, castigando, o manteniéndose al margen pero igualmente con un plan secreto que de cualquier forma terminará por cumplirse. Una entidad metahumana que da orden y sentido a lo que vemos y vivimos, a lo que existe, incluso cuando este orden toma la forma del caos y lo incomprensible. Una vez imaginado, ¿es posible demostrar su existencia o su inexistencia? Y una paradoja lógica para incrementar el impasse: ¿puede Dios crear una piedra tan pesada que ni siquiera él mismo pueda cargarla? Si no puede entonces no es omnipotente, pero si puede entonces tampoco es omnipotente, porque no tiene la fuerza de cargarla. Esta reducción al absurdo nos muestra en todo caso que no es con el lenguaje humano o con la razón que se puede aprehender a Dios.

5. ¿Hay vida después de la muerte?

Es muy posible que el miedo a la muerte, o el hecho de que no entendamos su significado, haya dado origen a la creencia de que la vida no termina con esta.

Quizá, en este caso, antes que responder si hay vida o no después de la muerte (una vida que, además, imaginamos esencialmente idéntica a la que ahora tenemos), tendríamos que responder en primer lugar por qué debemos morir.

La ciencia moderna considera  a la muerte como un agujero negro, un horizonte de sucesos del cual nada se puede decir, ninguna información extraer, ya que nadie ha regresado de este estado. El budismo tibetano por otra parte considera que todos hemos regersado de la muerte, en ese ciclo kármico de la existencia, e incluso ha diseñado un manual para escapar de la reencarnación.

6. ¿Hay algo que en realidad se pueda experimentar objetivamente?

La dualidad entre objeto y sujeto es uno de los pilares del pensamiento humano, al parecer heredado de las filosofías orientales a los primeros grandes pensadores de Occidente. En esencia se trata de un conflicto con nuestra percepción, de la que obtenemos una versión de la realidad que, al mismo tiempo, intuimos que no se corresponde exactamente con algo que podríamos llamar la realidad real, la realidad objetiva. Si tuviéramos la capacidad visual de los halcones o la olfativa de los perros, ¿cómo cambiaría la realidad que percibimos? O, sin incurrir en estas fantasías, pensemos cuán limitado es el mundo para alguien que nace ciego o sordo. Sabemos que existe una realidad absoluta más allá de nuestros sentidos, pero al mismo tiempo parece que estamos condenados a nunca ser capaces de aprehender esa realidad.

7. ¿Cuál es el mejor sistema moral?

La moralidad, esa serie de costumbres y normas que, de algún modo, nos han permitido sobrevivir colectivamente como especie, ha cambiado sustancialmente con el tiempo, si bien hay algunos elementos más o menos comunes a todas las culturas y épocas (por ejemplo, el incesto, ampliamente estudiado por el antropólogo Claude Lévi-Strauss). Sin embargo, también cabe la posibilidad de que la moralidad sea una pantalla que las narrativas históricas se han encargado de superponer a determinadas épocas, por comodidad discursiva, pero que esta no necesariamente haya sido la norma y, en la práctica, en la cotidianidad, el ser humano sea tan liberal o tan reprimido, tan relajado o tan estricto, lo mismo en la época victoriana que en el medioevo o la que ahora vivimos.

8. ¿Qué son los números?

Una de las invenciones más geniales de la mente humana, los números son sin embargo de una naturaleza en esencia incomprensible. Imprescindibles, de uso diario y, sin embargo, enigmáticos y casi inexplicables. ¿Qué es 2? ¿Qué es 5? De nuevo la tautología como único recurso. Parece que solo podemos decir que 2 es 2 y aceptar que estamos en un callejón sin salida (¿o es un asunto de semántica? ¿un problema nada más lingüístico?

No parece casual que Wittgenstein —siempre Wittgenstein— haya puesto a los números en el mismo nivel que los colores («¿Qué es, pues, algo rojo?», se preguntó alguna vez): «No creas que posees en ti el concepto de color porque miras un objeto coloreado —sea cual fuere la forma en que mires (Como tampoco posees el concepto de número negativo por el hecho de tener deudas.) Zettel, 332».

¿Se te ocurre alguna mas?

 

Fuente original: io9.gizmodo.com/8-philosophical-questions-that-well-never-solve? Traducido y adaptado by Vykthor del artículo en inglés a continuación:

 

8 Great Philosophical Questions That We’ll Never Solve

Philosophy goes where hard science can’t, or won’t. Philosophers have a license to speculate about everything from metaphysics to morality, and this means they can shed light on some of the basic questions of existence. The bad news? These are questions that may always lay just beyond the limits of our comprehension.

1. Why is there something rather than nothing?

Our presence in the universe is something too bizarre for words. The mundaneness of our daily lives cause us take our existence for granted — but every once in awhile we’re cajoled out of that complacency and enter into a profound state of existential awareness, and we ask: Why is there all this stuffin the universe, and why is it governed by such exquisitely precise laws? And why should anything exist at all? We inhabit a universe with such things as spiral galaxies, the aurora borealis, and SpongeBob Squarepants. And as Sean Carroll notes, “Nothing about modern physics explains why we have these laws rather than some totally different laws, although physicists sometimes talk that way — a mistake they might be able to avoid if they took philosophers more seriously.” And as for the philosophers, the best that they can come up with is the anthropic principle — the notion that our particular universe appears the way it does by virtue of our presence as observers within it — a suggestion that has an uncomfortably tautological ring to it.

2. Is our universe real?

This the classic Cartesian question. It essentially asks, how do we know that what we see around us is the real deal, and not some grand illusion perpetuated by an unseen force (who René Descartes referred to as the hypothesized ‘evil demon’)? More recently, the question has been reframed as the “brain in a vat” problem, or the Simulation Argument. And it could very well be that we’re the products of an elaborate simulation. A deeper question to ask, therefore, is whether the civilization running the simulation is also in a simulation — a kind of supercomputer regression (or simulationception). Moreover, we may not be who we think we are. Assuming that the people running the simulation are also taking part in it, our true identities may be temporarily suppressed, to heighten the realness of the experience. This philosophical conundrum also forces us to re-evaluate what we mean by “real.” Modal realists argue that if the universe around us seems rational (as opposed to it being dreamy, incoherent, or lawless), then we have no choice but to declare it as being real and genuine. Or maybe, as Cipher said after eating a piece of “simulated” steak in The Matrix, “Ignorance is bliss.”

3. Do we have free will?

4. Does God exist?

Simply put, we cannot know if God exists or not. Both the atheists and believers are wrong in their proclamations, and the agnostics are right. True agnostics are simply being Cartesian about it, recognizing the epistemological issues involved and the limitations of human inquiry. We do not know enough about the inner workings of the universe to make any sort of grand claim about the nature of reality and whether or not a Prime Mover exists somewhere in the background. Many people defer to naturalism — the suggestion that the universe runs according to autonomous processes — but that doesn’t preclude the existence of a grand designer who set the whole thing in motion (what’s called deism). And as mentioned earlier, we may live in a simulation where the hacker gods control all the variables. Or perhaps the gnostics are right and powerful beings exist in some deeper reality that we’re unaware of. These aren’t necessarily the omniscient, omnipotent gods of the Abrahamic traditions — but they’re (hypothetically) powerful beings nonetheless. Again, these aren’t scientific questions per se — they’re more Platonic thought experiments that force us to confront the limits of human experience and inquiry.

5. Is there life after death?

Before everyone gets excited, this is not a suggestion that we’ll all end up strumming harps on some fluffy white cloud, or find ourselves shoveling coal in the depths of Hell for eternity. Because we cannot ask the dead if there’s anything on the other side, we’re left guessing as to what happens next. Materialists assume that there’s no life after death, but it’s just that — an assumption that cannot necessarily be proven. Looking closer at the machinations of the universe (or multiverse), whether it be through a classical Newtonian/Einsteinian lens, or through the spooky filter of quantum mechanics, there’s no reason to believe that we only have one shot at this thing called life. It’s a question of metaphysics and the possibility that the cosmos (what Carl Sagan described as “all that is or ever was or ever will be”) cycles and percolates in such a way that lives are infinitely recycled. Hans Moravec put it best when, speaking in relation to the quantum Many Worlds Interpretation, said that non-observance of the universe is impossible; we must always find ourselves alive and observing the universe in some form or another. This is highly speculative stuff, but like the God problem, is one that science cannot yet tackle, leaving it to the philosophers.

6. Can you really experience anything objectively?

There’s a difference between understanding the world objectively (or at least trying to, anyway) and experiencing it through an exclusively objective framework. This is essentially the problem of qualia — the notion that our surroundings can only be observed through the filter of our senses and the cogitations of our minds. Everything you know, everything you’ve touched, seen, and smelled, has been filtered through any number of physiological and cognitive processes. Subsequently, your subjective experience of the world is unique. In the classic example, the subjective appreciation of the color red may vary from person to person. The only way you could possibly know is if you were to somehow observe the universe from the “conscious lens” of another person in a sort of Being John Malkovich kind of way — not anything we’re likely going to be able to accomplish at any stage of our scientific or technological development. Another way of saying all this is that the universe can only be observed through a brain (or potentially a machine mind), and by virtue of that, can only be interpreted subjectively. But given that the universe appears to be coherent and (somewhat) knowable, should we continue to assume that its true objective quality can never be observed or known? It’s worth noting that much of Buddhist philosophy is predicated on this fundamental limitation (what they call emptiness), and a complete antithesis to Plato’s idealism.

7. What is the best moral system?

Essentially, we’ll never truly be able to distinguish between “right” and “wrong” actions. At any given time in history, however, philosophers, theologians, and politicians will claim to have discovered the best way to evaluate human actions and establish the most righteous code of conduct. But it’s never that easy. Life is far too messy and complicated for there to be anything like a universal morality or an absolutist ethics. The Golden Rule is great (the idea that you should treat others as you would like them to treat you), but it disregards moral autonomy and leaves no room for the imposition of justice (such as jailing criminals), and can even be used to justify oppression (Immanuel Kant was among its most staunchest critics). Moreover, it’s a highly simplified rule of thumb that doesn’t provision for more complex scenarios. For example, should the few be spared to save the many? Who has more moral worth: a human baby or a full-grown great ape? And as neuroscientists have shown, morality is not only a culturally-ingrained thing, it’s also a part of our psychologies (the Trolly Problem is the best demonstration of this). At best, we can only say that morality is normative, while acknowledging that our sense of right and wrong will change over time.

8. What are numbers?

We use numbers every day, but taking a step back, what are they, really — and why do they do such a damn good job of helping us explain the universe (such as Newtonian laws)? Mathematical structures can consist of numbers, sets, groups, and points — but are they real objects, or do they simply describe relationships that necessarily exist in all structures? Plato argued that numbers were real (it doesn’t matter that you can’t “see” them), but formalists insisted that they were merely formal systems (well-defined constructions of abstract thought based on math). This is essentially an ontological problem, where we’re left baffled about the true nature of the universe and which aspects of it are human constructs and which are truly tangible.

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Maquiavelo, príncipe de la libertad

Si el fin justifica los medios ¿Qué justifica el fin?

La hipocresía es una de las pasiones más tristes, y quizá la más arraigada en el alma de la demagogia populista. Decía Maquiavelo que la mayoría de los moralistas a ultranza, tanto los que sustentan el poder como los que aspiran a obtenerlo, habitúan maquinar toda suerte de perversiones para luego condenarlas en pomposos discursos y declaraciones públicas. Una práctica, por cierto, que ha sido empleada hasta la saciedad por gansters, fascistas, nacional-socialistas y estalinistas sin miramiento alguno. Siempre hay un “chivo expiatorio”, un enemigo externo o interno. Da lo mismo, siempre y cuando los resultados sean los de mayor beneficio para “la causa”, es decir, para sí mismos. Siempre conviene asumir el papel de víctimas, por más victimarios que se pueda llegar a ser. La infamia –esa suerte de escabiosis del espíritu– corroe la vida de una sociedad que yace secuestrada por el populismo, hasta que, finalmente, la degrada y envilece. El éxito totalitario se consolida cuando logra fracturar la adecuación de forma y contenido.

Hay pensadores que, por oponerse abiertamente a las mascaradas características del poder omnímodo, han recibido el peor de los maltratos: la distorsión de sus propias ideas. Y, una vez que se las tuerce, se las transforma –Orwell, 1984– en anuncio publicitario, en alimento canino, porcino y, finalmente, ovino. Se hace de sus conceptos fórmula lapidaria, convenientemente disecada, homogeneizada y pasteurizada: apta, en fin, para el consumo masivo de la multitud. La lista es amplia. Y, antes de entrar en materia, solo bastará con mencionar a dos de sus víctimas: Dante Alighieri y Baruch Spinoza. El primero, nada menos que el creador del exquisito linguaggio italiano, ha sido sometido, cual Giordano Bruno, a las brasas ardientes de un infierno inventado por la más grotesca imaginación –en realidad, el Inferno descrito por Dante en la Comedia es gélido, álgido–, condenado a vivir en “la tumba”, que es como decir en uno de los “cuadros dantescos”, de los que tanto gustan hablar políticos de oficio, profesores mal informados y periodistas ligeros, quienes, da la impresión, hasta el sol de hoy no han tenido la oportunidad de leer una de las contribuciones más geniales producidas por la inteligencia humana, motivo e inspiración, entre otras grandes obras, de la Fenomenología del espíritu de Hegel.

Los farsantes de la filosofía macarrónica, lectores empedernidos de manuales y breviarios, fanáticos de las frases hechas, de la supuesta “ética” de la “autoayuda” o de las simplicidades de un materialismo crudo, al estilo de “el hombre no es más que lo que come” –Feuerbach: “der Mensch ist nur das, was er esse”–, han vendido la figura del divino Spinoza como la de un ateo, un materialista, un promotor del culto al cuerpo, de la sensualidad y de las pasiones. Todo un precursor de la vie bohème, los cabarets, el carnaval, la cumbia, el tango de arrabal, la lambada o el reguetón. Hugh Hefner, en la distancia, aparece como un auténtico “niño de pechos” –valga la metáfora– ante este “retorcido” fundador del porn-party filosófico con las que ciertas lecturas afrancesadas –al estilo Negri– han mancillado el nombre de Spinoza. Juzgado, excomulgado, incomunicado y sometido al escarnio público, su magnífica Ethica, demostrada geométricamente, sigue siendo, muy a pesar de todo y de todos, uno de los más elevados templos –Deus sive Natura– de la vindicación de la razón y de la libertad concretas.

Maquiavelo no es por cierto la excepción, sino, más bien, todo lo contrario. Por “maquiavélico” se entiende la premeditada y alevosa acción del maquinador pervertido, del malvado, del sociópata. En este sentido, se habla de cierto psiquiatra, quien se complace en mover los hilos del cinismo tras bambalinas, como de un asiduo discípulo del pensador de Florencia. “Maquiavélico”, se dice de él. Que se sepa, Maquiavelo nunca fue “tocado por los dioses”, como sublimemente Hölderlin definiera el morbo del desquicio. Tampoco su sonrisa –la sonrisa de Maquiavelo– da cuenta del manifiesto resentimiento de quien usa y abusa barbáricamente del poder con el único objetivo de vengarse. La suya es, más bien, y como observa Maurizio Viroli, una sonrisa amarga, porque se propone denunciar “la crueldad, la mezquindad, la mentira y la ferocidad de los simuladores de oficio”. Maquiavelo, en efecto, exhorta con todas sus fuerzas a derrotar la tragedia representada por la vida natural, esa ciega Fortuna inscrita en el Estado de naturaleza, imponiendo sobre ella la fuerza civilizatoria de la Virtù, cabe decir: de la libre voluntad como conquista suprema de la razón histórica. Y, sin embargo, desde que Federico II de Prusia publicara aquel tristísimo opúsculo, El anti-Maquiavelo, el autor de El Príncipe ha sido objeto de un auténtico caudal de maldiciones. El fundador de la filosofía de la praxis ha sido marcado, estigmatizado, como un demonio por los demonios, quienes han visto, no sin preocupación, el hecho de que hubiese puesto al descubierto los “misterios” que hipócritamente oculta el poder de los tiranos.

Entre los embriagados por la ira prepotente y los embargados por la tristeza, Maquiavelo se abre paso, porque sabe bien que en medio de las peores dificultades se haya oculta la oportunidad. Si la voluntad quiere ser voluntad libre debe resistir y superar las determinaciones –los obstáculos– que ella misma se ha fijado. Introducirse en la objetividad de las cosas, en “el mundo externo”, no significa deshonra alguna. Para que la voluntad libre sea mucho más que un simple desiderato, para que sea realmente voluntad de verdad, tiene que abandonar sus pretensiones de supremacía sobre la menudencia y la cotidianidad. La patria “pura”, la democracia “pura” o la libertad “pura” son pura arrogancia, pura indeterminación: son la nada. Lo que pretende ser satisfacción de toda tendencia e inclinación termina por no satisfacer ninguna. Si se quiere conquistar el bien es indispensable convivir con el mal, demostrar su inadecuación y superarlo. Platón afirma que “las cosas bellas son difíciles”. Y así como la unidad es el cabal reconocimiento de la unidad y de la diferencia, del mismo modo, la libertad es, esencialmente, la consciencia de la necesidad. Como dice Hegel: “Aquí está Rodas, salta aquí”. Maquiavelo es uno de los más grandes condottieri del pensamiento en clave realista. Es, sin duda, el príncipe de la libertad.

 

Más de 15.000 científicos lanzan una alerta para salvar el planeta

Veinticinco años después de la primera advertencia, un nuevo llamamiento advierte de que casi todos los problemas son ahora “mucho peores”

Un grupo de 15.000 científicos de 184 países han alertado, por segunda vez en 25 años, de las negativas tendencias ambientales que amenazan “seriamente” el bienestar humano y causan daños “sustanciales” e “irreversibles” a la Tierra. Advertencia de los científicos del mundo a la Humanidad: Un segundo aviso es el título del artículo que firman en el numero de noviembre 2017 de la revista BioScience, en el que hablan de las “señales obvias de que vamos por un camino insostenible”, aunque también ofrecen acciones para intentar revertir las tendencias actuales. A su juicio, casi todos los problemas que acucian al planeta son ahora “mucho peores” que en su primer llamamiento, de 1992.

En los últimos 25 años, las tendencias en nueve temas medioambientales “sugieren que la Humanidad sigue arriesgando su futuro”, aunque hay algunas excepciones como la estabilización de la capa de ozono. Esta “rápida disminución global de las sustancias que perjudican la capa de ozono muestra que podemos hacer cambios positivos cuando actuamos de forma decisiva”, subrayan. Pero el bienestar humano sigue “seriamente amenazado” por tendencias negativas como el cambio climático, la deforestación, la falta de acceso agua dulce, la extinción de las especies y el crecimiento de la población humana, escriben los expertos.

Sin embargo, “la Humanidad no está tomando las medidas urgentes necesarias para proteger nuestra biosfera en peligro”, según los firmantes del artículo, ya que “la abrumadora mayoría” de las amenazas que ya se habían descrito persisten y, “de manera alarmante, la mayoría están empeorando”. Por ello, los científicos sugieren 13 áreas en las que actuar y piden una corriente de presión pública para convencer a los líderes políticos de que adopten las medidas correctivas.

Crear más reservas terrestres y marinas, fortalecer la aplicación de las leyes contra la caza furtiva y las restricciones al comercio de especies silvestres, ampliar los programas de planificación familiar y de educación para las mujeres, promover un cambio de dieta basada en las plantas y la adopción “generalizada” de energías renovables y tecnologías “verdes” son algunas de sus propuestas.

Esta es la segunda advertencia sobre los peligros del futuro, que ha sido necesaria al constatar que casi todas las amenazas se han recrudecido desde 1992, cuando más de 1.700 científicos, entre ellos todos los premios nobel vivos, firmaron Advertencia de los científicos del mundo a la Humanidad, publicada por la Union of Concerned Scientists (Unión de Científicos Preocupados). La segunda advertencia ha sido redactada por una nueva organización independiente internacional, la Alianza de Científicos Mundiales, liderada por el profesor William Ripple, de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad estatal de Oregón (EE UU), con datos de agencias gubernamentales, organizaciones sin ánimo de lucro e investigadores individuales.

Algunas personas, “podrían tener la tentación de ignorar estas evidencias y pensar que estamos siendo alarmistas”, indica Ripple, pero “los científicos saben interpretar datos y mirar a las consecuencias a largo plazo. Los que han firmado esta segunda advertencia no están solo lanzando una falsa alarma”. Al contrario, “están reconociendo las señales obvias de que vamos por un camino insostenible”. “Esperamos que nuestro documento encienda un amplio debate público sobre el medioambiente y el clima global”, agrega.

Aunque el panorama parece sombrío, los científicos señalan que se han hecho progresos en algunas áreas como la reducción de los productos químicos que dañan la capa de ozono y el aumento de la energía generada con fuentes renovables. Además, en algunas regiones se ha producido un “rápido descenso en las tasas de natalidad, lo que puede atribuirse a inversiones para la educación de las mujeres” y también se ha registrado una ralentización de las tasa de deforestación en algunos lugares.

Entre los principales peligros, la Alianza destaca el aumento del 35% de la población humana, que ha sumado 2.000 millones de personas desde 1992, mientras se produce una reducción colectiva del 29% en el número de mamíferos, reptiles, anfibios, aves y peces. “Hemos desencadenado un evento de extinción masiva, el sexto en aproximadamente 540 millones de años, en el que muchas formas de vida actuales podrían estar aniquiladas o al menos comprometidas de extinción para finales de este siglo”, recuerdan. Otras tendencias negativas son la reducción del 26% en la cantidad de agua dulce disponible per capita, el descenso en las capturas de pescado salvaje, a pesar del aumento de los esfuerzos pesqueros, o un incremento del 75% en las zonas muertas de los océanos.

También causa preocupación la pérdida de unos 300 millones de acres de bosque, muchos de ellos convertidos en agrícolas, el continuo incremento de las emisiones globales de carbono y el aumento de las temperaturas. “Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de nuestra fallida trayectoria, y el tiempo se agota”, advierten los científicos, que llaman al resto de la comunidad a respaldar la el manifiesto.

 

La Biblioteca de Alejandría. ¿Cómo se perdió el mayor centro de saber que ha conocido la humanidad?

La Biblioteca de Alejandría fue el centro cultural en torno al cual giraba toda la vida intelectual del helenismo. Esta institución reunía la mayor recopilación de escritos hasta la fecha, así como gran cantidad de instrumentos de investigación y documentos del mundo antiguo. De esta forma, los investigadores más importantes de cualquier materia debían acudir a este lugar para ahondar en sus estudios y afinar sus conocimientos. Es, a todas luces, uno de los mayores monumentos al conocimiento, cuyo esplendor ha impresionado a todas las civilizaciones a lo largo de los tiempos. La Biblioteca se erige como una de las instituciones más importantes creadas por el ser humano, debido a su extraordinaria congregación de sabiduría. Además, la crónica de la Biblioteca es un recorrido por los episodios más decisivos de la historia de este período que involucra a las fuerzas políticas, imperios y culturas más prominentes del momento.

Recreación exterior de la Antigua Biblioteca de Alejandría.

Tanto la Biblioteca como el Museo de Alejandría tuvieron su época de esplendor en el período regentado por la dinastía Ptolemaica.  La creación y la proyección de estas instituciones se deben al reinado de los Ptolomeos, los cuales impulsaron tales instituciones dedicadas al conocimiento debido al interés por reconocer su tradición y legitimidad en la cultura helénica. Lo que se pretendía era legitimar su potencia política con una autoridad cultural y prestigio de fuerza correspondiente. Esto propició la extensión de la cultura, a lo cual se sumó la gran cantidad de recursos que guardaban y la concurrencia de personalidades destacadas en historia, poesía, filosofía, filología, medicina y ciencia de la época.

Recreación del interior de la Antigua Biblioteca de Alejandría.

Con la muerte de Cleopatra, última de la dinastía Ptolemaica, empieza la decadencia de la Biblioteca y el Museo. Este proceso se prolongó hasta el siglo IV d.c. Por un lado, el deterioro se acentuó debido a las circunstancias políticas acontecidas en una ciudad que ya no gozaba de la posición de capital del Estado central en la geopolítica del momento ni de independencia. Por otro lado, tras la anexión de Egipto al Imperio Romano por el emperador Augusto, la biblioteca permaneció tantos años porque aún mantenía el prestigio de tiempos pretéritos y era admirada por los romanos como un monumento notable.

Hipólito Escolar en su obra La Biblioteca de Alejandría califica de leyenda al episodio en el cual la Biblioteca se incendió durante la Guerra de Alejandría en la que César quemó los barcos del puerto para que los egipcios concentrados en el palacio no los usasen y no se comunicasen con el exterior. Este suceso puede ser verdadero, pues es verosímil ya que el incendio se pudo extender a tierra, pero no hay datos concluyentes. Hay que mencionar que en la obra Guerra Civil César no alude al incendio de la Biblioteca, pero sí a la quema de los barcos. Asimismo, Hiricio en La Guerra de Alejandría tampoco menciona el incendio de los libros, es más, Hiricio habla de la incombustibilidad de los edificios de piedra de la ciudad.

Es Séneca en De Tranquillitate Animi el que dice que “cuarenta mil libros ardieron en Alejandría” a raíz de la acción bélica. Hay que resaltar que Cicerón, Estrabón ni Lucano mencionan nada del incendio de libros. Posteriormente, Plutarco en Vida de César declara que el fuego se propago desde los barcos a la Biblioteca. Otros autores que hablan del incendio son Aulo GelioDion Casio Amiano Marcelino, pero con diferentes versiones.

Grabado que recrea el incendio de la Biblioteca.

La leyenda de los libros quemados en la Guerra de Alejandría parece que se debe al término de la dinastía Ptolemaica, ya que la destrucción de una institución tan relacionada con ella representa la situación de su final. Escolar asegura que el incendio no afectó a los edificios de la Biblioteca y ni siquiera a los libros. En todo caso, se quemaron algunos rollos depositados en el puerto.

De lo que no cabe duda es que el final del período helenístico supuso una crisis para la Biblioteca y el Museo en consonancia con las vicisitudes sociopolíticas. No obstante, estas instituciones se sobrepusieron a las circunstancias recuperando una actividad tan destacada como la anterior. En ese momento, los emperadores ocuparon el lugar de protectores y promotores de estos recintos emblemáticos, resaltando la ayuda del emperador Adriano. Sin embargo, el sostenimiento económico fue disminuyendo con el tiempo.

La Biblioteca de Alejandría fue perdiendo su centralidad cultural, y se fue deteriorando poco a poco por causa de diversos incidentes que responden a las coyunturas políticas que se sucedieron. Entre los innumerables acontecimientos que la pudieron afectar destacan:

  • En el siglo II Trajano reprimió con violencia una rebelión de los judíos contra él.
  • En la segunda mitad del siglo III se dieron luchas agravadas por problemas políticos y militares de los emperadores y una mala circunstancia económica.
  • En el año 265 d. c. Mussio Emiliano, prefecto de Egipto, se proclamó emperador y dejó de transportar provisiones a Roma. Consecuentemente, el emperador Galieno tomó la ciudad por la fuerza. La violencia empleada causó daños en ésta.
  • En el año 272 d.c. Alejandría quedó devastada, especialmente el barrio principal -aquel en el que se encontraba la Biblioteca-, por la operación de Valeriano al recuperar Alejandría del reino de Palmira. Esto se debe a que, previamente, Galieno (antecesor de Valeriano) permitió la entrada de las tropas de la reina de Palmira para honrar al rey Odonato por detener el ascenso del imperio Sasánida.
  • En el año 296 d.c. Diocleciano, tras un asedio de ocho meses, volvió a conquistar la ciudad que se encontraba en rebelión. Este incidente supuso, según Escolar, la gran destrucción del barrio Bruquion (el principal) que damnificó severamente a la Biblioteca.
  • En el siglo IV Constantino trasladó la capital a Bizancio y por el Edico de Milán (313) legalizó el cristianismo, el cual se extendió. Constantinopla adquirió la hegemonía cultural y ensombreció a la vieja Alejandría cuyos monumentos se alejaban de las creencias de sus habitantes.
  • Escolar firma que, en este mismo siglo, tras la expansión del cristianismo por el pueblo egipcio, creció un sentimiento nacional (con una lengua propia: el copto) que se enfrentaba a lo pagano y a lo griego, para ellos símbolos del poder represor.
  • Entre los años 375-395 Teodosio gobernó el imperio y, por el Edicto de Tesalónica (380), el cristianismo niceno (opuesto al arrianismo) se erigió como religión oficial del imperio.
  • En el año 391, tras una tensión prolongada y constantes disturbios entre cristianos y paganos, el patriarca Teófilo adquirió del emperador una autorización para la destrucción del Serapeo, el gran templo de la cultura de la dinastía Ptolemaica, el cual era un santuario de culto a Serapis. Éste era considerado como un símbolo de la persecución a los cristianos.
  • Muy posiblemente, indica Escolar, en estas fechas se pudo producir el cierre de la Biblioteca para detener la financiación por parte del imperio de espacios de propagación cultural pagana. A partir de ahí, la falta de dinero imposibilitó la reposición y adquisición de rollos de papiro. Ahora bien, también es posible que la Biblioteca se usase para la recopilación y el estudio de documentos teológicos cristianos, incorporados a los fondos que quedaban de tradición griega. Pero, aún así, la relevancia de la Biblioteca disminuyó considerablemente, decayendo progresivamente.
  • Hay quien mantiene, no sin controversia, que la Biblioteca perduró hasta la conquista por parte de los musulmanes, que en el año 641 invadieron Alejandría. Según cuenta Alí ibn al-Kiftí (1172-1248) el general conquistador Amrú preguntó al califa Omar por una autorización para el uso de los libros incautados. Ante esto el califa respondió la célebre sentencia: “si el contenido está de acuerdo con la doctrina del Corán, son inútiles, y si tienen algo en contra, deben destruirse”. Así, se quemaron los libros y se destruyó la Biblioteca.
  • Por otro lado, también hay quien afirma que en ese momento ya no existía la Biblioteca, pues fue destruida con anterioridad por las contiendas militares y el fanatismo religioso. Aún no se ha podido dar una respuesta concluyente a lo verdaderamente acontecido con la Biblioteca de Alejandría.

Escolar considera que se pudo dar el caso de que buena parte de los fondos de la Biblioteca sobrevivieran a las acciones militares del siglo III, y que los libros de la segunda Biblioteca, esto es la del Serapeo, hayan sido transportados y resguardados en otro sitio a pesar de la destrucción del templo. Esto se debería al carácter de Teófilo de “hombre muy culto y degustador de los escritos clásicos”. También hay que añadir que la persecución de los cultos y la destrucción de los templos, en general, no implicó la persecución de las personas.

Sin embargo, este no fue el caso de Hipatia, pues fue asesinada en el año 415 arrastrada por la calle hasta una iglesia donde la golpearon hasta la muerte. Este homicidio contra la “idolatría pagana” por parte de los nacionalistas cristianos se debió a la amistad de Hipatia con el entonces prefecto de Alejandría, Orestes, el cual se había enemistado con Cirilo (sucesor de Teófilo).

La Alejandría de Cleopatra

Para acabar, hay que resaltar el carácter polémico acerca de la realidad histórica de la definitiva destrucción de la Biblioteca de Alejandría. Aquí nos hemos limitado a recoger las consideraciones más relevantes y extendidas sin pretender concluir la cuestión ni rebatir la veracidad de los hechos, más allá de lo que algunos autores (en los que nos apoyamos) discuten. Asimismo, hay que aclarar que el ambiente cultural posterior al de aquel que tuvo a la Biblioteca de Alejandría como centro, y el paso a la Edad Media, no supusieron una época de esterilidad intelectual ni de homogeneidad de pensamiento. Además, las teologías cristiana y musulmana no rompieron con el pensamiento griego, sino que, más allá de las polémicas relativas a las coyunturas histórico-políticas, lo integraron añadiéndole temáticas propias.

Distrito Real. La Alejandría de Cleopatra.

 

Bibliografía

Canfora, L. La biblioteca desaparecida. Ed. Trea, 1998: Asturias.

Escolar, H. La Biblioteca de Alejandría. Ed. Gredos, 2001: Madrid.

Mitos y leyendas: Cuando el ser humano era un Dios.

En las sociedades primitivas, el mito constituía la única realidad, tan lejos de ser comprendida por la lógica del raciocinio científico del siglo XXI. Mas ¿cómo lidiar con los hechos todavía inexplicados del pasado del hombre? Sin duda, uno de los primeros pasos es descubrir el lado real de lo fantástico.

—”¿Eres Dios?” —”¿Dios? Sí… vine de las estrellas”. Diseño basado en estatuilla de antiguo astronauta hallada en Ecuador. Autor: Christopher Reach (chrisreach.deviantart.com/)

La contaminación que acostumbra a cubrir el cielo hace que perdamos la noción de lo que sea universo. Los cálculos continúan difíciles, inciertos y contradictorios. Los números varían. El astrónomo Harlow Shapley, por ejemplo, habló en «100 quintillones de estrellas al alcance de los telescopios». Mientras el astrónomo Willy Ley calcula que, sólo en la Vía Láctea, existen 30 billones de estrellas. Entre ellas, 18 billones de sistemas planetarios y 180 millones de planetas capaces de mantener la vida. A partir de ahí, el Dr. Ley calcula —siempre en términos pesimistas— que existen 1.800.000 planetas con seres vivos y, por lo menos, 18 mil planetas con vida inteligente. Entre tantos planetas, sistemas y galaxias, parece muy poco lógico que la Tierra sea el único mundo habitado. En verdad, el hombre tiende a no aceptar todo aquello que no puede dominar.

Visualización del universo observable. La escala es tan enorme que los finos granos representan colecciones de grandes supercúmulos de galaxias. El supercúmulo de Virgo —hogar de la Vía Láctea— está marcado en el centro, pero es demasiado pequeño para ser visto.

Hay dos fuentes básicas de investigación sobre la presencia de extraterrestres en la historia de la Tierra. Una son los registros humanos: las pinturas en las cavernas, los pergaminos, las tablas de arcilla, los templos, los sepulcros, los libros, los manuscritos. La otra fuente son los mitos y leyendas transmitidos oralmente de generación en generación durante milenios.

Esas dos fuentes convergen en cuestiones restrictivas dichas «científicas»:

1:¿Por qué los registros humanos no hablan claramente de la presencia extraterrestre en épocas pasadas?

2:¿Son los mitos y leyendas sinónimos de «mentira», «superstición» e «imaginación popular»?

Vamos a responder a una pregunta por vez. En primer lugar, la presencia extraterrestre está registrada en innumerables obras, sólo que estos registros no son interpretados de esa forma por la ciencia oficial. En segundo, los hombres «primitivos» son generalmente menospreciados en su capacidad de retratar la realidad, pues son tratados siempre como seres ingenuos y supersticiosos. Algunos de ellos, en verdad, deben haber sido tan adelantados que todavía no conseguimos descifrar sus mensajes, o lo que resta de ellos.

Ser dibujado en el techo de una cueva por los aborígenes australianos. ‘Journals of Two Expeditions of discovery’, por George Gray, 1938.

No se puede olvidar que la capacidad humana de construir una cultura es tan fuerte como su capacidad de destruirla. Vale mencionar una pequeña lista de devastaciones de documentos históricos:

330 a.C. – La biblioteca de Persépolis es incendiada por las tropas de Alejandro, el Grande.

Siglo III a.C. – El emperador chino Chi-Che Hoang manda destruir todos los libros de ciencia e historia del país.

48 a.C. – Julio César provoca el primer incendio de la biblioteca de Alejandría.

54 – San Pablo manda a destruir, en Efeso, todos los libros que tratan de «cosas curiosas».

Siglo III – Emperadores cristianos destruyen el Templo de Diana y los «archivos paganos».

390 – Cristianos incendian la Biblioteca de Alejandría.

Siglo VII – Monjes irlandeses mandan quemar 10 mil manuscritos rúnicos que contaban la historia de la civilización celta.

641 – Tercer incendio de la Biblioteca de Alejandría, por orden del califa Ornar.

728 – 300 mil manuscritos son quemados en Bizancio, por orden del emperador León Isauriano.

Siglos XIV y XV – La inquisición quema un número inmenso de «manuscritos heréticos».

Siglo XVI – Conquistadores españoles destruyen casi todos los libros sagrados de los mayas, incas y aztecas.

1566 – Francisco Toledo, virrey del Perú, destruyó una cantidad inmensa de paños incas y tablas con la historia de la antigua América.

¿Qué decían todos esos documentos? La cantidad de los que consiguieron llegar ilesos hasta nuestros días es mínima.

La destrucción de la Biblioteca de Alejandría supuso la pérdida de una gran cantidad de documentos y libros, y se ha convertido en un símbolo cultural de la destrucción. Se estima que esta biblioteca, la más importante del mundo antiguo, llegó a tener cerca de medio millón de libros.

Sobre la cuestión del mito y de la leyenda, observemos la opinión del historiador Norberto de Paula Lima: «En nuestros días, el mito es visto como todo pensamiento opuesto al pensamiento científico y lógico. En la Antigüedad, y en las sociedades que entre nosotros son llamadas “primitivas”, el mito es la única realidad concreta e importante, en una verdadera inversión de nuestros valores (…). Para las sociedades primitivas, el mito es la verdadera historia, la raíz y la explicación de toda historia cronológica».

Asimismo, esa forma de interpretar la historia tiene un nombre: es la tradición esotérica. «La interpretación esotérica de la historia no se limita a definiciones estrechas de aquello que hoy es conocido como “materialismo histórico”. De hecho, no niega lo que la ciencia de nuestros días descubrió, mas superpone a la vista corta del materialista toda la memoria del espíritu. Para el esoterista, el mito es la historia del alma del mundo», agrega de Paula Lima.

Historia cerrada vs Historia abierta

Jacques Bergier, por su parte, prefiere contraponer la idea de una historia «cerrada» con la idea de una historia «abierta»: «La concepción de una historia “cerrada” es relativamente reciente. Por historia “cerrada” yo entiendo una historia cuyos acontecimientos son provocados por causas naturales o humanas. A través de casi todo el pasado, la humanidad acreditó en la intervención, en la historia de causas exteriores: demonios, criaturas sobrenaturales, dioses y, finalmente, Dios. Fue en siglo XIX que el concepto de una historia sin cualquier intervención exterior, y cuyas causas se limitan únicamente a nuestro planeta, consiguió imponerse. Mas, como muchas ideas del siglo XIX, es discutible».

Veamos un ejemplo de como se puede observar la historia de forma abierta o cerrada. Es sabido que los grandes reptiles dominaron la Tierra por muchos millones de años; fue un largo reinado de dominio absoluto sobre todos los otros animales del planeta. De repente, 65 millones de años atrás, los saurios desaparecen. Dinosaurios, triceratops, tiranousaurios y otros monstruosos seres fueron barridos de la Tierra en un período relativamente muy corto de tiempo. Y fue sólo con esa extinción de los saurios que se tornó posible la evolución y el dominio humano sobre el planeta.

Jacques Bergier (1912-1978) fue un ingeniero químico, alquimista, espía, periodista, y escritor francés de origen askenazi. Fue autor de obras como ‘El retorno de los brujos’, ‘Guerra Secreta bajo los Océanos’, ‘Extraterrestres en la Historia’, ‘El planeta de las posibilidades imposibles’, ‘La Guerra Secreta del Petróleo’, entre otras muchas. Debido a su fama de «sabio despistado» fue incluido por el dibujante belga Hergé en una de las aventuras de Tintín, concretamente la titulada ‘Vuelo 714 a Sidney’.

¿Qué mató a los grandes reptiles? No existe una respuesta definitiva, todavía. La ciencia sugiere varias hipótesis: un bombardeo de meteoritos, el envenenamiento de la atmósfera, el fin de las especies vegetales consumidas por los reptiles, la acción predadora de los mamíferos comedores de huevos, etc. Mas ninguna de esas respuestas es definitiva. Todas pertenecen al terreno de la historia cerrada, o sea, sólo causas naturales pueden explicar el fenómeno.

La historia abierta, en tanto, sugiere la siguiente posibilidad: queriendo implantar en la Tierra un experimento de evolución humanoide, una civilización extraterrena, muy avanzada, habría provocado la extinción de los saurios a través de medios artificiales. Una explosión que liberase radiactividad que solo perjudicase a grandes animales, por ejemplo. Y el descubrimiento, en territorio ruso, de cráneos de dinosaurios con orificio en la frente —muy semejante a la perforación de una bala— ayudó a fortalecer esa hipótesis.

¿Fueron los grandes saurios exterminados por una raza alienígena para implantar su «experimento humano»?

Los adeptos de la historia abierta llaman la atención también para el hecho del género humano de haber vivido millones de años en un estado de primitivismo absoluto, para prácticamente «explotar» su cultura solamente en los últimos 10 mil años —cuando por coincidencia o no, el hombre primitivo pasó a tener capacidad de registrar su vida en las paredes de las cavernas—.

¿Cuál es la razón para esa eclosión de la cultura humana? La historia cerrada no sabe responder. Juzga la responsabilidad en la evolución. La historia abierta arriesga que seres extraterrestres aquí posaron e interfirieron directamente en la evolución cerebral y cultural de los hombres. Y más: que estos extraterrestres se emparejaban con mujeres terrestres, y que todos nosotros somos descendientes de estos mestizos interplanetarios.

Diferentes culturas antiguas alrededor del mundo hablan de «dioses instructores» que los visitaron.

Por más absurda que pueda aparecer esa posibilidad, hay un detalle que merece nuestra atención: si el ser humano fuese realmente 100 % terrestre, ¿será él que destruirá de modo insano el planeta en que nació? Los hábitos predadores, la violencia y el desprecio a cualquier forma de convivencia pacífica con la naturaleza están ahí para dar el lamentable testimonio de la actual condición humana.

La explicación esotérica

Muchas de las situaciones que vivimos hoy pueden ser una repetición —en farsa— de lo que ya sucedió hace millares, millones de años. Es difícil para nuestras cabezas condicionadas por el catolicismo y por las doctrinas científicas contemporáneas aceptar eso; estamos acostumbrados a pensar que somos el ápice de un proceso de evolución. Las doctrinas ocultas también consideran que somos el auge, mas el auge de la decadencia.

Según esas doctrinas, el ser humano ya vivió en la Edad de Oro de paz, armonía y conocimiento infinitamente superiores a los actuales. Tales fuentes de conocimientos indicaron, hace muchos millares de años, que los hombres pasarían por otras tres grandes edades: la de Plata, la de Bronce y la de Hierro (la más inferior de todas, en cuya recta final nos encontramos ahora). Esta Edad de Hierro culminaría con un período de gran destrucción purificadora, y revertiría en una nueva Edad de Oro.

Las indicaciones e informaciones de esas eras anteriores son provenientes básicamente de leyendas y narrativas. Según esas informaciones, la primera raza de humanos de la Tierra vivió hace muchos millones de años en una mística región Norte, hoy identificada como el propio polo antes del congelamiento. Este Norte es citado en leyendas chinas, egipcias, indias, esquimales, sioux o griegas. Entre los nórdicos, equivaldría a la propia Asgard, la morada de los dioses.

Los habitantes de este Norte habrían venido del espacio exterior, viviendo —durante mucho tiempo— en una situación de armonía y desenvolvimiento espiritual. Este primer ciclo se habría terminado cuando cambios geológicos en la Tierra congelaron el Polo Norte.

«Entre los nórdicos, equivaldría a la propia Asgard, la morada de los dioses».

La segunda raza habría vivido en la llamada Hiperbórea, una tierra también situada «al norte», viviendo permanentemente a la luz del sol. Los hiperboreanos, continuadores de la civilización del Norte, serían altos, rubios y espiritualmente superiores a todo lo que podamos imaginar. Los hiperboreanos serían los responsables de la raza de gigantes que en seguida habitó los continentes perdidos de la Lemuria y Mu.

A pesar de las poquísimas pruebas materiales existentes, se acredita que existieron dos grandes continentes hace cerca de 50 mil años: la Lemuria, cuyo centro sería la actual isla de Madagascar, en el océano Índico; y Mu, que estaría localizada alrededor del actual territorio de Mongolia, entre China y la Rusia. Estas dos civilizaciones se habrían expandido para todo el resto del planeta.

Según los relatos y leyendas, los habitantes de Mu y de la Lemuria serían, en principio, gigantes bisexuales contemporáneos de los dinosaurios y de las sequoias. Serían los hijos directos del cruzamiento entre seres del espacio y mujeres terrestres y, con el tiempo, habrían disminuido de tamaño (de 3,60 para 2,10 m) y se dividió en masculino y femenino.

El inicio de la degeneración

Los lemurianos poseían la apariencia de indios con la piel azulada y la protuberancia de un tercer ojo en el centro de la frente. Y dominarían un vasto conocimiento del uso de la energía cósmica, siendo los constructores de inmensos monumentos de piedra. Dominarían también la energía nuclear, la luz fría y un equivalente del rayo láser. Se acredita que el fin de los lemurianos fue una consecuencia del uso descontrolado de esas fuerzas.

En cuanto a Mu, este continente tendría como base siete ciudades en el actual océano Pacífico. Según James Churchward, la mayor autoridad en la investigación de Mu, esta civilización habría surgido hace 150 mil años alcanzando su esplendor hace 75 mil años, para después dispersarse.

Churchward cita un antiguo relato descubierto por él en tierras de la actual Mongolia: «Cuando la estrella Baal cayó donde hoy existe sólo el mar, las siete ciudades temblaron y las rutas se llenaron de una densa humareda. Los hombres temblaron de miedo, y una gran multitud se reunió en los templos y en el palacio del rey. El rey dice: “Yo no tenía previsto todo esto”. Y los hombres y las mujeres, vestidos con sus ropas preciosas, adornados con sus maravillosos collares le rogaban e imploraban: “Salvanos Ra-Mu!” Mas el rey profetizó que todos deberían morir con sus esclavos y sus hijos, y que de sus cenizas nacería una nueva raza».

Todo indica que la nueva raza se estableció en el medio del Mediterráneo, en la Atlántida.

La Atlántida ya pertenece a un tiempo más accesible, aunque los historiadores oficiales se nieguen a reconocer su existencia. Entre tanto, el relato más detallado de este continente perdido pertenece a uno de los más respetados filósofos griegos de todos los tiempos, Platón.

En verdad, Platón describió (en Timeus y Critias, 360 a.C.) la historia que le fue contada por su maestro, el legislador Solon. Solon, por su lado, oyó la descripción de la boca del sacerdote de Sais, una ciudad egipcia muy ligada a los griegos. Solon narró a Platón sobre una guerra entre los atlantes y los griegos, que saldrían vencedores, y sobre la destrucción total de la Atlántida, en el 12.000 a.C.

La descripción de Platón llega a los detalles de la planta de la ciudad central de la Atlántida, sus jardines, gimnasios e hipódromos. Dice que ella hacía parte en la división de la Tierra entre los «dioses», y que «Poseidón habiendo recibido como quiñon la isla Atlántida, instaló, en cierto lugar de esta isla, los hijos que engendrara de una mortal».

La última parte de la narrativa del filósofo sigue la misma línea de tantas otras, tratando de la mezcla entre «dioses» y «mortales», con la consecuente degeneración de la especie: «Durante numerosas generaciones, y en cuanto dominó en ellas la naturaleza del dios, los reyes escucharán las leyes y permanecerán unidos al principio divino, al cual eran emparentados. Sus pensamientos eran verdaderos y grandes en todo (…). Mas cuando el elemento divino disminuyó en él por causa del cruzamiento repetido con numerosos elementos mortales, y cuando dominó el carácter humano (…), cayeron en la decadencia».

Interpretación artística de la destrucción de Atlantis, por Rocío Espín Piñar (www.artstation.com/rocioespin).

Según W. Raymond Drake, «Rudolf Steiner, un discípulo de Goethe, redactó una detallada historia de la Atlántida describiendo el conflicto entre los seres espirituales y los luciferanos, los magos blancos y negros, cuya perversión de las fuerzas ocultas trajo los cataclismos para la Atlántida».

Hay muchas narraciones y leyendas sobre el fin de este continente. Y ellas coinciden en la afirmación de que los atlantes eran muy avanzados y conocían aparatos que nosotros consideramos modernos, tales como la televisión y los objetos voladores. Otros acreditan que la inmersión de la isla fue causada por una especie de «guerra nuclear» entre los seguidores de los «dioses» y los rebeldes que se juzgaban capaces de dominar fuerzas gigantescas de la naturaleza. Y hay los que achacan todo a una catástrofe natural, como la caída de un meteoro o de un gran terremoto.

De cualquier manera, todo apunta a que los atlantes sabían de la proximidad de su fin y cuidaron de extender su conocimiento para otras partes del mundo. Eso explica por que existen tantos puntos en común entre las culturas de Mesopotamia, Egipto, Asia y las Américas.

Fuente: MysteryPlanet.com.ar

 

El misterio de la masonería

La masonería nace oficialmente a principios del siglo XVIII con la constitución en 1717 de la Gran Logia de Inglaterra. Sin embargo, esta sociedad iniciática tiene antecedentes que se remontan a  los gremios profesionales herméticos de la Baja Edad Media que obstaculizaban el intrusismo laboral de sus artes y oficios con códigos secretos y prácticas ocultas. La masonería estaría relacionada con el gremio de los albañiles (en inglés “mason” y en francés “maçon”) que alcanzó gran prestigio en la construcción de las catedrales.

Es frecuente la definición de la masonería o francmasonería como una institución cuya finalidad es la búsqueda de la verdad a través del estudio filosófico de la condición humana, el estudio científico de la naturaleza y el cultivo de las artes. Asimismo, se pretende desarrollar la evolución personal y el progreso social. (Esto es tan general que se podría aplicar a multitud de agrupaciones y confesiones). La masonería es una organización con un marcado carácter iniciático, selectivo, jerárquico y discreto, que pretende estar orientada por principios humanistas y filantrópicos. Tiene una estructura federal unida por lazos comunitarios fraternos. Lo ritual y lo simbólico son elementos determinantes en la institución: las enseñanzas ocultas se llevan a cabo con símbolos y alegorías especialmente relacionadas con la albañilería y la construcción de edificios como las catedrales medievales. La masonería moderna, también llamada “especulativa”, se comprende como un sistema moral particular enseñado mediante el simbolismo de la construcción. No obstante, sus verdaderos objetivos son difícilmente identificables y definibles en tanto que se trata de una institución que sigue siendo un misterio para el exterior, del mismo modo que sigue siendo un misterio su campo real de influencia.

Ilustración de Mark Manapul.

El primer período es denominado “masonería operativa”, el cual concluyó por el fin de la época de las grandes catedrales, puesto que los gremios quedaron en desuso. El sistema gremial de formación fue desapareciendo en favor de facultades y academias de arquitectura. Del mismo modo, la utilidad profesional también fue disminuyendo. Sin embargo, el prestigio se conservó, por lo cual profesionales acaudalados de diferentes ámbitos que patrocinaban obras quisieron incorporarse, y empezaron a ser admitidos con el estatus de “masones aceptados”. Entre los siglos XVII y XVIII los masones aceptados superaron en número a los constructores operativos, y acabaron haciéndose con el control de las logias. De esta forma comenzó la “masonería especulativa” o moderna, la cual tendió a prescindir del oficio y las artes de construcción y el motivo cooperativo gremial, pero mantuvo la simbología y el carácter discreto e iniciático.

La masonería moderna se centra en el perfeccionamiento del individuo para la construcción de un templo ideal: la Humanidad. Las Constituciones de Anderson de 1723 de la Gran Logia de Inglaterra fijaron los ideales filantrópicos de la masonería que pretendía pulir la moral de los iniciados. Las herramientas prácticas de la masonería operativa fueron perdiendo su utilidad y adquiriendo un significado simbólico. A su vez, se defendía el humanismo y se mantuvo una postura teísta que abogaba por un único dios: el Gran Arquitecto del Universo (principio creador o fundamento de una realidad en orden).

Organización del templo masónico.

En los siglos XVIII y XIX la masonería se extendió por Europa y América y en las diversas sociedades empezaron a surgir diferencias, especialmente debido a la cuestión teológica y a la incorporación de las mujeres en las logias. La masonería regular hace referencia a aquellas logias que siguen reglas básicas como las constituciones tradicionales de la masonería especulativa. Debido a la discrepancia sobre el contenido de dichas normas regulativas, se han establecido dos facciones principales además de un buen número de logias menores que no siguen a ninguna de las anteriores.

Las dos corrientes son la masonería regular anglosajona, o simplemente regular, liderada por la Gran Logia Unida de Inglaterra, y la masonería regular continental, o liberal o adogmática, cuyo mayor exponente es el Gran Oriente de Francia. Ambas reconocen que las logias deben tener una legitimidad de origen y el respeto a las Constituciones de Anderson. La masonería regular contempla la obligatoriedad de la creencia en un ser supremo, los juramentos se hacen sobre el Volumen de la Ley Sagrada (algún libro sagrado que represente la trascendencia), se prohíbe la discusión de temas como la política y la religión y no son admitidas las mujeres en las iniciaciones. La corriente liberal, por su parte, se caracteriza por la defensa de la libertad de conciencia, la discusión de ideas sociopolíticas y la aceptación de la iniciación femenina.

El elemento más destacado y conocido es el carácter secreto de la institución. Sin embargo, la masonería no se corresponde con el secretismo de las sociedades ocultas tradicionales, en las que hasta la propia existencia de los grupos es escondida. Hay quien habla de “sociedades discretas” en lugar de secretas, pues la presencia de estas sociedades es conocida no sólo por parte de sus miembros. Ahora bien, lo oculto es central en esta institución en lo que respecta a diversos aspectos. Entre otras particularidades, existen ceremonias cuyo contenido sus participantes juran no desvelar, se usan símbolos y códigos cuyo significado completo está reservado a los miembros, se tratan temas relacionados con misterios ocultos concernientes a la espiritualidad con metodologías que presuntamente exceden los límites de la lógica racional por su culminación o se influye de manera subrepticia en la organización social.

Albert Pike, uno de los masones más importantes. Llegó a ser Soberano Gran Comendador de la Jurisdicción Meridional y escribió “Morals and Dogma of the Ancient and Accepted Scottish Rite of Freemasonry”.

La masonería está organizada en logias locales que integran la vida social de los miembros y los negocios de la institución. La logia es el elemento organizativo básico con una cantidad mínima de maestros y de hermanos (miembros). La pertenencia está cerrada y reglada, requiriendo condiciones para su incorporación como ritos iniciáticos. Dicha incorporación supone la adquisición de determinados hábitos y el establecimiento de lazos que constituyen una unidad de organización social, política y comercial. Esta unidad es flexible en el sentido de que admite componentes múltiples dentro de una hermandad en igualdad.

La organización masónica es una estructura jerárquica y rígida dividida en grados. Los tres primeros grados se denominan Grados de Oficio, que son el fundamento de la masonería simbólica universal. Estos tres grados son: aprendizcompañero y maestro. Además, existen distintos ritos que perfeccionan la condición de maestro en grados adicionales. Los principales ritos que organizan las logias son el rito escocés y el rito de York. El primero divide a sus miembros en 33 grados y el segundo en 13. El más extendido de los dos es el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Los tres grados simbólicos mencionados constituyen la masonería azul, los grados capitulares van desde el cuarto al decimoctavo y forman la masonería roja, los grados filosóficos son los comprendidos entre el decimonoveno y el trigésimo grado y son la masonería negra y, finalmente, los grados sublimes son los tres últimos, los cuales conforman la masonería blanca. El trigésimo tercer grado es el Soberano Gran Inspector General. En este mismo rito, del cuarto al decimocuarto grado forman la Logia de Perfección (cada grado con su denominación propia), el decimoquinto es Caballero de Oriente, el decimosexto es el Príncipe de Jerusalén, el decimoséptimo es Caballero de Oriente y Occidente, el decimoctavo es el Soberano Príncipe Rosacruz, del grado decimonoveno al trigésimo segundo forman el Consistorio de Príncipes del Real Secreto (cada grado con su denominación propia) y el trigésimo tercer grado es el Sublime Gran Comendador.

Grados masónicos.

La investidura del candidato comienza con la presentación del aspirante con los ojos vendados ante los que van a ser su hermanos. Tras diversas pruebas simbólicas, el postulante es llevado hasta el Venerable Maestro que le quita la venda. El Maestro le quita la venda de la ignorancia y le desvela las luces del conocimiento. El aspirante está despojado de objetos metálicos, representando el desapego de los bienes mundanos. Además, viste con ropa sencilla de color blanco y con el pecho derecho y la pierna izquierda descubiertos para representar humildad. El candidato hace el juramento de mantener el secreto frente a un altar con un libro sagrado. En ese momento recibe el mandil, el martillo y el cincel y la regla de veinticuatro pulgadas. Al iniciado se le enseñan los pilares del templo que representan la fortaleza, la sabiduría y la belleza; y los tres grandes maestros místicos de la masonería relacionados con el templo de Jerusalén: el rey Salomón (su promotor), el rey Hiram de Tiro (ayudó en la construcción) e Hiram Abif (su arquitecto).

Representación de un rito de iniciación.

Entre los símbolos masónicos más característicos encontramos el compás y la escuadra, que suelen ir juntos: el primero es un instrumento de medida para garantizar la armonía, el orden y la belleza, que representa la sabiduría y está relacionado con el círculo. El compás simboliza la creación de un cosmos ordenado, es una herramienta del Gran Arquitecto. La escuadra simboliza el plano terrestre, cuyo espacio simbólico (el cuadrado y la cruz) representa la idea del templo. La escuadra también se refiere a la virtud y el compás a los límites y el respeto. El candelabro de siete brazos hace referencia al entendimiento iluminado, el delantal o mandil alude al trabajo, la humildad y la pureza, el mazo y el cincel simbolizan la combinación de la fuerza de voluntad y la finura de la inteligencia, la espada flamígera representa la fuerza y el poder, y el mallete de madera es un símbolo de autoridad.

Compás y escuadra. La letra “G” y la “A” (formada por el compás) aluden al Gran Arquitecto del Universo.

Es muy discutible la influencia de los masones en la sociedad. Por un lado, es fácil encontrar simbología relacionada con la masonería en diversos ámbitos culturales y cotidianos, pero también es cierto que se trata de representaciones tan comunes que es muy normal su uso sin ninguna intención simbólica o su identificación allí donde realmente no las hay. Por otro lado, es difícil encontrar algo así como un “sustrato común” masónico que subyazca a distintas ideas, conceptos y teorías de diversos personajes ilustres que supuestamente pertenecían a esta institución. La existencia de conspiraciones no justifica el reduccionismo en el que consiste el conspiracionismo que explica el fundamento de los fenómenos sociales por la actividad de grupos supuestamente ocultos y poderosos.

Si bien es cierto que se ha pretendido asociar la masonería con el ocultismo con la intención de desprestigiarla, también hay que admitir el manifiesto carácter esotérico de esta sociedad (lo cual ya pone en cuestión la validez de sus supuestos conocimientos). Resulta paradójica la combinación entre ideales como los de la razón ilustrada –que presuntamente apoyaron los masones– y el esoterismo. Una posible explicación podría pasar por cierto gnosticismo que confiere un carácter soteriológico al conocimiento, de modo que se viven de manera religiosa algunas ideas racionales. En algunos casos se pretende la reducción de dogmas religiosos a filosofemas y, en otros, se le da una condición salvífica al conocimiento.

En definitiva, mediante los rituales, las lecturas y la transmisión de conocimientos y hábitos entre compañeros, el iniciado dispone de instrumentos y sabiduría necesaria para el desarrollo de sus virtudes y para el perfeccionamiento humano. Sin embargo, hay que decir que la masonería no está construida sobre una única idea, sino que se compone de diversos conceptos y de una sarta de prácticas y ritos en torno a los cuales se reúnen millones de miembros.

 

Bibliografía

Anderson, J. Constitutions. Ed. Kissinger Publishing Company. 2003: Montana.

Blaschke, D. y Río, S. La verdadera historia de los masones. Ed. Planeta. 2009: Barcelona.

Callaey, E. El mito de la revolución masónica: la verdad sobre los masones y la Revolución francesa, los iluminados y el origen de la masonería moderna. Ed. Nowtilus. 2007: Madrid.

Corbiere, E. La masonería. Ed. DEBOLSILLO. 2004: Buenos Aires.

MacNulty, W. K. Masonería. Símbolos, secretos, significado. Ed. Electa. 2006: Barcelona.

Pike, A. Las enseñanzas de la masonería: una ayuda a la humanidad para cultivar la libertad, la amistad y el carácter. Ed. Humanitas. 2001: Barcelona.

Todo lo que debes saber sobre los vikingos

Datos y curiosidades sobre los vikingos.

1. La arqueología es la principal fuente de contrastación de los hechos en el estudio de los vikingos. Hay una relativa escasez de documentos escritos en los siglos altomedievales (si se lo compara con otros períodos), además de una arraigada tradición oral en los pueblos escandinavos. De hecho, los testimonios escritos son verdaderamente exiguos (con excepción de algunas inscripciones rúnicas datadas del siglo IX) con antelación al siglo XII en Escandinavia. Los estudios lingüísticos y la toponimia también han contribuido a esclarecer hechos como la expansión a otros territorios por parte de los vikingos y los asentamientos escandinavos. De este modo, el primer dato es el reconocimiento de la existencia de una diversidad de hipótesis sobre muchas de las acciones y características de los vikingos.

2. Algunos de los textos más importantes son las llamadas “Sagas Islandesas” como la Saga de Erik el Rojo o el Landnámabók. Estos textos describen eventos importantes en la historia de los pueblos nórdicos que acontecieron entre los siglos X y XI, como el proceso de asentamiento en Islandia, la genealogía familiar o los conflictos sociales. Su origen es de tradición oral y fueron transcritas entre los siglos XIII y XIV. Su importancia no sólo es literaria, sino que la Sagas revelan algunas de las acciones y costumbres de la cultura de los nórdicos tanto por su contenido (cribado arqueológicamente) como por ser material etnológico.

3. Se conoce como época vikinga al período comprendido entre 793 y 1085 aproximadamente, en el cual los vikingos extendieron su ámbito de influencia (explorando y atacando) por toda Europa, el norte de África, el sudoeste asiático y algunos puntos del noreste americano. Como muchos de los apuntes sobre los vikingos, el alcance de la expansión escandinava está en discusión.

Ilustración de Aleksander Karcz.

4. Las runas vikingas eran símbolos escritos tallados en piedras o en trozos de madera que constituían un alfabeto con veinticuatro figuras que tenían significados particulares y un fonema asociado. Se trataba de un código cifrado de conocimiento y poder.

5. A partir del siglo VIII los pueblos nórdicos empezaron un proceso de expansión en el que atacaron, conquistaron, saquearon y colonizaron territorios lejanos mucho más allá de Escandinavia. No hay constancia de declaraciones de los propios vikingos sobre las razones que les llevaron a expandirse. Existen múltiples hipótesis explicativas sobre las razones históricas de dicha expansión. El trabajo arqueológico es especialmente relevante en este campo. La tesis con más aceptación es la relativa a una explosión demográfica en los territorios escandinavos. Esto pudo provocar escasez de tierras productivas y la consiguiente necesidad de buscar otras. Arqueológicamente sólo se ha corroborado una posible superpoblación en Noruega. Además, hay que destacar que las primeras partidas vikingas no tenían la intención de colonizar tierras nuevas, sino que se dedicaron a saquear y comerciar: se ocuparon de la acumulación de riquezas y no de la adquisición de tierras. También se ha aludido a factores climáticos, económicos, culturales, sociales y de mentalidad. Sin duda todos ofrecen una explicación parcial, pero no hay consenso en la comunidad académica sobre los motivos más acertados.

6. Los drakkars, los conocidos barcos vikingos de los que se conservan muchos restos arqueológicos, eran naves de casco trincado. Son los elementos más característicos las razias nórdicas y su denominación procede de una expresión islandesa que significaba dragón, los cuales eran usualmente representados en los mascarones de proa. Existían distintos tipos de drakkars como el snekkar o el knarr.

Ilustración de un Drakkar por Eric Olive.

7. La mitología nórdica estaba muy marcada por “la batalla del fin del mundo” o Ragnarök entre los Æsir(dioses del panteón nórdico) y los jotuns (gigantes). La mitología nórdica era muy compleja y amplia en sus deidades, sus relaciones y su significado religioso. Los Æsir vivían en Asgard y estaban gobernados por Odín. Entre otros dioses destacan Bragi, Heimdall, Balder, Tyr o Thor. Otros seres importantes son las normas (que establecen el destino), las Valkirias (guerreras escogidas por Odín) o los Vanir. La mitad de los guerreros que morían en combate iban al Valhalla, el cual era un salón situado en Asgard. Estos combatientes pertenecen a Odín, mientras que la otra mitad pertenecen a la diosa Freyja y se dirigen al campo donde ella reside, también en Asgard. En la cosmología nórdica, el mundo era un disco plano en cuyo centro se encontraba Yggdrasil (el árbol de la vida), que era un fresno perenne.

8. El origen etimológico del término “vikingo” no está del todo claro y admite diversas interpretaciones. Entre otras muchas, destacan: viking podría significar “hombre que proviene del fiordo”, “hombre que proviene de Viken”, en textos rúnicos “fara í víking” alude a ir de expedición, en algunos fragmentos de las Sagas Islandesas se refiere al saqueo, “víkingr” era usado por los escaldos (poetas cercanos a la corte del rey que los ensalzaban con sus composiciones) para mencionar a los guerreros marineros de las expediciones.

9. Los pueblos nórdicos se distribuyen en tres grandes grupos: los reinos vikingos de Dinamarca, situados principalmente en Selandia, Jutlandia y Escania; los reinos vikingos de Noruega, fueron los que colonizaron Groenlandia, Islandia y Vinlandia; y los reinos vikingos de Suecia.

10. Leif Erikson “el afortunado” es uno de los exploradores vikingos más célebres. Fue hijo de Erik el Rojo y fundó un asentamiento en un territorio al que llamó Vinlandia. Se cree, por los restos arqueológicos, que esa tierra es la isla de Terranova, por lo que pudo haber llegado a América alrededor del año 1000, antes que Colón.

Representación de Erik el Rojo. Ilustración de Joan Francesc Oliveras Pallerols.

11. Ragnar Lodbrok es uno de los reyes nórdicos más conocidos. Su historia es semilegendaria y la fecha de su reinado entre los siglos VIII o IX es incierta: con una horquilla entre 750 y 865. La mayor parte de su vida la pasó en incursiones para atacar territorios como los franceses o ingleses. En el año 865 fue derrotado por Aella, rey de Northumbria, y se dice que fue ejecutado siendo lanzado a un pozo de serpientes venenosas.

12. Los vikingos son famosos por sus expediciones. Realizaron multitud de viajes para descubrir nuevas tierras desconocidas por ellos y establecer rutas con motivos militares o comerciales. Los vikingos llegaron a explorar territorios lejanos y muchas de sus grandes figuras históricas se caracterizan por esta actividad dirigida al saqueo, la conquista y la colonización.

Rutas de los vikingos.

13. Uno de los casos más destacados de la expansión vikinga fue la invasión de Inglaterra. El saqueo de la abadía de Lindisfarne fue una de las primeras incursiones vikingas realizada en 793. Se trata de la acción inicial que abre el período vikingo. Los nórdicos atacaron la localidad y el monasterio fue desvalijado y sus monjes muertos o esclavizados.

14. Un caso particular es el de los normandos. Eran vikingos que en el siglo IX ocuparon el noroeste de Francia. Adquirieron el Ducado de Normandía por parte del rey francés Carlos III después de que Hrolf Ganger, líder de esos vikingos, le jurara lealtad. Los normando también se expandieron, conquistando territorios de Inglaterra, el sur de Italia y en algunos puntos de los Estados cruzados y España.

Ilustración de Timur Kvasov para Life is Feudal.

15. El final de la era vikinga hace referencia al declive de buena parte de su actividad e influencia, y a la pérdida progresiva de su especificidad cultural. Esto se debió a procesos como su cristianización o la pérdida de poder consecuencia de la muerte del rey Harald el Despiadado en 1066 por su derrota en la batalla del puente Stamford o el asesinato del rey Canuto IV de Dinamarca en 1085. Si bien es cierto que la influencia nórdica y de los normandos no se perdió, también hay que señalar que la aculturización hizo que los nórdicos adoptaran propiedades de otras culturas en detrimento de la tradición tan característica por la que fueron conocidos.

Fuente: academiaplay.es/todo-debes-saber-vikingos

 

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